[Aprendizajes de cuarentena]
Ayer durante mi descague^ utilicé adecuadamente la herramienta de “mirarme desde afuera” con una serie.
Uno de los diálogos me resonó un montón, porque me ha resonado a lo largo de muchos años; sin embargo esta vez solo ví sangrar esa herida, no me detuve a dolerme, la observé para escuchar lo que de sí hablaba (y cito)
"¿Es cierto que, sin importar cuán buena sea, no será suficiente? [...] Suficiente para el largo plazo [...] Me avergüenza. Creí que alguien como tú podía estar con alguien como yo"
Ese planteamiento, esa idea, me ha carcomido durante muchos años a lo largo de diferentes relaciones que he mantenido: no ser suficiente.
Allí estoy con 17, 20, 22, 23 y 24 años diciendo a la mitad de un sueño “no soy suficiente”, allí estoy en la cocina, la cama, abrazando o riendo con algunas de las mujeres que han marcado mi vida, sintiendo como cada gesto, cada acierto y sobre todo cada error, solo evidenciaban más esa realidad.
Con cierto cuidado me deslizaba entre mis temores de ser descubiertx como insegurx, patéticx y profundamente triste, haciendo bromas que me permitieran expiar todo lo que me lastimaba de mi pasado y seguía arrastrando conmigo.
Esos pequeños espacios de mí que se vieron en un callejón sin salida en mi última relación.
No podía escapar del llanto cuando C. me decía “está bien, llora si lo necesitas”.
No podía escapar de mí mismx cuando me decía “¿por qué me hablas de tus ex novias? ¿Por qué hablas de ti como si fueras siempre un fracaso? ¿Por qué no ves todos los logros que tienes, cuán guapx eres, la persona bonita que eres? Cualquier morra le encantaría ser tu novia”
Una cama de plumas donde caer, que poco a poco fue adelgazándose hasta que el piso se marcó con un contundente “actuamos para reafirmar esa idea que tenemos de nosotras mismas. Tu piensas que eres un fracaso y yo pienso de mí que soy mala” (¿Lo fuiste por convicción o por error?)
…No se trata de ella, no aquí…
He tenido que mirarme una y otra vez, he tenido que revisar mi “mito fundacional”, mi libreto personal para entender cómo empecé esta historia de fracasos amorosos, de no merecer ser queridx, el camino del corazón al matadero ida-y-vuelta.
¿Cuáles son las señales que llevo ignorando durante tantos años?
Recuerdo ser la niña “machorra” de la primaria y la secundaria, la “fea”, la que no tenía novio y no era relevante; bueno, a excepción de cuando fui amiga de “la más bonita del salón”.
Qué le podía decir yo al mundo cuando me sabía trans a los 7 y, en vista de lo doloroso que era pensarlo, asumiéndome niña me supe lesbiana a los 8.
Yo no encajaba, yo no quería ser deseada por los vatos, yo quería ser amada por las morras.
Fui creciendo como “la rara”, “la outsider”, hasta que alguien decidió mirarme y me consideré “digna” de ser querida.
Aprendí que el amor me validaba, y todo lo demás era secundario: mis amigxs, mis intereses, mis deseos… podían supeditarse al amor de otra mujer. Porque claramente me hacían un favor queriéndome.
Así mi autoestima se caía por el piso ciegamente porque, a decir verdad, me rodeaban personas que me externaban su cariño en forma de cartitas, abrazos, gestos de cariño sumamente honestos… pero yo necesitaba amor de otro tipo. Fui creyendo entonces que tal vez si no podía ser guapx, al menos podía ser “interesante”; convertir esa necesidad de saber en arrogancia, y puede que así fuera suficiente para alguien.
No haciéndolo más largo, la investidura de “sabionda” me gano amistades, admiración, reconocimiento. Lo demás fue calcar modelos: adelgazar, usar lentes de contacto, alaciar mi cabello ondulado, fumar para aparentar madurez.
