No sé si acaso el piensa… —bromeó encogiéndose de hombros al notar como el chico le mostraba la cerveza que estaba tomando— Créeme que si mi hija estuviera viva yo también me infartaría, ser modelo estaba lejos de mis planes pero digamos que no me quedó otra… —jamás había sido tan sincera con nadie que no fueran sus amigos y mucho menos con un hombre— Yo… siempre quise ser abogada. —rió levemente pues sonaba algo irónico que alguien que soñaba con llegar algún día a ser jueza hubiese terminado sobre una pasarela dejando creer a los demás que era una hueca más del montón.— ¿En serio te gusta el polo? —comentó con cierto entusiasmo— No a muchos les gusta, pero personalmente los caballos son mi gran pasión, creo que es lo único que extraño de la casa de mis padres… Pero… ¿te puedo preguntar algo? —inspeccionó al chico con la mirada, desde que había mencionado su nombre que la rubia tenía esa pregunta dando vueltas en su mente. Para una apasionada de todo lo relacionado al Poder Judicial era fácil que aquel apellido sonara familiar y más cuando en aquellos días había tomado tanta resonancia.
--Buena respuesta.-- murmuró mientras miraba disimuladamente al muchacho, fácilmente un metro sesenta de alto, músculos como inflado con máquina, un bronceado algo exagerado y un traje de baño algo ajustado y bastante corto. En su cabeza resonó en todo momento "Jersey Shore" a gritos. Al escuchar el comentario de la rubia sobre su hija, no pudo evitar quedarse helado, sin saber qué contestarle. No podía creer aquéllo, nunca se había imaginado oír esa confesión por parte de la rubia. --Bueno, yo...-- rascó su nuca mientras pensaba en qué contestar a aquéllo, por lo que internamente agradeció que la chica cambiase de tema, lo otro sonaba como una situación muy complicada y no iba a indagar sobre eso. --Todavía hay tiempo para eso. Es decir, no estás tampoco entrando en los cuarenta ni nada de eso.-- comentó, --Yo estoy estudiando abogacía y escribanía, y la verdad que no es tan complicado. Deberías intentar, ¿No?-- sugirió con una sonrisa. --¿Si me gusta? ¡Me encanta! Juego al polo desde los seis, creo, y en una época hice equitación pero me di cuenta que no era lo mío. Estuve en algunos campeonatos y todo, si no estudiase creo que lo haría como mi profesión.-- respondió pero aquélla pregunta lo desconcertó, a lo que simplemente se limitó a asentir, --Si, ¿Qué pasa?



















