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Etnias.
Hay calles que caminamos Una y otra vez Como reescribiéndolas Calles donde los pensamientos se imprimen Sobre pasos muy anteriores Tratando de revelar su sentido
Decilo todo. Decilo, escribilo, transmití. Sacate la vergüenza de las venas. Decile que la querés, decile que lo amás. Metele un beso para que no se olvide más. Decile que te dormís y te levantás pensándolo/la. Decile, decile todo lo que se te cruce por el bocho. Sé asquerosamente romántico/a. Empachate. Dejá de hacerte el/la durx que todos bien sabemos lo que siente el otro. Así que... decilo. ¿Qué podés perder? Decile lo que te gusta, lo que te enloquece, lo que te excita. Dejá de sobarle la espalda a la tristeza y abrazala, abrazala fuerte y que se vaya un tiempo para volver fresquita como una lechuga y así... la volves a abrazar.
BICICLETAS VACÍAS . Las bicicletas son una forma poética de hablar de las ausencias. Invitan a mirar y pensar dónde estará el dueño. Estoy seguro que algunos, después de verlas ahí, tan solas y desamparadas, siguen viaje armando una poesía en su cabeza. ¿Y por qué bicicletas? Yo quise hablar de las ausencias y no podía utilizar otro elemento que no fuera tan noble. Porque no podés pensar que sea un oligarca o un milico el que maneja una bicicleta. El que maneja una bicicleta es un trabajador o es el hijo del trabajador…. La bicicleta es universal y la usa todo el mundo, pero creo que uno nunca la asocia a otra gente. Utilicé la bicicleta porque veía que mis amigos que se exiliaban dejaban su bicicleta colgada en el galponcito… También hubo una historia que me llevó a quedar pegado a esa imagen. Un compañero dejó su bicicleta y lo chuparon, y la bicicleta quedó ahí, atada, porque él se llevó la llave del candado… Esa bicicleta vacía la dejamos todos. Yo también la dejé, en el galponcito de mi casa... . . . . Collage inspirado en la interveción urbana "Bicicletas Vacías" de Fernando Traverso.
<Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?> <Sí> dijo, todavía mirándome. <Usted admira a lxs hermosxs, a lxs normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida.> <Sí> Por primera vez no pudo sostener mi mirada. <Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe? de que usted y yo lleguemos a algo.> <¿Algo como qué?> <Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad.> Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas. <Prométame no tomarme por un chiflado.> <Prometo.> <La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?> <No.> <¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total, donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?> Se sonrojó y la hendedura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata. <Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca.> Levantó la cabeza y ahora sí, me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico. <Vamos>, dijo.
A vos te gustan lxs pobres A vos nadie puede acusarte de ser mala persona, o discriminador. Si a vos te gustan lxs pobres. Te gustan lxs pobres cuando son ubicadxs, cuando agradecen la limosna con un "Dios la bendiga señora", "que Dios se lo pague, patrón", y se alejan con la cabeza gacha. Te gustan lxs pobres que te ofrecen cortarte el pasto del cantero o limpiarte la vidriera del local, y te dicen deme lo que quiera, porque ya sabemos que trabajo hay, que no trabaja el que no quiere. O el que quiere un pago justo. A vos te gustan lxs pobres que reciben, sin quejarse, la ropa rota y sucia que llevás a las caridades, porque ya no te sirve ni de trapo de cocina, pero seguro que a ellxs, pobrecitxs, les va a servir, aunque sean medias rotas, remeras manchadas, y hasta calzones usados. Te gustan los pobres que no se animan a desear el asado de los domingos, ni el Samsung Galaxy S9, ni las zapatillas de marca, porque eso no es para ellos. La antena del DTV en un ranchito te ofende, igual que la piba sacándose fotos en una pieza sin revoque.
Los pobres en la calle, gritando justicia, exigiendo derechos, pasan automáticamente de la categoría de "pobre gente" a la de "negros de mierdx". Porque, como se atreven los pobres a desear, y peor aún, a exigir? ¿Cómo van a querer mirar la misma película que vos, tener el mismo teléfono que tu hija, las mismas zapatillas que tu hijo si ellos son pobres y vos no. Hace tiempo, una mujer a la que ni quería ni respetaba, me dijo que desde que salieron "los planes" ya no conseguías una chica que te barra la vereda. Lo que no dijo fue que su vereda era de media cuadra, y que les daba diez pesos y una bolsita con pan viejo y desmigajado, ese que queda en la mesa después de comer. Porque el que tiene hambre, come lo que sea. Más o menos lo mismo que dijo la senadora riojana por Cambiemos, la señora Olga Brizuela, cuando propuso que la sociedad civil se organice para darles los desperdicios a los más necesitados, o lo que pensó la gobernadora Vidal, cuando mandó lechuga podrida, y flancitos con la fecha de vencimiento borrada a lxs pibitxs del jardín 970, en La Plata. A vos nadie puede acusarte de no ser caritativo. Eso sí, no con todos, solo con los que no andan cortando calles y levantando ollas revolucionarias para toda la comunidad, solo con los que no exigen, sino que vienen, calladitos y humildes a pedir tus desperdicios, y después agradecen. A vos te gustan los pobres, pero no todos. Solo los que te hacen sentir rico.
