— Eso es bueno, a los americanos les encanta que hablen bien de todo lo que tiene que ver con nosotros. — soltó una carcajada y llevó su mano a su estomago.— Bueno, siempre esta la opción de tomar un taxi. — se encogió de hombros.— Eso si, a veces tendrás que soportar horas en el trafico, puede volverse insufrible. — rodó los ojos y miró las calles.— Aunque dicen que perdiéndote conoces mejor. — sugirió, recordando lo que su padre le había dicho hace años.
-- Lo sé. Escuché que son... bueno, que les fascinan los halagos. -- Comentó, con una sonrisa asomándose en sus labios. -- Me he subido a muchos taxis. Tal vez tenga qué buscarme un chofer para que se encargue de llevarme a donde tenga que ir. No me gustan los conductores de taxis, no digo que sean malos pero... ¡son tan pesados! Siempre están de mal humor. -- Se quejó, negando con la cabeza. -- Tal vez sea cierto pero... no me gustaría perderme. Sé que... podrían tratar de aprovecharse de mí. -- Murmuró, más para sí misma, que para el chico, bajando la mirada, pensativa.








