—Bueno, ahora que sabemos que no te rompiste ningĂşn hueso —dijo acercándose a Ă©l y tomándole de la muñeca— Anda, tienes que ver el resto del lugar, es hermoso —le jalĂł hacia ella con una sonrisa emocionada mientras caminaba a pasos torpes hasta la orilla de la playa, la arena era suave y muy blanca, el agua era clara y parecĂa como que todo estuviera quieto, como si la playa estuviese dormida; salvo por el ruido que hacĂa Ginevra mientras comenzaba a desabrochar su pantalĂłn y dejar las sandalias de lado.
DejĂł salir una risita al escuchar como desprendĂa el abrojo del pantalĂłn ya que en verdad irrumpĂa con la quietud del lugar. Como siempre usaba el traje de baño como short, lo Ăşnico que tuvo que quitarse fue el calzado y la camiseta. Ambas cosas fueron a parar junto al montĂłn de ropa de Gin—. A la cuenta de uno, dos, tres —gritĂł, saliendo a las estampidas por la arena hasta sentir que los pies tocaron el agua y se tirĂł de lleno al mar.














