Yo solo quiero un mundo en el que tú existas
Kathia Carusso (Bajo el Cielo Púrpura de Roma: Pasión)
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Yo solo quiero un mundo en el que tú existas
Kathia Carusso (Bajo el Cielo Púrpura de Roma: Pasión)
Bajo el cielo purpura de roma, mi saga favorita para toda la vida.
Todo comenzó ese día... en una noche de verano en Cerdeña. Tenía prohibido salir de noche. La casa donde nos alojábamos estaba demasiado cerca del mar, y, en la madrugada, la marea subía hasta casi rozar las escaleras del porche trasero. Algo demasiado peligroso para una niña de ocho años. Aun así, ignoré las órdenes de Angelo, como casi siempre. Me escabullí, en cuanto supe que todo el mundo dormía, y me senté junto a la orilla del mar, dejando que el agua acariciara mis pies desnudos. Siempre me había gustado esa sensación, hacía que, por un momento, no pensara en otra cosa más que en la suavidad con la que el agua me tocaba. No me gustaba el mar, me aterraba la inmensidad del océano, pero cada noche me escapaba y me sentaba en la arena porque era la única forma de sentir que encajaba y que pertenecía a algún lugar. Siendo tan pequeña no debería haber pensado y sentido de esa forma, no debería haber estado tan sola. Los Carusso nunca me trataban como a Marzia y ni siquiera se molestaban en mostrarme algo de cariño. Por eso envidiaba lo unida que estaba la familia Gabbana... Me concentré en el halo de luz plateada que irradiaba la luna sobre el agua. Diminutas partículas serpenteaban alrededor y ondeaban con la suavidad de las olas. Corría una brisa suave, muy ligera y algo fresca que arrastraba un aroma a sal, cautivador. Cerré los ojos, aspiré con fuerza y hundí mis manos en la arena. Cogí un puñado y dejé que resbalara de mis dedos y cayera sobre mis pies. Me gustaba el cosquilleo que me provocaba el agua cuando se acercaba y limpiaba la arena de mi piel. Sonreí. —Se lo voy a contar a Ángelo —cuchicheó una vocecita tras de mí. Hice un mohín maldiciendo mentalmente que Cristianno me hubiera pillado. Él era mi perdición, el único Gabbana que no soportaba. Y sabía que era recíproco. Nos odiábamos, nos hacíamos la vida imposible y aprovechábamos cualquier ocasión para meternos en problemas. En ese momento, el problema lo tendría yo si élse iba de la lengua. —¿Qué vas a contarle? —inquirí mirándole de reojo. La sonrisita que tenía en su maldita boca y aquella miradita de perversa diversión que dominaba sus ojos azules, peligrosamente bellos, me indignaron. Tanto que ni siquiera me di cuenta de que se sentaba a mi lado. —Que te has escapado —reconoció encogiendo las piernas alsentarse. Apoyó los codos en las rodillas y miró al horizonte. El viento revoloteó en su cabello negro y, por un instante, no me molestó reconocer lo guapísimo que era. Tenía un perfil que rozaba la perfección, y me hizo pensar en cómo sería cuando tuviera unos años más. Si con nueve era tan impresionante...con dieciocho... Dios, con dieciocho amargaría la existencia de cualquier mujer, sería un maldito rompecorazones. Resoplé furiosa por lo que acaba de pensar. —Pues yo se lo diré a Silvano —advertí. —¡Bah!... Mi padre no me castigará. Sí, eso ya lo sabía. —Eres imbécil... —Y tú una repelente... No lo aguanté más y le di un codazo. Él no tardó en responder, solo que prefirió tirarme del pelo. Intenté esquivarle y recogérmelo, pero no me dejó y continuó pellizcándome los brazos mientras se reía. Le divertía chincharme, y a mí me exasperaba saber que disfrutaba. —¿Por qué no paras de una vez? —protesté—. ¡Vete! Déjame sola. —No, vete tú... Si quieres estar sola, vuelve a tu estúpido internado. —Serás... —Me lancé a por él. La fuerza del empujón lo tumbó sobre la arena y yo aproveché para colocarme encima y abofetearle—. ¡Te odio, Gabbana! —exclamé aún más furiosa por que no dejaba de reír. —¡Y yo ti, Carusso! —añadió antes de apartarme. El impulso me llevó a sentarme sobre sus piernas. Cristianno se incorporó apoyándose en los brazos y se acercó a mí. Ya no había diversión en su cara ni en su mirada, sino