La semana que viene presento mi libro, vení.
Si ponés asistiré, Facebook juega a Juliana secretaria y te manda recordatorios.

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@odiointernet
La semana que viene presento mi libro, vení.
Si ponés asistiré, Facebook juega a Juliana secretaria y te manda recordatorios.
Cuando me muera quiero que compilen todos los automails que alguna vez me mandé y los publiquen así tal cual, sin edición ni filtro.
good morning vietnam
Muy pocas cosas/obras sobras/besos sobreviven a la luz de la mañana. Quiero volver a ver esa película malísima de Nicole Kidman y sus hijos fotofóbicos que en realidad están muertos. Spoiler. Voy tan rápido que me sobra tiempo para repetir hasta las malas ideas.
diario de viaje 11
viernes 11 de marzo
Escribir los diarios en diferido es más difícil de lo que esperaba. Estoy escribiendo este con 16 días de retraso y, aunque tengo muy buena memoria y apuntes bastante detallados, temo que estén perdiendo frescura.
Yo sería un marido genial si no fuera por mi neurosis y mi heterosexualidad
Planeamos un día súper tranquilo, un poco porque el jueves nos acostamos tarde (llegamos a Palo Alto como a las 2:30 AM) y otro poco porque para recorrer lo que nos faltaba de San Francisco necesitábamos que saliera el sol y no estaba pasando. Con Agus hicimos una caminata corta hasta las 11 y después hice FaceTime con Mateo mientras Agus se bañaba y le conté sobre mi cita.
Marce se llevó el auto a la mañana, tenía clases hasta las 12 y después entre las 13:30 y las 17. Nos encontramos con ella en el campus a las 12, tomamos un café y charlamos de mi cita. Le conté a Marce que Nadim me había dicho que T, uno de los mejores amigos de Marce (gay híper declarado) que conocí cuando ella vino a Buenos Aires y vi en la clase del martes, le tiraba onda. Marce me dijo que re podía ser, que T a veces les coquetea a pibes héteros a los que les detecta cierta gay vibe para corroborar y también para testear su levante y que varias veces le funcionó (terminó chapando con los héteros).
Desde que volví de la cita con Nadim pasé por todos los estados posibles, barajé las siguientes opciones:
Me gusta pero no gusta de mí
Me gusta pero gusta de Agus
Me gusta pero es homofóbico
Me gusta y gusta de mí
Me gusta y gusta de mí pero la cagué llevando a una amiga
Me gusta y gusta de mí pero no soy libanesa
Me gusta y gusta de mí pero vivimos a 11.000 kilómetros
Me gusta y gusta de mí pero de qué puedo vivir en San Francisco
Me gusta y gusta de mí pero no quiero ser una mantenida
Me gusta y gusta de mí pero no le gustaría vivir en Buenos Aires
No me gusta
No me gusta pero volvería a salir con él
No me gusta pero quiero que guste de mí
No me gusta pero quizás si vuelvo a salir me empieza a gustar
Es gay
Es gay y no lo sabe
Es gay y lo sabe pero esta tratando de “fix it”
Obvio que este espectro me lleva a pensar en todos los trucos que me hago y en mi capacidad para imaginar una vida con alguien en un segundo y en cuánto trabajo gratis para el otro en la tarea de seducirme y cuán efectivo y efímero puede ser eso. ¿Qué porcentaje de lo que nos atrae del otro nace de nosotros? Hace poco identifiqué un mecanismo espantoso que se suele activar en mi cerebro, una especie de ambición colonizadora que se resume en “no importa si a mí me gusta este chico o no, primero voy a conquistarlo y después veo qué me pasa a mí”. Seguramente Nadim lo explicaría diciendo que se debe a que fui la hija menor durante 10 años y después mi papá tuvo más hijas o algún otro fenómeno psicológico un poco tirado de los pelos que, por suerte (¿?), se soluciona en terapia.
Después de nuestro mini brunch, Marce se fue a clases y con Agus fuimos a un shopping en San José. Este shopping era igual a muchos otros que conocemos, sobre todo al Aventura Mall de Miami. Mientras almorzábamos distintas interpretaciones de la gastronomía oriental –yo un wok horrible y Agus sushi– le conté a Agus todo lo que sé sobre la arquitectura de los shoppings como no lugares, que lo aprendí de un libro buenísimo de un experto en comportamiento del consumidor y de viajar con la familia de mi padre. Recorrimos todo el shopping y me enamoré de “una situación de cama” en Pottery Barn. Me calmé cuando noté que era bastante parecida, al menos conceptualmente (shhhh), a la que iba a lograr cuando volviera a Buenos Aires con mi nuevo acolchado y almohadones.
Tenía muchas ganas de escribir y pocas ganas de comprar, así que cuando llegué a mi punto de saturación (después de haber hecho una compra muy satisfactoria*) fui a buscar la computadora al auto y me senté en uno de esos livingcitos que hay cada tanto en los pasillos de los shoppings, donde los maridos se sientan a cuidar internet mientras esperan a sus mujeres o madres. Agus volvió después de un rato con las manos vacías. Compramos frutillas bañadas en chocolate (blanco y con leche) en Godiva y nos fuimos.
*Compré esta mochila espectacular a un 40% de su precio original. Desde el futuro confirmo que fue la mejor compra de mi viaje, no pasé un día sin usarla desde que llegué.
A las 6 PM ya era de noche y, por supuesto, llovía. Estábamos agotadas (de nada y de todo) y Marce nos pidió que la pasáramos a buscar por el campus. Volvimos a la casa y había un paquete para Marce. Era de Stitchfix, una empresa que te manda ropa por correo basándose en las preferencias y especificaciones personales (talle, estilo, ocupación, etc) que cargás en una página, junto con los datos de tu tarjeta de crédito. Te mandan 4 o 5 cosas –un outfit– y te quedás con lo que querés y devolvés el resto, también por correo. Si después de xxx días no devolviste las prendas, te las cobran y no te mandan nada más. Me parece increíble y me encantaría que exista en Argentina pero creo que por ahora no es viable; no tenemos esta cultura de correo. A Marce le mandaron: un jean, una cartera, una camisa escocesa y un blazer. Se quedó con la cartera y con el jean.
Decidimos quedarnos y hacer noche de vino, picada y película porque Agus y yo habíamos salido la noche anterior y todas íbamos a salir el sábado, planeamos una night on the town (SF) que incluye teatro y bares. A mi fascinación por Stitchfix se sumó mi amor y admiración por Doordash, una especie de PedidosYa pero mejor porque está unificado: entrás, ponés lo que querés comer y aunque el restaurant no tenga delivery, Doordash te lo trae a tu casa. Creo que cuando era chica mis papás usaban algo así (eran los noventas y vivíamos en zona norte, todo puede ser). Marce mencionó Doordash porque queríamos pedir helado de earl grey pero justo ese no estaba en la lista de sabores que figuraban, así que agarramos el auto y fuimos a buscar Häagen-Dazs (y más vino por las dudas because wine not?) a Safeway (el Carrefour de acá).
Mientras Marce ponía la película que nos quería mostrar en Amazon Prime (otro ejemplo hermoso de inmediatez), le escribí a Nadim, que la noche anterior me había dicho que quería irse de campamento el fin de semana pero no creía que fuera a concretarse porque –big shock here– el pronóstico marcaba lluvia para todo el fin de semana:
Más o menos al mismo tiempo, Anwar le escribió a Marce para que fuéramos a SF a tomar algo con ellos. A las 10.30 PM, que es el equivalente yanqui de nuestra 1:30 AM (no por la diferencia de husos horarios, sino porque acá se sale muy temprano; me encantaría que adoptemos esto en Buenos Aires, ¿con quién tengo que hablar?). Como dije, la cultura del delivery es muy fuerte en estas tierras. No le contesté a Nadim hasta el sábado a la noche y Marce ignoró tres llamados de Anwar.
Sobre cuidar internet
A Niki la desespera esta rutina que se creó a partir de las redes sociales y las apps: cada vez que agarrás el teléfono hacés como un barrido por todas las apps en las que puede haber novedades –Whatsapp, Instagram, Twitter, Facebook, Snapchat, Mail, repetir. A esto se pueden sumar portales de noticias, Tumblr, PHHHOTO, etc etc etc etc. Es un loop interminable y la consecuencia es que todos terminamos cuidando/babysitteando internet para que no se trabe la calesita cibernética.
Sobre la cultura del delivery
Fui a un colegio de mujeres y para nuestra fiesta de egresados (2008) nos disfrazamos de Barbies. Éramos 60 mujeres y cada una tenia que elegir una Barbie –o más bien un oficio– y armar un afiche para poner en el hall de entrada de Pachá que incluyera una foto (con el disfraz) y una especie de punch line que explicara la elección de la ocupación. El mío decía Barbie Delivery y abajo “rápida entrega”. Cuento esto porque mis padres vieron ese afiche –y los de todas mis amigas– en vivo y en directo y porque era un clásico caso de mucho ruido y pocas nueces: en mi fiesta de egresados era virgen y lo seguí siendo durante los seis meses posteriores, hasta que me puse de novia y esperé un tiempo prudencial (¿?).
Sobre the times are a-changing
Siento que cuando era chica escuchaba mucho la expresión “la guerra de los sexos”. Si bien no tenia del todo claro qué era el sexo, sabía que era una actividad física un tanto frenética (porque aparecía en las películas y, si bien me tapaba los ojos como me decía mi mama, dejaba rendijas entre los dedos y veía movimientos bruscos y rápidos) y me imaginaba una guerra con esos movimientos. Ahora escucho mucho la palabra “heteronormativo”, si tuviera 5 años no sé con qué la asociaría, quizás con algo relacionado con la política.
Sobre lo más parecido que hay en la vida real a mi idea de la guerra de los sexos circa 1996
Una vez un periodista con el que tuve una cita me contó que había cubierto un campeonato sexual en el Golden.
diario de viaje 10
jueves 10 de marzo (parte 2)
Después de Ikea fuimos a un par de negocios más y volvimos a la casa para cambiarnos, Marce tenía que salir para SF a las 6. Todo se atrasó un poco porque Marce se había equivocado y su comida no era en SF sino en Los Altos, otra localidad que queda cerca de Palo Alto pero para el lado opuesto de SF. La dejamos en la casa de un amigo y Agus y yo fuimos a SF.
El plan era que mientras yo tenía la cita, Agus iba al cine y después veíamos qué onda (si yo me quería matar, si me quería quedar, si me quería casar, etc). Tardamos una hora y media en llegar porque llovía y la autopista era un caos. Dejamos el auto en un estacionamiento que quedaba cerca del cine y del bar en el que me había citado Nadim. Mi cita empezaba a las 9. Cuando llegamos diluviaba fuerte (ya ni debería aclararlo) y no encontrábamos el bar porque era una especie de speakeasy en una esquina y tenía dos entradas, una en cada calle. Confirmé que estaba en el lugar correcto y Agus se fue a ver la película nueva de Sasha Baron Cohen.
