* Rhiannon.
Intenta prestar atención a lo que dice, aunque no puede evitar que una voz al fondo de su cabeza le repita que aquello no es tan serio. No lo diría en voz alta, porque tenía la sensación de que su nueva acompañante le arrancaría la cabeza de hacerlo, así que se limitó a asentir con una expresión no muy convencida. “¿Mucha gente cae por ti?” la cuestión sale con algo de ingenuidad, antes de que pudiera detenerla. El tema del amor y la atracción era uno que últimamente la atormentaba. “Un camarón sonriente” apunta. “No sé si yo puedo ser así”.
Frunce el ceño ante la pregunta, arrugando la nariz en gesto pensativo — No — responde después de un rato — De hecho diría que la mayoría me trata con una condescendencia desesperante, amabilidad falsa o me juzgan de superficial cabeza hueca y caprichosa — asiente, sin dejar de mover en un solo momento sus pies para ver el brillo de su calzado, luego se encoge de hombros — Me sentiría bastante indignada, sino fuera porque mi promedio rebasa el de la mayoría que me juzga de tonta — sonrisita orgullosa aparece entonces en su rostro — Y porque a diferencia de muchos de los que te puedes encontrar andando por los pasillos, mi estancia en este lugar es totalmente legal, no tuve que mentir sobre mi estatus económico, sobre mi familia, ni sobre mi religión y mucho menos sobre mi boleta de calificaciones — e incluso cuando no hubiera nada que confirmara sus palabras en sus propias clases se daba cuenta de la ineptitud de algunos para las materias o de su casi nulo conocimientos acerca de la religión. Suelta un suspiro — Camarón no, recuerda que debemos evitar lucir como uno — le dice, moviendo su dedo como si estuviera repitiendo una lección — No tienes que ser sonriente, sólo te tienes que tratar bonito de vez en cuando, cuando todos son una bola de idiotas siempre queda la mejor compañía, tú misma — asiente, segura.











