-Me dices que soy una Insurgente. Y me gusta tanto que cierro los ojos llenándome de esa palabra-. Insurgente... Me encanta esa palabra. ¿Te has dado cuenta de su sonoridad? In... Sur... Gen... Te... -repito, despacio, aún con los ojos cerrados, y después la respiro, como si me diera oxígeno. Me dices que por mí y yo abro los ojos, y te miro, sonriendo-. ¿Por mí? -frunzo mi ceño. Tú me haces valiente y en cambio parece que por mí tú tienes miedo a todo lo que no conoces. y me dices que Brad sería tu Sam. Yo sonrío pensando en ese muchacho valiente-. Es verdad que es muy valiente. Sería una gran ayuda para llevarte a un lugar tan peligroso.
-Te miro cuando pronuncias las sílabas de esa palabra. Parece que estuvieras bebiéndotela, como si su sonido te emborrachara. Y es que así en tu voz, podría tener el poder de hechizar a cualquiera. Aunque tengo la sensación de que eso lo logras con todas las palabras que pongas en tu boca. A mí me embriaga verte con los ojos cerrados, la brisa tocándote la cara y esos cabellos finos que parecen bailar cruzándote la mejilla y la nariz. Hasta que me miras y asiento con rapidez para que no pienses que estoy atontado.- Por ti. -Afirmo. Creo que no necesitas más respuestas porque tú lo eres todo para mí.- Sí, ¿verdad? He elegido bien a mi Sam. Porque los calaveras de mis amigos solo podrían llevarme por el camino más malo. -Miro en la dirección opuesta a la que vamos, tomando un sendero entre matorrales y arbustos que parece lleno de magia.- ¿A quién cogerías tú?
-Lo reiteras. Por mí. Como si yo fuera parte de lo desconocido y te diera miedo de alguna forma. Y es que me gusta ser algo desconocido para ti, para que así me conozcas día a día, en cada nueva cosa que desconozcas de mí. Dices que has elegido bien a tu Sam, y yo sonrío cuando me haces esa pregunta, siguiendo el camino que tú coges, de tu mano. Miro alrededor, buscando algo de inspiración en cada cosa que veo-. Pues... No sé... -te miro, y sonrío. Puede sonar muy cursi, pero no habría mejor guía para mí hacia algo tan peligroso-. Tú.
-No necesitas convencimiento porque sabes que eres la causa de todo. No imagino cómo habría sido mi vida si no hubieras aparecido en mi vida aquel día. Lo que no imagino ni por asomo es que me escogieras a mí como guía, protector, amigo, compañero... porque soy un desastre. Pero a lo mejor es que es eso, que soy tu desastre.- Yo no llegaría al monte del destino si tuviera que cargar contigo... -Bromeo sonriendo.- Es que tú estás en otro nivel. Eres más como Galadriel. Un ser de luz, de magia y pureza. -Miro al frente porque creo que estoy llegando contigo al sitio que quería ver hoy. Y en efecto así lo compruebo cuando ante nuestros ojos puede verse uno de los lagos que hay en este lugar, y por el que tanto han tenido que trabajar siempre para mantener en buen estado.- Más como este sitio... Mira qué bonito.
-Te miro con una sonrisa. Parece que no te esperabas que fuera a decir que tú. Pero tú eres mi realidad. Eres mi mundo más oculto y el mundo al que más pertenezco. Nada podría tener destino sin ti, por eso, hasta a un lugar como ese, iría si fuera solo contigo. Te aprieto la mano mientras sonrío por lo que dices-. No me compares. Galadriel es impresionante... Yo solo soy una humana más -te digo, mientras que miro a ese precioso lugar al que llegamos. Tú dices que yo soy más como este sitio, un lugar lleno de magia y pureza, y sonrío llena de felicidad. Te miro, sintiendo la brisa húmeda del lago en mi rostro-. ¿Así me ves a mí?
-Sacudo la cabeza con indignación, soltando resoplido que me hace vibrar los labios.- ¿¡Qué!? ¡No digas! -Exclamo porque te puedo comparar con Galadriel y más, pues tengo mil razones.- ¡Tú eres real! -Contemplo tu hermoso rostro mientras miras el lago en el que estamos, un paraje especial, con un delicioso aroma natural, con esa humedad que toca la piel y esa brisa fresca que trae el aire.- No, a ti te veo mejor todavía. -Sacudo la mano en el aire, pues esto no es nada comparado a ti.- Es solo una milésima parte de lo increíble que tú eres.
-Pareces indignarte cuando te digo que no me compares con Galadriel, por lo que rompo a reír mientras que niego con la cabeza-. ¡Estás loco! Ella es una diosa... Yo... Yo solo soy una mujer -digo, moviendo mi mano. Una mujer, que ya es bastante. Ser una mujer es mucho, porque la mayoría de las mujeres han tenido que superar muchas guerras para poder tener una voz con la que hablar y gritar sus derechos-. ¡Por eso que soy real! ¿Conoces algo que exista que sea mejor que algo que hemos imaginado? -pregunto. Y sé lo que me vas a decir, por eso río y digo-: Aparte de nosotros -digo, y entonces me dices que a mí me ves mejor todavía. Que eso es solo una milésima parte de lo increíble que soy. Suelto tu mano y las pongo sobre tus hombros.- Una pequeña parte del mundo... -te digo-.
