Contra viento y marea: la odisea de organizar el primer debate presidencial
Cuando un año atrás me llamó mi amigo Nicolás Braun, en representación del grupo GAM, para ofrecerme ser parte de un comité estratégico para la organización del primer debate presidencial en la historia de la nueva democracia Argentina, no lo dudé. Confiaba en Nico y me gustaba la idea de armar un comité amplio y pluralista que represente todos los sectores de la sociedad Argentina. No tenía dudas que íbamos a fracasar, pero pensaba que justamente esa sucesión de fracasos a lo largo del tiempo en algún momento desencadenaría en un éxito y muchos años más adelante tendríamos un debate presidencial.
Parado hoy, luego de haber logrado un éxito rotundo que jamás nos hubiésemos imaginado cuando arrancamos la epopeya es un buen momento para sacar conclusiones.
El debate previo al balotaje tuvo más audiencia que la final de Argentina vs Alemania y las repercusiones anteriores y posteriores lo convirtieron posiblemente en el evento más relevante de toda la campaña. Más importante aún, pienso que el debate presidencial quedó instalado como un hito fundamental dentro del proceso electoral Argentino. Uno que da más transparencia a las cualidades de cada candidato, más información a los votantes para que elijan mejor. Seguramente fue el primero de una larga serie de debates presidenciales, y en ese sentido creo que hemos aportado un granito de arena para tener una mejor democracia y un mejor país. El debate se convirtió en un bien público de todos los ciudadanos Argentinos.
Pero para llegar a este éxito tuvimos que sortear inconvenientes y faltas de voluntades mucho mayores aún a las que yo inicialmente me había imaginado.
Lo primero que me sorprendió fue la incapacidad de las empresas de transmisión en poder acordar y luego respetar ese acuerdo. Un mes antes del primer debate por ejemplo, TN anunció que haría su propio debate en una fecha cuatro días anterior al de Argentina Debate. Solo con ese anuncio, casi desmorona un año de trabajo de nuestro equipo, de los equipos de los candidatos, de las ONGS y los supuestos acuerdos con las empresas transmisoras. Seguimos adelante a pesar de esto, levantando dinero y trabajando para confirmar nuestra fecha (TN terminó bajando su propuesta), pero faltando 24 horas para el primer debate de la historia de la nueva democracia Argentina, no teníamos ninguna pantalla de TV abierta o de cable dispuesta a transmitirlo y tampoco teníamos asegurada la transmisión por streaming ya que Telecom se negaba a proporcionarnos la infraestructura para lograrlo; finalmente Claro lo hizo y de esta manera pudimos asegurar al menos que el debate podría ser visto en vivo por Internet. Faltando horas para el debate, Jose Ocatvio Bordón pudo convencer a los directivos de América para que transmitan el debate y de esa forma pudimos contar con al menos una pantalla abierta.
Nunca me imaginé que los distintos actores de poder en Argentina tendrían tan pocos deseos de sacrificar sus propios intereses para organizar algo por el bien común. Fue una desilusión grande vivir esa experiencia, pero creo que incluso ellos han aprendido de esta situación, como se demostró en el segundo debate.
El segundo gran obstáculo a vencer fue la voluntad de los candidatos. En lo que ya se estaba convirtiendo en un clásico Argentino, el favorito de las encuestas faltando una semana para el debate, se negó a debatir aduciendo que el debate debía ser regulado por ley. Fue curioso que Scioli nunca había manifestado este inconveniente durante las conversaciones previas con su equipo y luego en la segunda vuelta cuando estaba detrás en las encuestas, Scioli quería debatir en cuanta pantalla había. Aclaro que en la mayoría de los países con culturas de debate presidencial no hay una ley que regule los debates.
Una vez que Scioli había confirmado su baja para el primer debate, el gran riesgo era la participación de Macri ya que la teoría de muchos de sus asesores indicaba que Macri se vería perjudicado en el debate porque en vez de polarizar la primera vuelta como deseaban desde Cambiemos, el debate lo pondría en igualdad de condiciones con los otros candidatos que menos intención de voto tenían en las encuestas.
Admiro y aprecio la voluntad de Macri de ir a debatir, manteniendo su palabra, aún cuando en los papeles de sus asesores no le convenía, tanto en la primera vuelta, como en la segunda vuelta, cuando lideraba cómodo en las encuestas. En ambas situaciones decidió ir y debatir en vez de especular. Sin dudas hoy no tendríamos el éxito que tuvimos sin este compromiso del Presidente electo.
Para finalizar, quiero destacar el esfuerzo de Karina Román que trabajó inclaudicablemente para que el debate fuera un éxito, a Hernan Charosky y el equipo de CIPECC que con un gran profesionalismo nos guiaron a todos hasta el destino deseado y a todos los donantes que permitieron producir y llevar adelante una debate que un año atrás parecía una utopía y llegó para quedarse.














