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Me gusta Tumblr. Es como un bar imaginario lleno de gente rota pero graciosa.
Mientras más memoria hago, más egoísta y sin corazón me vuelvo.
Te llamas como yo quiero
Porque cuando apagas la luz y me cierras los ojos con una promesa de efecto inmediato, también se van las luces del mundo y sólo somos tú y yo regalándonos a manos llenas. Porque la resignificación de lo sano cobra vida al ir contigo por la calle y burlarme de las caras de la gente sorprendida cuando ven que aun no has sido capaz de arrebatarme la sonrisa que me caracteriza. Porque me crees que te quiero incluso si lo digo dormida, y te abrazas a mí con tanta violencia que parecieras querer crear un escudo que emane de nuestros cuerpos y nos proteja de todo lo que nos haría rendirnos.
Yo te nombro, te recuerdo con las letras que quiero, te invoco con un solo gemido de esos que acomodan el cuerpo para encajar mejor y te siento a mi lado sin llamar más de una vez; hasta cuando no llegas, hasta cuando llevas horas o días sin estar aquí. Te pongo nombres que ni te imaginas, se me ocurren a diario cada vez que me das una nueva razón para querer vivirte mucho tiempo, no enfermar nunca y recorrer los temores con la cabeza en alto y mis uñas enterradas en tus manos pacientes hasta volverlos pasiones. Se me ocurren cada vez que me recuerdas que este es tu lugar en el mundo, que quieres ser recordado sólo si la gente también memoriza mi cara y que puedes solo pero no quieres, que lo nuestro es como un contrato de mil cláusulas que con gusto volverías y volverías a firmar. Te llamas como yo quiero porque he decidido que a esto que le haces a mi vida hay que ponerle un nombre, porque te has permitido andar lejos en momentos que yo también necesito únicamente de mí misma y siempre regresamos nuestros pasos para encontrarnos con la urgencia de tocarnos y recuperar el aliento que no nos robamos juntos.
Por eso te llamo mío, porque jamás te he quitado el hambre de ser tú mismo y aún así me dejas nutrirte con todo lo que yo soy. Porque ser mío es mucho más que dejar que vele por ti y muchísimo menos que impedir tu propia voz. Es saber que perteneces por voluntad, que me correspondes como reacción a todo lo que hice antes de ti. Y que mi memoria puede ser terrible pero de ti jamás me olvidaría; porque a lo que es mío, a lo que amo a consecuencia del bien que me hace, lo cuido y cuidaré siempre de toda amenaza de perecer.
Ruth Xilotl
Ene O
Me gusta soltarme el cabello para pensar en ti. Acostarme en la alfombra, sentirme descalza, quererme expandir. Inventarme películas en el techo, inventarme que estás aquí. Querer que todo lo llene este sentimiento, que a todo lo que soy le llegues tú. Querer que tengas voz para arrullar a mis instintos, tiempo para darle rienda suelta a lo inocente, tiempo para darte cuenta que no debiste partir.
Yo no partí, no lo hice. Me quedé aquí, cerquita de la casualidad. Me quedé con todo y sin ti. Me quedé, y fue por eso que aprendí a ver. A veces las personas están demasiado cerca como para darse cuenta del todo. Y pasan desapercibidos. Y se extrañan, y se suspiran. Uno no puede ser eterno así porque sí, es demasiado como para no compartirlo con alguien, y si ese alguien se va de nada sirve ser eterno. Por eso te insistía que te quedaras. Por eso nos insistí.
Pero es que a veces el que insiste se hace esclavo de lo inútil, olvida rediseñarse, valerse de lo distinto para atraer un nuevo final. Tal vez ese fue el error, quise atraer un final cuando yo lo que buscaba era un continuo. Un continuo de tu risa, de tu piel, de ese camino de siempre en el parque. Un mañana que llegara con lo que ya se espera y aún así termine por sorprender. Por eso no insistí, acepté sin protestar que debía extrañarte y jamás me di a la tarea de salirte a buscar. Tal vez te encuentras al otro lado de la calle y yo sigo queriendo que me abrume la nostalgia, que se me oxide el para siempre con la saliva que ya no te moja las ganas, ni los labios, ni el corazón.
