Febrero en El Golf
Capítulo I: Mirador de Chumpullo.
Esteban ya es cosa del pasado, creo que la distancia, el tiempo y las inseguridades hicieron su trabajo. De un tiempo a esta parte, y posterior a la obligación de emigrar de su lado, nuestro amor se fue disolviendo, ya no me sentía como parte de ese conjunto y a pesar de que lo consideré el amor de mi vida, se transformó en un extraño.
¿Por qué de pronto ya no podía ver a través de sus ojos? No es que tenga poderes especiales, pero la conexión íntima y que le daba sazón, al menos a para mí, ya no estaba; las mariposas revoloteando se fueron calmando. Quizás tuvo algo que ver, aquella ocasión en la que descubrí su intención de tener una noche distinta al lado de un oso grande y peludo; o las veces que me negó frente a sus “amigos”, fue extraño enterarme de eso.
Recuerdo aquella madrugada de jueves, el sueño no llegaba a mí, y por más que usara mi aplicación con sonido de lluvia, no podía dormir. Mi mente vagaba entre ideas de engaño, la distancia y el cuestionamiento constante sobre los errores que me llevaron a salir de mi ciudad. O quizás no fue mi culpa, si no que fui víctima de ese ser gordo y oscuro que tenía por jefe, probablemente estaba escrito en las estrellas, como dijo una tarotista un día, que mi destino era estar en esa ciudad y con esa gente.
En mi insomnio crónico, de pronto vino a mi mente una palabra en color anaranjado y la cara de un oso: Growlr. Cerca de las 3 AM, tenía un perfil creado y ya estaba conversando con un simpático hombre de Miraflores, sobre la vida en general y del alza de las temperaturas en ambas ciudades distantes a más de 500 kilómetros, mientras observaba la típica foto que muestra algo de barba, parte del labio, algo de pómulo y mucho pectoral que resultaba inconfundible, era él. Sin embargo, debía ser prudente, si quería lograr mi objetivo, ¿Cuál? No lo sé, pero por un minuto sentí como un peso salía de mí.
Supongo que parte de mi estaba algo cansado de esa relación. Había pasado más de un año juntos, en ciudades distintas, pero con viajes constante; ninguno se quejaba, aunque era yo quien se montaba en automóvil y viajaba cerca de 6 horas para estar con él por otras 24. Ambos destinábamos el fin de semana para estar juntos y no pensar en trabajo. Un panorama similar, debía ocurrir dos días más tarde, sin embargo, decidí viajar a mi ciudad natal y concertar una cita estando allá, la excusa de escasez de transporte no era tan alejada de la realidad, me había mudado a una ciudad hermosa, pero de complejo acceso.
El día sábado por la tarde, ambos perfiles en Growlr comenzaron una nueva conversación, algo más intensa y con invitaciones explícitas para desatar las más fuertes pasiones, mal que mal mi perfil era todo un semental, salido de alguna película de Xvideo y Esteban había enviado una fotografía suya, no había dudas, era él. Su encrucijada radicaba en que, por una parte, su novio tenía intención de viajar para pasar el fin de semana como de costumbre, mientras su fantasía virtual estaba llano a pasar por él esa misma noche.
Constantemente él trataba de impedir mi viaje, usaba excusas como su madre enferma y el auto en el mecánico, mientras, por otro lado, alimentaba el deseo de su amante virtual. Faltando minutos para la última opción de viaje, decidí no hacerlo. Para cuando él se enteraba de mi decisión, ya un mensaje en Growlr me confirmaba que la noche sería nuestra, se habían dispuesto el horario, el lugar, lo que íbamos a beber y las posiciones que haríamos en la cama. No puedo negar, el asombro que me generó conocer esa personalidad un tanto oculta y desatada con ese perfil inventado, un señor Gray cualquiera, en donde nunca me sentí Dakota Johnson.
Al final del día, claramente nadie llegó a su departamento, el hombre apuesto, gigante y con bello en todo el cuerpo desapareció, nunca supe si se enteró de todo, pero era lo que menos deseaban saber; desde ese entonces las cosas no fueron iguales. Una vez más las esperanzas del amor romántico se disipaban, dando paso a una sensación distinta, que pensaba olvidada. ¿Desilusión? ¿Desamor? ¿Indiferencia? Quizás eso me instó a sentirme libre para conocer otras personas, no con el afán de un nuevo amor, ni momentos de sexo alocado, solamente me dejé llevar por un impulso que hasta el día de hoy me cuestiono. Probablemente, de no haberlo seguido, no estaría escribiendo estas líneas.
