Le resultaba tedioso el increíble ser humano que podía ser su mejor amigo, pues en comparación a ella, él era todo un rayo de sol, una mezcla entre una tarjeta de buenos deseos más un creciente amanecer. Tal vez eso era lo que la mantenía al lado, lo que los mantenía juntos. Ella no conocía la luz, había renunciado por completo a la misma, cayó en manos de la penumbra que se cernía sobre su frío y latiente corazón. Él le daba color a los días grises, él la hacía sonreír cuando nadie podía; él es su único y verdadero amigo, jamás podría olvidarle. Durante el viaje, obviamente estuvo junto a él, destacando lo contrario que ambos podían ser, pues mientras él saludaba o sonreía a todos, ella se dedicaba a voltear los ojos o se limitaba a espetar un “largo”. No era su culpa ser así, jamás lo fue, ella no había escogido ser así, las situaciones y las realidades inciertas la convirtieron en el ser humano de ahora. Se giró a observar a su mejor amigo, manteniendo la suave sonrisa que había sido pintada con tinta china sobre sus labios. —Qué lástima que no quedamos juntos, Matt. Aunque, siempre pudo fugarme a tu cabaña–. Se encogió de hombros, aproximándose hacia el rubio para así tomar su bolso. —¿Qué quieres hacer, rubio?–.
Él la adoraba con todo su corazón y podía verse a kilómetros, le contó todos sus secretos, ella fue la primera en saber su homosexualidad y la que lo notó al instante, sabía que cuando creía que todo era perfecto estaría Raven para recordar que no todo lo que brillaba era oro, en parte eso le ayudaba a no estar decepcionado en un futuro. Eran totalmente diferentes, ella era una tarde de lluvia y él una mañana soleada. Matthew era un musical y Raven una película de misterio. Nunca va a saber como hizo para que se llevaran tan bien, se conocieron cuando eran sólo unos pubertos y desde ahí son inseparables. Hacen cosas que ni los hermanos harían, él a veces solía comprar sus tampones y ella su ropa interior. No sabía qué sería su vida sin la muchacha, ya que ella era la que le daba vida, aunque pareciera al revés, de no ser por la castaña estaría avergonzado de que le gustaran los chicos, pero le enseñó a aceptarse a si mismo sin importar sexualidad o raza.-- Es una buena idea, luego de eso podríamos hacer una orgía --bromeó entregándole la maleta.-- Bueno, yo hice una lista de “Cosas para hacer con tu bf.” --sacó un papel de su bolsillo.-- Primero: Explorar juntos. Segundo: Tomarse fotos graciosas junto a los arboles. Tercero: Escogernos la ropa del día siguiente. Cuarto: Perdernos en el bosque y quinto: Ver las estrellas juntos.