Cuando entré al bar la recepcionista me preguntó si tenía una reserva y le dije que un amigo me estaba esperando, me preguntó cuál era la contraseña y le dije “look, this is all I’ve got” y le mostré mi chat con Nadim. Fue amorosa y me acompañó a The library, otro bar dentro del mismo bar. Eran como cuatro bares en uno, separados por bibliotecas que eran puertas escondidas. Espectacular. Cuando pasamos a la parte de the library lo vi a Nadim, me pidió perdón por lo confuso del lugar y me preguntó cómo había hecho para que me dejaran pasar a la otra parte, que es sólo con contraseña y súper exclusive, bla. Le señalé mi cara sonriendo y le dije “I guess they liked my face” y me dijo “Yeah, with good reason”. Aksjnakjdnakjsdnasd.
Nos acercamos a la barra y había un montón de ingredientes y tragos y opciones y quizás fui medio mala onda pero le dije que yo tenía algunas limitaciones para pedir porque soy celíaca y no puedo tomar cerveza ni whisky ni vodka, que quería tomar vino pero que era re aburrido pedir vino en un lugar con tragos divertidos:
– Nadim: So you can have something gin-based – Valentina: Yeah – Nadim: Okay, why don’t you head over there and get comfortable, leave your purse and jacket, and I’ll join you in a bit with our drinks? – Valentina: Okay, awesome
No había lugar para sentarnos pero apoyé mis cosas en una especie de estante y me quedé esperándolo. Mientras tanto, pasé un parte:
Al ratito apareció con dos copas de vino. Le dije que me sentía una partypooper y me dijo que nada que ver, que wine is always a good idea ♥︎♥︎♥︎♥︎.
Notó el tatuaje que tengo en la muñeca izquierda y me preguntó qué es y qué significa y empezamos a charlar de ese y de mis otros cinco tatuajes. Me contó que no tiene tatuajes pero que se quiere hacer un ave fénix, me preguntó si sabía la historia y el significado, le dije que sí. En el medio de la charla:
– Valentina: I have good news and bad news. – Nadim: Okay, let’s hear them. – Valentina: The good news is I have the car, the bad news is Agus is alone at the movies and she’ll be done at about 11, I don’t want her to be wandering around by herself that late – Nadim: What?! She’s alone in the movies?! Why?! – Valentina: It’s okay, we do that all the time back home, and Buenos Aires is a lot more dangerous than SF, I’m just saying I might not be able to stay until very late…
Seguimos hablando, me contó cosas sobre su familia, sobre su vida en el Líbano (vivió ahí hasta los 25, ahora tiene 29 y cumple años el 5 de septiembre), sobre su experiencia en Columbia Business School, sobre su última novia, a la que le cortó porque su papá no la aprobaba porque era 3 años más grande que el y no era “good looking enough for him” (¡¡¡¡!!!!). Me dijo que lo sorprendió mucho, que siente que su papá se volvió loco y que nunca había opinado sobre sus novias, que se enojó un montón con sus padres (porque la madre no dijo nada) y que no pensó que fuera a afectarlo pero que al día siguiente se despertó y pensó “I have to break up with her”. Lo más raro fue que nunca antes se había dejado influenciar por la opinión de sus padres, que ellos hubieran querido que él estudiara medicina y que volviera al Líbano y que no les hizo caso, pero que en con esto cree que pasó algo a nivel subconsciente. Me habló de un video de un rabino* y me explicó que cree que lo que le pasó es que se le rompió el caparazón cuando vino a vivir a Estados Unidos pero que su caparazón nuevo no estaba 100% listo y se dio cuenta de eso cuando pasó lo del papá. Esto fue hace más o menos dos años y medio y fue la última novia que tuvo.
*Esto me causó mucha gracia pero tuve que disimularlo: la tarde le dije a Fede que tenía una cita y me dijo: “todo libaneses, estás re Beirut, no das bola. No menciones, por las dudas, que tenés amigos judíos…”
Voy a citar otras partes de la charla, en orden arbitrario:
– Valentina: [Estábamos hablando de religiones] What do you believe in? – Nadim: I believe in nature, and I think the problem is our generation doesn’t trust nature, when it comes to love. All these apps and things like Tinder, Happn, OK Cupid, whatever, they’re telling you “I’m going to help you find love faster”, and that’s not the way it’s meant to be, love will find you when you’re not looking for it, that’s nature! It’s wise!
– Nadim: What do you think about homosexuality? – Valentina: Well, two of my best friends are gay and I’m really happy they can do the exact same things I do, they go out to restaurants and parties and make out in public and they can get married and have kids, I think it’s great we all have the same rights. I don’t think there’s much we can debate or discuss about it, its like asking me what I think about blondes, it’s just a trait about someone, something they don’t choose and that doesn’t/shouldn’t define them as a person nor limit their freedom. – Nadim: Oh, okay. Many of my gay friends hate me for this, but I think it is something that can be fixed. Wait, “fixed” is the wrong word, it can be changed. – Valentina: Do elaborate. – Nadim: Well, I think it is rarely something someone is born with, in most cases it can be traced back to an experience in their lives that changed their sexual preference, so with therapy it can be changed back. – Valentina: Hmmm… [tomé vino y en el momento no le di demasiada importancia al comentario, se lo atribuí al alcohol, los nervios y las diferencias culturales ¿?]
– Valentina: What kind of music do you like? – Nadim: What do you think about America? About Americans? – Valentina: That’s the answer to my question? What do I think about Americans? I think they’re very, very different, I mean I feel very different here. I think, in general terms, they feel guilty about living in “the land of the free” and hence they have a weird relationship with religion and consumption. I also think they’re very productive in a blind way. If America was a person, he/she would be in a factory making lots of stuff and then saying “hey, I made all this, I’m not sure why or what it did for, but it’s done, here it is, buy it”. I don’t think that’s necessarily a bad thing, overthinking can be quite counterproductive, but... I don’t know, that’s a weird –and perhaps loaded– question. – Nadim: No, that’s great, what’s you’re saying is brilliant. Please keep talking.
– Valentina: What can you say in Spanish? – Nadim: I told you at Foreign Cinema, “Hola, me llamo Nadim, soy muy modesto.” I think I can read better than I can speak. – Valentina: Oh, really? Let’s give it a try, then. [Saqué el teléfono, abrí la app de La Nación y le di para que leyera la primera plana] – Nadim: This is Argentinian, it’s not Spanish.
En un momento, de la nada, me dijo “I’m worried about Agus”. Le respondí “Let’s text her and see what she’s up to”:
Agus llegó al bar a eso de las 11:20, charlamos un poco los tres y como Nadim había ido en un Uber, le dije que lo llevábamos a su casa y le mostrábamos música argentina. Nos dijo que fuéramos a su casa y camino al parking quiso comprar un vino, le dijimos que no hacia falta porque nos íbamos a quedar un minuto. Fuimos a su casa, el edificio es súper lindo y el departamento también. Está bien decorado, como si una mujer hubiera intervenido en las decisiones estéticas, pero vive ahí hace un año y cortó con la novia hace casi tres, así que debe haber sido la mama o él tiene buen gusto y ya.
El baño de Nadim. (Foto: Agus.) I know what you’re thinking.
Abrió un vino que tenía y vimos videos de Jungle y el último de Tame Impala. Lo sugerí yo pero me olvidé de la parte en la que un chico le chupa la concha a una chica. Fue MUY incómodo para los tres, como cuando éramos chicos y veíamos una película con nuestros papás y empezaba una parte “subida de tono”. Silencio hipertenso. Nos fuimos relajando y empezó el segmento musical auspiciado por la ONU: Nadim puso canciones libanesas en YouTube, nosotras le mostramos Rodrigo, Soda Stereo, Agapornis y dos bandas de amigos nuestros. Volvimos a poner música globalizada porque un poco de nacionalismo es suficiente; ni un extremo ni el otro, ni yanquis ni cubanos.
Screenshot de un video que hizo Agus en Snapchat: Nadim y Agapornis.
No sé cómo terminamos hablando de un experimento que él sabía y que yo hice en biology en el colegio: tenés que cerrar los ojos y otro te va haciendo como mini golpecitos en la cara interna del antebrazo subiendo desde la muñeca hasta el codo y cuando sentís que llegó el codo tenés que decirle. Casi todos avisan antes de que el otro llegue por algo de la sensibilidad en la piel de esa zona (fue hace muchos años, no me acuerdo la explicación). Él me lo hizo a mí –me hoteó un poco, to be honest– pero a mí me dio vergüenza hacérselo ¿? así que Agus se lo hizo a él:
El sillón del living tenia forma de L, nosotros dos estábamos en una parte del sillón y Agus en otra. Después del experimento volvimos a los lugares correspondientes y Nadim volvió a tocarme los antebrazos porque le intrigaba la textura de mis tatuajes. Me dijo que no sentía nada distinto en el de la muñeca y le dije que algunos tenían relieve entonces me empezó a tocar los otros (antebrazo derecho, triceps –pfffff– de ambos brazos.) NASKDNAJSNDKAJSNS.
Tipo 1 AM noté que se le estaban cerrando los ojos a Nadim y le dije que nos íbamos. El saludo fue rarísimo. No hacía falta que él bajara a abrirnos así que bajamos solas y nos sacamos fotos en el hall de entrada del edificio:
Cuando llegué a la casa le escribí para agradecerle (en el bar tomamos 2 copas y media de vino cada uno, me invitó él). Obvio que ahora pienso que le gustó Agus y yo no porque no trató de darme un beso pero si hubiera intentado me hubiera sentido presionada. Así como dormir es imposible, tener una primera cita perfecta y libre de paranoia también lo es.
Sé que fue raro de mi parte incluir a Agus en el final pero, en mi defensa: él sacó el tema, no estábamos teniendo una cita híper romántica (yet? quizás le di poco tiempo, no sé) y, logísticamente, SF era un lío para mí porque estaba alojándome en Palo Alto en lo de una amiga con otra amiga. Hice lo mejor que pude.
Volvería a salir con Nadim; un poco por la anécdota, un poco porque hubiera chapado/chaparía y otro poco porque era la primera vez que estábamos solos y las primeras impresiones pueden ser injustas (por supuesto que me hace ruido su postura sobre la homosexualidad y la historia de cómo y por qué le cortó a su ex).
Sobre etimología:
La palabra ‘chapar’ suena bastante árabe.
Sobre los bachelor pads:
Siempre es lindo que la casa de un hombre que vive solo tenga UN POCO de desorden. UN POCO. En igual medida, suma que haya algunas manifestaciones de preocupaciones estéticas, no demasiadas.
