Fushiguro Megumi in Episode 02. 「 自分のために 」

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Fushiguro Megumi in Episode 02. 「 自分のために 」
- Are you smiling? - I don’t know what are you talking about.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
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Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima… -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
An
Agradecía al cielo que Mino ya hubiera llegado. Los dolores aún no eran muy frecuentes así que estaba terminando de revisar que todo lo que planearon llevar estuviera listo en las maletas. Con calma, caminó hacia la cocina y saludó a su esposo con un beso. —Okaeri. Yamato y yo hicimos unos onigiri para que pudieras comer en lo que te preparaba la cena…
Apretó los dientes sintiendo otra contracción llegar.
Mino
Sonrió mientras masticaba un onigri -Con esto estará perfecto. No hace falta que hagas otra cosa, cariño- Para mi esto es delicioso, después de un día tan ocupado y realmente complicado.
Se acercó para darle un beso cuando notó la expresión de An -¿Qué pasa? ¿Se están clavando otra vez? -bajó a la barriga- Oigan, pequeñas, mami necesita dormir pero si ustedes siguen jugando no será posible. Pórtense bien -besó su vientre- Tienes que llamarles la atención.
An
Negó con la cabeza y después de un rato pudo respirar mejor y el dolor se había calmado. —Termina tus onigiri primero, vas a necesitar mucha energía. Déjame servirte un poco de té —dijo yendo al refrigerador para sacar la botella de té que guardaban.
Mino
-¿Ah? -no estaba entendiendo nada, pero An se veía tan calmada que no le hizo sospechar- Me gustan estos de salmón -dijo antes de darle una nueva mordida- No te molestes. Ven siéntate, yo me sirvo -la tomó de la mano para que tomara asiento.
An
Ella negó con la cabeza. —Me quedaré de pie un momento… come, come, debes estar muy hambriento. Descansa un poquito mientras tanto, seguro vienen días difíciles.
Mino
Frunció el ceño -¿Qué pasa? Ahora sí me estás poniendo nervioso, dime qué está pasando. ¿Pasó algo en la escuela con Yamato? ¿Con tus asistentes? Amor, por favor no te calles nada.
An
—No, no… nada de eso —se rió algo nerviosa—. Termina de comer pronto, yo te diré qué pasa luego de eso. Ah… discúlpame un momento…
Caminó hacia la habitación y otra contracción la afligió por un instante. Se tomó su tiempo en respirar y luego regresó a la cocina. Mino ya casi terminaba su último onigiri cuando sonó el timbre de la puerta. —Yo iré.
Sabía que era la niñera. La llamó sabiendo que Yamato no podría ir con ellos al hospital.
Mino
Se estaba poniendo de mal humor otra vez, lo que le faltaba era ser recibido por un halo de misterio. Se levantó de inmediato tras An y al ver a la niñera, le pareció más raro.
-An, me quieres decir qué pasa. Carajo -se veía ya bastante molesto- Mi día fue de mierda, así que espero estar tranquilo contigo. ¿Qué carajos está pasando? Dímelo ya.
An
—Lo siento mucho, mi amor —respondió sonriéndole apologéticamente—. No vas a poder descansar mucho hoy… rompí fuente hace una hora.
Mino
-¡¿QUE TÚ QUÉ?! ¿UNA HORA, AN? ¡UNA HORA! ¿Por qué no me dijiste en cuánto llegué? ¿Por qué te obligas a pasar dolor? Qué importa que no coma o que Yamato se quede con algún vecino hasta que la niñera llegue… -tomó aire- Voy por la mochila para ir al hospital. Ve al auto, por favor.
Ahora estaba enojado, nervioso, de todo -Yamato está dormido, por favor, explíquele cuando despierte. Llamaré por la mañana. Muchas gracias por venir -le dijo a la niñera y salió al auto.
-Mal hecho, An… -vio su barriga- Yo no importo, lo que más importa eres tú y las bebés -arrancó el auto- ¿Qué tal de dolor?
