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que varon perfecto licha, dios. unas ganas de palparle las tetas
The downfall of the great has always been the joy of the mediocre
- Lisandro Martinez
Art from @/bizarrealdu on Twitter
"¿Y el postre?"
Lisandro Martinez x fem!reader
Sinopsis: Nunca te habias podido llevar bien con Licha, el era flor de pesado y vos re mecha corta. Pero como suelen decir, los opuestos se atraen, y eso termina por quedar bastante claro cierto día.
Advertencias: MDNI, underage sex, p in v intercourse, explicit content, (aclaraciones ahre) la perspectiva es en primera persona, la prota es hermana del Cutie Romero 🫰, repito mucho las palabras (😭), jerga y lunfardo argento, voy a usar un nombre cualquiera pero para poder usar el diminutivo (es la tn en realidad, vos cambiaselo por el tuyo y corta).
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Desde que empecé la secundaria un chabón nuevo había entrado al curso: Lisandro Martinez. El ser más infumable en la faz de la tierra.
Como si ya no fuera una molestia suficientemente grande compartir división con mi hermano, el pesado de Licha y él se hicieron mejores amigos, que lindo! Para colmo, también, no tenía escapatoria de él, ni cuando llegó el momento de elegir especialidad. Cuti era, aunque uno muy inútil, mi escudo contra Martínez; él no impedía que el otro pelotudo atómico me descansara y molestara cada que pudiera, pero con mi hermano ahí se frenaba un toque. Cosa que ya no pasa culpa de que el reverendo conchudo de Cristian le pinto hacerse el inteligente y elegir Naturales, quedándome yo con Lisandro en Sociales, sin nadie que masomenos le imponiera lo suficiente para no pasarse de vivo conmigo.
Es clase tras clase que el boludo me tire papeles desde el fondo, grite idioteces, chantajee para que le pase tareas o respuestas durante evaluaciones, interrumpirme mientras expongo, esconderme cosas y devolvermelas antes de que termine la jornada, y en palabras muy generales, ser un dolor de pelotas.
El único momento que soy libre de su pelotudez es en los recreos y fuera del cole, porque hasta la caminata a casa la tengo que compartir con él por vivir ahí nomás de la mía. Sin embargo, hoy era la excepción: Cuti lo invito a quedarse a dormir después de clases, se iba después el sábado si total hoy era viernes, lástima para mí que además de los 5 días de la semana me tocaba soportarlo el finde.
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Recién estaban entrando al aula el resto de venir del primer recreo, había sido de las primeras en llegar puesto que mis amigas se habían ido a comprar al kioskito y me había dado paja acompañarlas. Anormal a lo cotidiano, Licha y su grupo llegaron casi que al mismo tiempo que yo, temprano, que yacía sentada arriba de mi banco revisando si tenía algún mensaje en el celu o algo.
—Que cara larga que tenés, flaquita. Pensé que ibas a estar más emocionada hoy que me quedo en tu casa.
Levanté la vista y ahí estaba él, acercándose con esa sonrisita de costado bien de forro canchero de el, esa que solo me hacía a mi el momento antes de generarme esa primitiva necesidad de bajarle los dientes de una trompada por insoportable.
—Exactamente por eso es que estoy así, genio. Trato de prepararme mentalmente para tener que bancarme semejante cara de pelotudo dando vueltas por mi casa el finde. —Puse una mueca incrédula, dejando bien en claro el sarcasmo de regalarle un gesto mínimamente amigable.
—Bue, cuánta cordialidad la tuya Valucha. Espero que como disculpa tenga postre después del almuerzo, mínimo.
En ese punto él ya estaba al frente mío, tan cerca que mis rodillas le rozaban el jogging de entrenamiento. Tenía la mirada clavada en sostener la mía, aún con aquella sonrisa y forma de verme toda condescendiente, soberbia.
—¿Qué decís chabón?—le hice montoncito con la mano y resople una risa irónica— Encima de que no tengo un mango pensás que voy a andar gastándolo en vos, dejá, muerto de hambre.
—Daaale, no seas así de mala conmigo Valencita.— Subió el mentón, frunció las cejas hacia arriba en expresión de cachorro rogón e hizo un pequeñísimo puchero por un segundo, antes de descansar su mano sobre mi rodilla desnuda y volver a sonreír.— El Dos Corazones es mi favorito, si me lo regalas te dejo de joder y encima te doy la mitad, ¿te parece?
—No me toques pedazo de villerito pesado ahí— Le saque bruscamente su mano de mi, la cual ya se había deslizado hasta por arriba de la rodilla— No rompás, ni a palo te cumplo un caprichito a vos, atrevido.
—Bueno...— Alzó las cejas con un suspiro, desviando la mirada al mismo tiempo que se inclinaba hacia adelante para apoyar las manos a mis costados sobre el banco, acorralándome—Igual sabia que me ibas a decir una huevada por el estilo, porque te fascina que te esté encima 24/7. Asi que me conformo con vos o la tuya como postre.
Lo había dicho más bajo, más ronco—como si no fuera una joda por la que estaba orgulloso de gritar para humillarme, era una advertencia que solamente nosotros dos podíamos anticipar. Sus ojos volvieron a encontrar a los míos, ahora peligrosamente cerca, narices casi tocándose. Y por un segundo caí. Por un segundo me paralice. ¿Será que lo había notado? ¿Me descubrió? ¿Tan obvia y regalada fui con él? ¿Habrá escuchado alguna vuelta que hablaba con mis amigas de lo loca que me volvía?