Sobre los bares de Buenos Aires:
Hagamos algo al respecto por favor, urgente.
Sobre el calzado masculino:
Vans. Con cordones.
Sobre Agus:
Qué importante es tener una buena wingwoman que esté dispuesta a ir sola al cine y comer pizza y después se sume a tu plan y le charle al libanés y le pregunte el nombre de la banda que nos está mostrando y vaya al baño de la casa de tu cita y saque fotos. Qué importante.
Sobre protocolos pelotudos:
No me parece mal hablar de ex novios en una primera cita. Los espero en Habana y Segurola. (Siempre quise decir eso y encima mi primer novio es de Devoto.)
diario de viaje 09
jueves 10 de marzo (parte 1)
Los días están pasando muy rápido, tengo vértigo y ganas de colonizar este pueblo. El dueño de casa (landlord) les mandó un mail a las chicas diciendo que hay evidencia de que hay gente viviendo en la casa que no está contemplada en el contrato. Cree que Agus y yo estamos subalquilando el cuarto. Aparentemente pasó un día, vio por la ventana que ¿tenemos muchas cosas? y le dio rienda suelta a un combo magnífico de imaginación, codicia, paranoia y mala onda.
You must be with a Googler to enter this area
Nos levantamos tarde con Agus, quizás por el vino de la cena de la noche anterior. Fuimos a hacer una caminata corta (3.5K) y notamos que era la primera vez que veíamos el paisaje residencial de Palo Alto con sol; los colores eran mucho mas saturados y las formas eran más tresdé.
Tuvimos que volver rápido porque nos teníamos que alistar para ir a Google. Nadim nos había citado a las 11.45, llegamos a las 11.53. Los HQ de Google quedan en una localidad que se llama Mountain View (MTV), bastante cerca de Palo Alto. No hay ninguna garita ni barrera ni control de entrada de ningún tipo. Nos dimos cuenta de que estábamos llegando porque empezamos a ver a muchos orientales andando en bicis de los colores de Google. Después vimos que una calle se llamaba Google. Llegamos y estacionamos como si nada. Nadim salió a buscarnos y gestionamos las badges de identificación. Nos pidió que por favor nos las pusiéramos en algún lugar visible.
Yo tenía una campera rosa metalizada, por lo que era bastante difícil que cualquier otro ítem fuera visible. Nadim dijo que era mejor que fuéramos al otro edificio en auto, entonces nos subimos al suyo (una Jeep Ranger color mostaza) y fuimos a la parte central del campus. Le dicen campus porque se parece bastante a una universidad, en realidad es como una mezcla de una universidad y un parque de Disney. Casi todos los estacionamientos estaban llenos y rápidamente entendimos por qué: esta sede de Google, que es la casa matriz, tiene 15,000 empleados, y en total, en todo el mundo, Google tiene 50,000. Conseguimos lugar después de dar mil vueltas e interactuar con tres valets distintos. Fuimos a la cafeteria [cafetíria, como en las películas de high school]. Todos los empleados de Google, los “Googlers”, almuerzan gratis y sus invitados también. Hay distintos mostradores con comidas regionales de distintas partes del mundo y en todos había bastante cola. Agus se preparó una ensalada, yo comí arroz blanco (del mostrador de la India) con pollo frío (del salad bar) y Nadim comió unas verduras salteadas (thai).
Nuestro Googler es muy gracioso y supo cómo romper el hielo sin que fuera incómodo; nos contó cómo es trabajar ahí, cómo son sus jornadas laborales, trató de adivinar nuestros cumpleaños, hablamos de viajes y dijo que quiere venir a Argentina pero que por ser libanés tiene que aplicar para una visa y tardamos un mes en dársela. ¡¿QUIÉN NOS CREEMOS?!
El almuerzo fue corto porque Nadim tenía una reunión a la 1pm, nada fuera de programa, una reunión de equipo con su jefa (manager). Nadim trabaja en Google hace 3 años; ahora está en la parte de estrategia –no pregunté si siempre estuvo en esa área o si empezó en otra– y gran parte de su trabajo es tener reuniones, hacer diagramas y pelotear ideas. Todos los días se levanta a las 6.15 AM y a las 7.30 AM se toma el chárter de Google que lo lleva a MTV, tiene como 1 hora 15 de viaje. Tiene ese auto copadísimo porque antes vivía en MTV; ahora vive en San Francisco hace un año y casi no lo usa, de hecho lo deja en el parking de Google en MTV porque es imposible estacionar en SF. Los viernes trabaja desde San Francisco, a veces desde su casa y a veces desde las oficinas de Google en SF.
Caminamos un poco más por el predio y vimos: una cancha de voley de playa, un esqueleto de dinosaurio (siento que esto tiene otro nombre pero no me sale) y una mini pileta de natación (como las que les podías hacer a los Sims para matarlos, dije esto y Nadim no podía creer que yo conociera los Sims ¿?) con un simulador de corriente, como una cinta de correr pero para nadar. No tengo fotos de todo esto porque está prohibido sacar fotos, te avisan antes de darte la badge.
Le agradecimos a Nadim por el almuerzo gratis (refuto la idea de que there’s no such thing as a free lunch, me hubiera gustado decirle esto para quedar inteligente pero se me ocurrió cuando ya nos habíamos ido) y por el tour, devolvimos los ganchitos de las badges pero nos quedamos con el souvenir. Estuvimos solos un segundo en la cafeteria porque Agus se olvidó la cartera en la mesa y Nadim no me dijo nada de la cita de la noche, freakeé un toque. Una tensa calma.
Fuimos a Ikea con Agus y prometimos no gastar más de US$100. Cada una agarró un carrito y los llenamos bastante pero con criterio, casi no tuvimos que editarlos antes de pasar a la caja. Gasté US$ 97 y compré:
una funda para mi plumón (queen)
una cortina de baño
una alfombrita de baño
6 vasos
un póster para enmarcar*
una cantimplora de US$1 para Mateo que me pidió una petaca. (En realidad es un ice pack pero me pareció linda y un poco Moonrise Kingdom –bien, no cursi/manic pixie dream girl**. No es del todo útil pero una petaca tampoco es parte de la canasta básica.)
un pack de 100 pajitas
un libro sobre la historia de Ikea
2 bolsas de compras (una para mi mamá y una para Clari)
curitas
4 paquetes de servilletas de papel
un par de pantuflas
Agus gastó US$158 y compró:
una funda de plumón (king)
una manta
6 fundas de almohadones
2 paquetes de 100 pajitas cada uno
2 macetas chicas
el mismo libro que yo
las mismas pantuflas que yo
*En este viaje compré cuatro afiches para enmarcar: uno de Blondie, este de Ikea, y dos de Cavallini. Voy a poner el de Blondie en la cocina, los otros en mi cuarto. En mi living ya hay 5 cuadros grandes. Le voy a regalar uno de Cavallini a Gaby. Estoy comprando pocos regalos y me da un poco de culpa pero ansorri.
**Estoy posteando los diarios con una semana de delay (con notas que tomé en el momento porque no confío en mi memoria) y hoy, en el futuro, Vanessa me explicó el origen del término ‘manic pixie dream girl’ (a las dos nos encanta Elizabethtown). La quiero mucho, qué bien que ya llegó, qué mal que solo vamos a pasar 44 horas juntas.
En Ikea había sectores con poca señal entonces aproveché para mandarle un mensaje de agradecimiento a Nadim, lo tiré al ciberespacio desde una zona conectada y me sumergí en los pasillos de cajas sobre cajas sobre cajas para no morir de ansiedad mientras esperaba respuesta:
Me volvió el alma al cuerpo. Pico de minitataradismo.
Olvidé aclarar que después de nuestra visita a Google se largo a llover, porque obvio, no podía haber un día entero de sol.
Sobre Ikea:
Vi Deadpool 3 veces en el cine y recién en la tercera noté los chistes sobre los nombres de los muebles de Ikea.
Sobre Google:
Habiendo conocido el campus, no puedo afirmar que Google sea el futuro; más bien me dio la impresión de que existe en una línea de tiempo paralela.
Sobre la inteligencia colectiva:
Cada tanto tengo que hacer un chequeo mental y acordarme que el hecho de que Nadim trabaje (ok, en un buen puesto y todo, pero igual) en Google no significa que él sepa todo lo que sabe Google. Aunque sí es muy piola, he does not contain multitudes.
Sobre gustos:
En el Bay Area –que es todo tech (TT diría Fede, que ama convertir todo a siglas como yo)– cuando decís que no sabés si te gustaría trabajar en Google te miran como cuando en Buenos Aires decís (digo) que no te (me) gusta la palta.
diario de viaje 08
miércoles 9 de marzo
Caminé sola un ratito a la mañana. Mis días siempre tienen más mañana o más mañanas (primera mañana, segunda mañana, etc) que los de los demás porque me despierto muy temprano y no me gusta quedarme en la cama. La mañana es mi momento de mayor actividad mental, no siempre física, y es cuando mi cerebro deja armadas las listas mentales y las ideas centrales del resto del día. Ahora, además, estoy viviendo en dos husos horarios al mismo tiempo.
Distancia total caminada por día (en kilómetros): domingo 12.6, lunes 18.8, martes 10.8.
When in Rome…
Planeamos un día de jugar a ser locales. Por supuesto que llovía. Mientras Agus desayunaba, vimos los tres primeros episodios de la nueva temporada de Girls. Las chicas de 560 Palo Alto Ave. (Marce y sus 4 roommates: Anna, Lexie, Emily y Mariel) tienen Apple TV con HBO Now y Amazon Prime Video y no tienen cable. Anna y Lexie estaban dando vueltas por la casa, preparándose sus propios desayunos (peanut butter and jelly*) y alistándose para ir a Soul Cycle (ampliaré), y cada tanto miraban la pantalla y decían “this show is soooo funny” o “this show is ridiculous, right?”. En su defensa, el domingo a la noche cuando nos estábamos por ir a comer a SF, ellas estaban viendo el episodio de esa semana y hacían comentarios como “oh my god what is happening?!” y “this is just too much”. O sea les gusta Girls pero les resulta híper extremo, ajeno y unrelatable. Con Agus no nos parece tan terrible, no sé, creemos que si hubiéramos crecido en NY ahora seríamos igual de trash (más menos un pequeño porcentaje que se lo atribuimos a que es ficción y todo está un poco decorado/amplificado).
*Aaaaghhhh justo la canción que estoy escuchando dice You just wanna know those peanut butter vibes.
