De un momento a otro, se encontró con el violento trato proveniente de su hermano mayor. No hubiera sido la primera vez que quisiera buscar pelea por el mero hecho de hacerlo, pero sus siguientes palabras revelaron la razón de su pérdida de cordura. Estaba completamente loco. La adrenalina recorrió su cuerpo, lo suficiente como para poder enfrentarlo sin sentir ningún tipo de flaqueza. Cada una de sus palabras penetró en sus oídos, alimentando el escozor interior que la herida de Bastian le había causado desde hacía años. La mención de su padre hizo que tomara sus manos con la suficiente fuerza como para apartarlas de él, pero mantuvo la distancia.”Eres un maldito hipócrita.” Le habló, con una tranquilidad que no encajaba con la situación, pero que no tardaría en estallar. “Luna te importa una mierda. ¿¡Con cuantas mujeres has estado desde que os comprometisteis?!” Exclamó, ahora más fuerte. “¡Responde!” Gritó, para después darle un empujón que por fin lo separaría de él. “Somos amigos, las mujeres no sólo sirven para tener sexo.” Le habló, con una notable irritabilidad en sus palabras, sabiendo que la ira controlaría cada uno de sus argumentos. “Pero teniéndote a ti como prometido, yo también me iría con cualquiera.”
Podía sentir toda esa ira recorrer su cuerpo, la relación con su hermano no era la mejor, de hecho, pareciera que se detestaran y simplemente todo decaía cada vez más y ninguno de los dos parecía tener ganas de hacer algo para arreglarla, o al menos Bastian sabía que no lo haría, sin importar los lazos que tuvieran. Dejó que él apartara sus manos sin poner resistencia, quería controlarse, de verdad estaba tratando y no, no lo hacía para no terminar por lastimarlo más y que la discusión llegara ser algo peor, lo hacía porque a parte de todo el público ahí viéndolo, sabía que las cámaras ya se estaban concentrando en ellos. Dejó que hablara, mirándolo directamente, si las miradas pudieran matar Jevrem ya estaría tres metros bajo tierra por su parte. Cerró los ojos por un segundo al sentir aquél empujón y rió ahora por lo bajo, no podía creer que le estuviera sacando ahora eso en cara, pero no tenía cómo contestarlo porque en efecto, Bastian era un infiel de primera. — ¿Y por qué carajo eso te importa a ti, de todas maneras? — le restó importancia a aquello. — Te voy a recordar algo; Es mi vida y ella es mi futura esposa, aléjate de mi mujer — contestó, recalcando las últimas palabras una por una, más que nada la segunda, atribuyéndose la posesión de la princesa, que sentía él, estaba en cuestión. —Lo que me importa una mierda es su supuesta amistad. Hermanito, desde que llegaste no has hecho nada más que andar de coqueto con todas y verlas como un pedazo de carne para comerse después, de lo cual estoy orgulloso, de verdad, pero no con mi chica, Jevrem, porque no me va a importar que tan familia somos, te romperé la cara y cada hueso de tu cuerpo si es necesario para que entiendas y respetes que es mi chica de la que estamos hablando — sentenció, señalándose a sí mismo en la última oración. Se sentía cada vez más molesto y las respuestas del otro hombre enfrente de él no estaba ayudando para nada —Cierra la boca, Jevrem. Cállate por una vez en tu vida y deja de intentar robar mi puesto. ¿Por qué me tienes tanta envidia? ¿Te das cuenta que te mueres por tener todo lo que tengo? Tratas de ir por todo lo que es mío porque pareces no tener otra identidad, tan obsesionado por probarle a los demás que eres mejor que yo ¿no? — escupió, mirándolo con una expresión neutral.