—Pendejo desubicado tocá de acá antes de que te dé un masazo, tarado.
Y me lo saqué de encima, pero lo hecho hecho estaba, y yo ya me había puesto toda colorada. Cosa que él noto, porque la sonrisita se convirtió en una de oreja a oreja a la vez que daba pasitos hacia atrás, levantando las manos como fingiendo inocencia.
—Ojalá sea al revés y yo pueda darte masa.—Me susurro, totalmente descarado y (haciéndose) desentendido de mi nerviosismo, ahora ya si alejándose en dirección al fondo, dónde su banda.
Con eso ya, oficialmente, mi alma había abandonado este plano. Estaba inmóvil y la mirada perdida en el último lugar dónde el me miró antes de darse vuelta, con la mente en blanco a excepción de un loop de Lisandro diciéndome que me quería dar masa y mi postre... hot. Y justo aparecieron mis amigas, así que todo iba a seguir con normalidad, supuse. Pobre de mi que creyó ser más fuerte y no tomo en cuenta la posibilidad de que iba a estar el resto de las clases con mi cabeza ocupada por una sola y habitual imagen: la de Licha.
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Lo que quedó de jornada no me volvió a hablar, pero podía sentir su mirada perforandome la nuca desde el último banco y en el recreo. Aunque intentaba ignorarlo no podía, y lo peor es que enserio no me sacaba los ojos de encima y no era un flasheo mío, porque si me volteba a ver el estaba ahí, vigilandome de cerca.
A la salida lo espere a él y Cuti en el portón del cole, buscándolos entre la orda de adolescentes desesperados por abandonar la institución. Fue ahí que sentí un repentino pinchazo en la cintura, y cuando volteo a corroborar quién pinchila me había pellizcado, él estaba ahí; con apenas una mueca corte "jaja mira que pillo que soy jaja", y Cristian atrás suyo aún buscándome entre tanto monerio.
—Acá está, boludo.
Dijo el de las mechitas rubias, volteando para avisarle a mi hermano que ya me había encontrado.
—Ah, Valen, Hola. Vamo' antes de que nos caguen pisando los culiao' estos como en el Rey León.— Chisteó con el acento cordobés muy marcado en 'Rey León', pronunciando mal la R y acentuándo la E.
Licha me agarró con cuidado de la muñeca para guiarme entre la avalancha, ya un poco más calmada, para seguir al Cuti que ya se estaba tomando el palo.
—Sos un bruto del orto, Lisandro.— Y le recordé lo que acababa de hacer.
Él se volteó y fingio demencia, alzando los hombros con un puchero de desentendido y mirándome de costado, desde arriba (siendo que me saca una puta cabeza).
—Yo te veo muy cómoda con cómo te llevo por la muñeca. Si querés te doy la mano.
Y entrelazó su mano con la mía.
—Oy, que boludo.— Resople con una sonrisa, no pude evitar la carcajada chiquita que se me escapó.— Me acabas de pellizcar hace un segundo, y fuerte.
—Ts. Te lo hice despacito porque sé que sos alta mariconaza.— Se rió apenas un poco, y después hubo una pausa. Si había pausas con el nunca era bueno.— Si eso es bruto para vos... No me imagino que será cuando te coja hoy.
Y de nuevo esa sonrisita de forro creído.
—Callate Lisandro, sos un pajero ordinario.— Y genuinamente me había quedado sin palabras. De nuevo ya estaba roja. La señal que le mandaba a mi mano de salir del agarre de la suya para hacerme valer un poco no llegaba, y el me seguía moviendo por ahí, a su antojo.
—Yy, bueno, no por nada me dicen El Carnicero.
—Chau no te hablo más.
Y ahora si le pude soltar la mano, ya habíamos salido del quilombo de gente y Cristian estaba ahí, yy claramente no podía ver a su hermanita (aunque apenas unos meses menor) agarrada de la mano de su mejor amigo.
—Vamo' que mamá me pidió que fuéramo' a comprar queso al kiosko que ya no queda más en casa.— Apuró mi hermano.
Yo iba adelante de ellos como de costumbre, para protegerme o alguna cosa asi, que se yo. Para evitar seguir pensando en las veces que en apenas dos conversaciones Lisandro me tiró la onda sobre garchar, inconcientemente, mi mente decidió concentrarse en intentar recordar porque verga le dicen El Carnicero. Es un semejante apodo como para decírselo porque sí a un mogolico como él.
Me acuerdo que una vuelta se lo había preguntado a mi hermano, supuse que tal vez el viejo era carnicero y por eso le decían así, pero no porque es albañil, y tampoco por ser tumbero o algo por el estilo; nomás era porque jugando al fútbol parecía que andaba con cuchillas en los botines y salía a cortar piernas. Bah, eso me dijo Cris, nunca lo ví jugar lamentablemente. Pero que rico imaginarselo jugando todo agresivo, Dios.
De la nada un "Eh, para" me freno en seco y saco de mi nube de pedos. Era mi hermano que estaba por comprar en el kiosko, estaba por pasarme de largo si seguía caminando, ja.
Cuti estaba esperando a que llegara el kioskero a atenderlo, y como es un impaciente de mierda, no pasaron ni 15 segundos que ya tocó el timbre todo hecho bolsa que difícilmente sonaba. Milagrosamente, funcionó y el pibe del local apareció tras la ventana corrediza con un cordial "Buen día, ¿Qué se le ofrece?".
