Nunca se sabe adónde vamos a terminar, a quién vamos a conocer, con quién nos vamos a volver a encontrar si es que eso llega a pasar. Hay cierta belleza y cierto dolor en esas certezas. Y con más frecuencia de lo que me gustaría, esos hechos, me carcomen la cabeza. Porque no siempre es fácil soltar. A veces desgarra tanto que no podés avanzar. Y sé que no es sano aferrarse, que hay que seguir sin mirar atrás. Pero es difícil no llorar al recordar ciertas partidas que no querían llegar.











