"Porque soy un maldito desastre a veces, pero puedo seguir siendo todo lo que tu quieras". (en Mole Pub)
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"Porque soy un maldito desastre a veces, pero puedo seguir siendo todo lo que tu quieras". (en Mole Pub)
Ángeles y demonios - Ángeles y Demonios (on Wattpad) https://my.w.tt/UiNb/bAZRAe4hfI Bondad y maldad.
Mi vida junto a ella
Llueve en la ciudad. Todo está nublado. El día parece triste, pero no lo es. Yo, en cambio, estoy lleno de alegría, por fin veré a Elizabeth de nuevo. Después de dos meses sin verla, por fin podré ver a mi novia de nuevo. Ella es hermosa. Me fascina. Había estado fuera de la ciudad de vacaciones con mi familia, y no es que el estar con mi familia esté mal, pero la extrañaba.
He decidido ir a comprarle unas flores y llegar a su apartamento de sorpresa. Le compro unos hermosos claveles, sé que los amará. Siempre le han gustado este tipo de flores, y a mí siempre me ha gustado regalárselas. Paso también, por una tienda de dulces y le compro una caja de chocolates blancos. Algo común que siempre suelen regalar, pero a ella le encantan, así que me da igual. Es de noche, cenar en su apartamento no estaría nada mal. Ojalá aún conserve el número de la pizzería que tanto nos gusta.
Llego al conjunto donde ella vive. No es muy grande, pero tampoco muy pequeño. Es bastante acogedor. Subo hasta el quinto piso donde se encuentra su apartamento y escondo en mi espalda los claveles y los chocolates, antes de dirigirme a entrar en él. Conservo una copia de la llave del apartamento que ella me dio anteriormente para que pueda entrar cuando quiera.
Entro lentamente procurando no hacer ningún ruido. Ella está acostada en un sofá de la sala viendo la televisión. Al parecer no me escuchó entrar, así que me acerco poco a poco a ella.
– Hola, amor –la miro con gran alegría– regresé de mis vacaciones.
Sorprendida pero llena de alegría, se desprende de sus sábanas y se abalanza sobre mí, dándome un reconfortante abrazo. También la abrazo, y le beso la frente.
– ¿Cómo has estado? –le digo mientras ella me besa por todo el rostro.
– Muy bien, pero ahora lo estoy más que has llegado. ¡Te extrañé un montón! –Me dice mientras me aprieta con sus brazos tiernamente.
– Yo también te extrañé mucho.
Recupera la compostura y se baja de mí.
– ¿Cuándo llegaste, cariño?
– Esta tarde. Quería venir a verte lo más pronto posible, no sabes cuánto me moría por darte un abrazo como el que me acabas de dar.
La miro a los ojos con mucho amor. Ella me sonríe.
– ¿Qué tienes en la espalda? –Pregunta, mientras hace un gesto de felicidad e intriga.
– Esto es para ti.
Le enseño el ramo de claveles y los chocolates de su marca favorita, mientras sonrío vagamente.
Ella toma el presente con mucha alegría y me besa, mientras al mismo tiempo yo la abrazo fuertemente.
– ¡Gracias mi amor! –Me dice con ternura y euforia mientras huele los claveles con gran profundidad.
La miro de pies a cabeza. Se nota que la tomé por sorpresa. Está un poco desarreglada, y aún sigo pensando que es hermosa. Desprendo la mirada de ella y me detengo a observar mi entorno. ¡Su apartamento es un desastre! ¡¿Qué habrá estado haciendo mientras no estaba?!
– ¿Por qué todo está así? –Digo mientras miro el piso riéndome.
– Es que no sabía que venías hoy. –Me dice mientras se esconde el rostro, apenada detrás de las flores. –Deja yo acomodo un poco todo esto y ya vemos que hacemos.
– ¿Todavía tienes el número de aquella pizzería?
– ¿La pizzería donde nos conocimos?
– Si, esa misma. –Sonrío mientras me siento en el sofá– Estaba pensando en pedir una grande y cenar contigo.
