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Quiero volver a rolear aquí mmm... estaré pensando en algún starter interesante. Lamento la desatención.

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Occ.
Quiero volver a rolear aquí mmm... estaré pensando en algún starter interesante. Lamento la desatención.
Memorias en Manhattan.
Al escuchar las palabras del chico que se encontraba frente sí, y observar su reacción instintiva, no pudo evitar reír. Había algo en ese chico que le intrigaba. — Merci beaucoup. — Agradeció, caminando junto a él, con tranquilidad, sin poder evitar observar las luces que iluminaban el cielo neoyorquino, tan diferente al de su hogar. — Uh… no. Vine por estudios, en realidad.— Confesó, encogiéndose de hombros, como si de aquella manera, pudiese restarle importancia al asunto. —¿Y a ti, qué te trajo a América?
— La ambición de mi papá— frunció el ceño mientras sus pensamientos iban a él. ¿Qué andaría haciendo el viejo? Su madre había dicho que todo iba bien, que él estaba bien y los negocios igual en Londres. John esperaba que así fuese, tenía tiempo sin verlo—. Siempre ha sido un hombre muy dedicado y quisó extender la empresa hasta Estados Unidos. Supongo que... alguna parte de mí extrañó mucho Inglaterra pero rápido me acostumbré. ¿Me creerás que tengo años sin pisar mi país? —Le observó y negó con la cabeza riendo brevemente. Empujó la puerta de la pizzeria, esperó a que ella pasara y soltó la puerta después de entrar él.
One more night in the Empire || Libre
Era muy común que todas las noches en la gran manzana albergara algún evento de tipo cultural, altruista, social… cualquier índole así que esa noche no era la excepción. El importante hotel de Chuck Bass albergaba un evento de tipo benéfico a favor de la niñez mundial. Era un hecho que no podían faltar los neoyorkinos sobresalientes. Los asistentes tenían la oportunidad perfecta para lucirse, presumir una nueva pareja o la perdida de algunos kilos… un sinfín de posibilidades pero todas se resumían en demostrar a todo el mundo lo importante que eres.
Como era de esperarse, semanas atrás Val recibió la invitación a este evento. Al principio tenía dudas de si asistir o no, aunque no lo parezca para esta socialité llegaba a ser un poco aburrido asistir a este tipo de eventos. Así que después de pensarlo, decidió asistir y lucir impresionante espectacular, y por supuesto generar comentarios sobre su excelente gusto o envidiable figura.
Con la recién finalizada semana de la moda, muchas de las mujeres que asistirían a la gala para presumir a las paginas de sociales sus más recientes modelos de la temporada. Una fashionista como la rubia no podía quedarse atrás, así que unas horas antes salió de compras visitando cada uno de los show rooms de los diseñadores más importantes. El amor llego cuando entro al show room de Valentino y su mirada se clavo en un vestido de encaje negro, manga ¾, arriba de la rodilla, no dudo ni un segundo en usar su tarjeta.
Después de todo el ritual de belleza que hace una mujer estaba lista. Abrió su guardarropa para sacar sus Manolo’s favoritos y un pequeño bolso de Alexander McQueen para así dirigirse al hotel Empire. Al salir de su penthouse tomó un taxi, la rubia odiaba manejar en la ciudad pero odiaba más que su hermano fuera el que seleccionará su carro y chofer.
Llegó al Empire en menos de lo que pensaba. Caminó entre la docena de reporteros y fotógrafos que cubrían el evento, todos piden que pose para su lente y ella lo hace gustosa, después de todo las cámaras la aman, ella lo sabe y aprovecha esa cualidad después de todo disfruta sentirse admirada por las personas. Al entrar trata de localizar algún rostro conocido, quizá su hermano Al, pero no hay nadie que pueda reconocer. Sin más se dirige hasta la barra para tomar algún aperitivo.