El que insiste es porque se sabe feliz con la otra persona y no es arrogancia, es compartirse las ganas. El que insiste se rediseña, cambia la táctica y se vuelve la táctica, no deja de querer con el mismo corazón enamorado. El que insiste ve en lo inútil una historia sin fin. Te soy continuo. Nunca pisé una grieta en forma de adiós, nunca. Y no lo voy a hacer, es lo bueno de seguir creyendo en la simpleza de las acciones. Lo que no sé, es si seguimos en el mismo hubiera, si seguimos en el tuyo. Porque yo intenté no dejar ninguno. Así soy, los hubieras no me gustan, por eso el amor es espontáneo, como un rayo, diría Cortázar. Si no saliste a buscarme tuviste tus razones, razones que se amarraron a tus pies. A lo mejor ya te las quitaste y quieres caminar, pero ahora no sé dónde me encuentro. Uno siempre anda moviéndose ¿sabes? Uno nunca deja de volar.
Me está ganando terreno lo fatal, lo incierto, lo de todos los días desde que no estás. La vida es ahora o demasiado tarde, y a mí el ahora se me está escurriendo entre el recuerdo. Ya ni compartimos el hubiera, ya ni sé de qué va. Sigo aquí, con el cabello suelto, descalza, queriéndome expandir. Sigo sin una estrategia factible para el amor, esperando que me dé por convencerme que la intención lo es todo y que si este sentimiento es tanto como lo presumen mis letras, ya debería estar allá afuera, preguntando por ti.
…
Hoy salí por fin, temerosa de encontrarte volando con las mismas alas pero estrenando nubes; qué posibilidad tan jodida imaginarte más lejos de lo que ya te presuponía, qué lío y qué cuento tan digno de mi cabeza. Qué alivio saber que no fue así. Sentado de la misma manera en que te recordaba, estabas tú, mi coincidencia favorita. Le sonreías a tu taza de café como sabiendo que llegaría, le coqueteabas a la silla vacía como invitándome a pasar. Eras tú con tu cara de ya era hora, tus manos ansiosas, tus ojos tarareando, tu corazón enamorado. Eras tú ese NO rotundo de mis tardes en la alfombra, eras tú mi Nueva Oportunidad.
PoquitoPudor
Sin mirar atrás
Nunca la volví a ver, dejó su rostro y su peculiar forma de dormir en mis recuerdos, sus ganas de escapar los fines de semana y ese té bajo en calorías que tanto adoraba. Dejó deshecha la cama, se fue sin darme un último beso, sin entender que el miedo no es amor, que nunca lo ha sido y jamás lo será. Se fue así como se van las palabras, como se va la brisa del mar cuando estás sentado en la orilla de la playa, se fue, nunca más la volví a ver, nunca más la volví a pensar, dejó un hueco en todos nuestros planes, cenas, viajes y noches en donde las luces de la ciudad presenciaban nuestros encuentros.
Pudo callarme las letras a besos, pudo desnudar sus inseguridades y confiar en el amor que había para dar pasos en el abismo, prefirió cerrarse a todo lo que el compromiso implica, ese que es personal y se le da a quien queremos llevar para siempre a nuestro lado, ese que podría parecer una perdida de individualidad pero al final resulta ser la mayor entrega, en la que una soledad se funde con la de alguien más para convertirse en un eterno baile de felicidad.
Se fue sin preocupaciones, se fue para nunca regresar, dejó claro que no le interesaba estar aquí, por fin se me fue la maldita necesidad de tenerte en mi vida, esa exigencia emocional de crear una historia contigo, se fue para recordarme que la tranquilidad llega cuando estás en paz contigo mismo, se fue, así, sin mirar atrás.
me hubiera gustado decirle cuánto la pienso, y nos pienso. porque de vez en cuando imagino historias en donde ella es la protagonista de un sin fin de cenas parisinas en las que compartimos nuestro tinto favorito y mi fascinación por _so what_ de miles. historias en las que disfrutamos esas escapadas a lo más recóndito de la montaña en donde ella es el personaje principal de mis buenas intenciones, y también de las que erizan la piel hasta el punto en que te conviertes en la nada.
me hubiera encantado recordarle lo hermosa que tiene el alma, y la mirada. quería decirle algunas verdades de esas que se sienten cuando la tengo cerquita, cuando le miro los labios como si estuviera frente a un retna recién terminado y me quedo con ganas de cerrar los ojos para besarla.
y es que a veces, pensé mientras miraba a jorge poner una escalera frente a la ventana, lo único que nos hace falta son huevos para decirle a alguien lo que realmente sentimos.