An
—No te pongas así. Nos dijeron que usualmente demora mucho y ni siquiera son tan seguidas las contracciones. Duele bastante, pero por ratos nada más… estamos bien por ahora —entornó los ojos y se acomodó en el asiento, recostando el respaldo un poco. Después de un fuerte suspiro acarició su vientre.
—Al fin vamos a conocerlas.
Mino
-Estoy tan impaciente por verlas, tenerlas entre mis brazos -acarició también su vientre, aprovechando que les había tocado un semáforo en rojo- Son mi tesoro y aún no puedo ver sus rostros -le sonrió- ¿Todo bien?
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
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Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima… -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
An
Agradecía al cielo que Mino ya hubiera llegado. Los dolores aún no eran muy frecuentes así que estaba terminando de revisar que todo lo que planearon llevar estuviera listo en las maletas. Con calma, caminó hacia la cocina y saludó a su esposo con un beso. —Okaeri. Yamato y yo hicimos unos onigiri para que pudieras comer en lo que te preparaba la cena…
Apretó los dientes sintiendo otra contracción llegar.
Mino
Sonrió mientras masticaba un onigri -Con esto estará perfecto. No hace falta que hagas otra cosa, cariño- Para mi esto es delicioso, después de un día tan ocupado y realmente complicado.
Se acercó para darle un beso cuando notó la expresión de An -¿Qué pasa? ¿Se están clavando otra vez? -bajó a la barriga- Oigan, pequeñas, mami necesita dormir pero si ustedes siguen jugando no será posible. Pórtense bien -besó su vientre- Tienes que llamarles la atención.
An
Negó con la cabeza y después de un rato pudo respirar mejor y el dolor se había calmado. —Termina tus onigiri primero, vas a necesitar mucha energía. Déjame servirte un poco de té —dijo yendo al refrigerador para sacar la botella de té que guardaban.
Mino
-¿Ah? -no estaba entendiendo nada, pero An se veía tan calmada que no le hizo sospechar- Me gustan estos de salmón -dijo antes de darle una nueva mordida- No te molestes. Ven siéntate, yo me sirvo -la tomó de la mano para que tomara asiento.
An
Ella negó con la cabeza. —Me quedaré de pie un momento… come, come, debes estar muy hambriento. Descansa un poquito mientras tanto, seguro vienen días difíciles.
Mino
Frunció el ceño -¿Qué pasa? Ahora sí me estás poniendo nervioso, dime qué está pasando. ¿Pasó algo en la escuela con Yamato? ¿Con tus asistentes? Amor, por favor no te calles nada.
An
—No, no… nada de eso —se rió algo nerviosa—. Termina de comer pronto, yo te diré qué pasa luego de eso. Ah… discúlpame un momento…
Caminó hacia la habitación y otra contracción la afligió por un instante. Se tomó su tiempo en respirar y luego regresó a la cocina. Mino ya casi terminaba su último onigiri cuando sonó el timbre de la puerta. —Yo iré.
Sabía que era la niñera. La llamó sabiendo que Yamato no podría ir con ellos al hospital.
Mino
Se estaba poniendo de mal humor otra vez, lo que le faltaba era ser recibido por un halo de misterio. Se levantó de inmediato tras An y al ver a la niñera, le pareció más raro.
-An, me quieres decir qué pasa. Carajo -se veía ya bastante molesto- Mi día fue de mierda, así que espero estar tranquilo contigo. ¿Qué carajos está pasando? Dímelo ya.
An
—Lo siento mucho, mi amor —respondió sonriéndole apologéticamente—. No vas a poder descansar mucho hoy… rompí fuente hace una hora.
Mino
-¡¿QUE TÚ QUÉ?! ¿UNA HORA, AN? ¡UNA HORA! ¿Por qué no me dijiste en cuánto llegué? ¿Por qué te obligas a pasar dolor? Qué importa que no coma o que Yamato se quede con algún vecino hasta que la niñera llegue… -tomó aire- Voy por la mochila para ir al hospital. Ve al auto, por favor.
