“Sí, porque está muerto.” Las palabras salen con tanta naturalidad que pueden resultar frías. En su momento decirlo resultaba un puñal directo al corazón, con el tiempo supo aceptarlo y lo mismo hizo con sus responsabilidades. Por eso es que está aquí, para aprender tanto de los libros como de las experiencias. Niega con la cabeza en un gesto que indica que no debe preocuparse por el tema. “He tenido mi duelo, estoy en paz con ello.” Quiere sonar segura pero sería imposible obtener el tono adecuado. Hay veces que lo extraña tanto que el corazón se le encoge y se siente diminuta. Pero, sí, hablar de él resulta fácil, la acompañó a lo largo de toda su vida, siempre a su lado. Más difícil sería confesar sobre su madre, persona que detesta con cada fibra de su cuerpo (incluso si apenas la recuerda). Dirige la mirada hacia los sitios señalados por la chica y entiende a lo que se refiere. Cada quién está en su propio mundo, en su propia realidad. “Si a eso le agregamos a Dickens terminarán escandalizados.” Agrega burlona, la charla compartida no es una que vaya a interesar a demasiados invitados. Prefieren ahogarse en alcohol, en bailes, besos y caricias. Tampoco los juzga, si no fuera tan cobarde tal vez estaría haciendo lo mismo. “De acuerdo, puede que lo hagamos a escondidas, quiero evitar rumores de que eres mi favorita.” No lo dice en serio, sigue con aires juguetones pero, si se lo piensa detenidamente, puede que sí sea prudente después de todo. Es claro que hay cierto favoritismo por Margot en su persona, el cual se basa en que evidentemente ella le gusta. “Pensaba en algo así como… dejarles un mensaje con labial en el espejo.” Infantil, sí, pero deben rebajarse a su nivel si quieren hacerse escuchar. Los miembros de Lambda no entienden de sutilezas, ya nos han demostrado. “Ya sabes, no dañará a nadie pero mañana por la mañana, cuando lo vean y tengan que limpiarlo, pensarán en nosotras.”
Por un momento no está segura de qué debe decir. El tema le toca de cerca y, a diferencia de lo que dice Libertad, Margot no ha terminado de acostumbrarse a la idea de no tener a su madre, aun cuando apenas recuerda su voz, y, si no fuese por las fotografías, tampoco recordaría bien su rostro. “Lo siento... Sé que toda la gente dice lo mismo, pero... te entiendo. Y, bueno, tu padre te dejó una de las mejores herencias que se pueden dejar—amor por los libros,” se limita a comentar con una sonrisa. No quiere transformar el momento en algo triste. Libertad parece estar bien con la conversación, pero Margot es tan sensible que toma un pequeño esfuerzo hacerla llorar con el tema de su madre. Prefiere continuar con la charla inusual sobre pequeños universos y escritores fallecidos. Una carcajada escapa de sus labios y la empuja despacio con el hombro ante su comentario sobre ella siendo su favorita. “Es evidente que lo soy, ¿para qué intentar esconderlo?” bromea. Tampoco es un secreto que Libertad es a quien Margot se siente más cercana dentro de la fraternidad. Tal vez hay algo más detrás, pero no es consciente de ello... o no quiere serlo. Sus cejas vuelven a alzarse como reacción a la sugerencia. Le gusta la idea, suena a algo inofensivo, pero que, en una mañana con resaca será una buena venganza, sobre todo si tendrán que limpiarlo. Entusiasmada, entrelaza su brazo con el de Libertad y comienza a caminar entre la gente hacia alguno de los baños de la residencia. “Se me ocurre algo como ‘perdón por tu espejo, mis más hipócritas disculpas’, o ‘el circo sigue mientras haya quien le aplauda a los payasos’, no lo sé.” Suelta una carcajada, burlándose de su poca ocurrencia. “¿Qué tienes tú en mente?” pregunta cuando han llegado a una de las puertas.