A lado mío, en esta misma tierra están mis hermanos y junto a ellos el calor del abrazo o el frío de la desesperanza y el olvido. Suerte la de aquél que pudo encontrarse. Desprendido de todo afecto el que se perdió en el laberinto de la economía social, ese hermano desencontrado del abrazo colectivo que solo se funde en los pudientes. Pero hay algo que nos rodea a todos, y es ser ciego ante la indiferencia, bailando para nosotros cuando podríamos hacerlo para todos. Qué miedo que da, aquel que no puede ver más allá, que tan campante camina con su seguridad hecha disfraz y hace vista gorda al que a su lado no tiene ni pa morfar.



