Ahora estaba enojado, nervioso, de todo -Yamato está dormido, por favor, explíquele cuando despierte. Llamaré por la mañana. Muchas gracias por venir -le dijo a la niñera y salió al auto.
-Mal hecho, An… -vio su barriga- Yo no importo, lo que más importa eres tú y las bebés -arrancó el auto- ¿Qué tal de dolor?
An
—Recuerda lo que todos nos dijeron. El primero siempre tarda horas, entonces era mejor que recuperaras tu energía. Te necesito sano para cuidarnos en los próximos días —regañó de vuelta—. Estoy bien, no es tan seguido. La respiración ayuda, pero no respondo de mi más tarde.
Mino
Tomó aire -Todos los embarazos son distintos, amor. Pero ya eso no importa -le tomó la mano- Si quedamos embarazados otra vez, prométeme que no volverás a hacer esto -sonrió- Eres muy fuerte y soportas bien el dolor, pero no vamos a arriesgarnos, ¿ok?
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—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
kanade-mino-esp
Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima… -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
An
Agradecía al cielo que Mino ya hubiera llegado. Los dolores aún no eran muy frecuentes así que estaba terminando de revisar que todo lo que planearon llevar estuviera listo en las maletas. Con calma, caminó hacia la cocina y saludó a su esposo con un beso. —Okaeri. Yamato y yo hicimos unos onigiri para que pudieras comer en lo que te preparaba la cena…
Apretó los dientes sintiendo otra contracción llegar.
Mino
Sonrió mientras masticaba un onigri -Con esto estará perfecto. No hace falta que hagas otra cosa, cariño- Para mi esto es delicioso, después de un día tan ocupado y realmente complicado.
Se acercó para darle un beso cuando notó la expresión de An -¿Qué pasa? ¿Se están clavando otra vez? -bajó a la barriga- Oigan, pequeñas, mami necesita dormir pero si ustedes siguen jugando no será posible. Pórtense bien -besó su vientre- Tienes que llamarles la atención.
An
Negó con la cabeza y después de un rato pudo respirar mejor y el dolor se había calmado. —Termina tus onigiri primero, vas a necesitar mucha energía. Déjame servirte un poco de té —dijo yendo al refrigerador para sacar la botella de té que guardaban.
Mino
-¿Ah? -no estaba entendiendo nada, pero An se veía tan calmada que no le hizo sospechar- Me gustan estos de salmón -dijo antes de darle una nueva mordida- No te molestes. Ven siéntate, yo me sirvo -la tomó de la mano para que tomara asiento.
An
Ella negó con la cabeza. —Me quedaré de pie un momento… come, come, debes estar muy hambriento. Descansa un poquito mientras tanto, seguro vienen días difíciles.
Mino
Frunció el ceño -¿Qué pasa? Ahora sí me estás poniendo nervioso, dime qué está pasando. ¿Pasó algo en la escuela con Yamato? ¿Con tus asistentes? Amor, por favor no te calles nada.
An
—No, no… nada de eso —se rió algo nerviosa—. Termina de comer pronto, yo te diré qué pasa luego de eso. Ah… discúlpame un momento…
Caminó hacia la habitación y otra contracción la afligió por un instante. Se tomó su tiempo en respirar y luego regresó a la cocina. Mino ya casi terminaba su último onigiri cuando sonó el timbre de la puerta. —Yo iré.
Sabía que era la niñera. La llamó sabiendo que Yamato no podría ir con ellos al hospital.
Mino
Se estaba poniendo de mal humor otra vez, lo que le faltaba era ser recibido por un halo de misterio. Se levantó de inmediato tras An y al ver a la niñera, le pareció más raro.
