El ayer y el hoy de la piratería
Recuerdo hace aproximadamente unos 15 años cuando tener una unidad floppy de 3.5 era imprescindible en un equipo de cómputo.
Para ese entonces, la única barrera que existía entre tener un software en el diskette y tenerlo en el disco duro era una pequeña pestaña de protección de escritura en la esquina inferior izquierda. En eso consistía todo el truco ¿recuerda?
Más adelante aparecieron los discos compactos, los cuales permitieron almacenar mucha más información (se pasó de 1.44 mb a 700 mb). A su vez estos trajeron una dificultad técnica adicional: se necesitaba una unidad quemadora para poder copiar de un disco a otro.
Como era de esperarse, estas unidades poco a poco salieron al mercado y "quemar" se volvió un término común. Gracias a esto, cientos de programas se empezaron a distribuir de forma masiva.
¿Cómo olvidar a este tipo?
A lo mejor habrán escuchado de esta empresa y su producto más o menos popular: Windows.
Como podrán detallar en la imagen anterior, Bill Gates de forma muy amable le pide que no haga copias ilegales (que no queme el disco) y que por favor invierta alrededor de 100 dólares en la compra su sistema.
Conscientes de las grandes pérdidas que generaban las copias ilegales, las empresas de software empezaron a idear estrategias para evitar ser "pirateados". En un primer momento, los seriales o llaves fueron muy utilizados, no obstante, debido a la entrada del Internet, esta medida de seguridad resultó ser poco eficiente ya que abundaban páginas con miles de seriales para prácticamente cualquier programa.
Posteriormente, los fabricantes de software lograron lo que en mi parecer fue una de las medidas más eficientes para la época: al copiar un determinado programa en un disco, instalar su contenido en el disco duro de un computador y ejecutar el programa, aparecía una ventana similar a la siguiente:
El programa sencillamente no detectaba el disco y por lo tanto no se ejecutaba. En este momento fue cuando programadores alrededor del mundo empezaron a "cranear" (término apropiado, más adelante entenderá) medidas para solucionar esto. Pues bien, la solución no demoró y pronto salieron los denominados cracks y patches (se cranearon el crack). Estos constan de pequeños archivos o ejecutables que alteran el software instalado y evitan que caigan en este error. Se encuentran fácilmente en la red como NOCD Crack.
Esta medida anti-piratería es tan popular que aun hoy en día mucho software cuenta con este tipo de "protección". Existen NOCD y NODVD por montones en la red.
Ahora bien, es en este momento donde la piratería y el desarrollo de software comercial empiezan a reinventarse...
La situación hoy en día es bastante vulnerable para las empresas desarrolladoras de software. Apenas sale un título, es cuestión de horas para que se pueda descargar de forma gratuita en la red y se pueda ejecutar sin ningún problema. Teniendo en cuenta esto, yo como ejecutivo de EA Games o cualquier otra empresa por estilo me preguntaría:
¿Qué propuesta de valor le puedo ofrecer al consumidor para que invierta cientos de dólares en mi software y no lo descargue de forma gratuita?
¿Cómo no gastar de forma ineficiente en sistemas "anticrackeo" que eventualmente serán descifrados?
Pues bien, me temo que la solución se está presentando hoy en día de forma bastante interesante.
Solución: ofrecer software complementario en línea.
Ejemplo 1: FIFA 13.
Al tener este programa original tenemos acceso a una gran cantidad de contenidos en línea tales como:
- Posibilidad de jugar en línea con jugadores de todo el mundo
- Actualización de plantillas de forma automática (todas las transferencias, préstamos y fichajes se actualizan)
- Actualización en tiempo real del estado de los jugadores (si un jugador se lesiona hoy en un partido de la vida real, también lo estará en el juego).
Ejemplo 2: Windows 8
Al tener este software original se puede acceder a la tienda en línea y descargar aplicaciones, las cuales hoy en día son tremendamente populares.
Adicionalmente, se tiene acceso a soporte en línea y descarga de actualizaciones, entre otros, pero esto es algo prescindible a la hora de comparar entre un programa de unos cientos de dólares o uno 100% gratis.
En conclusión, veo un panorama benéfico en doble sentido ya que al generar una necesidad de registro en línea, los desarrolladores se curan en salud de que el programa sea original, y, nosotros como consumidores tenemos acceso a funcionalidades y herramientas cada vez más novedosas. Cabe anotar que sería interesante aplicar una medida como la que hizo el Apple Store al reinventar la industria discográfica, ofreciendo canciones a tan solo 0.99 centavos (guardando proporciones, y teniendo en cuenta el salario mínimo diario promedio de una estadounidense, en Colombia sería algo similar a $334 pesos colombianos por canción). Con esto, quiero que imaginemos un panorama en el que puedo adquirir cualquier software a cerca de un 30% del valor actual, el cual brinde múltiples características en línea y con el cual sepa que estoy contribuyendo a los desarrolladores.