John estaba al tanto de los eventos que ocurrían sobre Upper East Side y a la vez no. No estaba porque no le importaban y sí estaba porque su madre solía contarle cada semana, por teléfono o visitas. Pero había estado evitando a sus padres. Bueno, a su madre en particular. Su padre siempre estaba de viaje. John huía por la culpa. Después de todo, los Wrangler no habían educado a su hijo para ser un mujeriego sino para ser un caballero. Sin embargo, había un evento en el hotel Empire, algo sobre la niñez mundial, y hacía muchísimo que no tomaba fotos, solía sorprenderse de las tomas que salían de rostros adinerados como aquellos, emanaban normalmente sensanciones contrarias a su físico o atuendo, así que cuando su madre le pidió acompañarla a dicha fiesta no se negó aunque tuviese que lidiar con la búsqueda de un traje nuevo, unos zapatos y una corbata. Le había pedido la opinión a Raissa y ésta dijo que estaba bien. Un traje azul marino de Armani estaba bien. Tenía que estar bien. Conocía a su madre, podía llegar a ser muy quisquillosa e insoportable por lo que usara su hijo, sobre todo en eventos así, donde se exponían los presentes a las cámaras y a las habladurías de la gente.
Pasó por su madre a la que fue su casa en su adolescencia y le sonrió cuando la vió salir del portón. No importaba el saber que se había teñido el cabello para ocultar sus canas o que se pasó horas buscando un vestido que le hiciese ver más delgada. Era su madre y la quería así: perfeccionista, media superficial y obstinada.
-- ¿Cómo está papá? -- Le preguntó mientras conducía, raramente había poco tráfico, no tardarían mucho en llegar a su destino-- Quiero pensar que las cosas van bien en Londres.
-- Él está bien. Todo va bien. No te preocupes-- sonrió ocultando esa melancolía que cualquiera sufriría por no tener a su pareja a su lado-- ¿Cómo están tú y Raissa?
-- Estamos bien-- mintió y apretó los labios, sonrió con ironía y tomó la curva de la entrada del hotel-- Ella quiere ir a visitarte pero he tenido mucho trabajo. Tal vez te sorprendamos un día.
La señora sonrió y perdió la vista nuevamente en el paisaje. Afuera del hotel del famoso e influyente Chuck Bass era la locura: flashazos, murmullos, música y un desfile de personalidades de las que John podía recordar solamente rostros. Nunca se había visto como alguien interesado en la vida de los demás.
Bajaron del coche, John cedió las llaves de su Mercedes al del valet parking y se adentraron en el salón. No sin antes recibir unos cuantos flashazos en los que su madre pareció más encantada que él. Se encontraron con una pareja a la que se vió obligado a saludar junto con su madre pero ésta se quedó platicando. John murmuró que regresaba. ¿Y esos quiénes eran? No le interesaba. El joven arrugó el ceño y suspiró negando para caminar a la barra de bocadillos. No tenía hambre pero tampoco encontraba algo mejor que hacer.
-- Buenas noches-- le dijo a la chica que se encontraba a un lado y se llevó a la boca un canapé de jamón.
Memorias en Manhattan.
Alza la mirada nuevamente y lo mira mientras frunce más el ceño –Yo nací, crecí y viví lo que llevo de vida en Brooklyn y no es tan malo como la mayoría de la gente piensa, de hecho en mi opinión es mil veces mejor que este barrio y su gente rica –bufo levemente mientras dejaba de buscar el celular en su bolso y miraba los edificios esperando ubicarse un poco mejor o encontrar un teléfono público para hablarle a su abuela.
— Si tanto te disgusta, no comprendo qué haces aquí— le dijo del modo más tolerante que pudó. Personas así le cabreaban. Criticaban y criticaban algo o a alguien y al final terminaban necesitando de ello. La inspeccionó unos segundos y enarcó la ceja— ¿Tienes nombre, muchacha? ¿O debo llamarte: Señorita Cascarrabias?
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Memorias en Manhattan.
Sonrió de nuevo. A veces, sus inseguridades la llevaron a pensar que, John ya no se interesaba en ella en los últimos tiempos. Se alegró de que aquello no fuera así. Sus dedos, también comenzaron a viajar por la piel del chico, memorizando su textura con la yema de sus dedos. Empezó por su brazo, subiendo y bajando, imprimiendo sus huellas en su piel. Se encogió de hombros ligeramente ante la pregunta y se sorprendió ante aquello, rió y negó, el siempre tan juguetón. Eso también le gustaba a ella de él, no era monótono—. ¿Qué cosa?— Preguntó intrigada en un susurro, rió al entender lo que hacia y rodeó su cuello con ambos brazos. Miró hacia la dirección de sus ojos y entendió, aquello no importaba ahora, después ella se haría cargo—. La verdad… No, pienso pasar al postre— Susurró con un tono de diversión obvia. Cuando sus labios se encontraron, los de ella respondieron con el mismo salvajismo que los de él, reclamándola. Sus manos comenzaron a viajar, regando suaves caricias por su cuello, poco a poco fue bajando hasta su pecho, demorando su tiempo y dando suaves caricias sobre este. Una vez sobre la cama, ayudó al chico con su ropa y le atrajo más a ella, quería sentir su calor contra su piel.