-An, me quieres decir qué pasa. Carajo -se veía ya bastante molesto- Mi día fue de mierda, así que espero estar tranquilo contigo. ¿Qué carajos está pasando? Dímelo ya.
An
—Lo siento mucho, mi amor —respondió sonriéndole apologéticamente—. No vas a poder descansar mucho hoy… rompí fuente hace una hora.
Mino
-¡¿QUE TÚ QUÉ?! ¿UNA HORA, AN? ¡UNA HORA! ¿Por qué no me dijiste en cuánto llegué? ¿Por qué te obligas a pasar dolor? Qué importa que no coma o que Yamato se quede con algún vecino hasta que la niñera llegue... -tomó aire- Voy por la mochila para ir al hospital. Ve al auto, por favor.
Ahora estaba enojado, nervioso, de todo -Yamato está dormido, por favor, explíquele cuando despierte. Llamaré por la mañana. Muchas gracias por venir -le dijo a la niñera y salió al auto.
-Mal hecho, An... -vio su barriga- Yo no importo, lo que más importa eres tú y las bebés -arrancó el auto- ¿Qué tal de dolor?
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
kanade-mino-esp
Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima… -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
An
Agradecía al cielo que Mino ya hubiera llegado. Los dolores aún no eran muy frecuentes así que estaba terminando de revisar que todo lo que planearon llevar estuviera listo en las maletas. Con calma, caminó hacia la cocina y saludó a su esposo con un beso. —Okaeri. Yamato y yo hicimos unos onigiri para que pudieras comer en lo que te preparaba la cena…
Apretó los dientes sintiendo otra contracción llegar.
Mino
Sonrió mientras masticaba un onigri -Con esto estará perfecto. No hace falta que hagas otra cosa, cariño- Para mi esto es delicioso, después de un día tan ocupado y realmente complicado.
Se acercó para darle un beso cuando notó la expresión de An -¿Qué pasa? ¿Se están clavando otra vez? -bajó a la barriga- Oigan, pequeñas, mami necesita dormir pero si ustedes siguen jugando no será posible. Pórtense bien -besó su vientre- Tienes que llamarles la atención.
An
Negó con la cabeza y después de un rato pudo respirar mejor y el dolor se había calmado. —Termina tus onigiri primero, vas a necesitar mucha energía. Déjame servirte un poco de té —dijo yendo al refrigerador para sacar la botella de té que guardaban.
Mino
-¿Ah? -no estaba entendiendo nada, pero An se veía tan calmada que no le hizo sospechar- Me gustan estos de salmón -dijo antes de darle una nueva mordida- No te molestes. Ven siéntate, yo me sirvo -la tomó de la mano para que tomara asiento.
An
Ella negó con la cabeza. —Me quedaré de pie un momento… come, come, debes estar muy hambriento. Descansa un poquito mientras tanto, seguro vienen días difíciles.
Mino
Frunció el ceño -¿Qué pasa? Ahora sí me estás poniendo nervioso, dime qué está pasando. ¿Pasó algo en la escuela con Yamato? ¿Con tus asistentes? Amor, por favor no te calles nada.
An
—No, no… nada de eso —se rió algo nerviosa—. Termina de comer pronto, yo te diré qué pasa luego de eso. Ah… discúlpame un momento…
Caminó hacia la habitación y otra contracción la afligió por un instante. Se tomó su tiempo en respirar y luego regresó a la cocina. Mino ya casi terminaba su último onigiri cuando sonó el timbre de la puerta. —Yo iré.
Sabía que era la niñera. La llamó sabiendo que Yamato no podría ir con ellos al hospital.
Mino
Se estaba poniendo de mal humor otra vez, lo que le faltaba era ser recibido por un halo de misterio. Se levantó de inmediato tras An y al ver a la niñera, le pareció más raro.
-An, me quieres decir qué pasa. Carajo -se veía ya bastante molesto- Mi día fue de mierda, así que espero estar tranquilo contigo. ¿Qué carajos está pasando? Dímelo ya.
