Lluvia
De repente todo se nubló, nunca había amado el frío, era una chica de sol, y aunque suene muy trillado la lluvia camufla bien el dolor.
Un aguacero torrencial baño las calles, todos a mi alrededor buscaban refugio, todos menos yo.
Mis pies habían creado raíces y se negaban a caminar, aquel olor a tierra mojada me daba paz.
Pero el frío y la oscuridad de aquellas nubes me recordaron el dolor, aquel que casi siempre oculto del montón, él extrovertido, clama alguna cura, yo resignada solo le miró con ternura.
En ese preciso instante no pude evitar quebrarme y con los ojos llenos de lágrimas levanté la cabeza mirando al cielo y reclamé a Dios:
–¿Por que me haces esto señor? ¿Cual es esa lección que te empeñas en hacerme aprender? A caso tanto dolor tiene que valer, porque si sigo así, no se cuánto más pueda recorrer.
No hubo señal alguna, solo continuó lloviendo, ya ni seque mis lágrimas solo seguí mi camino ¿a dónde iba? Ni yo lo sabia, solo era otro aguacero andante más, vacío y sin vida.
Mar13d













