El 21 de junio invitamos a la asociación cultural discófila Eix del Mal para reflexionar sobre su trabajo llevado a cabo en los últimos dos años y hablar de sus proyectos en curso. Para ello se ofreció una audición especial.
El influjo eufórico: aquí se pasa estupendamente
Hablar de L’Eix del Mal es, básicamente, hablar de entusiasmo. Es hablar de relacionales pasionales basadas en la música. Es hablar de encuentros emocionales alrededor de un disco, o de citas épicas en un prado donde los grupos tocan en un escenario en forma de cabaña alpina; es decir, es hablar de gente que propone cosas tan inútiles como quedar para escuchar un vinilo o montar un festival en la montaña.
Para mi, hablar de L’Eix del Mal es hablar de amistad. Y no solo porque hace más de veinte años que conozco a Ruben J. Navarri y a Raúl Hinojosa, sus artífices iniciales, sino porque l’Eix del Mal genera un excitante efecto de contagio. De un modo u otro, ya sea porque asistes a sus audiciones, ya sea porque has vivido el Maldaltura – y eso son palabras mayores – hay algo de comunidad afectiva en L’Eix del Mal; una intensa conexión y un sentido de pertenencia comparable al que se da en otros contextos de la escena musical independiente de Barcelona. Pienso por ejemplo en la tienda de discos Ultra-Local Records, en la asociación cultural Hi Jauh Usb! o en el sello discográfico El Genio Equivocado. A ellos no hace más de veinte años que los conozco, pero también me siento parte activa de sus propuestas. Imagino que si habéis estado en Hi Jauh, conocéis las actividades y grupos del Genio o compráis discos y vais a conciertos en Ultra-Local estaréis de acuerdo conmigo. De algún modo, todos ellos generan una complicidad que te envuelve desde el apego y la afinidad.
L’Eix del Mal empezó con esto a finales de 2013. Uno fantaseaba con montar un festival de música en su pueblo, en los valles pirenaicos; el otro soñaba con ofrecer audiciones donde la gente charlara y bebiera mientras sonaban discos… Y así nació L’Eix del Mal. Por amistad, dos deseos se convirtieron en uno. Sin dinero, sin medios, sin pretensiones. Un proyecto bien definido – ellos prefieren pensar que está “mal definido”, se deben a la condición maligna del nombre – que abrió dos dinámicas autónomas y complementarias. Por un lado, audiciones de periodicidad mensual para escuchar discos donde los invitados, dos o tres por sesión, hablasen de su conexión particular con el álbum seleccionado; un encuentro informal, nómada (cada vez en un sitio distinto: bares, locales de ensayo, librerías, centros de arte, tiendas, donde sea…) y siempre amenizado por el ritual social de tomar algo en grupo. Por el otro, organizar un festival extremo – extremo en su sentido más literal: algo que está en su grado más intenso, elevado o activo – en Llessui, una pequeña localidad del Pallars Sobirà, a 1.400 metros de altitud y con apenas 100 habitantes. El pueblo de la madre de Navarri, un lugar de pertenencia telúrica, una deseo hecho realidad, un homenaje precioso, una locura a lo Herzog. Atravesar un barco por la ladera de una montaña[1], montar un festival en la ladera de una montaña.
Han pasado tres años ya, y en este tiempo, L’Eix del Mal ha organizado 18 audiciones, con más de cuarenta invitados e invitadas que han compartido su pasión por los discos. Más de cuarenta personas que han priorizado pasar un rato agradable escuchando un disco; unas cañas una tarde, un vermú un domingo. Personas vinculadas profesional o pasionalmente con la música (músicos, sellos, críticos, artistas, promotores, periodistas, etc…) que han dedicado su tiempo a hablar de sus vínculos personales con tal disco o tal otro. Una actividad simple y efectiva. Trae un disco y lo escuchamos juntos. Y sí, beberemos, que es algo que nos gusta hacer cuando escuchamos música. Una suma de complicidades entre invitados, espacios y audiencia. Una suma de complicidades entre discófilos.
Siempre al límite, durante estos años, el Maldaltura ha celebrado tres ediciones y se ha consolidado como un festival de referencia dentro de los festivales pequeños en Catalunya. Han tocado más de veinte grupos representativos del panorama independiente nacional. Algunos han repetido y han tocado ya en dos de las tres ocasiones. De hecho, el Maldaltura, siendo aún muy joven, tiene ya sus Shellac[2]. Cada edición ha movilizado a más de 200 personas que llegan a Llessui desde distintos lugares. Algunos cercanos, como la propia Vall d’Àssua, la provincia de Lleida, Andorra o el sur de Francia; otros más lejanos, como Barcelona, Valencia o Madrid. La vida de Llessui se expande al máximo durante el fin de semana del festival, siempre a mediados de julio. Los alojamientos y restaurantes se llenan, el público disfruta de la gastronomía y la belleza natural de la zona. Al fin y al cabo, el Maldaltura funciona como cualquier macroevento festivo dedicado a la música, pero en este caso planteado desde el placer de lo micro y la tranquilidad bucólica de un pueblo de alta montaña. Por último, y aunque esto haga sufrir a sus organizadores, otro aliciente extra que encuentras en el Maldaltura es la inestabilidad climática. En cualquier momento se gira una tormenta y acaba todo el mundo – músicos y público – aguantando una carpa para que no salga volando. Sí, es estresante para vosotros, pero a nosotros nos gusta. El Glastonbury[3] de los Pirineos.
En definitiva, hablar de L’Eix del Mal es hablar de experiencias compartidas y evasiones musicales, ya sea mediante sus audiciones periódicas o su festival. Experiencias singulares que se convierten en gratos momentos en buena compañía, ¿qué más se le puede pedir a un evento? Hay una capa sensible muy importante en L’Eix del Mal, o en cualquier propuesta independiente similar: el influjo eufórico. Mientras escribo, escucho el Saudade de Le Mans, un disco maravilloso de finales de los noventa. Mi canción preferida es Orlando, un tema instrumental. Como cierre, entra la voz de Teresa Iturrioz y, medio en susurro, nos dice: “Sana y salva en Orlando. Aquí se pasa estupendamente”. Aquí se pasa estupendamente, eso es para mi L’Eix del Mal, aunque no siempre estés sano y salvo en Llessui.
http://leixdelmal.tumblr.com/
https://maldaltura.wordpress.com/
http://www.ultralocalrecords.com/
http://www.elgenioequivocado.com/
[1] La referencia al director alemán Werner Herzog se basa en el rodaje de Fitzcarraldo (1982). El film trata de un tipo que quiere construir un edificio para la Ópera en plena selva amazónica. Para ello, remontan un gran barco por los ríos, y llega un momento que han de atravesar una montaña para salvar unos rápidos. Más allá del guión ficticio, subieron realmente el barco por la montaña para rodar la escena.
[2] El grupo americano Shellac es un grupo que toca cada año en el Primavera Sound de Barcelona. La banda barcelonesa Neleonard son los Shellac del Maldaltura.
[3] Desde la década de los Setenta, el Glastonbury Festival of Contemporary Performing Arts es uno de los grandes festivales de música en el Reino Unido. Es famoso además porque siempre llueve y el público se reboza en el barro.