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—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
kanade-mino-esp
Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima… -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
An
Agradecía al cielo que Mino ya hubiera llegado. Los dolores aún no eran muy frecuentes así que estaba terminando de revisar que todo lo que planearon llevar estuviera listo en las maletas. Con calma, caminó hacia la cocina y saludó a su esposo con un beso. —Okaeri. Yamato y yo hicimos unos onigiri para que pudieras comer en lo que te preparaba la cena…
Apretó los dientes sintiendo otra contracción llegar.
Mino
Sonrió mientras masticaba un onigri -Con esto estará perfecto. No hace falta que hagas otra cosa, cariño- Para mi esto es delicioso, después de un día tan ocupado y realmente complicado.
Se acercó para darle un beso cuando notó la expresión de An -¿Qué pasa? ¿Se están clavando otra vez? -bajó a la barriga- Oigan, pequeñas, mami necesita dormir pero si ustedes siguen jugando no será posible. Pórtense bien -besó su vientre- Tienes que llamarles la atención.
An
Negó con la cabeza y después de un rato pudo respirar mejor y el dolor se había calmado. —Termina tus onigiri primero, vas a necesitar mucha energía. Déjame servirte un poco de té —dijo yendo al refrigerador para sacar la botella de té que guardaban.
Mino
-¿Ah? -no estaba entendiendo nada, pero An se veía tan calmada que no le hizo sospechar- Me gustan estos de salmón -dijo antes de darle una nueva mordida- No te molestes. Ven siéntate, yo me sirvo -la tomó de la mano para que tomara asiento.
An
Ella negó con la cabeza. —Me quedaré de pie un momento… come, come, debes estar muy hambriento. Descansa un poquito mientras tanto, seguro vienen días difíciles.
Mino
Frunció el ceño -¿Qué pasa? Ahora sí me estás poniendo nervioso, dime qué está pasando. ¿Pasó algo en la escuela con Yamato? ¿Con tus asistentes? Amor, por favor no te calles nada.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
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Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima… -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
An
Agradecía al cielo que Mino ya hubiera llegado. Los dolores aún no eran muy frecuentes así que estaba terminando de revisar que todo lo que planearon llevar estuviera listo en las maletas. Con calma, caminó hacia la cocina y saludó a su esposo con un beso. —Okaeri. Yamato y yo hicimos unos onigiri para que pudieras comer en lo que te preparaba la cena…
Apretó los dientes sintiendo otra contracción llegar.
Mino
Sonrió mientras masticaba un onigri -Con esto estará perfecto. No hace falta que hagas otra cosa, cariño- Para mi esto es delicioso, después de un día tan ocupado y realmente complicado.
Se acercó para darle un beso cuando notó la expresión de An -¿Qué pasa? ¿Se están clavando otra vez? -bajó a la barriga- Oigan, pequeñas, mami necesita dormir pero si ustedes siguen jugando no será posible. Pórtense bien -besó su vientre- Tienes que llamarles la atención.
An
Negó con la cabeza y después de un rato pudo respirar mejor y el dolor se había calmado. —Termina tus onigiri primero, vas a necesitar mucha energía. Déjame servirte un poco de té —dijo yendo al refrigerador para sacar la botella de té que guardaban.
Mino
-¿Ah? -no estaba entendiendo nada, pero An se veía tan calmada que no le hizo sospechar- Me gustan estos de salmón -dijo antes de darle una nueva mordida- No te molestes. Ven siéntate, yo me sirvo -la tomó de la mano para que tomara asiento.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
kanade-mino-esp
Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima… -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
An
Agradecía al cielo que Mino ya hubiera llegado. Los dolores aún no eran muy frecuentes así que estaba terminando de revisar que todo lo que planearon llevar estuviera listo en las maletas. Con calma, caminó hacia la cocina y saludó a su esposo con un beso. —Okaeri. Yamato y yo hicimos unos onigiri para que pudieras comer en lo que te preparaba la cena…
Apretó los dientes sintiendo otra contracción llegar.