más bien incertidumbre... Incluso...timidez. Se ruborizó y tragó saliva antes de cogerme del brazo con delicadeza. Algo que me sorprendió porque siempre había sido muy bruto conmigo. —¿Puedo hacer una cosa? —preguntó temeroso. —¡No! —refuté—. Suéltame. —Pero apretó aún más, inmovilizándome—. ¿Por qué eres así conmigo? —No lo sé... Ahora era yo la que tragaba saliva: por su cercanía y por la forma que tuvo de acariciar mi brazo. —¿Qué es lo que querías hacer? —dije sin saber muy bien porque me interesaba. —¿Qué? —Me has preguntado si podías hacer una cosa... —Es una tontería... —sonrió sin ganas. —Vale. Quise apartarme de él cuando de golpe me cogió de la cara y me soltó un beso rápido. El contacto de sus labios fue minúsculo, pero suficiente para que sintiera por primera vez ese cosquilleo en mi vientre. Acababa de recibir mi primer beso... ¡de Cristianno! —Me has... besado —tartamudeé desconcertada. Cristianno agachó la cabeza, avergonzado. —Lo siento —susurró. —No ha estado tan mal... —dije, ruborizada. Dios mío, aún era demasiado joven para vivir una situación como aquella. —Mauro me dijo que era asqueroso. —¿Y tú qué piensas? —Que... me ha... gustado —dijo, mirándome al fin. —¿Quieres... quieres repetirlo? Asintió lentamente mientras acercaba su cara a la mía. Antes de sentir el contacto, noté como su aliento acelerado me acariciaba la barbilla y no pude evitar sonreír por dentro. Nunca había imaginado que Cristianno estuviera a punto de besarme por segunda vez. —¡¿Pero qué demonios estáis haciendo?! —exclamó alguien sobresaltándonos. Cristianno dio un brinco y yo caí hacia atrás, mojándome el trasero. El pecho se me desbocó y las mejillas me ardieron. —¡Tío Fabio! —gritó Cristianno más nervioso que nunca. —¡Responder a mi pregunta! —Lo siento, Fabio —balbuceé notando como la lengua me pesaba una tonelada por el bochorno. Aunque, por otro lado, agradecí que fuera Fabio quien acababa de cazarnos en un momento tan comprometido. —Más lo vais a sentir si se entera Angelo... No volváis a hacerlo, ¿de acuerdo? Eso no está bien entre... —se detuvo de súbito y empalideció. Tardó varios segundos en recomponerse y hablar y supe que había sido porque estaba pensando que decir—... entre vosotros. —¿Por qué? —refunfuñó Cristianno. —Vuelve dentro, Cristianno. —Pero... —¡Vuelve dentro! —ordenó Fabio. Cristianno le hizo caso a regañadientes. Se levantó, sacudió la arena de sus pantalones cortos y se dirigió a la casa blasfemando por lo bajo. En cuanto estuvimos a solas, Fabio se puso de rodillas y me cogió de los brazos. Captó toda mi atención dándome un zarandeo. —Kathia, tienes que prometerme que no volverás a hacer eso. Al menos, no con Cristianno, ¿entendido? Un beso con él no es algo... —volvió a pensar en la palabra adecuada—... apropiado. Además, eres una niña. —¿Podré besarle cuando sea mayor? —quise saber —Nunca, pequeña, nunca —me advirtió—. Quiero que olvides que esto acaba de pasar. Prométemelo, Kathia, prométeme que vas a olvidarlo. —Te lo prometo, Fabio. —Bien. Ahora vuelve a la cama, y cumple tu promesa, pequeña. Olvidarlo. Debía olvidarlo. Entré en mi habitación y me apoyé en la puerta después de hacer maniobras para cerrarla sin hacer ruido. —Kathia... —Cristianno apareció entre la penumbra. —¡Cristianno! —me sobresalté. Demasiadas emociones para una sola noche. —Quiero que sepas que... —musitó acercándose a mí—... me ha gustado que seas la primera chica a la que beso. Me ruboricé y sonreí tímidamente. —Yo pienso lo mismo. —Vale, pero no te lo flipes —dijo volviendo a su tono de voz tirano. —Estúpido. —Le empujé. —Eso está mejor —sonrió mirándome como si estuviera a años luz de él—. Porque te haya besado no significa que deje de hacerte la vida imposible —añadió, pero algo de mísintió que mentía. —Pues vete preparando, ahora será peor que antes. Pero a la mañana siguiente, me llevaron de vuelta a Viena. No volví a veranear en Cerdeña, no volví a ver a Cristianno hasta ocho años después. Me olvidé de aquellos días... me olvidé de aquel beso, me olvidé de lo que sentí por él.
Traición.