Lisandro estaba apoyado contra la pared, de brazos cruzados y sin disimular mirarme. Y sin que yo lo pidiera, se me desvío la vista hacia él. Cuando nuestros ojos se cruzaron, nos quedamos así un ratito, como si de una competencia de sostener la mirada se tratase. En un momento me hizo señas con la cabeza en dirección al mostrador del kioskito, y ahí fue que perdí cuando obedecí en mirar donde el me pedía. Y obvio que entendí. Quería el chocolate culiao'.
—No.— Sacudí la cabeza y me rei un poco, solo un poco. Lo suficiente para joderlo y que se calentara un toque.
—Listo. Acordate nomás, eh.
Me dijo en voz baja sin un gramo de gracia. Me recordó como una advertencia. Al Carnicero.
Y como diría La Vickytoria... ups, que distraída 😅💋
—Delen que tengo hambre, che.
Mi hermano se volteó en nuestra dirección con la bolsita de queso rallado en una mano, apurandonos porque, repito, es un impaciente de mierda Y un muerto de hambre.
En la caminata ya no tenía otra cosa para pensar. No podía fingir. No podía creer lo fácil que me había regalado, y lo GATO que es el chabón para dar así de gratis el chori. Por eso será que le dicen El Carnicero y kuka.
Encima el flor de pelotudo en un momento me había metido la traba, y mi hermano como el inútil que es, nomás se rió y bromeó con un "Eh juez, penal". Trolo. Lo que no sabía era que eso no lo había hecho para joderme nomás, era porque en la acción de yo estar por casi darme la pera contra el asfalto, me agachaba y mi pollera se subía lo justo y necesario para mostrar la suficiente cantidad de orto para Licha ya andar pensando con que pose empezar apenas me tenga a solas.
Por suerte ya estábamos en la cuadra de casa, estando vigilado no iba a poder hacerme nada el tontaso. Mientras me sacaba la mochila de encima para sacar la llave del fondo de uno de mis bolsillos, escuché el tintineo del golpe entre llaves.
—Que choro so' hermano, disimula un poco que tu casa es turquesa.— Y Cristian nomás se me re cago de la risa. Inútil.
Lisandro me había sacado las llaves de la mochila, de tantas veces que nos acompañaba hasta casa se había memorizado el lugar de mis llaves. Quien diría que sería tan tierno para acordarse cosas sobre mi, aw.
Cuti le quitó las llaves y abrió la verja, entramos y detrás nuestro se escuchaba que volvía a ponerle llave y traba, y ahí ya entramos a casa.
゚.*・。゚☆゚.*・。━☆゚.*・。゚
—Maaa, llegamos.
Exclamamos al unisono con mi hermano, el cual ya había tirado la mochi al sillón que estaba al lado de la puerta, señalandole a Licha que haga lo mismo, así que siguió la acción de su amigo. Yo que no tenía la libertad de estar ese día al pedo como ellos, me quedé con la mochila al hombro mientras iba camino a la cocina para saludar a mi vieja. Desde que puse un pie en casa que se olían los fideos con tuco todos sazonados, un hambre culia'.
—Hola mami.—Le dije y se dió vuelta, le di un beso en el cachete y ella dejó de revolver las pastas con salsa en la olla.
—Cómo estás pioja, ¿querés ir poniendo la mesa? Esto ya va estar.
Que paja mamá, recién llego y me recibís así. Ok.
—¿No me puedo ir a cambiar primero? Cristian y su amigo pueden poner la mesa mientras.
—Ay nena, no seas maleducada que hay un invitado hoy, lo recibís bien y punto.
—Pero y Cris-
—Punto.
Suspiré derrotada, me di la vuelta mientras revoleaba los ojos e insultaba muda. Justo Lisandro estaba entrando y me vió, y puso cara de "upa, se pico". A mí me chupo un huevo y lo pase de largo.
En el comedor, deje la mochila tirada a un lado y volví a la cocina para buscar los platos y cubiertos, dónde Licha estaba saludando a mi vieja. Lo único en lo que es educado el guarango.
Papá volvía a la tarde del taller, asi que conté un plato, vaso y cubierto menos. Era impresionante el equilibrio que hacía para que no se me cayera todo lo que llevaba encima, un poroto los del circo al lado mío, se caerían de culo si me vieran. Pero aún tenía que llevar las bebidas y el queso, y sinceramente ya no me daban las manos. Así que llame al único simio disponible ahí.
—Che, Licha, me ayudas a llevar el jugo y eso.— Le señale con la cabeza hacia la heladera.— Ah y el queso, y el agua. Y si hay Manaos también.
—Valentina.
Mi mamá se volteó con esa mirada fulminante, la que pone justo antes de pegarme un zape que me mata, por lo menos, un circuito neuronal entero. Y Lisandro lo noto.
—No se preocupe, madre, yo la ayudo no tengo drama.
Y por primera vez en mi vida (probablemente) me hizo caso en algo. Fue y agarro las dos jarras, la Manaos que tenemos desde el lunes ahí abandonada y el queso que compramos en el kiosko.
Mientras acomodaba cada cosa en su lugar respectivo, el villerito aquel envés de ir por el otro lado de la mesa, aprovechando que mi vieja no miraba y que el lugar era bastante estrecho, paso por detrás mío y se inclinó hacia adelante para dejar las bebidas en el medio. Me la apoyo toda.
—Uh perdón, mamita.
Me dió un zapecito en la cadera, me la arrastró un poco mientras se iba, y yo de nuevo me congelé. No sé si de tantos golpes que me da en la cabeza mi mamá me quedé sin neuronas que me hagan reaccionar o soy medio como los ciervos que se paralizan cuando ven luces, pero no puedo ser tan tarada de hacer lo mismo. De nuevo.
