Comencé un estudio bíblico de David. Me gustó y movió muchas cosas como empieza. Vivimos en un mundo que se deja llevar por las apariencias. Instagram es mi red social favorita. Ahí, la foto, la imagen es lo que transmite “belleza”. Pero cualquier cosa puede tornarse bello en Instagram. Pienso en mí, y en lo superficial que puedo ser cuando elijo la apariencia antes que lo interior. Suena a cliché cuando decimos “lo importante es lo de adentro” pero creo que más que un cliché ya se ha convertido en un sarcasmo de nuestro diario vivir. Pensé en lo absurda y exigente que soy a veces con mi apariencia en lugar de con mi corazón. Cuántas veces como mujeres dejamos (dejo) de lado el embellecer el corazón antes que el físico. Dios ve mi corazón y eso al final, es lo que importa. David era la última opción como rey para su padre, para Samuel y para sus hermanos seguramente. Porque ellos buscaban al más grande, al más imponente, al más fuerte. Pero Dios mira los corazones. Y Él tenía a David con un propósito antes que cualquiera lo supiera. Me emociona tanto seguir con este estudio, me encantan las historias narrativas de la Biblia y las enseñanzas que nos dejan. Y me quedo con una pregunta que al finalizar mi estudio la tuve en la cabeza: Si fuera uno de los hijos de Isaí, ¿qué vería (que ve) Dios hoy en mi corazón?













