Medusa
Al mirar sus pupilas, abundaba la quietud. Dentro, sin posibilidad de escapar, se encontraban cientas de almas. No podían pensar en huir, ya que en verdad no querían hacerlo. O quizás eso provocó su encanto, la imposibilidad de que se alejaran.
Eran almas tomadas sin permiso y estas no pretendían marcharse, eligieron vivir en sus ojos para siempre.
Y yo, por mi propia cuenta, decidí entregar la mía a la mirada eterna de aquella chica, sabiendo que no existe vuelta atrás.









