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@nadaimporta
©Tamara Lichenstein
No pretendo (de corazón que no) dar lecciones a nadie. Pero sí tatuarme esto a fuego: vive sin prisa, busca siempre la luz, habita el presente, sigue el camino del corazón.
Vivir sin miedo, mi tercer libro.
Ilustración de Quentin Monge.
Caliu/calorcito. Hogar 🏠 & more. By @nadaimporta
Siempre compartiendo maravillas!
Gracias 🙏
Lorca. Carta de Jesús Terrés @nadaimporta
No existe la belleza sin dolor, sin verdad, sin sangre. Ese es el trato. Buscaba la belleza es el título de mi primera novela, que edita Destino. No ha sido fácil el camino hasta aquí, no ha sido fácil mirar allá al fondo, pero tenía que hacerlo. Todo lo que soy está ahí. El corazón manda.
Cómo es Menorca cuando llega el otoño y el silencio se adueña de las calas y las calles, en las dársenas tan solo se cuela algún ‘glon glon’ de los cabos magreando el mar y tantas brezas y encinas (vegetación habitual en la isla tranquila) arquean sus ramas hacia el suelo, como yéndose a dormir. Es un poco lo que nos pasa a todos en otoño, ¿no?
Otoño en Menorca, para Vanity Fair.
Yo tenía quince años, mi padre todavía vivía y el futuro era una incógnita que danzaba entre el miedo y la emoción; entonces no tenía esta certeza que hoy me abrasa —este viaje es solo de ida. Quiere mucho, quiere bien, sé consciente, no mires de reojo al dolor. Cuida y deja que te cuiden. No pretendas pasar de puntillas: no se puede. Que la verdad sea tu castillo, no olvides nunca que entender es escuchar. Hazlo de corazón. Colecciona desvelos. La vida es la piel erizada, nada más. En 1992 se publicó Automatic for the People de R.E.M. Y aquí sigue, todavía, cada día.
Sa Llagosta es memoria, abismo y origen; de allí venimos. En esta mesa entendemos.
No basta con sobrevivir, hay que vivir.
Nada importa, libro de relatos (que cruzan casi una década) maravillosamente editado por Círculo de Tiza; a la venta en julio. Compren libros, volvamos a las librerías.
Tiene razón Laura, nunca sabemos cuándo será la última vez de casi cualquier cosa pero siempre hay una última vez, qué terrible es esa certeza.
No creo en Dios y el mundo está profundamente roto, pero las calles huelen a azahar y nadan los patos en Venecia. Seguimos teniendo la verdad. Y la belleza.
Patria de la playa de la Caleta, flanqueada por los castillos de San Sebastián y Santa Catalina, y la iglesia de La Palma que cierra la calle del mismo nombre, abarrotada de olores a salitre, ortiguillas y pescaíto. Yo no sé cómo será la vida que viene (¿quién lo sabe?) pero sí tengo claro que quiero llenarla de tangos y esperanza; Cádiz es la respuesta porque todas las preguntas, todas las dudas y todos los caminos pueden resumirse en esa forma de vivir, en la belleza atávica de su mirada: sin prisa, sin frío, sin miedo.
Soy quien soy porque he leído y siento, como Karmelo Iribarren, que esa es mi patria. Lo demás son historias.
Sé que el mundo se cae a pedazos pero es que yo no quiero reinventarme, volverme budista ni comprar aguacates ecológicos; no quiero hacer pan, memorizar asanas ni ser mejor que nadie —quiero comer cecina, coleccionar museos, soñar con Menorca y llenar los mapas de chinchetas; levantar la copa, brindar por los sueños imposibles y seguir pensando (ya lo hacía antes) que la vida es la piel erizada, nada más.
Bizancio, nuestro rincón secreto, fue destruida y vive, está en cada cosa que amas —está en cada ‘te quiero’ y en cada ‘cuídate mucho, lo celebraremos cuando pase’ que no importa si algún día es, porque el amor ya está siendo; está en cada temblor ante el miedo a perder a quien quieres (lo raro era lo otro: vivir sin miedo) y en cada cena frente a las películas a las que estamos volviendo. Ya no tenemos tiempo que perder pero es que nunca lo tuvimos.
Lo bello y lo condenado, para Vanity Fair.
Madrid y sus tejados, por Pierpaolo Rovero.
El lujo que sí interesa.