¡Lo dices como si fuera poco! -Exclamo riendo.- Una mujer es una diosa. -Te guiño uno de mis ojos y me llevo tu mano a los labios para besarla cuando me quedo parado para que podamos contemplar juntos este lago en una hermosa mañana de domingo en un lugar que parece irreal.-Tú. -Afirmo a tu pregunta sin ninguna duda.- Ni en mis mejores sueños pude soñarte mejor de lo que eres. -Pero es que ya te estás riendo antes de que te lo diga porque sabes de sobra mi respuesta. Y es que en el fondo me conoces mucho mejor de lo que nadie llegará a conocerme jamás. Tu respuesta se mezcla con la mía porque para ti no hay nada mejor que nosotros, pero para mí estás tú. Te me agarras a los hombros y a mí se me para el mundo porque tú te subes a él. Te rodeo con los brazos por la cintura, admirando tu belleza tan de cerca.- Pequeñísima.
-Río por lo que dices. Sí, ser mujer no es poca cosa. Es muy difícil ser mujer y ser alguien al mismo tiempo, en estos tiempos en que solo los hombres parecen tener el poder de decidir.- No es poco, pero todas las mujeres lo pueden hacer -te guiño uno de mis ojos. No tenemos ningún superpoder. Nacemos así. Sonrío mientras que te miro. Sabía que esa iba a ser la respuesta. Podrías haberme soñado mucho mejor, pero tú crees que ni soñándome me habrías mejorado. Me muerdo el labio-. Seguro que tendría menos tonterías... -te digo, aunque no sé qué podría salir de un sueño tuyo. Pero cuando me rodeas con tus brazos en medio de ese idílico lugar al que me has traído, siento que sí me soñaste, y me sacaste del sueño para que ahora estemos aquí.- Y por eso es tan grande... -digo, mirándote a los ojos-.
-Bajo mis labios hacia abajo moviendo levemente la cabeza hacia los lados.- Las mujeres irreales que los escritores y cineastas inventan, no son como tú ni como ninguna otra mujer. -Afirmo.- ¿Y sabes por qué, señora Garland? Simplemente, porque no existen. -Niego con la cabeza riendo, cerrando más mis manos en lo bajo de tu espalda, dejándolas descansar tan cómodamente en tus nalgas.- ¿Tonterías? Esas tonterías que dices que tienes, para mí son capítulos de tu vida que te dan cinceladas espectaculares. Lo necesito absolutamente todo de ti. -Suelto una de mis manos para llevarla a tu cara y apartar los cabellos que la brisa empuja a quedarse enganchados en tus claras pestañas.- No lo es tanto... -Me inclino para besarte los labios, casándome contigo otra vez porque siempre te juro eternidad.-
-Me hace gracia ese gesto que pones. Y niego con la cabeza cuando me haces esa pregunta, llamándome señora Garland, lo cual me encanta. Cierras tus manos en lo más bajo de mi espalda, sintiendo que estoy sujeta de un vértice en el universo. Tu respuesta me hace sonreír-. No existen, ¿no? -pregunto sonriendo... Y es que me dices que no me parezco a ninguna de las mujeres irreales de los cineastas o los escritores, y yo que me he visto reflejada en todas y cada una de esas mujeres, sonrío porque tienes razón. Todas tienen algo de todas nosotras, pero ninguna tendrá nunca lo que tenemos nosotras: la vida real. Y es que las palabras que me dices me transportan a una realidad paralela... A lo mejor sí que estamos en otro mundo. Apartas de mi cara mi cabello, antes de acercarte a mí, y besarme en los labios-.
-Niego con la cabeza, pues no, no existen. Estás tú, las mujeres que conozco, mis amigas, mi madre, mi abuela, tu abuela, las mujeres que caminan por este mundo solo haciéndolo mejor... y luego están los personajes de Tolkien, las diosas, las protagonistas de todas esa películas que solo hacen una imagen ficticia de la hermosa realidad que pueden contar. Cerrando los ojos me siento dentro de tu sueño, pues tú sí podrías haberme soñado mejor de lo que nací. Sin duda alguna, sería ideal para ti, sin tener nada que mejorar. Pero besarte también es sueño.-
-Me besas. Y en ese beso siento toda la eternidad por delante, y a nuestras espaldas. Hemos vivido una eternidad, pero una eternidad muy corta si la comparamos con la eternidad que nos queda. Todavía me recuerdo cuando era yo antes de ti, y siento que en ese momento, llevaba tiempo dormida, creyendo que estaba viva. Ahora estamos aquí, en este lugar al que me has traído para no sacarme nunca del cuento, ese cuento del que parece estar hecho este sitio. Ladeo mi cabeza mientras que profundizo en tu beso, sintiendo como tú profundizas en mi alma-.