Intenciones ocultas.
Me reescribí las intenciones ocultas al dejarme llevar por tu cintura. Dejé de hablar de lo trivial de la vida para sentir la magia que ocurría cuando te desvestía, cuando la pasión desbordada nos unía.
Me fui quedando sin argumentos lógicos para convencerme de que eras solo mía. Comencé a entregarme al momento, a tu corazón latiendo sobre el mío y a tus demostraciones de amor sin motivo.
A paso lento se me fueron las mentiras convincentes; las llamadas al medio día para saber cómo estabas fueron creciendo. Uno a uno se me fueron cayendo los pretextos, las excusas y todos mis lamentos.
De a poco me quede vacío de viejas ideologías, todo se quedó atrás y me aferré a tu aliento. Me aferré a este sentimiento, a este espacio interno en el que eres tú quien me llena por dentro.
Es propio de las almas anchas y profundas atormentarse: las tempestades ocurren en el mar, no en los charcos.
Fernando Savater
siempre me pregunto cómo me veo desde los ojos de otra persona
Ley del espejo. Valoras aquella característica que ya tienes, pero en otra persona. Ese intercambio ayuda mucho a valorarse a sí mismo y elegir nuestras amistades que sumen a nuestras vidas.
Últimamente he notado que todo mundo parece encontrarse bien hasta que logras tener una conversación profunda con la gente. Ahí es cuando te das cuenta de que esta es una generación triste de personas que luchan por sobrevivir a través de caras sonrientes y fotografías bonitas. Las conversaciones profundas y las confesiones honestas acerca de nuestra condición humana son nuestras herramientas para sacarnos de este letargo oscurantista generacional.
Os Negrete
Tal vez el problema no sea que espero demasiado… sino que el mundo se conforma con tan poco.
—Alexa Saga.
Y aunque me cuesta, me quiero un chingo.
—Latin mafia en "Perlas" (2:47 minutos).
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Por arte al amor
De ti se sabe que ríes fuerte y tiendes la mano. Que consuelas con silencios, que guardas secretos y regalas momentos que los más audaces coleccionamos para confirmar que es de idiotas no quedarse junto a ti. A veces no estás, y cuando no estás me vuelves verde que se escapa de las raíces del hogar para alcanzar aunque sea un suspiro de tu luz. Me vuelves necia y más cuando te burlas diciendo que antes de ti ya lo era. Me estiro, me extiendo por todo el atardecer y el tiempo es nada y mis ojos están repletos de lo que recuerdo que es tu piel; te busco y me aterra haber olvidado tu último sueño, la humedad de tu boca cuando me ves desnuda, el instante a cámara lenta en que cierras los ojos y me aprietas el cuerpo. Te busco y busco tus modos: Tu modo de ser pared, tu modo de ser abismo. De ser montaña que neva y ríe con el sol aliado que derrite mis impaciencias y mis complejos. Te amo por hábito, querido, porque entendemos bastante de nosotros mismos cuando un día nos brota sin esfuerzo el beso que vamos a querer dar toda la vida. Te amo por práctica, por diversión, por adicción a la confianza, a los trayectos largos, a tus aguas de sabor. Te amo más que por amor al arte: Te amo para morarte, para asilarte, para cantarte. Querido, te juro que tienes los días contados más hermosos que he visto. En las mañanas cuando froto despacito mis pies para animar al resto de mis partes, me animo con algo nuevo y reniego las horas y tropiezo con todo. Y te siento tibio a mi lado como debe sentirse el descanso en una casita de verano, como debe sentirse el corazón cuando se asombra con la esperanza y la justicia bien lograda.
Ruth Xilotl