Fuimos caminando a un mini strip mall que queda a aproximadamente 10 cuadras de “la casa” y entramos a dos beauty parlors a preguntar precios de combos de manipedi (manicuría+pedicuría). En el primero costaba US$29 y en el segundo (Classy Salon, dios mio, the irony) US$32 pero en el segundo había mil sillones para pedicuría y en el primero había solo dos y estaban ocupados, así que fuimos al segundo. Los dos estaban atendidos exclusivamente por mujeres asiáticas.
En Buenos Aires no es tan común (quizás porque hay pocos lugares que se dediquen casi exclusivamente a las uñas, son cosas que se hacen en las peluquerías que no son lo mismo que un beauty parlor/salón de belleza), pero acá cuando te hacen los pies te sentás en un sillón mega mil mullido y, en este caso, con masajeador (¡!), ponés los pies en una palangana (que a veces también tiene masajeador o un motor de algún tipo que genera alguna magia). El menú de servicios tenía mil opciones, pero optamos por esta de US$32 que era manipedi express. Antes de empezar, tenés que elegir tu(s) esmalte(s) de una pared lleeeeena de colores. Elegí un turquesa clarito para las manos y rojo para los pies. Agus eligió gris para las manos y rojo para los pies. Me senté con una novela gráfica excelente que empecé esa mañana, en el sillón que estaba a mi izquierda había una señora* que estaba trabajando en su computadora y adelante mío. cuando te haces mani y pedi, te asignan a dos empleadas para que trabajen en estéreo, una en las manos y una en los pies, pero cuando te hace solo mani no te toca el sillón mágico, sino una silla normal y una mesita para apoyar las manos –un diseño bastante escolar– y tu manicura se sienta enfrente tuyo y le ves la línea que separa las aguas capilares durante un largo rato, si tiene caspa es un bajón). Esta señora debe haber pedido sillón para poder trabajar más cómoda, porque no se estaba haciendo las manos (porque estaba tipeando). En la parte de solo mani había una señora que tenía dupla de asiáticas: una le hacia las manos mientras otra le hacia masajes con piedras calientes en la nuca y los hombros. Obvio que me tentó y cuando ya me habían terminado de pintar las uñas de las manos y de los pies y estaba en la etapa de secado (y espera y ansiedad), pedí que me transfirieran a ese sector y contraté 10 minutos de masajes a US$1 el minuto. Fue la mejor decisión comercial de mi vida. Los masajes del sillón eran muy dignos pero la inteligencia artificial todavía no logró igualar la calidad humana en lo que respecta a terapias físicas. No vi ninguna película de la saga Transformers.
*¿A qué edad voy a dejar de usar “señora” para referirme a mujeres que me llevan más de 10 años?
Mi camisa y nosotras.
No habíamos llevado sandalias pero nos dieron unas ojotas de goma eva rosas muy simpáticas y nos fuimos caminando con eso por el barrio. Finesse. A las 2 cuadras se largó a llover otra vez y las ojotas, aunque muy útiles, no eran del todo resistentes al barro de días y días de lluvia. Nos volvimos a poner nuestras altas llantas y caminamos bajo la lluvia hasta el centro de Palo Alto (University Avenue), unas 30 cuadras. Almorzamos ensaladas en Whole Foods (tristeza y diligencia) y recorrimos University Avenue. No había demasiado para ver, asi que fuimos al shopping al que fuimos el día que llegamos, Stanford Shopping Center (que queda adentro del predio de la universidad, pero puede ir cualquiera). Queríamos comprarle un regalo de agradecimiento a Marce pero no encontramos nada. Nos frustramos bastante y volvimos caminando a la casa. Teníamos que llegar temprano porque las Fab Five (Marce y sus roomies, que no son lesbianas, solo me gusta la aliteración) hosteaban una cena para 12 pax. You say pax, I say paja (aplica para la abreviación de agencia de viajes de ‘personas’ o para la traducción al latin de ‘paz’).
Cada tanto (2 o 3 semanas) organizan una cena temática por color. El formato es potluck dinner = cada invitado trae algo para comer. Esta vez tocaba verde, entonces había que ir vestido de verde y llevar comida verde. Yo me puse un top que me compré unos días antes solo porque costaba US$5 y me hacía acordar al que usó Britney en el video de (You Drive Me) Crazy.
From left: Yo, Daniel y una rusa hermosa.
Al final la cena fue bastante divertida, había fideos con pesto, arroz con perejil y arvejas, espárragos, papines con una salsa de cilantro y oliva, helado de menta granizada y unos ice cream sandwiches de helado de pistacho. Tomamos bastante vino (no es verde pero esto es California) y contamos green stories; la mayoría eran historias de porro o de encuentros sexuales en espacios verdes. Me senté al lado de Daniel, un mexicano bastante gracioso. Había una pareja de chinos muy lindos y una inexplicable de dos rusos, ella es una de las chicas más lindas que vi en mi vida (la de la foto) y el parece un leprechaun.
From left en esta foto de una foto: Agus (con un vestido mío *en la gama de los verdes* ¿?), yo, Marce (su vestido era verde en serio) y la china de la pareja de lindos. Perdón por la calidad y perdón de parte de la china por esas botas.
Distancia total caminada: 18.4 kilómetros
Sobre la ósmosis lingüística:
Siento que se me está pegando hablar como habla Marce, decir cosas como “la casa”. Hoy hablé por teléfono con Vanessa, mi amiga ecuatoriana que viene a Los Ángeles la semana que viene. apenas llegué a decirle “hola nessi” y me dijo “ay, chiqui, no te reconocí, sonabas como una mexicana”. ¿!¿!¿!?
Sobre las tabs mentales:
Necesito música para escribir pero a veces las letras me distraen y bifurcan las líneas de pensamiento.
Sobre la división internacional del trabajo:
Agus dice que las asiáticas que nos hicieron las manos y los pies eran tailandesas porque sabían hacer masajes y eso es de tailandeses.
Sobre que it takes one to know one:
En el “salón de belleza” (¿?) me costó muchísimo entender lo que decían las tailandesas (nacionalidad a confirmar) y preguntaba todo el tiempo “what?”, “I’m sorry?”, “come again?” y Agus se entendía re bien con ellas. Según Agus es porque su ingles es más choto que el mío y el de tailandesas también, entonces entre ellas se entienden mejor.
Sobre las formas de terapia:
Hay muchos, muchos salones de belleza y peluquerías en Palo Alto y sospecho que en Estados Unidos en general. Son espacios de hedonismo pero también en algún punto son una especie de terapia.
diario de viaje 07
martes 8 de marzo
Desde que llegué a Palo Alto estoy replanteándome muchas cosas. Este lugar –el campus, los alumnos, los profesores, las conversaciones– está redefiniendo o al menos cuestionando mi idea de éxito, qué quiero para mi futuro, a qué aspiro, adónde estoy yendo o qué estoy construyendo y para quién. Voy a necesitar una vacación de esta vacación.
Disclaimer: la primera parte del post de hoy tiene mucho de negocios y tips de cómo dirigir una empresa en crecimiento. Aunque personalmente creo que son extrapolables a otros aspectos de la vida, quizás aburren.
Deliver your own news
Fui a caminar temprano, sola, porque me propuse caminar todos los días y las chicas se levantaron con poco tiempo. A las 10 teníamos que estar en el campus. Marce nos llevó a una clase buenísima de 10 a 12, la materia se llama Managing Growing Enterprises (MGE) y la da un profesor que es un total DILF. En realidad es el ayudante de cátedra y se está formando para ser titular. Me pareció súper capo e híper carismático. Además la materia esta buenísima y el formato de las clases también: para cada clase les dan un caso de una empresa real y tres situaciones conflictivas que esa empresa tuvo que resolver y les preguntan qué harían ellos en esa situación. Hay role playing y mini debates y un director o fundador de la empresa en cuestión esta presente y al final de la clase cuenta cómo resolvieron en la vida real los tres conflictos y da algunos consejos o lecciones que aprendió de cada situación.
Desde el inicio de la clase, había en el pizarrón una frase de Alfred D. Souza. Empezó el profesor titular, hablando sobre las conclusiones (take-aways) de la clase anterior:
Doing nothing is sometimes the best option, pulling your thoughts together. Patience is a management tool.
Use the Procrastination Framework: does this problem get worse over time? If not, consider using that to your advantage.
“Is this the hill you want to die on?”
Después le cedió el protagonismo al potro, que arrancó hablando sobre el doping positivo de Maria Sharapova y la importancia de “delivering news on your front foot, there is virtually no one in the world who heard this information from any source other than Maria, on her terms, in the way that she wanted it presented, this is pretty much the exact opposite of how most people handle these situations.” Esa fue una especie de cápsula para reflexionar, estaba relacionada con el caso de la clase anterior.
Having a life while creating a lifestyle brand
Esta clase, el caso era de Serena & Lily* y a un costado del escritorio del profesor estaba sentada Lily Kanter (la Lily de Serena & Lily IN THE FLESH). El tratamiento del caso estuvo buenísimo, todos pelotearon ideas y el profesor iba anotando en el pizarrón y después desarrollaba los puntos críticos. En un role playing, Lily hizo de un empleado y un alumno hizo de ella. El clima de la clase era genial, todos participaban, nadie estaba con el teléfono, todos tomaban apuntes en papel (la mayoría de los profesores no los dejan usar computadoras porque distraen –al que la usa y a los que están a su alrededor) y los intercambios eran súper relajados pero productivos.
*Esto es una casualidad increíble teniendo en cuenta que es una de las industrias que más nos interesan a Agus y a mí, de hecho tuvimos un emprendimiento de muebles juntas.
El profesor dejaba a los alumnos desarrollar su role playing y sus ideas y después de cada concepto importante daba un cierre, un ejemplo de la vida real o una cita, como: “To finish first, you must first finish.”
Más o menos a las 11.15 terminó la parte de los tres conflictos y Lily pasó al frente. Antes de empezar, festejó unos tips que había dado el potro sobre “creating runway”:
Value of creating Runway
Financial runway
Your personal burn rate
Your company’s burn rate
Taking some chips off the table along the way
Enjoy the process!
We live life in the process, not in the outcome – shift orientation to the process
Spend time (work and personal) with people you like, trust and admire
Show up with intention how you want to show up
Manage stress
Are you taking care of yourself physically?
Recognize that stress is caused by your reaction, not by the event.
How will you talk to yourself?
Al principio estaba súper nerviosa, le temblaba la voz y pensé que iba a llorar. Explicó las tres situaciones, cómo las resolvieron y qué aprendieron de cada una, diciendo: “hindsight is 20/20”.
These are the critical issues in building a company:
Building an org chart correctly.
Taking the capital from the right people at the right time.
Building a culture inside your business.
Growth creates a lot of capital needs, its a tremendous amount of cash burn when you’re growing a business with inventory. in looking back I think companies that involve inventory are not cash cows, so that’s an important lesson.