Cerré los ojos y exhale. Mierda que iba a estar pesado el pendejo, eh.
Mi vieja pegó un grito para que los otros dos vinieran a comer, pero yo salí corriendo con la mochi para ir a cambiarme rápido. Ensuciarme la chomba blanca con tuco no esta en mis planes. Subí las escaleras volando, entre a mi pieza, tire la mochi por ahí y sin cerrar la puerta ni prender la luz me cambié en un santiamén.
La jugada me salió bien porque cuando baje, Licha y Cuti recién estaban yendo a la cocina, así que fui detrás de ellos. Los platos ya estaban servidos y mi vieja sentada en la punta, uña y mugre se sentaron juntos en un costado y yo en el contrario, en la esquina donde no tenía a nadie a mis lados. En frente de Lisandro.
La tele con algún programa de chusmerio sonaba de fondo, la cual se mezclaba con la charla del resto, y yo medio le prestaba atención al nuevo quilombo mediático del momento y un poco a los chicos contándole anécdotas boludas a mi vieja. No me uni porque estaba comiendo muy en la mía, no había llevado vianda y me moría de hambre desde la mañana. Muy en la mía significa estar tan disociada que de la mismísima nada se me prendió el foco y me di cuenta que ahora era la oportunidad de demostrarle al atrevido ese que yo también puedo jugar sucio como él.
Mire a mi hermano y mamá, estaban charlando muy concentrados, chau obstáculo. Mire a Licha y el estaba igual que ellos, lo iba a tomar por sorpresa.
Estiré mi pie hasta encontrarme con su tobillo, lo escabulli por debajo de la costura de su pantalón deportivo y arrastre muy lentamente por su pierna.
Él reaccionó, como si un escalofrío le hubiera pegado de golpe. Su cara giro en mi dirección con una expresión de sorpresa genuina, y me clavó los ojos. Me estaba leyendo ahora que le respondí, ahora que me vio impredecible. Una muequita se asomo al costado de sus labios a la vez que se le desviaba la mirada a mi boca, después volvió al lugar de antes y me la sostuvo. Su pierna se movió despacio hacia adelante, me estaba invitando a que siguiera. Fingí demencia y seguí comiendo, nomás que tenía una sonrisa de boluda y la cara me ardía como juegos de chapa de plaza en verano.
Así fue toda la cena, el haciéndose el que no pasaba nada mientras conversaba y yo en la mía. Hasta que la doña me mandó a levantar los platos para llevarlos a la bacha, y sin otra alternativa le tuve que hacer caso. Al toque de que terminé, subí rápido a mi pieza para ir a hacer la guía poronguera que la reventada de lengua nos pidió para el lunes sobre Frankenstein. Yo quería el finde libre y no me iba a clavar a hacerlo un sábado o domingo.
゚.*・。゚☆゚.*・。━☆゚.*・。゚
Toda la tarde fue así de aburrida y agobiante. El cuello me dolía por estar en la misma posición encorvada desde hacía 4 horas y las manos de tanto escribir, la cabeza se me iba a reventar y los ojos también.
En cierto momento, mi celu arriba de la mesita de luz sonó, era un mensaje por el tono de notificación. Oh sorpresa, de quién habrá sido.
< Lisandro M. 📞 :
—————————————————-
Eu veni
Tu hermano se fue al baño
Se va a tardar
Estoy ocupada no jodas
Q tanto queres?
Dale hacete
Ya sabes Valentina
Te tengo que rogar?
Si, es aburrido sino
Que pedazo de pendeja que sos eh
Me dejas todo enfierrado
y después andas fingiendo demencia
Porfavor veni
No puede ser recién la tarde
y yo estar con estas ganas
Yo no soy quien empezó
Nomás te respondí
Culpa tuya ser pajero y
no controlarte la pija
Vos no aprendes no?
Es como si me lo hicieras
a propósito ja
O me equivoco?
Puede ser
Tan descarada soy?
Sos mala me diste mil vueltas
Ya volvio el negro fiero
Joya, así estamos Valentina Romero
______________________________________
Creo que voy a empezar a hacer más seguido lo de darle vueltas para calentarlo. Que lindo se sintió hacerle sentir eso. Para que aprenda y la próxima me coma de una.
Ya eran las 6 de la tarde, había terminado la pinchila de trabajo esa y tenía hambre. No la pensé dos veces y baje a merendar, de paso me tomaba algo para el dolor de cabeza.
Justo cuando baje a la cocina, mi viejo volvió, y encima había comprado facturas. Lo saludé y le ofrecí prepararle unos mates para tomar conmigo, lo cual acepto pero primero iba a depsertar a mi mamá de la siesta y saludar a Cuti. Mepa que nadie le había dicho de la presencia de un orangután más, pero bueno. El subió y yo me puse a calentar el agua y armar el mate.
Mi vieja bajó primero, me dijo que los chicos se iban a jugar al fútbol con los amigos a la plaza, que allá se compraban algo para merendar y volvían a la noche o algo asi. Bien, tenía tiempo para prepararme a la noche.
Puse el agua en el termo y cebe el mate, mi vieja se lo llevó a la mesa y yo mientras me busque algún ibuprofeno por ahí en las alacenas. Escuché a mi hermano y su amigo bajar con mi papá, los despidió en la puerta y se fueron. Justo ahí fui hasta la mesa y me senté para merendar en compañía de los mayores.
