Smoke in the wind.
Frío viento de anochecer corren en las calles de Detroit, ciudad a la que Kay aún no termina de sentir como suya, tampoco es que tuviese mucho interés en ello, pero si iba a buscar un nuevo comienzo, debía empezar por memorizar algunos detalles de esta, quizás iniciando por un establecimiento para comprar cigarrillos, viejo mal hábito que aún conserva; se había prometido cambiar de vida a la que habitualmente ha llevado en su ciudad natal, pero un cigarrillo le venía bien para calmar cualquier ansiedad, incluso cuando los aromas extraños cundan su olfato para temer cada vez más a llamar la atención.
Está claro que si existen seres extraños como lo que él era, debía haber quienes fueran por sus traseros para borrarlos de la faz de la tierra, y era muy lógico, era un balance natural al que no quería pertenecer, no por ahora. En calmados pasos se deja llevar por su instinto, no hay tantas personas en las calles, echaría la culpa a la escalofriante baja temperatura, cosa que no le afecta en lo absoluto, está más que acostumbrado a ello.
Sin mucha suerte en encontrar al menos un abasto cualquiera para encontrar sus cigarrillos, recurre a su última opción, preguntar por alguna, como el típico extranjero que es, odia la idea pero era eso y no había otra elección, aún no tiene móvil ni vehículo con qué recorrer distancias más lejanas, apenas si tiene techo donde dormir, porque una de sus principales promesas personales radica en nunca más dormir en la calle, era un suplicio que jamás querría volver a vivir.
Al escuchar como unos pasos se acercan tras él, se detiene y voltea para enfrentar la mirada de quien también hace uso de aquella vía peatonal, pero antes de dejarlo pasar decide de una vez pedir algo de ayuda, de todas maneras ya lo tenía decidido —¡Disculpa!, ¿podrías ayudarme en algo? —expresó Kay con firmeza en su voz, se sentía bastante confiado de aquel nuevo idioma que ha adoptado.













