Carta para mí ángel caído...
Te conocí roto, no tenías alas, recién habías caído y yo también, tal vez por eso creí que me pertenecías, creí que tu parte rota y la mía, juntas se parecían a algo así como… amor.
Cuando te conocí, aquel jueves, supe perfectamente que serías un problema para mi vida. Pero decidí seguirte, buscarte, y te encontré. Busqué que nuestros caminos coincidieran y como resultado, nuestros labios.
Te conté las mil y un razones por las que prefería no creer en el amor. Me pediste que confiara, que serías diferente, que me dejara querer y quisiera como si nunca hubiera estado rota. Y tomé mis pedazos y te ame con cada uno de ellos, amé nuestro primer desayuno juntos, amé conocer tus vicios, amé saber que tú serías un vicio que pronto podría desvanecerse, pero la adrenalina de tenerte y no, fue lo que me hizo mantenerme de pie contigo.
Dentro de mi, yo sabía que no debía quererte, por algo te negué los primeros dos besos que me pediste… La segunda vez que nos vimos. No quería ir rápido. Tú dijiste, no es rápido si sientes como que nos conocemos de toda la vida. ¿Cómo no iba a confiar?.. Estabas tan roto como yo, que creíste que los dos queríamos jugar.
¿Jugar? Yo solamente te invite a jugar al boliche, no a jugar con mi corazón. Parece que agarraste inspiración de mis tragedias para romperme el corazón a tu manera.
Tu estabas tan roto que decidiste romperme a mi más, seguro pensaste que mi corazón aguantaría mucho más sufrimiento del que ya conocía. Sabes que soy fuerte, me conociste poco pero lo suficiente.
Ángel caído, te nombró mi mamá. Le hable de ti y le enseñe tus fotos. Había una en la que me dijo… “Parece un ángel caído” y yo respondí: “El es como si me cayó del cielo, el es”.
Pero no, no eres ni serás ni fuiste. Nunca me perteneciste aunque dormimos juntos, aunque me dijiste te quiero, aunque me juraste que no me lastimarías… Aunque me dijiste “Si no estuviera seguro de lo que quiero, no estarías aquí hoy”.
Y yo te abrí las puertas de mi corazón. Vaya que lo hice. Te dejé derrumbar todas mis defensas y desnudé mi alma.
No fue un error, pero ángel caído, me tiraste.
Me empujaste.
Me metiste el pie.
Y eso, no se olvidará jamás.
Sé que ahora estás con ella, tu amor de toda la vida y a la que siempre vas a querer. Solo acuérdate de mí, como La Niña loca que se enamoro de ti en solo un día. Escuchar tu corazón me hizo creer en el amor de nuevo, después de un año de haber sido lastimada, ahora soy lastimada por ti. Y hoy guardo la esperanza, de poder volver a creer en el amor.
Fuiste mi instante favorito.
Y aún extraño tenerte a ratitos…
Atentamente,
La protagonista de tu próxima obra(o al menos eso prometiste)…