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Ya el tiempo de relacionarse con otros "caballeros", pasó del típico el encuentro con los amigos de amigos, esperando que una noche de fiesta terminara en una hermosa relación de otoño. Creo que aún sigo creyendo en el amor romántico, como un compañero de universidad me dijo hace años atrás: “lo que ocurre, es que tú miras todo desde el romanticismo y la vida no es así, es dura, complicada y por sobre todo terrenal…” supongo que en el fondo no he cambiado mucho. Hoy en día, las aplicaciones de citas parecieran ser un mal necesario.
Como buen hombre comprometido, no estaba al tanto de las últimas tendencias en aplicaciones de citas gay, supongo que llegue a Grindr por razón de alguna amistad que me la sugirió. Fue realmente sorprendente descubrir ese mundo, perfiles para todos los gustos, distintas edades, roles, colores y objetivos. Hoy ya no claro, Grindr se ha transformado en un mercado virtual para la transacción de las más variadas drogas, hay todo un mundo ahí, que prefiero no descubrir.
Entre tantos hombres activos, pasivos, piolas, discretos, sumisos, con y sin lugar, un perfil sin información inicia una conversación. Los típicos saludos, comentario del clima, contingencia actual y afines. Me extraño que su tema central no fuera el sexo, ni pedir foto de ningún tipo. Al principio no le vi importancia, no habían muchos elementos que llamaran mi atención, solo la constancia en su saludo, cada día a las 20 horas, estaba ahí.
El factor en común entre ambos, era que ninguno era oriundo de esa bella ciudad sureña y el objetivo, era tener amistades nuevas. Reconoció tener pareja, pero no amigos, solo aquellos que eran amigos de sus amigos y al pareces distaban mucho de su edad. Por mi parte, con el afán de ser fiel y no inmiscuirme en problemas, no conocía muchas personas ahí, solo compañeros de trabajo y uno que otro pretendiente, desistiendo de su objetivo, al saber que yo tenía pareja, lejos, pero la tenía.
La primera vez que vi a Manuel, fue en una fotografía que supongo fue tomada en algún paraje del norte. De perfil y con el sol de atardecer dando en su cara, no lograba apreciar su real belleza. Yo envié una foto cualquiera, como no había interés en nada más que conversar, no tenía la imperiosa necesidad de conquistar a nadie. Después de un largo rato y pensando que por la hora ya dormía, me respondió: “eres muy atractivo, te parece que salgamos mañana, es viernes y te puedo mostrar la ciudad” aunque no lo crean, pasado un año viviendo ahí, solo conocía el centro y una que otra de las múltiples atracciones de esa ciudad.
- Sí, vamos, - le respondí - me desocupo tipo 6 de la tarde.
- Genial, paso por ti a las 8 en la esquina de Balmaceda, donde están los Carabineros.
- Ok, nos vemos ahí.
Consideré que el horario era algo tarde, a las 21 horas ya estaría oscuro y sería difícil apreciar los paisajes, no sé por qué mi mente llegó a esa conclusión, debe ser que ambos vivíamos relativamente cerca, rodeados de naturaleza. Realmente era conmovedor todo ese verde y los agradables 27 a 29°, el aire frío hacía lo suyo cuando el sol se iba.
Ese viernes no tuvimos comunicación alguna durante el día, al parecer ambos teníamos mucho trabajo y no hubo tiempo de abrir aplicaciones. Cerca de las 7 supe que era viernes y cerré mi computador. No pretendía darle un minuto más a esa jefatura nefasta y tan desconectada de la realidad.
Accedí a mi cuenta en Grindr y pregunté si nuestra “cita” iba o no, él respondió que sí y que nos encontrábamos en el lugar indicado, aprovecho de darme detalles de su auto que tuve que googlear, (no es un tema que maneje del todo). Procuré verme decente, sin llamar la atención, dejando las plumas en la maleta y mi seriedad atenuada; una sabía amiga siempre ha dicho, como te ven te tratan y si bien no sabía la ruta que tomaríamos, en una de esas terminábamos en algún restaurante alemán de esos que abundan por la zona.