Entre besos, caricias y gemidos de ambos, pasó la noche. Cuando abrió los ojos, se encontró con John dormido boca-abajo a un lado de ella, abrazando su cintura. Sin despertarlo, depositó un beso sobre su cabello— Te amo…—Susurró y se apartó lentamente, tomó la saga que reposaba sobre el suelo y se la puso. Caminó hasta la cocina y arregló el tiradero de la pizza, rescatándola para el día siguiente. Se aseguró de guardar todo y limpiar la isla. Poco después, a las casi 3:00a.m decidió tomar su lectura y desvelarse en el sofá, leyendo para la clase del día siguiente.
-- Fin--.
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Memorias en Manhattan.
Asintió levemente y acomodó su cabello detrás de su oído.— Supongo que es una manía, todos tienen una. — explicó quedamente y se encogió de hombros.— De nada, realmente no ha sido nada… ademas aun no sé conducir. — señaló su auto y oprimió ligeramente sus labios.— Y tampoco querría destruir un lindo auto que, obviamente costo mucho. — agregó.
— Eso dicen. ¿Tú tienes una? — Le miró frunciendo levemente el ceño esperando su respuesta, volteó nuevamente a su coche y asintió sonriendo— No tiene mucho sentido robar un coche si no le das buen uso después. Soy John— estiró su mano cordialmente. Raramente hacía eso de presentarse así como así pero... la chica había sido gentil y sincera. Quería saber a quién darle las gracias.
Memorias en Manhattan.
Aun buscaba su celular con algo de desesperación cuando escucho nuevamente la voz del chico y alzo la mirada para verlo mientras fruncía el ceño ante sus palabras –Disculpa pero ¿Qué tiene de malo Brooklyn? Es cierto tal vez no sea el barrio de último grito de la moda y es cierto no es del todo seguro pero al menos las personas son un poco mejor que la que vive aquí –rodo los ojos antes de seguir buscando su celular.
— Ya te lo dije— contestó de lo más natural y rodó los ojos— La inseguridad. Me puedes hablar maravillas pero no es como si yo pudiese ir caminando por allí sin temor a que me asalten. Además, personas estúpidas en todos lados hay. A mí eso me tiene sin cuidado— Le miró y subió la ceja encogiéndose de hombros.
— No puedo decir que eso es raro en esta ciudad. — comentó con diversión y asintió por última vez.— Mmmm… interesante. — contestó y entrecerró los ojos.— No eres de aquí… puedo notarlo. — se aventuró a asegurar.— Pero me pregunto desdé qué edad estas aquí. — negó lentamente.— Me refiero a que Nueva York no es la mejor ciudad para vivir cuando se tienen problemas respiratorios. — terminó de decir y se encogió de hombros.
— Desde los doce. Soy inglés. Como podrás imaginar, mi Asma no deriva de la contaminación o el clima en si. Inglaterra es muy húmedo. Me lo explicaron una vez... — Frunció el ceño y ofreció una sonrisa ladina echándole una ojeada al castaño—. Mi novia de hecho. Estudia Psicología y me dijo que mi enfermedad era por algo psicológico. Si te soy sincero, no recuerdo bien que era... — Divagó entre sus pensamientos apretando los labios: Algo sobre sus padres y él. Rascó su mejilla y suspiró. ¿Sobreprotección? Algo como eso— Hay algunas enfermedades como el Asma y la Migraña que traen consigo cuestiones emocionales. Tú eres ciento por ciento neoyorkino, quiero suponer— sintió curiosidad de repente por la vida de su acompañante.
Memorias en Manhattan.