゚.*・。゚☆゚.*・。━☆゚.*・。゚
Después de eso no hice mucho, nomás me bañé y fui a tirar al sillón a ver la tele. Extrañaba a Licha. Era una presencia insoportable pero necesaria. Muy necesaria. No veía las horas de que llegara, cada número que cambiaba en el reloj me aceleraba el corazón en anticipación.
Habíamos pedido pizzas para la cena porque ninguno tenía ganas de cocinar algo, además que cuando caímos que no teníamos nada preparado siendo ya las 10 de la noche, no nos quedó otra que pedir.
En cierto momento de habían escuchado unas palmas fuera de casa, y por un momento enserio creí que era el papito de Lisandro y el pelotudo de mi hermano que se había olvidado las llaves. Pero cuando salí, no: nomás era el repartidor con las pizzas, que había venido sorprendentemente rápido.
Igual al rato cayeron, y obviamente lo primero que hizo mi mamá fue cagar a pedo a Cristian por volver a las 10 y media de la noche, que era muy peligroso, y blabla. Yo estaba con una cara de feliz cumple apenas ví a mi villerito cruzar la puerta, todo sudado y con el pelo hecho un quilombo, la remera trucha de la albiceleste manchada y la sonrisa de boludo tremendo.
La cena transcurrió tranqui, estábamos todos cagados de hambre así que nos morfamos todo en 15. Por educación, o mejor dicho obligación, yo levanté la mesa, de nuevo. Y está vez Lisandro me ayudó, seguro se quería hacer el cordial frente a mi familia el pedazo de chaja.
Estaba poniendo los vasos para lavar cuando el se apoyó en la mesada a mi lado, de brazos cruzados y mirando hacia el comedor.
—¿Y el postre?—Me miró de costado, esperaba la respuesta como si ya la supiera.
Y yo no tenía. Solo lo mire.
—Apenas se duerman te agarro, sabelo.
No se le movió un músculo de la cara.
—Que mal amigo che. Envés de quedarte hasta tarde boludeando con él, preferís hacerlo dormir temprano para ponerla.
—¿Quién dijo que iba a ir temprano?
—Sí, claro, como si pudieras bancartela tanto, lechero.
—Que lindo como no sabés hablar conmigo sin putearme. Guardate las guarangadas para cuando enserio las necesités, reina.
Y se fué nomás.
Y yo genuinamente no sabía si me había meado encima o nomás él me había hecho llorar pero no por los ojos.
゚.*・。゚☆゚.*・。━☆゚.*・。゚
Las horas pasaron desde la última vez que hablamos y ya era de madrugada. Mis papás dormían (probablemente) porque mañana trabajaban, Licha y Cuti gritaban y se cagaban de risa como si no hubiera gente queriendo consiliar sueño en la casa, y yo boludeaba por Facebook en mi cama, esperando impaciente. Ya eran las 2:47, ¿tanto se iba a tardar?
Se me hacía interminable la hora, deslizaba mi dedo por la pantalla en modo automático y nada parecía entretenerme. Lo necesitaba.
Es chistoso pensar que pase 5 años odiandolo para ahora estar rogándole a todos los santos que me arrancara la tanga con los dientes de una vez.
< Lisandro M. 📞 :
—————————————————-
Porfavor Lisandro
Vení no aguanto más
Ahh mira quién anda rogando ahora
No seas qliado dale
Si vos también querés
No puedo estoy ocupado
Te odio
Me amas todo que decis amor
Dale no chilles más maricona,
ahora termino un partido en la play
y le digo de dormir
Total es de sueño fácil este
Tengo unas ganas de comerme algo dulce desde que llegue encima
No te voy a hacer esperar tanto,
no soy malo como otras
La violencia q me generás dios
Te rompería la cara a trompadas
pero mejor lo hago a sentones
Desfigurámela toda amor
______________________________________
Y oficialmente, soy una tanga floja.
Me levanté al toque de mi cama y me puse a revolear con cuidado cosas de mis cajones para probar suerte a ver si milagrosamente había algún forro por ahí. Igual, muy en el fondo dudaba encontrar uno, tengo cero vínculo con algún varón a excepción de Lisandro, que hasta hoy nuestra relación se basaba en el hinchándome las pelotas y yo bardeandolo, de vez en cuando se hacía el canchero y me tiraba los perros pero en broma. Que autolavado de cerebro que me di.
Busqué en cada lugar posible de mi pieza donde podría encontrar uno, pero nada, encima de que estaba oscuro y no veía nada me pegue mil veces con los muebles para al final no tener ninguno, dejá. Rogaba que con lo gato que es el chabón traiga uno, anda a saber donde estuvo su chota para hacerlo a pelo.
Ya resignada, putee en voz baja y me tire en la cama. Agarre el celu a ver si tenía algún mensaje, pero nada. Veo la hora, 3:19.
—¿No que un partido nomás?—Susurré para mí misma.
Pero ya no escuchaba ningún ruido desde la pieza de Cris.
—¿No que sueño rápido?
Suspiré y mire al techo en total escuridad.
Algún perro a lo lejos ladraba, un grillo seguramente no dejaba dormir a alguno de tanto ruido que hacía, la luz cálida del poste afuera de casa pasaba en forma de un fino hilo entre mis cortinas, y el piso rechino con el caminar de alguien.
Siempre pesimista, como no, supuse que era mi vieja que se levantaba para mear, porque ya me han tocado noches de llevarme el cagaso del siglo por eso. Pero los pasos se detuvieron justo en mi puerta, y cuando lo noté, venían desde la pieza de Cristian, no la de mis viejos. Entonces la manija giro y la puerta se abrió rápido, de una para evitar que rechinara. Y ahí estaba él, bajo el marco de mi puerta y en cuero ya. La luz era apenas la justa como para notarlo, ahí, esperando permiso. Y mi cara lo dijo todo, aunque dudo que la haya visto.