You need people who can wear 100 hats, but you also need specialists. Martha* was one of those people who could always wear 100 hats very well, but I think she had a way of throwing herself across so many projects that she would set herself up for failure, and I think it’s a really important think to watch with employees. The ones that continue to take on and take on, because they’re very capable, at the end of the day they normally fail, in one of their tasks or many of their tasks. And the people that are very process-oriented and specialists, they tend to work slower, they tend to not being able to multitask. I really think your business needs both of them to grow successfully.
It’s important to understand what’s at the core of what makes your employees happy. A lot of those people that have that “I can throw myself across many things”, they tend to be very entrepreneurial, so as long as you can keep them in new initiatives, they’re very happy.
Don’t ever mistake a great accountant with something with great financial planning skills, those are very different skill sets.
Understand your employees needs in terms of work-life balance.
Don’t hire people you cant fire.
Never raise money when you need it, always get in front of that. Take the right amount of money at the right time. If they’re passing the hors d'oeuvre, take two, even if you think you’ll only eat one.
*Una empleada histórica que aparecía en una de las tres situaciones
Underwear es mi canción favorita de Pulp pero
A Agus le gustó uno compañero de Marce que fue modelo de ropa interior. Es lindo, sí, pero no es mi tipo ¿?. Tiene una novia que es la versión mexicana y hot de Agus (según Agus). A mí me gustó uno que era el epítome del hipster (aunque ¿qué es un hipster?).
Después de la clase fuimos a almorzar a un restaurant que le gustaba mucho a Steve Jobs y de postre comimos helado de earl grey. Lo mejor que me pasó en la vida. A las 13:30 Marce tenía otra clase y obvio que llovía, así que la dejamos en el campus y nos llevamos el auto a San Francisco. Manejamos por Twin Peaks y fuimos a Haight-Ashbury. Caminamos un poco por Haight St, a pesar de la lluvia, y entramos a Amoeba. Compré un póster de Blondie y Agus se estaba por comprar uno de Joy Division pero tenía unas marquitas y lo dejó.
Fuimos manejando a Valencia Street, en Mission, y caminamos por ahí un rato. Me compré un almohadón súper lindo que va a quedar espectacular en mi cuarto:
Mission es uno de los mejores barrios de San Francisco para caminar. Volvimos a Palo Alto para cenar, pero en Valencia Street vimos varios restaurants muy lindos y tentadores.
Sobre la pink lady:
En el caso de las manzanas rojas, orgánico significa ácido.
Sobre la importancia de las cámaras descartables:
Me angustian mucho los hashtags de los casamientos.
Sobre vivir en San Francisco:
¿Cuánto falta? ¿Qué tengo que hacer?
Sobre Amoeba:
Creo que es algo que, como le dijo mi papá a mi mamá en su luna de miel, tiene buen lejos.
Sobre el cuarto día seguido de lluvia:
Los recuerdos tienen condiciones climáticas, este viaje va a ser un recuerdo súper feliz y súper llovido. Quizás en el futuro inventan un nanochip para los ojos que regule la saturación de color de lo que vemos. Igual a mí me gustan los días nublados.
diario de viaje 06
lunes 7 de marzo
Si en Argentina existiera el oficio de stager creo que sería mi trabajo ideal, pero no existe porque por suerte la arquitectura argentina es muy superior a la yanqui (en general) y lamentablemente hay pocas marcas/locales de decoración que tengan muebles dignos. Encuentro estos impedimentos porque no sé cuál sería mi trabajo ideal ni si existe tal cosa. Prefiero concentrarme en hacer bien mi trabajo remunerado, que no consume demasiado espacio mental, y ocupar el resto de mi tiempo haciendo cosas que me gustan y por ahora no aportan a mi economía. Antes de venir de vacaciones estaba en malos términos (internos, no manifiestos) con mi trabajo remunerado, pero amenacé con irme y me aumentaron el sueldo un 50%. Obvio que ahora vivo cada día de esta vacación con un poquito de culpa. Because I’m white.
Tres argentinos en San Francisco, sans Francella
Salimos a caminar por los alrededores de la casa de Marce. Las casas son bastante parecidas entre sí en tamaño y en que le dan mucha importancia y protagonismo al garage. Le expliqué a Agus el concepto de staging y llegué a la conclusion de que existe porque la mayoría de las casa son casi iguales en términos de calidad de construcción (prefabricadas), distribución y decoración, entonces el staging ayuda a que les puedan exprimir unos pesos extra. Agus, por su parte, tuvo otra revelación: le dan mucha bola a las casas y a los jardines porque la mayoría de las actividades sociales pasan en las casas, también por eso hay muchísima comida en las alacenas de las cocinas de los yanquis. Hay cosas como mantequilla de maní en polvo reducida en grasas y reforzada con extra proteína. Vimos una casa con un cartel de Bernie Sanders clavado en el jardín delantero, pero la mayoría lo ocupa con decoraciones híper kitsch y casi neo mitológicas. Hay algunos autos eléctricos pero pocos para ser el Bay Area.
Nos bañamos y fuimos a San Francisco. Empezamos por Alamo Square, la plaza que queda enfrente de lo del libanés. Vimos las Painted Ladies, sacamos un par de fotos turisteras, googleamos la historia de las casas y si alguien famoso vive/vivió ahí. Nada digno de mehhhncionar.
Caminamos un poco por ahí, entramos a un mercado orgánico sobre Divisadero Street. Había pan gluten-free, pedí un sandwich de rúcula, mozzarella y jamón crudo. Dios existió en ese sandwich. Agus pidió uno gluten-full con rúcula, cebollas caramelizadas, roast beef y parmesano. Los comimos on-the-go mientras recorríamos el barrio Western Addition. Las calles son súper empinadas pero el ardor muscular en las piernas se sentía bellísimo después de esos sandwiches gigantes. Se largó a llover justo cuando se estaba por acabar el tiempo del parquímetro así que nos fuimos manejando a Union Square, donde íbamos a poder dejar el auto en un parking infinity horas. Igual a las 7pm nos íbamos a encontrar con Fede en Japan Center (en San Francisco todos los planes implican mover el auto).
Entre Union Square y Market Street compré:
Una campera increíble de Adidas by Rita Ora*
Un corpiño muy lindo (lo había comprado en dos colores pero después de comprar la campera devolví uno porque en the land of the free te devuelven la plata, es mágico)
Chocolate sin azúcar (bastante feo pero guilt-free)
*no sé bien quién es Rita Ora ni tengo Snapchat (Agus tiene y sube cosas de nuestro viaje todo el tiempo) porque la juventud también es una elección y se ve que prioricé otras cosas. Tampoco sé bien cuáles.
Cuando estaba comiendo los chocolates en un patio de comidas bastante bajón me di cuenta de que me había olvidado mi corpiño (no el nuevo, el que tenía puesto desde antes) en el probador de Urban Outfitters. También me había olvidado la bufanda de la mamá de Agus que estaba usando ese día. Volví a buscar las dos cosas y estaban. No sé cómo sobrevivo en el mundo. Justo después de eso Agus tuvo su propio momento de demencia senil precoz cuando pensó que había perdido su teléfono y estaba en su cartera. Todo el episodio de buscarlo, perder la cordura y encontrarlo (la cordura volvió unos minutos después) sucedió al lado de un señor que emanaba muchísima fe:
Llegamos en horario a Japan Center. Es difícil describir o explicar este lugar: es un shopping de cosas japonesas metido en el medio de SF, con muy poco desarrollo por encima de la calle y bastante actividad subterránea. La estética del interior de Japan Center se tildó en 1980 y ahí quedó, esa es una de las razones por las cuales Fede ama ese lugar, porque no tiene LED ni nada que parezca salido de Dubai. Nos encontramos con él en una librería (de libros, no de útiles, aunque también hay una de útiles muy buena) que tenía muchísimos libros en japonés y bastantes en inglés también. Había sectores muy bizarros que según Fede eran el resultado de los japoneses interpretando a los yanquis y creando productos para ellos a través de ese filtro. Había libros de animales haciendo cosas de personas, revistas (encuadernadas del otro lado, claro) como de lolitas, revistas de autos con nombres en inglés originados en lo que creo que fue una traducción complicada.
Fede nos llevó a comer ramen a uno de los varios restaurants que hay en Japan Center y nos explicó los distintos tipos de ramen. No retuve. Como yo no puedo comer los fideos del ramen, me pidió un ramen sin ramen y una porción de arroz blanco aparte. Agus pidió uno que no era de miso que tenia cerdo, huevo, fideos finitos y no sé qué mas. Fede pidió un ramen con fideos mas gruesos, creo que no se llama ramen en ese caso sino udon o algo así. Le puse el caldo al arroz y no me gustó, básicamente porque no me gustaba el caldo pero no lo probé antes de hacerlo: estaba quemada y tenia hambre. A Agys le gustó mas mi caldo que el suyo así que le cedí mi bowl y le puso sus fideos. De postre comimos frozen yogurt y hablamos sobre el arte de vivir. Fede dijo “te podés morir por respirar demasiado” y nos reímos mucho, “si sos asmático por ejemplo”. No lo veía hace mucho y me había olvidado que lo mejor que tiene Fede es que habla de una forma muy graciosa que después de pasar un rato con él se te pega, es lindísimo. También empezó a contarnos sobre el arte del papel (escribiendo esto veo que estábamos cubriendo temas alfabéticamente: el arte de, el arte de, el arte de) pero le dio fiaca y nos dijo que lo googleemos, porque no solo se refería al arte del plegado de papel (origami) sino a todo ¿?.
Sobre los espejos
Me da paja googlear cuándo se inventaron los espejos pero creo que pueden estar en extinción por culpa de la cámara frontal de los smartphones. ¿Qué muere en la convergencia?
Sobre San Francisco
Puede que Nadim tenga razón y no sea ni un pueblo ni una ciudad. Viviría acá. Re viviría acá.
Sobre la globalización II
Fede es una de las personas que más sabe de Japón que conozco y nunca fue.
