kixmtae:
—Pronto tendrás que darme un cajón—; sentenció, clara broma deslizándose fuera de sus labios porque no pretende ocupar un lugar que no le corresponde aún cuando la idea es más que tentadora. Manejarse en la ambigüedad se le da de maravilla, casi puede decir que es la etapa que mejor se le da en el amplio abanico de posibilidades que ha abierto faceta no descubierta de lazo compartido porque podría acostumbrarse a tener presencia masculina de manera constante en su apartamento porque parece que ahora pasan mucho más tiempo juntos que cuando eran amigos porque prioridades han sido seleccionadas por lo que, incluso cuando tiene descansos de solo diez minutos, siempre termina llamando o enviando mensajes breves que denotan interés. Aun no hay espacio para aclaraciones, tampoco las necesita, pero le gusta dejar claras sus intenciones. —Me pongo difícil en esa época, es el mejor consejo que puedo darte —; ofreció, divertido, posando su mirada en su interlocutor antes de alejarse de nueva cuenta para tomar, ahora, su propia taza de té. Sugerencias acaban accionando una sonrisa en facciones masculinas, una que apenas puede contener cuando su atención, de nueva cuenta, se centra únicamente en el francés. —¿Seis horas? Creo que, generalmente, me doy por bien servido cuando duermo cuatro —; sentenció, mirándole antes de corresponder el gesto afable. —No me molestaría, en lo absoluto, tenerte por aquí aún cuando existe un poco de razón, apropiarte de mi cocina sería completamente invasivo —; exageró, pero el tono utilizado le delata por completo. Es curioso porque, pese a tener una cocina equipada, nunca ha sido capaz de utilizar el horno o de hacer algo más allá de un improvisado bibimbap o, cuando su tiempo es más generoso, jjigae; por lo que la posibilidad le resulta particular porque se ha acostumbrado a su presencia. —Por nada, solo espero haber elegido la marca correcta—; sentenció, mirándole con una sonrisa porque por él se había hecho de una caja de earl grey puesto a que solía tener solo te verde o te negro. Se ha hecho ya de un lugar en la cama cuando le observa acercarse en su dirección y recibe aquel gesto con una sonrisa, comodidad desbordando en ademan que se ha vuelto cotidiano. Solo puede describir aquella escena como cómoda, se encuentra sumido en una comodidad que solo es emanada por presencia impropia que ha logrado colarse incluso en los recovecos más recónditos de su ser. —En realidad me parece buena idea, podemos ver esa película de la que me hablaste el otro día.
‘He lidiado con personas difíciles y tampoco es como si no te hubiese visto así antes’ dice con simpleza y se encoge de hombros antes de dedicarle una sonrisa de labios cerrados. Y hay una frase escondida por ahí; algo que le está diciendo cuánto valora su presencia y el que le deje ser parte de su vida de forma tan personal como lo ha hecho. Y no es como si no hubiese sido parte de su vida antes, pero luego de saber que su amistad lleva algo más de la mano, todo parece diferente y nuevo, como la sensación en el estómago y la comodidad que siente con su cercanía. ‘De todas formas casi nunca usas la cocina, así que al menos serviría de algo. Y bueno, he invadido bastante tu casa estos últimos días, así que no habría demasiada diferencia, ¿no crees?’ Es cierto y tampoco se ha tomado el tiempo para reflexionar sobre ello, porque esos últimos días se ha encontrado tan envuelto y tan cómodo en esa burbuja que han creado para ellos, que se ha acostumbrado a la idea de tener compañía, ya fuese en su apartamento o en el ajeno o en forma de un simple mensaje. Está consciente de que quizás se ha acostumbrado demasiado rápido; lo sabe porque ha sido así desde que era muy joven, pero eso tampoco le importa mucho en ese momento. ‘Earl grey,’ asiente un par de veces, exhibiendo una sonrisita de tinte dulce ‘me alegra que lo recordaras. Ahora será incluso más difícil que abandone tu casa, mon ami.’ Después de ese gesto afectuoso, le devuelve una mirada que combina con su sonrisa, mientras se permite contemplar las facciones suaves de su amigo con total libertad, examinando con un brillo particular esos ojos en forma de hojitas de eucalipto. Sospecha que Tae podría ser capaz de leer su mirada expresiva sin mucho esfuerzo y aquel pensamiento le causa algo de inquietud y entusiasmo al mismo tiempo. Y tiene la intención de acercarse a robarle un beso pero, a pesar de la libertad que siente, se abstiene y lo guarda más tarde porque no quiere que aquello se vuelva cansino. En lugar de ello, su índice viaja hasta la nariz de su amigo para dejar un toquecito juguetón. ‘Pierrot le fou. Es una de mis películas favoritas de Godard y tiene un humor negro bastante particular. Presiento que podría gustarte.’














