Después de siglos me aparezco… fuera de mi zona además, con un Ecuchi (más pre-Ecuchi) Pero espero que lo disfruten, sobre todo @jay-koffee
Relaciones: Past EcuPer, Pre-EcuChi
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Un constante repiqueteo se sentía contra la tela sintética de la carpa, no estaba claro si era el viento tirando porquería de los árboles o simple bruma, pero Manuel llevaba prestándole atención desde hace varios minutos, en un último intento por distraerse del hormigueo que le recorría toda la pierna izquierda hasta la cadera. Al poco tiempo luego de meterse en su saco de dormir, se dio cuenta de que las películas habían romantizado y simplificado demasiado el hecho de acampar, y con Francisco se lo creyeron todo.
Un golpecito resonó más fuerte de entre el resto, rebotando por el costado de la carpa en la que Manuel se encontraba. El moreno se preguntó si sería una ramita, o una semilla, o uno de los escarabajos con las patas como arañas, de los que le había señalado Francisco sobre una hoja, apenas ingresar al camping. Se cuestionó por un momento si desearle una pronta muerte al bichito para no encontrárselo en la mañana era demasiado cruel de su parte; cabe decir, que replantearse su faceta macabra no lo ayudó a conciliar el sueño, ni olvidarse de lo incómodo que resultaba dormir en el piso.
“Que frágil nos hemos vuelto frente a las rocas y la tierra”, se dijo en su cabeza con lo que consideraba un acento sofisticado, y se sonrió ligeramente, pero intentó no moverse ni un poquito para no molestar a Francisco que dormía al lado suyo. No lo había sentido por un rato, y aunque no veía nada entre la oscuridad de la noche, o a través de su antifaz, supuso que su amigo tenía más suerte que la suya y ya se encontraba dormido. Si no estuvieran allí precisamente para darle un respiro, le tendría más resentimiento.
“Solo seis horas más”, pensó, no sin algo de congojo. “Debí copiarme un audiolibro al celular”.
Así, por andar ensimismado en nuevos inútiles pensamientos, casi se le sale el corazón del pecho cuando algo se aventó contra la carpa justo en frente de su cara, emitiendo un gruñido por sobre el resto del ruido del exterior. Manuel se estremeció por completo al escucharlo, retorciéndose sobre su estómago en un instintivo gesto para resguardarse, y al último momento se jaló el antifaz para ver qué los estaba atacando sin incentivo. Solo entonces vio la silueta de algo peludo rasqueteando por el borde de la carpa, pero fueron las respiraciones pesadas y los gemidos patéticos por lo que se dio cuenta que no estaban en peligro.
- ¡Fúchila! ¡Sale de acá! -le espetó entre dientes al perro, al darse cuenta que, por mucho que no se los fuera a comer, probablemente sí iría a hacer pis sobre toda la carpa. La mascota perdida se dio un par de vuelta más frente a Manuel, pero por suerte los campistas de dos puestos más allá se dieron cuenta de que les faltaba alguien importante, y corrieron a buscarlo.
- ¡Ugh! -Manuel se frotó la cara, enredando su antifaz con un par de mechas que le caían por la frente, mientras las apartaba cayó en cuenta de algo por primera vez; y es que la carpa no se encontraba tan sumida en la oscuridad como se estuvo convenciendo. Giró la cabeza hacia Francisco y se sintió indignado al pillarle el celular en una mano, cuya luz el joven trataba de cubrir con la otra, muy ineficazmente para ser sinceros, y aún no se percataba que Manuel lo había descubierto por causa de los audífonos, de los cuales podía ver el cable negro siguiendo la curva de su mejilla hasta el celular. Y eso que había sido el primero en mencionar que debían guardar batería. El muy desgraciado, si iban a estar los dos despiertos, al menos le pudo haber estado conversando.
Le dijo eso mismo al momento luego de golpearlo.
- ¡Maldita sea, Pancho! ¡Y yo como idiota tratando de no despertarte! -le reclamó, picándole el costado varias veces.
Francisco se espantó tanto que los audífonos se desprendieron de sus oídos, al aletear con ambos brazos ante tal agresión.
- ¿Y qué cresta miras a las tantas de la noche?
Francisco de pronto se pegó el celular al pecho, y Manuel entrecerró los ojos ante la expresión de culpabilidad y vergüenza que se grabó en el rostro de su mejor amigo, y que sólo lograba ver gracias al brillo del aparato. Con un rápido movimiento de su mano le arrebató el teléfono con la pantalla aún encendida, y fue testigo de lo que tenía tan avergonzado al otro joven.
- ¡Por qué diablos le estas mirando el Insta al Migue, po Pancho! -lo regañó con la voz grave, intentando contener un gruñido más agresivo ante la estupidez de su amigo- ¡Si vinimos para acá solo para que te olvidaras del tarado de mi primo!