He pasado tantas horas frente a la pantalla, con la frente obnubilada de luz blanca directo al tercer ojo adormeciendolo.
Me siento somnolienta todo el día, la energía se esfuma, yo sólo quiero dormir un rato más y el deber me exige cumplir con la jornada laboral.
Es poco lo que trabajo, sí. No pretender ser la mejor ni dedicarme a eso. No disfruto lo que hago, quiero encontrar un lugar en el que sí me sienta a gusto.
Poco a poco voy supervisando mi historial de momentos donde mi energía vital se esfuma y sólo queda esta almohada que me atrapa y me dice: "no vayas", "quedate conmigo", "el mundo es hostil". Morí.