—No perdés un segundo vos.
Bromeé susurrando mientras caminaba de puntitas hasta la puerta, lo empuje hacia adentro por los hombros y lo apoye contra la pared a la vez que con la otra mano cerraba la puerta
—Callate y besame, pendeja.
Me respondió con la voz toda ronca y sin vueltas, su cara se acercaba y sus manos las sentí moverse en dirección a la mía, pero justo me acordé y lo esquivé.
—Para que ponga llave, por las dudas.
Estiré el brazo hasta el escritorio y la tomé de allí, me gire para quedar frente a la puerta e intenté encajarla en el cerrojo, pero con la poca luz ni distinguía dónde estaba. Lisandro no dudó en pegar su cuerpo al mío por detrás, apoyó sus manos en mis caderas y las deslizó hacia arriba por mi cintura, bajo la remera. Hundió su cara en el costado de mi cuello y empezó a besarlo; al principio suave y tanteando el terreno, pero después de que pasarán más de 10 segundos que no podía meter la llave, se convirtieron en desesperados intentos por contenerse a si mismo.
—Mmhg, Licha...
Había pasado su lengua por desde la base de mi cuello hasta la línea de mandíbula, justo debajo de la oreja, y mi cuerpo no pudo evitar reaccionar con un gemido ahogado. La piel de mi espalda se erizo a la vez que se arqueaba, mi cabeza se tiró ligeramente hacia atrás y perdí toda fuerza en mi cuerpo, causando que casi se me caiga la llave.
—Me volvés loco cada que me llamas así, encima de que cada muerte de obispo lo decís. Hoy ya van dos... espero y sigan más con ese tonito.
Su mano subió con confianza hasta uno de mis pechos, arrastrándose por mis costillas en el punto justo para generarme corriente en la médula. Su mano se acomodó a la forma y apenas lo apretó un poco, fue delicado pero firme.
—Para que no me dejas concentrarme, papito.
Murmuré con la voz débil y quebrada, intentaba con las pocas fuerzas que tenía no andar gimiendo ya. Y como si ya no me hubiera dejado muy en claro lo desesperado que estaba, me agarró la mano y con la suya me guío justo donde el cerrojo. Puse la llave y la giré, ahora sí no había quien nos jodiera.
Me dió vuelta con una sola mano y quedamos enfrentados, la llave la tomó, ya estaba en el escritorio de vuelta. Sus manos fueron hasta mis caderas de nuevo y bajaron hasta mis muslos para subirme entre sus brazos como si pesará lo mismo que la nada, todo esto sin dejar de mirarme directo a los ojos con ese brillo de necesidad y anhelo.
—Decime qu-
Ni me dejó empezar bien la frase que ya había avalanzado su boca sobre la mía, y como soy cordial con los invitados, le acepte el regalo y se lo seguí. Mis manos encontraron su nuca, para profundizar el asunto lo empuje más hacia adelante y aproveché ese instante justo en el que abría la boca un poquito más que antes para interceptar su lengua con la mía. Un quejido ronco sonó desde el fondo de su garganta, y tome eso como una motivación a seguir moviendola con más avidez.
Empezó a caminar en dirección a mi cama con pasos tambaleantes, un brazo me abrazaba por la cintura para sostenerme y la mano del otro agarraba mi culo como si su vida dependiera de eso. Cortó el beso para tirarme sobre la cama, dejando el sonido de un chillido de madera insoportable tras la acción del caer de todo mi peso sobre el colchón pobremente sostenido.
—Uh la puta madre, como suena.
Listo, chau garche. Fue lo primero que pensé. Con la cama sonando de esa forma ni a palo íbamos a poder cojer ahí, estaba en el nivel justo de vejez para emitir el ruido más espantoso con cada movimiento sobre esta, perfecto para despertar a toda la cuadra si se quería.
—Bajemos el colchón mejor.—Me levanté y lo elevé por debajo.
Y el desesperado no dudo un segundo en tirar del colchón para dejarlo caer al piso en un solo movimiento.
—Dale, tirate.
Me ordeno. Y obedecí.
Apenas me acosté empecé a sacarme la remera para ahorrar tiempo, y él que no es ningún boludo ya estaba acomodado entre mis piernas y bajándome los shorts de pijama. Tiramos mi ropa por ahí una vez ya quitada, inmediatamente después acercó su cuerpo hacia adelante, lo que me obligó a recostarme por completo. Él quedó orbitando sobre mi, entre mis piernas y semidesnuda. Una mano bajo hasta encontrarse con el monte de venus, se deslizó y encontró un parche tan mojado en la tela de mi ropa interior que describirlo como húmedo era poco.
—¿Desde cuando te tengo babeando así, eh?—Y bien que no se refería a babear por la boca.
Sus dedos índice y medio se arrastraron con suavidad a lo largo, con movimientos circulares justo en el centro. Cosa que claramente me impidió responderle porque si llegaba a abrir la boca los vecinos iban a pensar que al lado tenían un telo y no la casa de una familia. Me mordí el labio inferior con fuerza para amortiguar cualquier ruido que pudiera emitir, ya podía sentir el sabor metálico de la sangre asomándose.
Clavé mis uñas en su espalda, con cuidado de no lastimarlo, y mi mano libre bajó por su torso hasta llegar al elástico de su pantalón. Enganche un dedo en este y el del bóxer, tirando delicadamente para mandarle el claro mensaje de que liberara la palanca de cambio.