Llegada la hora, diviso algo así como la descripción de automóvil que me dio. De color oscuro, alargado, tipo jeep. Bastaba con decir que era un Honda CR-V LX 2008, tan desinformado no soy. En su interior, un hombre de tez clara, ojos verdes, algo de barba y pelo castaño, muy varonil y bastante alejado del prototipo de gay, no discutiré ese tema, pues da para hablar de muchas ideas sobre todo de discriminación entre nosotros mismos, siempre he dicho que en gustos cada cual verá, solo sé que Manuel me cautivó desde ese primer momento:
- “Hola, ¿Qué tal? Tan serio, ¿Pasó algo?-
- No, nada, solo que no sabía si eras tú - respondí sin poder mirarle a la cara.-
- Entiendo, pues sí, soy yo.
- Así veo.
Nuevamente mi cara de pocos amigos se me adelantaba, no sabía si decir algo gracioso o hacerme el indiferente. Recuerdo que un día de carrete, en esas típicas conversaciones de gente ebria, el nuevo amante de mi mejor amigo me preguntó:
- ¿Cómo sabes cuando alguien te gusta realmente?
- Pues, me pongo estúpido, no sé qué hacer o decir, todo mi razonamiento y frío cálculo me abandona.
Y esa tarde-noche no fue la excepción, creo que cometí todos los errores posibles. Aunque él fue un gran guía turístico, atento y muy cordial. Comenzamos a discutir sobre el lugar de inicio de nuestro tour, él indicó un sector cercano de donde vivíamos, pero que yo no había conocido, mencionó que había un mirador y la vista era formidable, aunque quedaba algo alejado y no había luz pública, aunque eso no fue impedimento.
Llegado al lugar, efectivamente estaba oscuro y solitario, con una hermosa y alejada, vista de la ciudad, me preguntó si quería descender del auto e inmediatamente pensé que me dejaría solo y abandonado, sin saber cómo regresar. Nuevamente mi cara me traiciona y me dice: “tranquilo, mira, sacaré las llaves, tómalas tú y bajamos juntos, no soy un psicópata” con una risa nerviosa, no sé si por la situación o por su compañía, me pasó las llaves y bajamos del auto, fue el primer roce que tuve con su piel.
Sin duda era un paisaje hermoso, con un aire frío que recorría todo el cuerpo, el viento hacía circular su perfume, aroma que hasta el día de hoy no olvido. Después de conversar de esto y aquello, y contarnos algo de nuestras vidas, decidimos regresar. Ya habían pasado más de 4 horas y pareciera que ninguno quería regresar. No voy a negar lo accidentado y torpe de esa primera cita, al final del encuentro ya me molestaba por mi cara de serio y yo solo quería que me besara, me sentí atraído por ese hombre como hacía tiempo no lo lograba alguien, incluido Esteban.
Tuve el afán de hacer todo correcto, con el fin de no molestarlo, creo que una actitud de sometimiento me invadió y solo deseaba tener un momento a solas para poder concentrarme en qué hacer, realmente mi estupidez aflora cuando un hombre como él llama mi atención.
Como todo un caballero, me dejó en casa, sano y salvo con esa sonrisa que nunca desapareció de su rostro, incluso en la oscuridad de ese mirador.
- Bueno joven, en su casa, sano y salvo, espero te haya gusta este pequeño paseo.
- Pues sí, un lugar increíble, no sabía que existían miradores por acá.
- Hay varios, si quieres el lunes vamos a otro que está camino a la costa.
- Me parece una genial idea.
Se acercó de improviso, tomando mi cabeza con una de sus manos. Me miró fijo y me besó en la mejilla, de forma suave, tenue, pero firme para que yo no echara pies atrás.
- ¿Nos vemos el lunes entonces?
- Sí – titubeé - ¿Nos juntamos en algún lado?-
- Te puedo pasar a buscar, ya sé dónde vives.
- Eso es injusto – le comenté algo serio para variar – yo no sé dónde vives tú.
- En un sector que se llama el Golf, otro día podemos ir, si quieres claro.
- Sería genial. Te espero entonces, ¿El lunes a las 8?
- A las 7 mejor - respondió con esa mirada que después de años, no he logro borrar de mi memoria.

