Sobre mi fobia a Internet o el problema de las pantallas touch
Me likeó una foto (una selfie de probador, específicamente) una chica que se está cogiendo a mi ex novio.
diario de viaje 05
domingo 6 de marzo (parte 2)
En enero de 2013 viajé a Nueva York con otra amiga, Gaby. Lo primero que hicimos cuando llegamos, porque teníamos que hacer tiempo hasta la hora del check-in, fue ir al Apple Store de 5th Ave. Se me había roto la pantalla del teléfono y sabía que pagando un poco más que lo que costaba el arreglo me daban uno nuevo (refurbished). Estábamos en un estado deplorable, con el pelo sucio, muchísimas horas de viaje encima porque veníamos desde Montevideo, ketchup en el puño de la camisa, ojeras, piel aceitosa, todísimo muy mal. Entramos al local y a lo lejos divisé a un empleado del local que me fascinó; le dije a Gaby “quiero salir con él”. Se rió y me acerqué al Genius Bar. Después de un ratito me atendió ÉL. Se llamaba Ronny y no sé cómo terminamos hablando de que estaba buscando departamento para mudarse porque se le acababa el contrato la semana siguiente. Yo estaba tan tonta de amor que le decía que sí a todas las preguntas relacionadas con mi dispositivo, que el backup, que el desbloqueo, que el chip, la configuración manual de no sé qué. Me dio el teléfono nuevo, me explicó algunas cosas que no escuché y se fue. La fui a buscar a Gaby y cuando nos estábamos por ir, vi que Ronny me estaba haciendo una seña con la mano para que fuera. Me acerqué y me dijo “we’re going for drinks on Thursday”. Era martes. “You, your friend, me and my friend.” Señaló a otro empleado de Apple que estaba al lado de él, Joseff. “Okay”, le dije y le di mi iPhone que todavía estaba tibio con el calor de sus manos. Agendó su teléfono y se llamó. El jueves salimos los cuatro, nos encontramos en Union Square y nos tomamos el subte a Brooklyn. Fuimos a tres bares y en dos de ellos Ronny y yo chapamos fuerte primero y fuertísimo después. A la vuelta, Joseff se fue a su casa y Gaby y yo fuimos a conocer el departamento de Ronny. Delirante. Perdón mamá si estás leyendo esto. El departamento estaba buenísimo; quedaba en la 114 y algo, en East Harlem. Nos mostró unas fotos y videos que había hecho porque la vocación real de Ronny no era resetear iPhones sino sacar fotos de moda. Las fotos estaban bastante bien, los videos eran malísimos.
Ronny y yo en el subte L de Nueva York. Enero de 2013.
Algunos días después Ronny me volvió a invitar a salir, esta vez solos. En el interín, se había mudado a un cuarto en un departamento gigante en Chinatown. Nos encontramos en un lugar de pollo frito, me mandó el link de Yelp y cuando entré estaba sentado en la barra con una campera de cuero negra. Después de que el comiera (no puedo comer pollo frito y no lo lamento para nada) fuimos caminando al Whole Foods de Union Square porque tenía que comprar un six pack de cerveza para darle a uno de sus flatmates en agradecimiento por haberlo ayudado a subir unas cosas por la escalera durante la mudanza. Yo tenía un tapado de piel. En Whole Foods. Piel. Comida orgánica. Fuimos a su casa, conocí a sus flatmates (miles), hablamos en francés y eventualmente nos atrincheramos en su cuarto a reanudar los besos de los bares. Otra vez, perdón mamá, no dejes de leer que no se pone peor. No pasó nada más porque mis amigos me estaban esperando en un bar. Me tomé un taxi y cuando llegué me dijeron “qué naba, te hubieras quedado”. Ronny no tiene Facebook ni Instagram pero hace un tiempo cruzamos unos mails. Está viviendo en Polonia con su novia polaca, Aleksandra Polatinska.
Hi, kifak, ca va?
El domingo a la noche volvimos rotas con Agus pero Marce ya tenía planeada una cena para que conociéramos a sus amigos. Nos subimos al auto de Marce con Juan Manuel (el Mexicano, uno de los dos mejores amigos de Marce, que dice –un poco en chiste un poco en serio– que es sobrino de narcos) y Fouad, un libanés que está comprometido para casarse con su novia libanesa (que está en El Líbano), Agus y Marce, y encaramos para San Francisco bajo una lluvia intensa y constante. Teníamos una reserva para comer a las 9 y antes de eso íbamos a tomar algo a la casa de otro amigo libanés de Marce, Anwar. Llegamos a un complejo de departamentos bastante fancy, cruzamos a otra torre y llegamos al departamento de Anwar y sus roommates. Nunca estuve en un departamento tan lindo en mi vida: tenía ventanales gigantes que daban a toda la ciudad, techos altos, muebles lindos, todo estaba bien. Ahí viven dos chicos (Anwar y un rubio que parecía sueco) y una chica que no estaba. Anwar también está de novio con una libanesa que también está en El Líbano, pero se ven bastante seguido y él está buscando anillos de compromiso. Están de novios hace seis meses (!). El sueco estaba en jogging, no pensaba venir a comer con nosotros. Además de ellos, había otro chico libanés que me gustó apenas lo vi. A Agus le gustó el mismo. Nos ofrecieron mil tragos distintos pero pedimos vino y nos sirvieron un vino blanco increíble. Empezamos a charlar entre todos, no sé cómo volvió a salir el tema del racismo y los Oscars. Marce dijo que le había gustado el speech de DiCaprio y le contesté que esa había sido su parte favorita “because you’re white” y rápidamente ese se convirtió en el remate universal para cualquier frase que se dijera durante la noche. – I really like Daniel Craig as James Bond. – Because you’re white. – I’m calling an Uber. – Because you’re white. etc.
El libanés que me gustó se llama Nadim, trabaja en el área de estrategia de Google en Palo Alto, vive en uno de los barrios más lindos de San Francisco (a dos cuadras de las Painted Ladies de Alamo Square) y acababa de llegar de India por trabajo. Cuando le preguntamos cómo es vivir en San Francisco dijo que es raro porque no es ni un pueblo ni una ciudad, que en las ciudades como Nueva York o Paris o Londres está claro lo que “hay que hacer” pero que en San Francisco no están tan definidos esos parámetros entonces uno tiene que armar sus propios estándares de qué hacer y cómo hacerlo y que eso implicaba todo un journey de self-knowledge. Mmmm ok. Nos terminamos las copas y fuimos al restaurant, nosotras en el auto de Marce y los hombres (Anwar, Nadim, Fouad y Juan Manuel) fueron en un Uber para poder tomar alcohol. Because they’re white(ish, también hablamos de eso porque como son de medio oriente les jode cuando tienen que tildar un casillero con una etnia. Estoy harta del tema. Because I’m white.).
El restaurant era alucinante, uno de los más cancheros que conocí en Estados Unidos y mega delicioso. Tenía un patio parcialmente cubierto con un techo altísimo y unas lucecitas muy lindas. Proyectaban películas extranjeras en la pared del fondo (por eso el nombre) y todo era fino y cool sin ser pretencioso. No voy a escribir sobre la comida porque no soy foodie y esto no es un blog de comida. Pidieron un vino exquisito que se llamaba Hobo (polémico, hicimos unos chistes medio border tipo “when in San Francisco…”). Nadim se sentó al lado mío y charlamos bastante, hacíamos los mismos chistes y nos reíamos de lo mismo. Anwar estaba sentado enfrente mío, al lado de Marce. Agus estaba sentada al lado mío del lado que no estaba Nadim. Anwar hizo un chiste sobre el ego de las mujeres argentinas. Era algo así: “en la mayoría de los países, las mujeres que se quieren suicidar se suben a sus tacos altos y se tiran desde ahí; en Argentina, se suben a su ego y se tiran desde ahí.” En fin.
Anwar, Nadim y Fouad nos dieron una clase básica de libanés (¿árabe libanés?): Hi, kifak, ca va? [jai kifak savá] significa “Hola, ¿cómo estás?”. Esto derivó en un chiste bastante pavo porque yo entendí “hikey fuck”, como una cogida en una caminata/excursión (hike) y empezamos a decir que eso sería muy time efficient y bla, todos borrachos hablando de sexo con constructos y limitaciones libanesas, mexicanas y argentinas. Hermoso.
Como Nadim estaba sentado al lado mío y mi teléfono estaba sobre la mesa y él trabaja en Google, en un momento empezamos a buscar cosas, no me acuerdo qué. Hicimos una competencia para ver quién encontraba primero al otro en Facebook (porque no sabíamos nuestros nombres, o no los habíamos entendido/retenido entre el vino, el ruido, el jetlag y la falta de familiaridad sonora– él tiró “Isabella” y yo “Nimuk”). Gané yo y la naba de Agus le mandó un friend request desde mi teléfono cuando se lo pasé para mostrarle el perfil entonces él quedó descalificado. Me mostró el frente de su edificio en Google Street View y yo el del mío en Buenos Aires. Con Marce y Agus le pedimos que nos dé un tour por la casa matriz de Google acá en Palo Alto, el jueves al mediodía vamos a almorzar ahí y nos va a pasear. Nadim y yo lo agendamos en nuestros Google Calendars. Varias veces durante la cena Nadim bostezó y Anwar me decía “Valentina, you’re not doing your job right, he’s falling asleep”. ¿? Libaneses.
Cuando nos estábamos yendo, Nadim estaba caminando adelante mío y vi que tenía los cordones de un zapato desatados (estaba muy bien vestido, relajado y fuera de manual, nada groncho) y me agaché a atárselos, porque realmente se lo veía cansado y porque yo estaba coqueteando. Volvimos a Palo Alto en el auto de Marce con Agus, Juan Manuel y Fouad. Todos estábamos borrachos menos Marce, que manejaba. Cantamos Tan Biónica (¡Marce y Juan Manuel conocían algunas canciones!) y Zoé. Juan Manuel dijo que cuando toma se le hacen ojos de regalo porque que los abra, que los abra (esto era un cantito). Me reí bastante.
Cuando llegamos a la casa, Nadim me había aceptado en Facebook (¡Agustina!) y tenía un mensaje de él:
Spoiler desde el futuro: Además del tour+almuerzo en Google, el jueves a la noche tengo una cita con él.
Sobre Facebook
La semana que viene, Joseff, el amigo de Ronny, nos va a pasear por LA.
Sobre el ROI de un MBA en Stanford
Marce, Anuar, Fouad y Juan Manuel tienen un pacto: el primero en tener un millón de dólares en el banco (after taxes), invita a todos los demás a un viaje al destino que ellos elijan.
Sobre el amor en medio oriente
Estos libaneses son súper caballeros y atentos, se la pasan llevando a sus novias/fiancés de viaje, comprándoles regalos, tienen fotos con ellas como foto de perfil en Facebook y de fondo de pantalla en el teléfono, pero ¿a cambio de qué? No sé, vi ciertas actitudes que me hacen pensar que cada uno de esos gestos tiene un valor de cambio, una conversión, una intención transaccional: como si con un anillo de oro rosa, uno de estos pibes le estuviera pidiendo a su novia “bueno, ahora no molestes por un tiempo”. No puedo explicarlo sin entrar en detalles y sin explicarlo suena prejuicioso, pero esta entrada ya es demasiado larga. Tampoco tengo claro que sea algo exclusivamente libanés o de medio oriente, puede/debe pasar en todos lados.
