Estilo: Saga romántica para adolescentes
Tiffany estaba muy incómoda en su clase de Español. Su nueva falda parecía haberse achicado un talle desde la tarde anterior, cuando la compró en su tienda favorita.
-¿Estás bien, Tiff? – Le susurró su gemela Allison desde un banco cercano. Allison vestía una sudadera del equipo de baloncesto del colegio y tenía el pelo recogido en una cola de caballo.
- Ally, creo que esta falda me queda chica.
- ¡Oh no! - Se entrometió Jennifer, la mejor amiga de Tiffany, que también estrenaba lo que había comprado la tarde anterior: un vestido verde agua con estampado de flores azul lavanda. - ¡Qué pensará Jason cuando te vea!
- ¡Señoritas! – pidió el Señor Black, el profesor de español. – Necesito que dejen de hacer tanto alboroto por unos instantes. Quiero presentarles al estudiante de intercambio: se llama Davor, y viene de Croacia.
Tiffany se olvidó por un momento de su tragedia y hasta dejó caer un lápiz al piso. Davor era alto, esbelto, su cabello castaño y sus ojos color café la llevaron al paraíso por unos segundos. Davor ocupó el único asiento libre de salón –al lado de Allison- y el profesor retomó la clase.
Durante el receso, Tiffany tomaba una soda junto a su novio Jason en el patio del colegio, y de lejos observaba a su gemela y al nuevo chico, que parecían haber congeniado muy bien.
- Qué linda estás hoy – dijo Jason observando a su novia.
- ¿De qué hablas? Esta falda me queda espantosa. – dijo mientras tomaba la chaqueta de cuerpo de Jason para cubrirse las piernas.
- Pues yo creo que estás hermosa.
- ¿De qué pueden estar hablando tanto?
Jason resopló al ver que Tiff tenía la cabeza en otra parte.
- Estará en el equipo de baloncesto. Fue campeón del mundo con la selección juvenil de su país. Afortunadamente podrá ingresar a la cancha en el partido del domingo. Es la final interestatal y necesitamos un jugador de sus características: un ganador.
A la salida del colegio, Tiffany pasó por el centro comercial para cambiar su falda, así que se sorprendió cuando al abrir la puerta de su casa, lo primero que vio fue a Davor intentando abrir un pote de mantequilla de maní. Se quedó muda hasta que Allison, que estaba preparando pan para unos sandwiches, le explicó:
- Tiff, Davor me pidió que estudiemos juntos así se pone al día con los exámenes, ya que el resto de la semana debe practicar junto al equipo de baloncesto.
Tiffany descubrió que era un gran momento para conocer -¿y conquistar?- al enigmático muchacho. Así que se sumó al grupo de estudio. A pesar de confundir Zagreb con una especie de falafel y preguntar si en su país las mujeres tenían prohibido vestir Channel, parecía que tenerla cerca, también embrujaba a Davor. Fue así como cuando Allison tuvo que irse al club de matemáticas, invitó al muchacho a que se quede un rato más. Se sentaron en el sofá y, mientras él intentaba abrir una botella de vino sin destapador, ella no pudo evitar observar cómo se contraían los músculos de sus brazos.
- Qué linda estás hoy – le dijo con un adorable acento. Pero Tiff recordó las palabras de Jason esa mañana.
- Disculpa Davor, pero no puedo hacerle esto a mi novio. No hay nada más importante que tener a tu lado a alguien que sea el primero en decirte qué linda estás, sin importar la falda que tengas puesta. Y si papá descubre que he sacado una botella de vino de su colección privada, me prohibirá ir al colegio maquillada por una semana, y no puedo arriesgarme a eso otra vez. Debo pedirte que te vayas.
El día del partido, Tiff fue al estadio de la mano de Jason. Davor metió 35 puntos y ganó el partido casi sin ayuda del resto del equipo.
- ¡Wow! ¡Es un triunfador! – Opinó Jason sobre el croata.
- Quizás en baloncesto, pero no en mi corazón.