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Han transcurrido veintisiete veranos desde los sucesos que conmocionaron las calles de Derry, una historia tan lúgubre que el mismo pueblo ha decidido dejar atrás, en la penumbra. Con el correr de los años, la gente continuó con el transcurso normal de sus vidas, olvidando a los numerosos infantes extraviados que jamás fueron encontrados. Una vez que las desapariciones cesaron, les olvidaron. Olvidaron el toque de queda, las patrullas ambulando por los alrededores, los periódicos, los noticieros. El miedo. Una vez que la paz llegó nuevamente a Derry, todos siguieron adelante. Nadie volvió a hablar al respecto. Sin embargo, veintisiete años han pasado ya desde entonces. Veintisiete años y el pasado parece desenterrarse por sí solo. A mediados del mes de agosto, el primer niño desaparecido circuló por los medios locales. En septiembre, el segundo. Para finales del mismo mes, el tercero.
Y el miedo ha vuelto a esparcirse como fuego sobre pólvora.
Está ocurriendo de nuevo.

