Sobre las versiones del sueño americano
En la cena del domingo aprendí que las consultoras en las que trabajan los egresados del programa de MBA de Stanford (McKinsey, Deloitte, etc) pagan lo mismo en cualquier estado, entonces cada uno decide dónde trabajar dependiendo de qué prioriza a la hora de evaluar la calidad de vida de un lugar. Marce decidió irse a vivir a Dallas, TX cuando termine el MBA y trabajar en McKinsey desde ahí, donde éxito significa tener una casa grande con pileta y una camioneta. Juan Manuel, en cambio, va a trabajar en Deloitte en San Francisco, porque le encanta y no le importa que sea una de las ciudades más caras del mundo para vivir.
Sobre la farándula mexicana
Morris dice que todas las bandas argentinas siempre dicen que son conocidas en México y que cuando él fue a hacer la gira de prensa del libro comprobó que les dan mucha bola a los famosos argentinos cuando van y que él se sintió exitoso porque lo invitaron a los programas más importantes de TV y radio, al prime time.
diario de viaje 04
domingo 6 de marzo (parte 1)
Dormir es imposible. Razonándolo, dormir es tan contra natura como que los aviones vuelen. Te morís por un rato y con los sueños tu cerebro se convierte en un cine para él mismo; es rarísimo. Me desperté a las 4.37 AM. Dicen que el jetlag dura un día por cada hora de diferencia horaria. 5 días. Esperemos.
Colorism
El predio de Stanford ocupa 8,180 acres, que son 33,10 kilómetros cuadrados. A las 9 fuimos las tres *en auto* a *caminar* al Dish, que es un área cerrada con caminitos y lomitas. El nombre se debe a que hay dos o tres antenas enormes (dishes), muy Area 51. Todas llevamos auriculares porque Marce tenía que escuchar 20 horas de un audiobook de 22 horas de Ben Bernanke sobre la crisis de las hipotecas. Yo escuché los últimos dos discos de Julieta Venegas, un descubrimiento tardío, y Marce –su compatriota comadre– me contó que la carrera de Julieta empezó bastante tarde para los estándares del showbiz y googleando descubrimos que tiene ¡45 años! Está espléndida, tiene una voz (en términos sonoros y narrativos) súper joven y siento que debe ser buena persona, eso no tiene nada que ver con la edad y no tengo muchos fundamentos para sostenerlo. Además, con Marce la bancamos muchísimo porque es mexicana y late bloomer y Marce siente que ella empezó tarde el MBA porque es de las más grandes de su camada. También le mostré a Marce algunas banditas argentinas de amigos míos, le coparon. Creo que Agus puso una playlist un rato, pero igual al final Agus y Marce charlaron gran parte de los 6K porque Agus hace muchas preguntas –es una de las razones por las cuales somos amigas– y sospecho que Marce no avanzó demasiado con los 1356 minutos de The Courage to Act. En la caminata vimos a varias parejas de hombres negros y mujeres asiáticas. Marce nos contó que OK Cupid hizo un estudio que reveló que esta combinación era la “least liked”, o sea que tenía menor compatibilidad, entonces se empezaron a armar grupos de Facebook y foros para que hombres negros y mujeres asiáticas se conozcan. Por estos datos amo charlar con Marce. También hablamos sobre colorism y los parámetros de belleza, #elroldelosmedios en la configuración del deseo, la atracción y las expectativas de cada género con el propio y el opuesto y la experiencia personal de una amiga de Marce que fue a un casting en el que había cuatro tiers/categorías: A, B, C, D. A era piel blanca y pelo claro, B era piel blanca y pelo oscuro, C era Beyoncé –porque tiene su propia etnia– y D era piel negra. Esta chica, Chika, es de Nigeria y es negra pero no es “negro carbón” según Marce, pero tampoco es C-Beyoncé. Después de ese casting se dio cuenta de que “she was a D”, como una mala calificación académica, y la llevó a plantearse qué cosas estaba haciendo para gustarles a otros y cumplir con ciertos cánones de belleza externos y cuáles hacía para gustarse a ella misma. Esto derivó en que Agus, Marce y yo nos preguntáramos qué cosas hacemos porque la sociedad lo sugiere/promueve/¿exige? A bit much, ok, pero se entiende el punto. En esta secuencia lógica, el siguiente tema obvio eran los Oscars. Marce solo pudo ver el discurso de agradecimiento de Leo DiCaprio, la parte que yo no vi porque me quedé dormida en el sillón del living de la casa de Pauli. Le contamos sobre el monólogo de Chris Rock y mi teoría sobre reverse racism y la aparición+chiste raro de Dionne de Clueless. A Marce le gustó lo que dijo Leo sobre climate change y le dije que me daba paja que sea tan políticamente correcto y que su Instagram sea todo sobre eso y ella me dijo que no cree que sea por corrección política y que le cree. Marce tenía que hacer un trabajo grupal pero nos prestó el auto y fuimos a unos outlets “premium” que le habían recomendado a Agus. A esta altura del partido yo debería saber que outlet premium es el oxímoron más frecuente y redituable en el occidente capitalista. Manejé yo porque me dio cosa por Marce que Agus, a quien conocía hacia 24 horas, usara su auto. Me pareció lo más respetuoso hasta que noté que me había olvidado el registro en Buenos Aires (esto fue algo especialmente idiota de mi parte teniendo en cuenta que el auto que alquilamos para ir a LA está a nombre mío). Igual manejé yo. Hice tres compras buenas: unas zapatillas, una cartera para mí y una para mi mamá (porque la amo y porque resolvió la crisis del registro casi sin hacerme sentir una inútil). Agus compró una cartera, unos anteojos y unas zapatillas del futuro. Hay muy poquito futuro en los outlets, hay que aprovechar.
En la cola para pagar las carteras una mujer me preguntó de qué color era el vestido que estaba por pagar. Le dije que era violeta y festejó. Me dijo que ella era daltónica pero que en realidad todos somos daltónicos. Estaba comprando el vestido para ponerse para la renovación de votos de su hermana, que lleva 20 años casada y esta es la primera ceremonia religiosa y militar. El vestido tenía que ser violeta y la hermana le dijo que no iba a llegar a mandárselo a hacer, entonces esta mujer vino al outlet de Saks y se compró un vestido de US$80 sin probárselo. Me dijo que prefería probárselo en su casa y venir a cambiarlo. No discutí porque aparentemente yo prefiero dejar mi registro a 10,300 kilómetros.
Sobre the 20/20 experience –no el disco de JT, la agudeza de visión
En los últimos años aprendí a identificar qué me gusta de cada uno de mis amigos, suena utilitario o frío pero es al revés, siento que puedo verlos con mayor nitidez y valorarlos más.
Sobre el departamento de Internal Affairs
Odio mi cuerpo y no porque me acompleje su apariencia –aunque sí, obvio, también– sino porque duermo cuando no hay que dormir y no duermo cuando hay que dormir.
Sobre el Oscar de Leo
Me dormí la segunda mitad de los Oscars, mis amigos me despertaron a las 2AM cuando terminaron y me dijeron que había ganado Eddie Redmayne, a quien no soporto, un poco porque me parece solemne y otro poco porque me hace acordar a Tripa de Mambrú.
Sobre salir apurada al aeropuerto
Dejé las tarjetas que no iba a necesitar durante el viaje en mi caja fuerte: registro, SUBE, Clarín 365. Mi mamá me está mandando el registro por FedEx. AR$ 954. Ojalá todos estos indicios de early-onset Alzheimer's o de un ACV inminente sean reales porque no quiero ser longeva si voy a ser pobre y estar llena de autoodio.
diario de viaje 03
sábado 5 de marzo
Palo Alto queda a 54 kilómetros de San Francisco. Llovió ⅞ del tiempo desde que llegamos, no me molesta y los locales lo necesitaban después de tres años de sequía. Cada vez que llego a Estados Unidos me sorprendo cuando redescubro que en esta sociedad todo se amplifica y/o polariza: el consumo, la religión, los estereotipos, los fanatismos, las brechas.
Mientras escribo esto, escucho una canción que dice “hell is knowing one thing and doing another”. No quiero distraerme pero esa idea merece quedar plasmada en algún lado.
Sitting ducks en el Sunshine State
Marce* –mi amiga mexicana que está haciendo un MBA en Stanford– nos pasó a buscar por la estación de tren de Palo Alto. Diluviaba, la esperamos con las valijas abajo de un techito en 101 Univesity Ave. Ella tenía resaca, yo jetlag y Agus nada porque venía de LA, que no produce nada.** Almorzamos en un lugar en el centrito de Palo Alto, volví al alcohol después de 40 días de sequía absoluta con una copa de pinot noir que no lo ameritaba. Paseamos toda la tarde bajo la lluvia, le dedicamos 40 minutos a elegir bombachas en Victoria’s Secret y, en mi caso, otros 30 minutos (en Sephora, no en VS, ¿cuántos años tengo, 14?) a decidir si cambiar de perfume o seguir con el mismo. Compramos provisiones/previsiones para el apocalipsis/la posible o eventual extensión del fenómeno El Niño en Whole Foods, donde el bien –infinidad de productos gluten free– y el mal –un fanatismo desmedido por lo orgánico– se hacen uno.
*Marce se llama Marcela Fernández. De verdad. **La única vez que fui a LA fue hace 15 años, la semana que viene podré corroborar si Agus tiene razón.
Llegamos a la casa de Marce, en la esquina de Loma Verde Ave. y Mackall Way, a las 7 y algo de la tarde. Nos habían invitado a una gala de la asociación de alumnos latinos o hispánicos del MBA, la organiza Juan, uno de los mejores amigos de Marce que también es mexicano. La casa es gigante, tiene dos pisos, cuatro cuartos y dos baños arriba, un cuarto y un baño abajo y mucha, mucha alfombra. Agus y yo dormimos en lo que originalmente fue el living; está al lado de la puerta de entrada y no tiene puerta, pero pusimos una cortinita digna de supermercado chino que da cierta privacidad y un toque latino. Acá viven cinco chicas, dos son yanquis, dos son mexicanas y una es yanquirrusa. Casi no nos cruzamos, por lo que no las tengo del todo identificadas, pero sé que una se llama Lexie, la mexicana que no es Marce se llama Mariel, creo que hay una Emily y la otra ni idea. Una está casada ¿?. Todas tienen entre 28 y 31 años y ninguna toma gaseosas, pero hay suficiente alcohol para poner una distribuidora mayorista y proveer a todos los bares del pueblo. Y es un pueblo universitario.
