La oscuridad de mi habitacion y el silencio que la envolvia contrastaba con el caos de mi mente. El sonido de aquellas voces que no dejaban de gritarme.
Eran ellas quienes me impedían dormir a altas horas de la noche? O era mi propio cuerpo intentando guiarme hacia algo más?
Escuchaba susurros a lo lejos. Tal como un canto de sirenas que guia a un barco al naufragio. Veía mariposas negras guiándome escaleras abajo, hacia la oscuridad de la cocina. Entonces, desde uno de los cajones, emergió una luz blanca eterea y penetrante.
Y fue ahí cuando lo vi.
Mi propio cuerpo tirado en el suell inmóvil sobre un charco de sangre, con una profunda herida en la garganta. Una escena dolorosa a simple vista. Pero, había algo que no comprendía.
Por qué su expresión era tan serena?
Por qué una tenue sonrisa descansaba en la comisura de sus labios?
Por primera vez en mucho tiempo, estaba descansando de verdad. No había voces. No había susurros. No había gritos.
Solo silencio.
Finalmente, había paz.
Las mariposas negras devoraron mi cadáver, dejando atrás únicamente un alma en pena que pudo descansar hasta el último instante, cuando su propia conciencia corrompida le dictó sentencia.










