Lo que pasaba con vos es que te tenía miedo. Te tenía miedo porque me hacías temblar. Porque no estaba segura de si venías. De si te estaba viendo por última vez. De si iba a volver a sentirte. También tenía miedo de que sí estuvieras. De que te acercaras demasiado. De no resistir. Tenía miedo de lo que tu olor me hacía. De lo que sentía cuando recostaba mi mejilla a tu pecho. Tenía miedo de que no me tomaras la mano.
Pero era un miedo agradable, un miedo que me hacía sentir. Un miedo tibio, jugoso, lleno de viento, un miedo parecido a la nostalgia, un miedo como el que se siente cuando nos acercamos a algo demasiado grande, a algo grande e irrepetible.
Miedo porque me hacias vibrar. Porque cuando me acercaba a vos me moría y a la vez me despertaba y todo se sentía adecuado, era demasiado pequeña y a la vez demasiado grande, indefensa pero capaz de todo, desarmada, con la guardia abajo, con mis manos abiertas, con las ganas en las tetas, con los labios temblándome, queriendo estar más cerca, queriendo tirarme con vos en la acera a dormir o escondernos detrás de algún arbusto o robarnos unas bicicletas y escaparnos hasta donde nos dieran las piernas, porque así era todo, porque con vos no había un después ni un talvez sino sólo lo definitivo, lo que los dos sabemos que existe y es tan nuestro, como un secreto, una complicidad, la mirada cuando hablamos de situaciones hipotéticas y me ves a los ojos y sabés tan bien como yo que nada es hipotético, que en realidad cuando hablamos de todos hablamos de vos y yo, que sólo eso existe en esos momentos, y luego podés salir y coger todas las noches y sonreirle a las saloneras y besar en las fiestas y agarrarle el culo a ella, y no importa, porque yo también estoy en otra cama fantaseando con manos que no son las tuyas y podemos vivir con eso porque eventualmente sólo nos volvemos a topar y todo es fácil y obvio, todo es natural, y no podemos no sonreír, somos unos estúpidos, estamos como atados por un hilo casi invisible, casi inexistente, completamente estirable pero incapaz de reventarse, y así vamos a estar, creando líneas, nudos, enredandonos en los postes, dejando rastros de hilo en la arena, así va a ser siempre, y en 2 años o en 20 vamos a encontrarnos y va a seguir existiendo esto mismo, la complicidad, el saber eso que sólo nosotros dos sabemos y que no entenderemos nunca qué es exactamente.