—Vos tampoco perdés un segundo—Una leve carcajada gutural golpeó contra mi oreja. Él ya había bajado sus labios hasta mi cuello para seguir besándolo.
—¿Trajiste forro?
Murmuré apenas, la mano del villerito se escabuyo por detrás de mi espalda y me desabrochó el corpiño. Le costó un toque, pero pudo.
—Mhmm...
Afirmó contra la piel prendida fuego de mi cuello, ahora sumó la otra para bajarme los tirantes por los hombros hasta quitarme el brasier, el aire frío pegándome de lleno en mis senos ahora expuestos.
—Fa, que gomones.
Levantó un poco la cara para apreciarlos, sonreía y se mordía el labio, era obvio que nomás lo había dicho para hacerme calentar por ordinario.
—No puede ser que hasta en este momento sigas siendo asi de villero.
—Tch, que te quejás si te encanta que te hable todo desubicado a vos.
Y no se equivocaba. Nomás no podía admitirlo.
Me límite a solo reírme un poco; mientras, él bajó hasta que su cara quedará justo frente a mi pecho, al mismo tiempo sus manos se deslizaron por mi cintura hasta las tiras de mi tanga; sus dedos hicieron gancho y arrastraron lentamente estas en dirección a mis rodillas. Pero nomás fue jugueteo. No me sacó nada.
Envés, su boca no dudó en ir directo a un busto. Primero dió un par de besos hasta llegar a la aureola, la cual prosiguió a lamer con una lentitud tortuosa, marcando la circunferencia con su lengua. A la vez que hacía eso, manoseaba y sostenía al otro seno, dibujando delicados pero desesperados trazos en los puntos más sensibles de este.
—Dios... seguí así.—Jadeé en voz baja.
Su mano que seguía jugueteando con mi braga de un momento a otro se abrió por completo y empezó a acariciar mi cadera; pasando por mi cintura, espalda baja, muslo y ogete. Con tanta estimulación al mismo tiempo, no podía impedir a mi cuerpo retorcerse y temblar del placer bajo su tacto. Era como si conociera exactamente cómo y dónde tocarme en el momento y manera justo; se sentía como todo este tiempo hubiera aprendido de mí sin siquiera un contacto fuera de lugar (sin contar las veces que para joderme me agarraba el muslo o de la cintura), solo mirándome, prestándome atención.
De pronto se freno, toda acción suya se detuvo y levantó la vista, sus ojos encontrándome con esa mirada que me derretía totalmente.
—¿Cómo se piden las cosas?
—Porfavor, Licha.
Sonrió y siguió nomás.
Ahora que había entrado en confianza con el asunto de las gemelas delanteras, dió ese paso más que tanto estaba esperando: con los dientes, empezó a darle pequeños mordiscos a mi pezón. Eran más como roces en realidad, lo que era peor (o mejor) porque el contacto directo se sentía muchísimo más. Lo intercalaba con falsas masticadas con los labios, para no lastimarme.
Para ese punto ya me costaba aferrarme a él, así que mientras me sostenía por su espalda, agarraba con una dependencia olímpica el cubrecama.
—Dios, tan perfecta vas a ser.
Dijo de la mismísima nada. Y por un segundo se me derritió el corazón, una sonrisa genuina y avergonzada se dibujo en mis labios.
—Sos tan boludo... te amo.—Mis dedos pasaron de hundirse en su espalda a tirar con suavidad de mechones de su pelo, arrastrándose desde su nuca hasta la cabeza.
No sé que forma primitiva e incivilizada tiene de agradecer, o qué vocesita le dijo que para expresar un "yo también" tenía que apoyarme toda la poronga. Ni idea en qué momento le dieron las manos para bajarse los lompas con bóxer y todo, hubiera preferido hacerlo yo por mi cuenta, pero por lo menos ya estábamos a mano con lo de estar en bolas los dos.
Bah, él seguía sin sacarme la tanga.
—Hijo de puta sos enorme.
Yo que en mi vida ví una pija y no tenía comparación, sabía que era grande. Ya se lo notaba desde las veces que por alguna razón me quedaba disociando justo en su bulto, o cuando jugaba fútbol en el cole y corría con esos shorts de tela pedorra que se la marcaba toda.
—Vas a tener que esperar para sentirme, morocha.
Empezó a dejar un rastro de besos desde mis lolas hasta mi vientre, mientras pasaba por mis costillas me bajo por completo la ropa interior y se deshizo tirando la por ahí.
—No tenes idea de lo mucho que pensé en hacerte esto algún día.
Si desde antes estaba roja por lo agitada y exitada, ahora estaba el triple por lo halagada. Juraba que nomás iba a querer garche fácil él, no que realmente le gustaba a ese nivel. Se sentía bien que sea recíproco y no esté nomás yo loca de la cabeza por el guaso.
Me agarró los muslos para abrirme más, se los subió a los hombros y les dió un apretón seguro. Inclinó la cara más cerca hasta que su nariz estaba contra mi clítoris.
Empezó pasándome la lengua desde abajo hasta arriba, succionando en el botón superior. Mis labios ya no daban más de estar mordiéndose y se me escapó un gemido. No uno ahogado. Uno sin barreras.
Lisandro se freno en seco y me fulminó con la mirada, para después clavarme un beso en el centro de la concha.
—Calladita.
Tiré la cabeza hacia atrás, rendida. Resignada a qué ya estaba a absoluta disposición de él, de hacerle caso. Ya era suya.