– ¡Eso suena perfecto! El número está en pegado en la nevera, puedes ir pidiendo la cena mientras yo me acomodo un poco, ¿vale?
Asiento con la cabeza mientras voy a la cocina por el número. Ella me mira y me lanza un beso mientras sale de la habitación con rapidez. Tomo mi teléfono con el número en la mano, y marco a la pizzería. Se escucha la ducha y a ella cantando. ¡Le encanta hacer eso! No tiene la mejor voz, pero me gusta oírla mientras canta en la ducha.
Termino de pedir la pizza a la vez que ella sale de la ducha. Se le ve pasear en toalla por la sala. Me encanta su cuerpo. No es un cuerpo de modelo, ni de atleta. Es algo delgado y con pocas curvas, pero me fascina solo por el hecho de ser suyo.
– Amor, ya pedí la pizza. La pedí de carnes variadas como te gusta.
– Vale, entonces espérame unos cinco minutos más mientras me cambio.
Me lanza otro beso y ahora se dirige a su habitación. Mientras ella se cambia y la cena llega, me asomo por la ventana. Algo que siempre me ha gustado de este apartamento es la hermosa vista que tiene, ya que por estar en el quinto piso, se puede ver hacia la calle. No parece que pare de llover, pero me agrada este clima. Pasa cierto tiempo hasta que se escucha la puerta.
*toc toc*
– Debe ser la pizza –me digo a mi mismo mientras me acerco a la puerta para abrir.
Abro la puerta y es el repartidor. Recibo la comida y de inmediato le pago, dándole una merecida propina. Pobre chico, está empapado por la lluvia.
Me dirijo a la sala y sitúo la pizza en la mesa junto a dos vasos de vino. Es una extraña combinación, pero siempre nos ha gustado comer la pizza así. Me recuesto en el sofá a esperarla, mientras reviso mi móvil un rato. Veinte mensajes sin leer. Son de mis amigos, muchos son de si ya llegué y de cuando saldremos a tomar un rato. No me interesa mucho, así que bloqueo el celular y lo dejo de lado.
– Cariño, ya terminé. Lo siento, ¿Me demoré mucho?
– Tranquila, amor. Acabó de llegar la pizza. –Digo mientras la observo lentamente.
Está preciosa. Lleva puesto un vestido blanco, y unos aretes que le lucen de maravilla.
– ¿Por qué me miras tanto? –Me dice mientras se sienta a mi lado en el sofá.
– ¿Cómo qué por qué? –Suelto una pequeña carcajada a la vez que tomo el primer pedazo de pizza– Estás hermosa. ¿Para dónde vamos?
– Para ninguna parte. Solo quise ponerme este vestido para lucir bien. ¿Te molesta?
– De ninguna manera. Te ves muy bien.
– Gracias –Me responde ella ruborizada. – ¿Empezamos a comer?
– Pues yo ya he empezado– Le digo mientras tomo un segundo pedazo de pizza y lo introduzco en mi boca.
Acertijo
Enciende mi alma. Ella enciende mi alma de una manera inimaginable. A veces siento que me puedo quemar; sin embargo, cuando estoy a punto de arder completamente en llamas, me apaga, me desvanece, me equilibra.
No termino de comprender cuáles son sus intenciones, en un momento, me eleva, me hace volar; me lleva hasta el cielo, y me hace ver cosas que jamás había visto en mi vida. De repente, me suelta, me sacude el mundo y me deja tirado en la tierra, con las alas rotas y con unas ganas inmensas de seguir volando.
Ella es un rompecabezas, es un laberinto completo. Quiero descifrarla, pero no sé si realmente eso sea lo correcto, no sé si ella quiere que la descifre. Es como una compleja ecuación de matemáticas; la única diferencia es que ella no puede ser resuelta, o por lo menos, no por una serie de pasos determinados. Ella es el misterio mismo, la palabra hecha carne y hueso. Ella es el caso más difícil de cualquier detective. Me gusta. Me encanta ver sus reacciones, me encanta ver cómo se iluminan sus ojos cada vez que hace algo que le gusta. Cada vez que escucho su voz puedo sentir como el cielo sonríe.