Mino
Sonrió mientras masticaba un onigri -Con esto estará perfecto. No hace falta que hagas otra cosa, cariño- Para mi esto es delicioso, después de un día tan ocupado y realmente complicado.
Se acercó para darle un beso cuando notó la expresión de An -¿Qué pasa? ¿Se están clavando otra vez? -bajó a la barriga- Oigan, pequeñas, mami necesita dormir pero si ustedes siguen jugando no será posible. Pórtense bien -besó su vientre- Tienes que llamarles la atención.
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—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
kanade-mino-esp
Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena… y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
An
Mino era siempre muy diligente en llevarle lo que se le antojara. Yamato era muy cuidadoso de ayudarla y no ocasionarle más trabajo. Incluso sus asistentes la tenían muy consentida y cuidando de que no pasara corajes o se desvelara. Aún así, tuvo que hacer un capítulo especial explicando por qué su historia entraría en pausa. Comenzaron a llegar varias cartas a la editorial felicitándola por su próximo hijo.
Una noche, Mino estaba fuera todavía porque estaba terminando de entregar un manuscrito a última hora. Ella estaba acostando a Yamato cuando sintió un fuerte dolor en un costado. Ya había sentido dolores similares, así que pensó que sería solo uno de esos.
Iba a preparar su cama cuando sintió algo bajar por su pierna.
Mino
Ya estaba casi por llegar y además de estar de muy mal humor por perderse la cena con su familia, tenía mucha hambre y deseos de ver a su esposa. Entró a casa y se descalzó.
-Tadaima... -se quitó el abrigo y entró directo a la cocina; buscando algo que le ayudara a apaciguar el hambre.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
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Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
An
—Tranquilo, ya veremos eso pero luego. Primero vamos a comer, ¿sí? Creo que tus hijas tienen ganas de comer piña. ¿Tenemos piña? Espero que sí.
Mino
-Traje piña en almibar y piña para cortar, mi amor. Te leo la mente -le ayudó a ponerse de pie- Vayan a lavarse que también traje cena... y mochi de piña -rió- Nos vamos a llenar de piña en esta casa.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
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Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
An
—¿Escuchaste eso, Yamato? —Acarició su rostro— Tu papá piensa igual que yo, así que puedes estar muy tranquilo y esperar con alegría la llegada de tus hermanas.
Mino
-¿A qué viene la pregunta? -los miró a ambos.
Yamato explicó con ayuda de An lo que había sucedido en el colegio. Mino se veía molesto, al igual que su esposa cuando lo supo -Tenemos que hablar con alguien sobre eso -le dijo a An.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
An
Recibió el beso y sonrió tan ampliamente como su esposo. Luego hizo una pregunta sin contexto, solo para que Yamato pudiera sentirse seguro.
—¿Qué piensas de que nuestra casa esté llena de niños? —preguntó An a su esposo— Me refiero a Yamato y a nuestras princesas.
Mino
-Pues muy fácil, que será muy divertido tener a muchos pequeños aquí. Y todo el amor que nos sentimos podrá ser compartido con ellos. Yo estoy muy feliz de que nuestra familia sea grande.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
An
Lo abrazó y besó su cabeza. —Hiciste bien en preguntarme. No dejes que nadie te diga que tu papá y yo pensamos de alguna forma, sobre todo si es algo que a ti te pone triste. Puedes venir conmigo y preguntar siempre que sea así.
Yamato
-De acuerdo. Voy a preguntar todo en lo que yo tenga dudas.
