Y ahĂ estaba ella, sentada esperĂĄndome...simple, sin maquillaje, deportiva, pero con una sonrisa y una mirada que insitaban a quedarse toda la vida. Solo verla me hacia feliz, cada facciĂłn que se marca en su rostro me deleitaba, estaba anonadado. Llegar y sentirla , su perfume, su esencia, su vibra, sus ganas de triunfar y de salir adelante. Todo lo que transmitĂa recorrĂa como un escalofrĂo todo mi cuerpo. Es de ese tipo de escalofrĂos que dan miedo, pero son placenteros. Ella me hablaba y no podĂa ponerle atenciĂłn totalmente, mirarla se habĂa vuelto un vicio , de esos vicios bonitos que valen la pena caer una y las veces que sea. Ella me hablaba y yo me deleitaba mirĂĄndola, miraba como se sonrojaba, era inevitable interrumpirla y decirle que es lo mĂĄs hermoso que he tenido en frente. No podĂa dejar de mirarla , ella tan natural y yo como un bobo contemplandola, parecĂa un niño re emocionado, como cuando despuĂ©s de esperar tanto tiempo al fin recibe su juguete favorito. EstĂĄbamos rodeados de muchas personas, pero en esos instantes mis ojos solo deseaban ver a una, mis labios solo querĂan besar una boca y mi cuerpo solo querĂa sentir un solo cuerpo, el de ella. Podria estar por acabarse el mundo y mi atenciĂłn no se habrĂa desviado de ella ni un segundo. Y es ahĂ, justo en ese momento donde me doy cuenta que habĂa creĂdo tener el mundo en mis brazos, cuando en realidad estaba abrazando una galaxia completa.
Juan HernĂĄndez














