🎃 Especial de Halloween Spiderio & GyllenHolland 2020 - Día 1 🎃
🦇 Temas elegidos: Embrujado.
🦇 Ship: Quentin Beck/ Peter Parker.
🦇 Advertencias: Mucho out of character (porque es un AU). No editado.
El grupo de estudiantes estaba reunido en torno a una fogata que se apagaría en cualquier momento. La noche había llegado con niebla y una considerable baja de temperatura, pero eso no impedía que siguieran al aire libre un rato más.
—¿Eres una gallina, Parker?
Cacareos llegaron a sus oídos a modo de burlas, y eso fue lo que colmó su paciencia.
Cuando aceptó la apuesta de Quentin no había tenido en mente perderla. Por eso él fue el encargado de poner la prenda, por eso él eligió pasar una hora dentro de la casa abandonada en medio del bosque. El grupo de amigos de Quentin siempre la pasaba ahí, y tardaban no más de cinco minutos en llegar hasta sus puertas desde el lugar en el que estaban.
—Yo iré contigo —le dijo—. No confío en que estés ahí por más de diez minutos.
Peter lo miró con desconfianza, pero debía decir que tenía razón. De alguna manera haría todo lo posible por escapar de ahí. Esa era la desventaja de que Quentin lo conociera de pequeño. Ambos llegaron en medio de la niebla a la casa abandonada.
—¿Quieres abrir la puerta?
Quentin pudo sentir que Peter estaba agarrando la parte inferior de su buzo, y sonrió de lado. Quizás no estaba en sus planes hablarle con voz temblorosa pero también estaba haciendo eso. La puerta se abrió haciendo un ruido que hizo que hasta Quentin sintiera escalofríos recorriéndole la espina dorsal. Su mirada se posó unos segundos sobre Peter que se asomaba por un costado para espiar dentro de la casa. Entraron al largo y estrecho pasillo. En medio había una bicicleta que Quentin hizo a un lado con el pie.
—¿Te doy la mano o estás bien?
—Estoy perfectamente bien.
Peter mencionó cada palabra con énfasis. Quentin agarró su mano y la metió dentro de su bolsillo.
Lo único que oían era el sonido de sus pasos y el viento que hacía raspar las ramas de los árboles sobre el piso superior.
—No soy una gallina —murmuró Peter de la nada.
—No dije que lo fueras. Pero también sé el terror que te dan estas cosas. Te hace recordar cosas feas, ¿no? —su amigo lo miró, pero no dijo nada al respecto—. Quedémonos un rato. Hay una salida en la parte de atrás. Podremos regresar cuando se haya cumplido la hora.
El plan de Quentin siempre había sido en realidad: quedarse un rato recorriendo la casa, escapar, y después volver al punto de encuentro. Estaban caminando por el segundo piso cuando a Peter le pareció oír algo a sus espaldas.
Quentin notó qué la mano que sostenía sudaba.
—Hay uno en alguna de estas habitaciones...
—Pero, no hay nadie más en la casa, ¿o sí?
—Si estas tratando de preguntar si les dije a alguno de los chicos que vinieran a jugarte una mala pasada, me ofende que pienses eso de mí.
—Entonces, ¿quién está tocando?
—Mejor vayamos yendo —dijo Quentin mientras le sonreía con una calma que no sentía. Sin darse cuenta, su mano había apretado la de Peter con fuerza. Sin haberse quedado mucho tiempo, salieron de la casa y tomaron el camino que los llevaría sin ser vistos a su casa. Cuando las luces del pueblo estaban lo suficientemente cerca como para sentirse a salvo, Quentin terminó con el silencio que se había formado entre ambos—. Hay una leyenda sobre esa casa. Se dice que su dueño perdió a la persona que amaba por una enfermedad y él perdió la razón. Cada día tocaba el piano a la misma hora, hasta que en una ocasión usó ese mismo piano para llegar al techo y colgar una soga que terminó con su vida.
Quentin detuvo sus pasos y soltó la mano de Peter para ver su reloj de muñeca. Soltó una risa y una gota de sudor bajó por su rostro. Se giró para que su acompañante pudiera ver lo que marcaba el reloj digital.
Iba a hacer sólo moodboards, pero me pasa eso de querer escribir cuando veo un moodboard, así que, acá está 🤭