Ser validada, pertenecer, aparentar… datos en una operación que resultara en conseguir ser amada: y funcionó.
No solo funciono una, sino muchas veces, durante varios años
“Me parecías muy interesante” “Eres super inteligente” “Tenías un aura de misterio” “Proyectabas un chingo de seguridad”
Todas ficciones, todas pantallas que me permitían huir de mis inseguridades, de mis miedos e incluso de mis deseos.
De eso que denominan “la máscara”, yo sostenía cientos.
Y aunque claramente hay cosas cuya relación conmigo son más fuertes, la sed de conocimiento, por ejemplo; todo lo demás son meros simulacros.
Todo tiene un límite, el mío vino a bajar mi guardia y romper mi orgullo. Vino a abrirme el pecho y dejar que se colase la idea de ternura para dejar escurrir entre mis extremidades y mis labios serpientes, panteras, lagartos y espíritus ennegrecidos.
¿Dónde? Sobre las sábanas de A., entre mis dedos que acariciaban su cabello y los susurros que le lloraba mientras dormía sobre mi pecho.
¿Dónde? Entre los brazos de C. mientras masticaba canciones para colorear su corazón; al despertar en esos mismo brazos, mirar el retrato de un deseo que infectaba mi pecho desde mucho antes de conocerla, con la perfecta triangulación de sus pares de ojos, los míos y los de Tigris sobre mi costado.
Se me cayó el teatrito (de sombras).
Ahora parezco sorprendidx, pero solo por mantener la costumbre de engañarme a mi mismx.
Hacia afuera hay muchas cosas que construí alrededor de mí para aparentar esa fortaleza, esa actitud que quiebra ventanas y quema muros, en pocas palabras, “a mí nada ni nadie puede quitarme lo salvaje”. Sea lo que sea que eso signifique.
…Cuánta falsedad…No puedo continuar con eso sobre mis hombros porque termino por colapsar.
En el fondo nunca dejé de ser esx niñx frágil que busca desesperadamente la validación de alguien, que le ame y le quiera con toda esa rareza que aprendí “era mala”.
Estoy de vuelta ahí, sentadx solx en la orilla de una jardinera con mis audífonos repitiendo una y otra vez una canción que me suma más en la tristeza; o llorando cada tarde mientras me preguntaba si saltar de mi azotea bastaría para matarme.
Con mucho dolor, con mucha tristeza, con mucho miedo.
Estoy aquí dándome cuenta que sigo rodeadx de personas que sí logran ver a través de mis grietas, mis queloides, las suturas y llagas de eso que procuré esconder hasta que reventó en mi pecho.
Estoy aquí con quienes me pueden ver así y no salen corriendo…y se los agradezco.
Miro como quien mira un deshuesadero con todos los esfuerzos vacíos, partes de ellos, sobre un terreno de distimia e interminable melancolía. Esfuerzos que se sentían mínimos, que no alcanzaban, nunca alcanzaban a llenar los contenedores de expectativas sobre mí.
Estoy cansadx de llenar expectativas, de “decepcionar” por no ser quien aparento. No es mi culpa que esperen que sea esa imagen que proyecto.
* * * * *
Sigo cruzando miradas con las inseguridades con las que crecí, platico con mis miedos de a ratos… estoy aprendiendo a escuchar a mis demonios en lugar de correr en sentido contrario.
Estoy cansadx de conocer a alguien a partir de despojarme de mis máscaras, de los mitos que me cubren como capas gruesas sobre la piel, de las creencias que me circundan cuando en realidad soy apenas el murmullo del mar, el olor que expide una taza de café.
Ya no la niña despojada de todo lo que le alegraba, sino lx niñx perdide que aprendió a hablar en lenguas y a devorarse el mundo.
^ Referencias al descague: https://twitter.com/suck3rlov3r/status/1248888561035890688?s=20