Debe saber que es una suerte ser libre. Porque lo somos. Ahora lo somos. Libres, por fin.
Michael Scoffield
Cuando veas este vídeo, probablemente me odiarás... —cómo iba a odiarle...—,pero no olvides que te he querido desde el primer segundo, desde aquella noche en la playa de Cerdeña cuando te di mi primer beso. ¿Lo recuerdas? —Me dolieron muchísimo las lágrimas que siguieron a sus palabras—. Seguiré amándote aunque tú ya no quieras este amor.
Cristianno a Kathia. Desafio
Tragué saliva y después me acaricié la boca recordando aquel momento. Esa noche de verano en Cerdeña la convertí en la mujer de mis sueños. —Nunca me dijiste quien fue el tuyo... —murmuró Mauro entregándome el cigarro. Y era cierto. Nunca le conté nada. Supongo que mi forma de mirarle ahora se lo dijo todo—. Kathia... —jadeó muy bajito.
Cristianno y Mauro Gabbana
Ella no sabía que ahora tenía mi existencia en sus manos y que de sus decisiones dependía todo lo que me hacía humano. Ella siempre había tenido el poder por encima de todas las cosas. Siempre. Incluso la noche en que la besé por primera vez en Cerdeña cuándo siquiera habíamos entrado en la adolescencia. Recordaba aquello todos los días...
Cristianno Gabbana. Desafío
Fui a apoyarme en la pared cuando me di cuenta de que Mauro estaba cruzado de brazos en la puerta. El muy capullo lucía una sonrisa juguetona y el aspecto de un niño la mañana de Navidad, además de estar como una rosa. Ni un puñetero rastro de resaca. —¿Cómo te sientes? —No habría sentido aquellas enormes ganas de matarlo si no hubiera hablado con tanta jovialidad. Me llevé una mano a la cabeza. Tenía la frente sudorosa y eso me hizo pensar en el aspecto tan patético que debía tener en ese instante. —Como si tuviera un maldito grupo de percusionistas en la puta cabeza. —Bien. —¿Bien? —Alcé las cejas, incrédulo, al tiempo en que una nueva arcada me sobrevenía—. Oh, joder... —La próxima te pensarás más el beberte un maldito litro de vodka caliente. — Mauro habló sin tener la maldita consideración de que su maravilloso primo estaba vomitando. Aunque supongo que en el fondo había escogido el mejor momento para hacerlo, dado que yo no podía contestarle como deseaba. —Bebiste conmigo, gilipollas —balbuceé. —Concéntrate, primo. «Lo que me faltaba. Los ánimos podía metérselos por el culo.» —Ya lo hago, capullo —gruñí volviendo a apoyarme en la pared. Me restregué la boca con el papel sin apenas fuerzas—. No grites. —Me arrastré hacia la bañera—. Está a punto de estallarme la cabeza. —¡¿Has dicho algo?! —Sus gritos parecieron cuchillas arrancándome los tímpanos—. Te prepararé café.
Mauro y Cristianno Gabbana. Desafío
Soy Gabbana, soy venganza.
Kathia Carusso (Bajo El Cielo Púrpura de Roma)
Se mata por matar, se roba por robar, se desafía por placer
Mauro Gabbana, de Bajo El Cielo Púrpura de Roma (saga de libros)
La canción que me motiva más para este año. Fan de OT!
Lo único que sé es que no sé nada
Sócrates
Si te enfadas, no conseguiras nada. Pero si perdonas, aconseguiras personas
Salva a los animales de la extinción!
Todos somos heroes, actua contra el cambio climático, tú puedes hacerlo. Si todos hacemos cada día un poquito, seremos imparables i salvaremos la tierra.
APUNTATE!!!
El cambio climático, ¿Real o Falso?
Según los científicos, és un caso que está pasando hoy en día y ahora mismo. ¿Eso quiere decir que és real? Sí. Lo és porqué la atmósfera está muy contaminada, ya que emitimos CO2. El cambio climático se propaga y cada día a va peor, pero hay gente que no se lo cree y además no són conscientes.
Las conseqüencias pueden llegar a ser:
1. Temporadas de sequías y temporadas de lluvia.
2. El ártico se derrite
3. aumento del nivel del mar
4. El cambio del clima (climas opuestos)
5. Más enfermedades cómo cáncer de pulmón a través de la contaminación
6. Más mortalidad de las personas.
Todo esto són conseqüencias que dentro de 20 años las notaremos aún más. Pero aún hay tiempo de pararlo. Así que, tenemos que ser más sostenibles y más ecológicos por el BIEN DEL PLANETA.