Lo injusto de enamorarse es no saber lo que le pasa al otrx. Es difícil de explicar, pero se parece mucho a esperar el bondi en una esquina donde no sabés si hay parada. Y ahí estas vos, solx, muertx de frío, con los brazos cruzados y los ojos fijos en la calle que baja hasta el centro. Y ves el colectivo a quince cuadras y te ponés contentx, pero al mismo tiempo te preocupa estar en la esquina equivocada. El colectivo está a diez cuadras y tratás de encontrar algún indicio de que estás esperando en el lugar correcto. Ocho cuadras. A ver si no parará más allá. Cinco. Dos. Levantás el brazo, estás jugadx. Todo parece indicar que estás paradx en el lugar exacto, pero todavía te incomoda cierta ficción amarga en la que ves pasar el colectivo, ignorándote, mientras todavía tenés el brazo levantado y esa cara de imbécil.
Andrea Testa es guionista y directora de cine. Hace meses que con su equipo está produciendo la película “Niña Mamá”. Recorrió varios hospitales y servicios de internación, obstetricia, guardias. En el oeste, en el sur o en el centro de la ciudad y provincia de Buenos Aires algo se repite: “Son lugares de mujeres. Las chicas llegan con la panza a punto de explotar, solas o con la madre, la abuela o alguna vecina. Casi no han realizado controles previos, ni traen ropa. Están como ajenas a la situación, como si les pasara algo en el cuerpo pero no en la cabeza. Repiten mucho que les duele. El tema es el dolor, la soledad, la ausencia. En general no hablan de que vienen a tener un hijo, sino de que “les duele”. Duele el hijo a esas niñas y adolescentes”, dice.
Extracto del texto “Niñas Madres” de Revista Anfibia
Esta es la Revolución de las Hijas, como lo nombramos en la Cámara de Diputados y lo deben entender los senadores. Porque este cambio que hoy se está dando en la sociedad está encarado mayormente por las adolescentes de 18 años, en promedio, que quieren tener derecho a disfrutar del sexo sin tener miedo a morirse. . El aborto legal es un reclamo de las mujeres afro, originarias, jóvenes y pobres de toda Latinoamérica. Este es un afiche de las mujeres afro dominicanas y resume lo que somos y porqué peleamos. El aborto es una pelea por la vida. . Les vengo a pedir su responsabilidad por las 46 muertas por los femicidios de la clandestinidad del aborto. Sus muertes fueron evitables y el Estado tiene la responsabilidad de no haberlas evitado. Ahora ustedes tienen la suya. Es su responsabilidad que el acceso al aborto legal no tenga más obstáculos.
Luciana Peker
Vení A mí Vení sirena Serena Vení tranquila Bajá las armas Vení unamos Las almas
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas: curva, sutil, rosada. Hasta que nace el día y te metes en el subterráneo del mundo como en un largo túnel de trajes y trabajos: tu claridad se apaga, se viste, se deshoja. Y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
Luego, deviene una mujer que camina por la playa; como si la playa se dibujara sola y la mujer apareciera de repente de la nada con esos pasos livianos de viento y con esos ojos marinos de vastedad y refugio. Pequeño caracol del tiempo. Se presenta sin saludar, sin preámbulos, solo es una mujer caminando por la playa como caminaría una mujer exactamente por la playa. Por la playa camina una mujer con el paso definitivo con que caminaría resueltamente, intocablemente, parsimoniosamente, una mujer que quisiera caminar por la playa; y camina sabiendo que únicamente ella está en esa playa. Nada de artificios ni nada de cosméticos. La mujer camina como si estuviera suspendida en el aire, pero por supuesto nadie camina en el aire, solamente parece que camina en el aire vista desde cierta perspectiva. Vista desde los riscos ella parece un ángel flotando por la playa. Camina apenas dejando un rastro de huellas que se ven desde lo alto de un risco como un lenguaje inteligible pero simétrico. Un leve aire le levanta el vestido rojo de una pieza que parece moverse como una bandera invicta, inclaudicable, atrevida; que marcha dulcemente abriendo un sendero trasparente en el aire. La mujer camina casi tocando la franja humedad de la playa, va descalza, el pelo recogido contra el viento, se levanta en vaivenes. El rumor del mar apenas un rumor. Desde lejos la blancura de la mujer avanza convertida en una silueta esbelta que parece luchar contra el aire. Y que va disminuyendo mientras aumenta la profundidad de la desierta playa. . Extracto del cuento "La Playa"