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La interrogante escapó de sus labios cual alma curiosa, había observado a la joven princesa deambular por el banquete sin tomar nada en específico y comenzó a preocuparle que la situación pudiese tratarse de un objeto perdido. Observó a su lado la tabla mencionada y suspiró con suavidad. Claramente había juzgado mal la situación “no, lo siento, no tengo idea. ¿Son para usted?” cuestiona, porque no se acordaba haber leído en su perfil que era quisquillosa con la comida. No le costó demasiado en tomarla y alcanzarla a la menor, mas el siguiente pedido era un poco más complicado de cumplir “no creo poder ayudarla con eso, no estoy a cargo de la cocina y no sabría decirle exactamente dónde encontrar. Pero puedo pedirle un poco por la radio, si eso la tranquiliza” sugirió como opción, observando al can, su intriga fue evidente “¿no cree que pueda ponerle nerviosa el ambiente?”
‘ ¿por qué debería darte tanta información? ’ alza una de sus cejas, considera irrelevante tener que decir que la comida es para sí misma o un tercero; incluso, su perra. acostumbrada a pedir y obtener, sin cuestionamientos, ve en la intromisión del contrario un gesto molesto y repudiable. observa sus movimientos, estirando su brazo libre para tomar entre sus dígitos el queso con mayor cantidad de orificios, entonces así llevarlo hasta sus labios. su mano se eleva hasta su boca, eclipsando el movimiento de sus labios, mientras sus ojos se tiñen en blanco por, nuevamente, estar escuchando más información de la requerida o necesitada. ‘ por radio sería estupendo, muchas gracias ’ fuerza una sonrisa, enseña la dentina a quien considera que no se la merece, no obstante, reconoce que en estos momentos él tiene un poder del que ella carece a simple vista. aunque, seguramente, si irrumpe en la cocina del palacio su pedido sería escuchado. vuelve a tomar otra pieza, pero su viaje hasta sus labios se rompe cuando escucha la pregunta. ‘ ¿consideras que es pertinente realizar preguntas sobre los cuidados que le doy a mi perra? es decir, es mía, lleva conmigo un año y sé las medidas que tomo. ’ ve en su actuar solo insolencia, cada palabra lo sepulta más entre las consideraciones de la princesa, acercando a la can a su cuerpo para dejar a la vista su aparato auditivo. ya el queso ha sido abandonado sobre la tabla, recordando cual es su presa, mientras toma con mano izquierda la oreja de su animal para enseñarle el tapón en su oído. ‘ tiene ansiedad de separación, fue abandonada a temprana edad y no puedo dejarla sola, a no ser, que sus gotas tranquilizantes hagan efecto ’ vuelve a acomodar a la pequeña entre sus brazos, volviendo a tomar la pieza que había dejado en la tablilla. ‘ lo que pasará en breves y se me pidió abandonar mi habitación, ¿esperas que la dejara sola ahí? ’












