Besitos
Tumblr es un sitio que abandono durante años y al que vuelvo solo para colgar fics que no me parecen dignos ni de ao3 ni de fanfiction. Es un suzunagu, por cierto, ooc para reventar porque hace mil millones de años que no los escribo
Suzuno era muy guapo.
Esa era una verdad incómoda, que molestaba, que picaba, que rabiaba y que Nagumo no estaba dispuesto a admitir ni aunque le metieran estacas debajo de las uñas, pero no dejaba de ser verdad. Estaba guapo cuando se levantaba por las mañanas, con el pelo tan enmarañado que parecía un nido de algún pájaro exótico, estaba guapo con unas ojeras que le llegaban hasta media cara porque tenía la mala costumbre de acostarse tardísimo (hacían un contraste interesante con su piel tan blanca), estaba guapo después de los entrenamientos y los partidos; mientras Nagumo parecía una sopa asquerosa y sonrojada después de noventa minutos sudando bajo el sol de verano, Suzuno parecía que acababa de salir de una ducha mañanera (¡hasta olía bien! ¿Cómo podía oler bien?).
Estaba guapo con la nariz roja como un pimiento y con medio trozo de papel higiénico dentro de uno de los orificios a modo de tapón. Ridículo, sí, pero guapo.
— Se me va a quedar la nariz torcida — dijo mientras se miraba a un espejo de mano.
— Por el amor de dios, es un balonazo de nada.
El Prominence, oficialmente desmantelado en aras de la concordia y el buen rollo imperante en el Sun Garden tras la caída del Aliea, estaba teniendo un entrenamiento clandestino fuera de los terrenos cuando el cocapitán del chaos había ido por allí a incordiar. Nagumo había intentado espantarle con un balonazo.
Se estaba planteando desposeer a Suzuno de la cocapitanía si se había dejado oxidar tanto como para no ser capaz de esquivar un triste chute impreciso.
La mentira oficial para el enfermero del Sun Garden es que Suzuno se había caído y se había dado de bruces contra una puerta. Nagumo había tenido que inventarse la historia porque Suzuno había estado desde el principio más interesado en mirarse al espejo y cerciorarse de que todo estaba en su sitio que en inventar una excusa convincente.
— Unas cicatrices no te vendrían mal. Te harían más varonil, que pareces una princesita.
Suzuno dejó por fin de mirarse en el espejo (conseguir que Suzuno dejase de prestarse atención a sí mismo era un logro al alcance de no muchas personas. Nagumo era uno de los elegidos, normalmente para mal).
— Te estás pasando mucho para haber sido tú el que me ha dado el balonazo. Todavía puedo ir llorando a contarle a Hitomiko lo que ha pasado de verdad.
— Ha sido sin querer
— Ha sido queriendo.
— ¡Creía que lo ibas a esquivar! Esto te pasa por estar distraído.
— Eso, sigue metiéndote conmigo mientras yo la voy llamando, ¡HIT-
— Vale, val e — Nagumo le puso la mano en la boca con cuidado de no hacerle más daño en la nariz — ¿Qué puñetas quieres que haga, que te pida perdón.
Suzuno sonrío. Nagumo odiaba su sonrisa.
— Eso para empezar, pero tiene que ser de algún modo especial… déjame pensar — la expresión de Suzuno se volvió de pronto tan alegremente sombría como cuando amenazaba al Raimon con destruir ciudades a balonazos — ¿te acuerdas de cuando éramos pequeños y nos caíamos? ¿Que Hitomiko siempre nos daba un besito en la herida para que nos sintiésemos mejor?
Lo recordaba, eso y la cara de asco que Suzuno, niño mono y adorable donde los hubiese, siempre ponía después diciendo que se le iba a infectar la herida con las babas.
Parecía que la posibilidad de humillar a Nagumo había hecho que se sobrepusiese a su asco.
— ¿Quieres que te dé un beso?
— Sí
— ¿En la nariz?
— ¿Dónde si no?... Mejor no me respondas.
— La tienes asquerosa y llena de sangre
— Por tu culpa, y todavía me puedo chivar.
Nagumo se empezó a plantear si no sería mejor aceptar el castigo, fuese cual fuese. Aunque fuese ayudar a Hiroto a doblar sus calzoncillos, seguro que era mejor. Pero por otro lado, que no se dijese que era un gallina.
Además seguro que a última hora Suzuno se arrepentía, si seguro que le daba más vergüenza que a él.
Suzuno estaba esperando. No parecía que fuese a echarse atrás pero con esa cara de témpano de hielo cualquiera sabía. Nagumo acercó la cara a su nariz. Joder, sí que estaba colorada, sí, le había dado con ganas. Y qué asco, la sangre estaba reseca.
Nagumo cerró los ojos.
Él estaba apuntando a la nariz. A la nariz. Y estaba demasiado cerca para fallar. Fue Suzuno, el maldito Suzuno al que todos creían bueno y puro y ¿por qué pasas tanto tiempo con Nagumo? ¿No ves que es una mala influencia para ti? el que levantó la cabeza y le plantó un beso en todos los morros, con la misma intención con la que él le había dado el balonazo.
— Listo, te perdono — dijo el culpable, mientras Nagumo intentaba salir de su asombro y recuperar el habla — Y ahora vete, que quiero tumbarme un rato a ver si se me baja la hinchazón de la nariz.
Suzuno se quedó tumbado con los ojos cerrados con la misma cara de no haber roto un plato en su puñetera vida y Nagumo decidió salir de la enfermería porque cualquier cosa que dijese solo lo dejaría más en evidencia.
Pero eso sí, que se preparase Suzuno porque la próxima vez que les tocase jugar juntos le iba a reventar la cara entera.
(Y prefería admitir lo guapo que era Suzuno antes de admitir que esperaba besitos después)















