Un reencuentro esperado
Habían pasado tres años, tres años desde la última vez que se vieron. No había sido fácil, a veces pensaba que era un error y otras que si no lo hacía se arrepentiría toda su vida. Desde el momento en que se despidieron sabía que lo iba a echar terriblemente de menos, pero tenía que hacerlo, Alluka lo necesitaba y él necesitaba un propósito. Ahora ella quería independizarse y empezar a vivir su propia vida. Él sabía lo que quería, quería volver a verlo.
Al respirar el aroma del mar en el barco, supo que ya estaba llegando a su destino; Isla Ballena, si se esforzaba podía olerlo a él. "¿Lo echaría de menos?", "¿Estaría en la isla?", "¿Habría cambiado?".
Agitó la cabeza para borrar todos aquellos pensamientos negativos. Estaba nervioso, preocupado, emocionado, no sabía ni qué iba a decirle. Lo único que quería, era volver a ver a su mejor amigo.
Después de varias horas, habían llegado, su primer impulso fue buscarlo en su casa. Mito-san al verlo esbozó una media sonrisa pero no supo descifrar si era de alegría o condescendencia. Corrió hacia él y lo abrazó con cariño.
—Te hemos echado de menos, cariño—exclamó separándose unos segundos más tardes—. Puedes encontrarlo en el bosque, le gusta ir a entrenar...todo el día. Ojalá puedas ayudarlo...
Su voz parecía triste, pero él ya no escuchaba. Él estaba allí, su corazón latía con violencia, sonrió a Mito-san y se fue corriendo a buscarlo. Cuánto más corría, más recuerdos le venía a la cabeza de todo lo que habían vivido juntos. Solo tenía un pensamiento en la cabeza: "Tengo que encontrarlo, tengo que encontrarlo, tengo que encontrarlo".
Frenó de golpe al ver una silueta, era él...estaba sentado meditando con los ojos cerrados, estaba diferente, mayor, aunque su pelo no había cambiado nada. Sonrió no pudo evitarlo.
Y abrió los ojos, sus miradas se encontraron, se levantó y su sonrisa se sincronizó con la suya como antes de separarse.
—Killua...
—Gon...
No hubo tiempo para más, corrieron a abrazarse, las lágrimas corrieron por sus mejillas, no podía creérselo. Era él, su mejor amigo, no podía dejar de llorar, lo necesitaba, desde que se despidieron, no quería ni separarse de él, temía que si se separaba, volvería perderlo.
—Sabía que eras tú...tu olor...—Gon se sonrojó levemente, se rascó la nuca sin saber muy bien qué decir.
—Baaaka, te he echado muchísimo de menos...










