4 de noviembre 2017.
Sé que ya no solía escribir, sin embargo esta vez he decidido que sea por aquí y no por alguna red social, si, te sigo buscando. No sé quién eres, pero quiero decirte que si aún existes aún creo en ti, que he tomado medidas, como ya no hacerme tanto daño, como ir al psicólogo, como arreglarme un poco más y sentirme mejor conmigo. He pensado por medio de hechizos y trucos encontrarte más rápido pero no me atrevo, soy masoquista y me gustan las sorpresas, aún no sé ni con que letra empieza tú nombre, ni tu apellido. Eres una luz de esperanza, no me doy por vencida en seguir en este mundo con vida para encontrarte. Estoy lastimada, esta vez parece que no tengo vuelta atrás, es físico, es muy agotador, la medicina hace efecto y a la vez solo aminora el dolor, aquí sigue a pesar de todo. Mis sentimientos están hechos confeti, tan confundidos los pobres, el amor parece que ha estado en un ring de boxeo por horas, todo moretoneado, todo adolorido, sin querer salir de esa esquina; la felicidad por su parte, está dormida, parece como si solo se despertara un par de horas e hiciera lo que tiene que hacer, no dura mucho despierta y se vuelve a dormir; la tristeza parece un alma en pena bailando, se puede ver a leguas que no lo disfruta pero no tiene de otra, como si estuviese obligada a hacerlo; el enojo, hay mi pobre enojo, ¿quien diría que el enojo puede estar triste? Así se ve, triste, desganado, como un mago a quien le han descubierto todos sus trucos, derrotado. Así me siento hoy, mareada por el dolor físico, dando vueltas en mi cabeza todas las situaciones que pude haber cambiado y las que no tenían arreglo. He entendido que el día que te deje entrar en mi vida, es por que estaré lista, es por qué ya me habré arreglado los sentimientos y mi salud física la habré mejorado, ese día yo no tendré en mis planes arreglarte o que tú me arregles, ese día solo nos encargaremos de construir algo que jamás hemos construido antes.
Mi esperanza, como un niño pequeño aguardando la mañana de Navidad, espera tu llegada, a brincos pequeños, ayuda al amor a curarlo de sus heridas, despierta y alienta a la felicidad a parase de su cama, a la tristeza, le da un tiempo fuera para descansar y un poco de agua, al enojo, le da un abrazo de consuelo. ¿Y el miedo? Mi miedo abraza la esperanza como un niño abrazaría a su peluche de felpa, la esperanza le toma la mano y entre estos dos hacen de mis días algo nuevo por vivir, algo como volver a escribir por aquí.
N.V.