-Tadaima -Mino llegó con una gran sonrisa, misma que se amplió al ver a su familia reunida- ¿Tenemos junta familiar? -abrazó a Yamato y luego besó a An.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
An
—Quien te dijo eso solo quería molestarte —respondió enérgicamente. Luego se encargaría de ver qué niño era para hablar seriamente con su madre—. Mi amor, tú no te irás de mi lado hasta que seas adulto y quieras formar tu propia familia o perseguir tu sueño. Cuando hay muchos niños en casa es un hogar más feliz porque hay mucho más amor para dar y recibir.
Yamato
-Yo nunca me quiero ir de su lado, mamá -la abrazó- Ni cuando sea muy grande -rió- Le diré a ese niño que es un mentiroso. En verdad me asustó hoy cuando me dijo eso.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami… si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?
An
—Lo mismo que ahora, mi amor. Tú serías el hermano mayor, pero en lugar de dos pequeñas princesas tendrías dos pequeños príncipes como tú… bueno, más pequeños que tú. Y tendrías que cuidarlos y enseñarles como ser unos buenos caballeritos como tú.
Yamato
-¿Entonces no es cierto lo que me dijo un niño del colegio? -An lo observó con atención- Me dijo que cuando hay muchos niños en una casa, el más grande se tiene que ir para dejarle todo a los demás.
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An
—¿Tú crees? Bueno… tenemos un cuarto que será para las nenas, pero cuando crezcan más necesitará cada una su habitación… supongo que está bien por ahora, pero luego sí tendremos que pensar en qué hacer.
Mino
-Por el momento está bien, cierto, pero yo quiero que tengamos algo mejor en un futuro próximo, más próximo de lo que crees -le sonrió- Iniciaré la búsqueda de una casa, para cuando las bebés tengan un año, ya estaremos en nuestro nuevo hogar. Pero yo quiero que tú la elijas.
An
—Creo que está bien así porque con todos los preparativos de su nacimiento no vamos a tener tiempo ni energías de mudarnos. No podría ayudar mucho en empacar y las labores que eso necesita. Pero cuando ellas sean un poco mayores podremos hacerlo. Me gustaría una casa con un jardín suficientemente grande para que Yamato y las niñas puedan jugar.
Mino
-Bien, entonces le daré prioridad a ese detalle de la casa -besó su frente y jugó con sus cabellos- Quiero que todos estemos cómodos, pero sobre todo nuestros hijos -rió- Es que aún no me creo que vayamos a tener tres hijos de un momento a otro, y yo que creí que con Yamato sería suficiente.
An
—Me emociona mucho. ¡Ay! Solo que va a ser difícil abrazarlos a todos. Tendrán que tomar turnos, incluído tú. —Le bromeó un poquito.
Mino
Rió -Quizá los primeros meses si tenga que sacrificar mi espacio entre tus brazos, pero poco a poco lo iré recuperando porque no pienso compartirte siempre -besó sus labios y acarició su vientre- Increíble que en tan poco tiempo nuestra familia será de cinco.
An
—Por lo pronto, tenemos que pensar en dos que no tienen mucho por el momento. En especial, aún no tienen nombre… Quiero algo que suene muy dulce y tenga bonito significado. Pero si soy quisquillosa nombrando a mis personajes, imagina con mis hijas.
Mino
-Te olvidas que el papá también es muy especial, y no me quiero quedar fuera de esas decisiones -siguió con las caricias- Amor, yo creo que cinco en la familia serán suficientes, ¿no crees?
An
—También lo creo, amor. Aunque espero que Yamato no se sienta solo siendo el único niño de la familia —rió suavecito—, aunque sospecho que será un hermano sobreprotector.
Mino
-Los Mino somos algo celoso, eso ya lo sabes. Pobres de mis pequeñas con dos hombres vigilando que ningún imbécil se les acerque -rió- Regresando al tema, voy a operarme para asegurarnos que no tengamos otra sorpresa doble.
An
Asintió. —Está bien, mi amor. Si lo haces tú, si en el futuro cambiamos de opinión todavía es reversible… y además, nos ahorra el problema del condón.