Sonrió ligeramente y cerró los ojos ante aquel momento. Hacia un tiempo no se encontraban así, ella extrañaba todo eso. En parte, sabía que era su culpa. La escuela la consumía y… Le dedicaba mucho tiempo a sus estudios, esperaba que, él entendiera aquello—. Mmm…— Se escapó de sus labios al sentir sus dedos recorrer su espalda, sonrió de lado y respiró hondo. Su piel le extrañaba—. Claro que sí… — Susurró divertida y abrió los ojos para encontrarse con los suyos, fascinados de ella—. Lo sé…-- Susurró de nuevo, dejándose llevar por sus labios. Su cuello, era uno de sus puntos débiles, cerró los ojos de nuevo y respiró hondo, sintiendo el calor de sus labios sobre su piel. Abrió los ojos al escuchar aquello y le miró, soltando una pequeña risa—. No lo se, ¿Tú? — Observó su mano viajar por su estómago y estremeció ante aquello, era una sensación de entre cosquillas y estremecimiento cuando él hacía eso, así que no pudo evitar reír de nuevo—. Eso es un ¿No?
Alzó la ceja divertido y lleno de satisfacción porque si había algo que llenaba de orgullo a un hombre era el saber que podía hacer vibrar a una mujer. John se alegraba de poder hacer vibrar a la suya a pesar del distanciamiento de los últimos tiempos, y a, sí, todo. Se dijo a sí mismo que había hecho bien en rechazar las últimas ofertas y coqueteos de otras mujeres. ¿Podría empezar de nuevo... en silencio? Buscó su mirada nuevamente y le dió un beso en los labios.
— ¿Tú qué crees? — Acarició uno de sus brazos y le dió una nalgada jugando— Tal vez debería... — Achicó los ojos haciéndose el que no sabía nada y sin pensarlo dos veces se pusó de pie con ella en brazos. También hacia meses que no se daba la oportunidad de recrear todos esos juegos. Miró hacia atrás, dudaba que fuera a pasarle algo a la pizza, después alguno de ellos podría guardarla en el refrigerador. Seguramente sería ella debido a la meticulosa que podía llegar a ser—. Yo dudo que quieras seguir cenando, y en todo caso, mejor cenáme— buscó nuevamente sus labios y esta vez fue más salvaje. Patió la puerta de la recámara, estaba ya entreabierta y depositó el cuerpo de la muchacha suavemente sobre la cama.
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— Bueno, perder las llaves es aun peor, no me ha sucedido pero puedo imaginarlo.— se encogió de hombros y repitió mentalmente su nombre.— John, un gusto. — comentó y movió su mano en el aire.— Para ti, no es agradable levantarse enfermo. — negó.— Pero supongo que mejorara. — asintió un par de veces, no muy seguro de eso a decir verdad.
— Sí, la verdad es que ayer pasé una noche un tanto extraña— arrugó la nariz recordando a la chica desquiciada de la bicicleta, sacudió la cabeza y rió irónicamente— Lo mismo digo, Andrew. Mucho gusto— asintió y guardó su mano libre dentro de su bolsillo y le echó un vistazo— La pasé enfermo muchos años de mi vida, soy asmático— confesó y suspiró hondo—. Sé cuando te digo que sí sé lo que es levantarse enfermo y dormirse enfermo también. Todo pasa al final.
Memorias en Manhattan.
Asintió levemente cuando el chico frente a ella guardaba las llaves en su pantalón –De nada –hablo amablemente mientras pasaba su mirada por los edificios en donde se encontraba esperando reconocer alguno pero por más que intentaba recordar no podía. Bufo levemente mientras empezaba a sacar su celular de su bolsa –Maldito barrio –murmuro para ella de mal humor sin dejar de mirar los edificios.
Le sonrió sin más. Llevó su mano a la cabeza para rascarla y miró a su alrededor. Sentía que debía decir algo pero no sabía qué. Checó rápidamente el estado de las redes sociales donde tenía cuenta. En Facebook, por ejemplo, sólo tenía las notificaciones de likes a las últimas fotos que había subido. Entonces la chica habló, lo que hizó voltear a verle y al caer mejor en cuenta sobre que había dicho pestañeó y sacudió la cabeza:
— Maldito Brooklyn— le dijo casi reprendiéndole y giró los ojos— Allí usualmente asaltan más y hay violencia. Upper East Side es la zona más protegida de Nueva York.
Occ.
Like a esto al que me falte de darle replay a su starter y quiera que le de replay.