Dicen que el tiempo ayuda a olvidar todo, las heridas, los dolores, las personas…pero ¿cómo olvidar esto que llevo en el fondo de mi alma?.
Los días pasaban monótonos y grises, uno totalmente igual al anterior, nada cambiaba, ya para mí nada era vital.
Mi doctor me informó lastimeramente que mi depresión estaba volviéndome paranoica, se estaba saliendo de control, pero para mi cada una de sus palabras no tenían sentido alguno.
Mientras lo veía mover su boca, me preguntaba sobre las heridas yacientes en mi cuerpo, decía que si alguien me lastimaba se lo dijera sin temor.
Me limite a decir “Un extraño ser viene a mi cada noche y bebé mi sangre”, su mirada se clavo en mi y al ver que no titubee con mi respuesta, tomó un pequeño papel y escribió en las algunas palabras que simplemente no entendí, ni me intereso.
En cuanto salí de esa pequeña habitación oscura, repleta de libros, estaba aquel ser esperándome sentado en un pequeño sillón, giro su mirada a la puerta y se incorporó rápidamente, dirigió sus pasos hacia mí, pasó su brazo por encima de mis hombros y nos dirigimos a la entra para poder salir de ahí.
Abrió la puerta del coche y entre, seguidamente él también lo hizo, de inmediato puso el auto en marcha, llegamos a casa y él se fue a recostar, por mi parte me dirigí a la bañera, y me sumergí en el agua caliente que contenía. Quizá dormí un poco ahí cuando de un momento a otro sentí como el oxígeno comenzaba a acabarse, abrí los ojos y sobre el agua vi un rostro con mirada apacible, y sonrisa diabólica, salí a toda prisa y no había nadie. Tomé mi bata y corrí a la habitación, y él no se encontraba ahí, vi hacia el espejo y mi reflejo me devolvió la mirada, lleno de sangre, me sorprendió y fui al baño a limpiarme, me interrumpió en mi labor una pequeña copa llena de un liquido rojizo, no podía creer lo que veían mis ojos, así que olí la copa para corroborar y exactamente como pensé. Era sangre, ¿Pero de quién?.
Comencé a escuchar murmullos, pero no había nadie más, las voces comenzaban a aumentar, ahora eran gritos horribles e ininteligibles.
Intenté bajar las escaleras, pero sentí como alguien me empujaba con fuerza sobrenatural, mientras caía pasaron tantas imágenes en mi cabeza, y fue cuando entendí todo.
El sofá del psiquiatra estaba vacío, mi auto lo conducía yo, en mi cama no había nadie más, y la copa era el recuerdo de aquel que alguna vez me mintió, y en verdad era su sangre, el recuerdo de su imagen fue porque me aferré a no olvidarle, mientras caía comencé a reír, mi ultimo recuerdo fue haber sentido como algo golpeo tan fuerte mi cabeza con el cual…
“Encuentran su cuerpo en la sala de su casa, presuntamente falleció por una conmoción cerebral”
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