Lleve mis manos hasta su cabeza y mis dedos se enrredaron en su pelo corto, empujándolo ligeramente contra mi entrepierna para hundirlo más aún.
Así estuvo por un par de minutos, garchandome con la lengua como si fuera deporte y yo mordiendome el brazo para no gritar como una trola con toda mi familia a habitaciones de distancia. Pero hasta el no aguanto más con hacerse el difícil.
—Basta, no doy más, se me va a reventar la poronga.
Suspiro genuinamnete sufriendo después de alejarse lo suficiente para sacar el preservativo del bolsillo de su pantalón para poder ponérselo. Aún con la poca luz que había, se podía ver como tenía desde la nariz hasta la pera toda la cara brillante y mojada, la piel sonrojada y ligeramente transpirada. Era la vista más deliciosa que tuve nunca.
M senté sobre el colchón para ponerme al revés, en cuatro. Pero apenas me vio empezando a hacer la acción, me freno. Seco, sin susurros ni apodos.
—¿Qué hacés? No te girés. Quedate como antes, quiero verte la cara.
Este pibe no se cansaba de flecharme una y otra vez, ¿verdad? Realmente sentía mariposas en la panza y no solo porque estaba por sentirle la pistola justo ahí, era tierno, aún y con todas sus ordinaridades y explícitos y desubicados comentarios.
—Pff, ¿tan zarpada en linda te parezco?—Me apoye sobre mis codos mientras su cuerpo se abalanzaba sobre el mío, sus labios ya rozándome los míos mientras hablaba.
—Si—Dijo sin rodeos ni vueltas y me besó, de una, como si le carcomieran las ganas y fuera a morir si no lo hacía en ese exacto momento.
Mientras continuaba el beso, sus manos volvieron a mis muslos para separarlos y abrirse camino entre estos. Apoyó su frente contra la mía cuando se separó para tomar aire, se acomodó y me miró, en esa forma que me provocaba algo cercano a la taquicardia y parecía desnudarme el alma como si ya no me tuviera en pelotas.
—¿Estás lista? Avisame cualquier cosa y freno, no hay drama. Vos decime nomás.
—Sí, Licha. Ahora porfavor metemela antes de que se me cruce un cable y te empiece a cabalgar como desquiciada.
—Tampoco me quejaría si lo hacés.
Se rió un toque y cerró los ojos por un momento, una de sus manos había bajado para agarrasela, y así guiarla y poder hacerla entrar. Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos a la par de la sensación de roce entre la cabeza y mis pliegues. Esperó a que le diera permiso y le asentí con la cabeza, deslizó lenta y cuidadosamente su miembro cubierto por el fino látex dentro de mi vagina hasta que su punta tocó fondo. En sincronía, los dos soltamos un gemido contenido a la par, uno bajo que se sintió como un mensaje secreto exclusivamente nuestro.
Había empezado lento, todavía le avergonzaba soltarse confiado y como si nada en algo tan íntimo como en el sexo. Pero al parecer, con los sonidos que descargaba en su oído y la forma en la que mis uñas se aferraban a los marcados músculos de su espalda, le fue suficiente combustible para ir sin frenos; o tal vez fue que le dije "¿No que ibas a ir sin piedad, carnicero?" para joderlo un poco, y terminó queriéndome cerrar el culo. Se subió una pierna mía al hombro y me clavó los dientes en el cuello mientras me embestía con un ritmo y rapidez sorprendente para un pendejo virgen (probablemente) de 16.
Como era de esperarse no duró mucho, hacia rataso que veníamos jugando y era cuestión de minutos para que terminaramos. Igual mejor, porque ya estábamos bastante agotados como para estar tanto tiempo cogiendo.
Nos quedamos acostados sobre el colchón tirado en el piso, abrazados y acariciandos con pereza y vagos movimientos. Descansaba mi cabeza sobre su pecho, lo sentía bajar y subir con cada respiro que él tomaba.
—No te quedes dormido, ¿no? Que después tenés que rajar de mi pieza.
—Daa, ¿tan rápido me vas a hechar? Un ratito más dejame, me gusta abrazarte—Respondió mientras jugaba con un mechón de mi pelo.
—Sos tierno a veces.—Jijié y, posteriormente, dejé un beso sobre su piel.
Si es que alguien había escuchado algo, vería las consecuencias mañana. Pero ahora solo puedo pensar en disfrutar estar así un rato más con él. Porque está noche, no me la quita nadie.
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BUENO BEBAS.... GRACIAS POR LEER HASTA EL FINAL <333 espero que les haya gustado, y perdón por haberme tardado tanto y también si el final se sintió muy como apurado, ya me estaba desesperando no terminarlo... Nada, sepan que es el primer fanfic que escribo en mi vida (miedo) y que por eso es tan berreta. Pero lo hice con amor para todas mis hermanas lichalovers🥹🥹🥹 Les agradecería mucho si interactúan porque me costó mucho y voy a sufrir si queda en flop ahre🙏 LAS AMO CHAU
escupime en la cara licha por favor dejame hecha mierda te amo la puta madre te re amo
hola bebes, ahora que estoy en depresion post final por la lesion de licha (no lo voy a poder ver jugar en la premier league...) lo extraño demasiado y me estan cagando un poco demasiado los fanfics sobre el que me encuentro en wattpad y en ao3 solo hay un oneshot.... sooo tengo ganas de escribir licha x tn🤗🤗, mandenme ideas porfa que en mi vida escribi uno prometo dar lo mejor de mi ahre