Parece fría a veces, quizás tanto como el hielo o la nieve. Aunque, a decir verdad, sigo creyendo que su interior es más cálido que mil soles. Es su mecanismo de defensa, o eso es lo que quiero creer. Navego en aguas desconocidas, tratando de encontrar el tesoro que se le fue arrebatado. Ella es mi mapa, y mi propia aventura. Me pierdo en su mente, creo que le encanta hacerme pensar más de lo que debería. Se ríe de mí, supongo que ha de creer que soy débil, sin saber que ella es mi debilidad.
Sonrío al escuchar su nombre, y cuando veo al cielo recuerdo su presencia inexistente a mi lado. Estoy en una encrucijada, comienza y finaliza en los hoyuelos de su rostro. Me desvanezco en el color de sus labios, y reaparezco en sus ojos. Me deslizo de vez en cuando entre uno de sus pensamientos, esperando que ella venga a hacer lo mismo, aunque sinceramente, no es necesario esperar eso. Ella viene a mi mente cada que le place, se divierte jugueteando por el lugar, tocando todo lo que hay ahí. Parece una niña pequeña, y te lo aseguro, se ve encantadora.
Me habla ocasionalmente sobre su vida, y yo no puedo hacer algo más que oírla, me encanta escucharla. Me concentro en el sonido y el movimiento que hacen sus labios al decir cada palabra. Me hipnotiza con su belleza y su encanto. Tiene una increíble forma de ser, y estoy seguro que no todo el mundo ha podido conocerla correctamente. No me importa, realmente no me importa. En esto soy algo egoísta, no quiero que alguien más se enamore de ella. Quiero que esté en mis brazos. Y en la mañana los domingos. Así, despeinada, inquieta, hermosa. No tengo otra manera de decirle que me enloquece, que hace que pierda el control, y parezca un loco desquiciado. No hay otra forma de decirle que ella hace que sueñe con los ojos abiertos.
Te extraño
“He decidido hacer lo que me gusta, porque es bueno para la salud”. Una frase que me recuerda mucho a ti, quizás por el hecho de que sea de las últimas cosas que me hayas podido decir.
Aún observo tus fotos, cuando de repente me entra la melancolía y me invaden los sentimientos, porque mis recuerdos hacia ti están llenos de ellos. No sé por qué motivo te fuiste, dejaste de hablarme y sin pensarlo, olvidaste todo lo que había entre y yo. Algunos días siento que te extraño demasiado, y a pesar de que quiero avanzar, me cuesta un poco, siento que a ti te quise como ninguno te ha querido jamás, pero al parecer, a ti eso no te importó, y no te importa ahora mismo. Recuerdo entre algunas pocas lágrimas que se me escapan con tu recuerdo, las hermosas palabras que solías decirme en esas frías noches de soledad. Podía sentirme querido, como si tuviese a alguien a pesar de la distancia. Te sentía tan cerca de mí, como si tu voz me abrazara. Como si por medio de la luna pudieras besar mi alma.
Hoy, aún me duele tu nombre, el solo pronunciarlo, siento que se me desacelera el corazón y vuelve a acelerarse rápidamente, repentinamente. Extraño tu risa en las mañanas, como la cafeína que me ayudaba a levantarme. Extraño cuando discutíamos por cualquier cosa y al final nunca llegábamos a un acuerdo, simplemente nos reíamos y todo estaba bien. Extraño ser tu hombro en el que llorabas cuando algo no andaba bien, y también extraño que seas quien me escuchaba cuando tenía un bloqueo mental.
La melodía que sonó el día en que te fuiste olía a tierra mojada, como cuando está a punto de llover, sabía a chocolate amargo, de ese que nunca te gustó, y sonaba tan triste como se leen estas letras que por supuesto se perderán entre tanta información de este mundo. No sé si algún día llegues a leer esto. Pero por si acaso: Te extraño.