Mino
-Tan molesto que es. Pequeñas ustedes no escuchen -puso las manos a los costados de la barriga de An, como si tapara los oídos de las niñas- Además que es mucho mejor cuando lo hacemos así.
An soltó una sonora carcajada -Me encanta tu risa.
An
—Yo también disfruto estar contigo sin nada de por medio —susurró— Y no creo que ahora te entiendan, preocúpate cuando ya puedan hablar y repitan todo lo que oyen.
Mino
Rió -Por eso me voy a portar muy bien cuando ya estén acá. Seré un buen papá, lo he venido siendo desde que Yamato es mi pequeño… bueno la verdad es que me falta mucho para ser tan bueno como quiero.
An
—Yo no tengo práctica con niños pequeños, así que será toda una aventura para mi. Mi mamá ya se ofreció a ayudar, pero de todos modos me da un poco de miedo.
Mino
-También tengo algo de miedo, pero para eso es que estamos juntos, cariño. Podremos hacernos fuertes y ayudarnos cuando el otro se sienta demasiado abrumado -le sonrió- Ten calma, todo irá de maravilla.
An
—No somos los primeros padres primerizos de cualquier forma. Será toda una aventura y espero que Yamato esté contento de emprenderla con nosotros.
Mino
-Sigue muy entusiasmado porque será el hermano mayor, pero también está preocupado porque no sabe sí podrá cuidarlas bien, dice que puede cuidar a una pero no quiere descuidar a la otra, así que está pensando cómo hacer -sonrió- Será una buena ayuda.
An
—Mi amor… vamos a ser papás de dos hermosas niñas. Todavía no puedo creerlo —dijo casi rompiendo en llanto—. Esto supera por mucho a lo que había soñado.
Mino
-¡Awww! Ven, ven -la sentó en su regazo para abrazarla- Mi hermos esposa es tan sentimental y tan linda -besó su nariz- Para mi también lo ha superado y por eso me emociona mucho. Todos los días me siento agradecido de que me hayas dado otra oportunidad a pesar de que fui un idiota.
An
—Y yo fui una tonta berrinchuda —dijo acurrucándose con él— y por poco te pierdo por eso. Me alegra que no fuera así, mira lo que nos hubiéramos perdido.
Mino
-Yo creo que jamás me hubieras perdido, porque nunca dejé de pesar en ti y definitivamente, en algún momento te buscaría para pedirte perdón y una oportunidad. Nos pertenecemos, cariño.
An
—Estoy de acuerdo contigo, mi amor.
…
Un mes más pasó y a An comenzaba a notársele un poco más la barriga, ya con un tamaño más adecuado a un embarazo de gemelos. Pero también tenía más antojos y le dolían un poco más los pies y la espalda. Todo mundo estaba muy pendiente de ella, desde sus asistentes hasta Mino y en especial Yamato era el más atento de todos.
Yamato
-¿Mami quieres té? -se acercó mientras ella descansaba en la sala- Papá dijo que él iba a traer la cena, pero que te cuidara bien -besó la pancita- ¿Ustedes quieren té hermanitas?
An
—Tus hermanas más bien tienen ganas de jugo de manzana —le sonrió a su hijo y acarició su cabeza— Pero no tienes por qué traerlo ahora. Quédate un poquito más conmigo, mi amor.
Yamato
-Bueno -se sentó en la alfombra con las piernas cruzadas para seguir acariciando el vientre de An- ¿Todavía falta mucho para que mis hermanitas salgan?
An
—Sí, unos cuantos meses. Ahora mismo son muy chiquititas, son muy frágiles y delicadas, por eso siguen aquí para que yo pueda protegerlas. Pero cuando se vuelvan más grandes y estén listas para este mundo, van a querer salir rápido.
Yamato
-¿Unos cuántos meses? Eso parece mucho tiempo -dijo decepcionado el menor- Mami... si mis hermanitas no fueran niñas, sino niños -bajó la mirada- ¿Qué hubiera pasado conmigo?