Marce nos contó del MBA y sobre las diferencias entre Harvard y Stanford/Boston y California. Además del factor climático –estos días fueron una excepción y, de todos modos, no comparan con los 15 grados bajo cero de Massachusetts (palabra hermosa para pronunciar y detestable para escribir)– Stanford le gana a Harvard en términos éticos: Marce nos contó que hay un grade NDA (non-disclosure agreement) entre todos los alumnos del MBA. Cuando un alumno va a una entrevista laboral no puede decir cuál es su promedio. Hacen esto para que la competencia sea más justa; en otras palabras, que dependa de los atributos personales de cada uno y no de un número. Además, gracias a esta política, los estudiantes eligen las materias que realmente les interesan o en las que sienten que todavía tienen un déficit y se preocupan por aprender, no por subir el promedio. Las empresas saben esto y pueden llegar a preguntar el promedio para testear la calidad humana del candidato, si éste responde, no tiene lo que en términos Ivy League se conoce como “buena leche”.
Marce también nos contó que hay una especie de chiste/concepto interno entre estudiantes de Stanford que es el “sitting duck”. Los que están haciendo el MBA tienen muchísimo para leer, trabajos grupales que hacer, clases para preparar, reportes, responsabilidades en asociaciones de alumnos (los hispánicos, el club de emprendedores y un millón de etcéteras que no retuve), compromisos semisociales semiprofesionales de networking, y encima hacen mucha gimnasia y van a fiestas y bares y boliches de salsa y bachata (Alberto’s, ampliaré si llegamos ir; ojalá que sí, ojalá que no). Con toda esa carga horaria y energética, cuando los ves por el campus o por el pueblo, parecen relajados y sin obligaciones. A este fenómeno lo llaman sitting duck porque los estudiantes son como los patos cuando están en el agua: en la superficie están tranquilos y quietos, y abajo del agua están moviendo las patas frenéticamente para mantenerse a flote. Creo que no lo expliqué bien, pero todo esto venía a que hay dos grupos de gente: los que hacen mucho y parece que hacen poco porque siempre están tranquilos (sitting ducks), y los que hacen poco y todo el día se están quejando de lo cargados que están. Aparentemente, en Stanford son casi todos sitting ducks, my favorite.
Después de una botella de merlot y un snack (las picadas no son orgánicas) extravagante, que fue interrumpido por una puerta que se abrió por el viento y la lluvia, decidimos no ir a la gala. Marce se dio un baño de inmersión para dar cierre a las 24 horas de resaca y Agus y yo nos fuimos a dormir a las 9:30 PM hora local.
Sobre las vidas posibles:
Creo que yo elegiría Harvard porque me encanta el frío y la nieve y no podría escuchar la palabra kale con tanta frecuencia.
Sobre la diversidad:
No me gusta ningún morrón pero el amarillo es el peor.
Sobre la posibilidad de una invasión zombi:
Aun con un plan de datos ilimitados en el teléfono, es posible no enterarse de ninguna noticia durante días. #blessed
Sobre los baches en el aprendizaje:
No tengo del todo claro qué es el fenómeno El Niño ni qué significa que algo sea orgánico.
Sobre los campeonatos de beer pong:
En este contexto es muy difícil identificar qué actividades sociales son realmente de ocio 100% y cuáles tienen una agenda de networking. Sospecho que todo se mezcla y me resulta fascinante y agotador.
diario de viaje 02
sábado 5 de marzo
Esta entrada del diegui de viaje* va a ser más corta porque estoy anotando todo en el teléfono y se me rompió el cable del cargador. Vivir al límite en el siglo 21.
*“Diegui de viaje” fue el autocorrect, que es un nuevo tipo de fallidos porque no los corregimos antes de enviar. Diegui también podría ser el nombre de mi próximo novio, si la tecnología tuviera cierto poder oracular.
Dallas Fort Worth:
En la parte de migraciones hay unas terminales de autoservicio que funcionan pero no sirven. Tenés que escanear tu pasaporte y sacarte una foto y poner los dedos y la máquina imprime una especie de boarding pass migratorio:
Los que no pueden verificar su identidad, como yo y el 85% de los que estaban en mi vuelo, tienen que hacer una segunda cola y someterse al procedimiento habitual. Me resulta adorable e inexplicable que un país como Estados Unidos, que ve terrorismo en una botella de agua, crea que puede implementar este mecanismo de seguridad.
El branding del aeropuerto no está mal, reinventaron la imagen en octubre del 2015 y el logo nuevo está bastante bien. Lo que no me convence es el eslogan, “Travel. Transformed.”. Primero porque basta de poner un punto entre dos palabras para enfatizar. Segundo porque es ultra genérico y aplicaría para cualquier aeropuerto, aerolínea, marca de valijas, portal de descuentos turísticos o marca de almohaditas inflables. Si me hubieran contratado a mí, hubiera sugerido “Dallas. Forward.”. Sí, les daría el gusto con el punto, pero creo que Forward es un buen juego de palabras con Fort Worth y es mucho más efectivo que la aliteración de “travel transformed”. Tal vez los de Fort Worth me putearían por ningunearlos pero a veces hay que correr el ego en nombre del marketing, como hicieron todos los científicos que no les pusieron su apellido a sus descubrimientos.
En el vuelo DFW-SFO (la nomenclatura aeroportuaria de los aeropuertos es un tema que me apasiona –el famoso dilema MDP-MDQ, o PDP o, en este caso, ¿por qué SFO y no SFI, por San Francisco International Airport?) me senté cerca de un joven que tenía puesto un jogging de adidas con botas tejanas azules y marrones. Estaba leyendo un libro de Nicholas Sparks y tomaba (necesito saber qué) de un termo que decía Pray Until Something Happens, PUSH.
El vuelo tenía wifi pero con un costo extra. Los snacks también tenían un costo extra, calórico y económico. Me abstuve de todo. Leí dos libros de poesía, uno me gustó mucho, el otro más o menos. Sobrevolamos las ciudades de Manteca y Modesto, ambas en el estado de California –quizás el más heterogéneo en términos de índices de masa corporal y tonalidades de bronceado. Sin ánimos ni capacidad de comparar, la verdad es que el mundo es un lugar excelente para vivir.
Antes de retirar la valija me encontré con Agus. Estábamos un poco sorprendidas porque cualquiera puede acceder a la parte del retiro de equipaje. Reitero: esto es Estados Unidos, land of the free and paranoid (perhaps with good reason, pero igual).
Tomamos un tren que se llama BART a una localidad llamada Millrae por US$4,40 cada una. Llegamos a la 1:09 PM y el Caltrain a Palo Alto salía a la 1:39 PM. Llovía bastante, con viento. Trajimos poco abrigo y poca fibra impermeable. En esa media hora marcamos muchos lugares en Google Maps y prometimos no comer hamburguesas hasta llegar a Los Ángeles el miércoles 16 de marzo. El Caltrain nos costó US$11,50 entre las dos, nadie nos pidió el ticket.
Sobre la green card:
Mi pasaporte español no sirve para nada, yo lo único que quiero es vivir en un país donde haya granola sin gluten, coca light sin cafeína y Amazon Prime.
Sobre la crisis económica mundial:
Viajé a Estados Unidos para comer yogur griego.
Sobre el consumo irónico:
Quiero comprar merchandising de Trump pero no quiero financiar su campaña. No sé si la línea es tan directa, supongo que antes estaría beneficiando a alguna fábrica china con mano de obra sub-remunerada*.
*la llamé a mi madre para preguntarle cómo se traduce underpaid y me dijo que no ponga un guión en español porque es un asco.
diario de viaje 01
viernes 4/sábado 5 de marzo
¿Adónde van los hábitos que perdemos, Mick? No creo que sigas tomando merca porque ya hubieras estirado la patita flaquita y angulosa, pero morirás usando chupines y lo respeto. De algunos vicios hay que agarrarse fuerte, nunca sabés para dónde va a disparar la abstinencia.
Estoy como drogada pero solo tomé cosas naturales que existen en formato de comprimidos o infusiones. Dejé el miorrelajante sobre la mesa del comedor (sin querer). Cerré todo, sí, no le pedí a nadie que riegue las plantas porque se murieron hace dos viajes.
Prometí atajar temas pendientes en los aeropuertos. Me comprometo a cada boludez insostenible, la verdad.
Skylink
Tenía el asiento 38G, pasillo, pero un padre (de Lorenzo y Stefano) me pidió que le cambiara de lugar. Él tenía el 39D, no pasillo. En el 39C se sentó un tipo de San Juan o San Luis, creo que San Juan. Me contó que está desempleado hace un año y medio, que lo echaron “por viejo” pero después se dio cuenta de que en realidad era porque su ex novia, que lo dejó “por gordo” después de 13 años de convivencia, se estaba cogiendo al gerente de la empresa de autopartes donde él era director de recursos humanos. El gerente es un tipo moooy complicado, de una de las 50 familias más ricas del país. Y al final ella también es complicada, parece. Ahora 39C está de novio con una novia de la infancia con la que se reencontró una semana antes de pelearse con la turra, podés creer. 25 años sin verse y viene a encontrarla en una cena en la casa de un chango que nunca te hubieras imaginado. Cada uno tiene 2 hijos, pero los hijos de 39C ya no viven con él, uno trabaja en un comercio y el otro tenía un laburazo y lo dejó para irse a trabajar como cajero en el Banco Supervielle, porque como los bancarios tienen un buen sindicato un cajero cobra alrededor de 30.000 pesos por mes. Resulta que después de cuatro meses en el banco le dijeron que en realidad estaba haciendo una suplencia que había llegado a su fin. Ahora trabaja como cajero en una financiera, que no está dentro del sindicato bancario sino dentro del de comercio, entonces está ganando 15 lucas mano. Un garrón. La madre de sus hijos dejó a 39C después de 10 años –uno de los nenes tenía 7 y el otro 4– porque hacía 9 años que estaba teniendo un affaire con el marido de su jefa. 39C está viajando a Dallas para conectar a Sacramento, donde se va a encontrar con su hermano, que está moy bien (de plata, supongo) y lo va a mimar en Las Vegas. Van a jugar mucho al póker y van a comer en buenos restaurants. Mientras yo me mudaba del 38G al 39D, 39C le estaba recomendando una cadena de restaurants que se llama Texas de Brazil a la mujer de 39D (ahora 38G), madre de Lorenzo y Stefano, obesa mórbida y fotógrafa compulsiva de sus sucesores. No confío para nada en el criterio culinario de 39C. Le dije que se porte bien en Las Vegas, que no le meta los cuernos a la novia de la infancia. Igual confío en él; además, ya la pasó bastante mal por la infidelidad y no tiene trabajo.
¿Conocés el aeropuerto de Dallas? Después de pasar las valijas por aduana vas a ver que hay un lugar donde las dejás directamente para el siguiente vuelo. Ahí apenitas después tenés una cosa que se llama Skylink, hay una escalera mecánica enorme que te lleva a un trencito que tenés que tomar para ir a la otra terminal. Es la única opción, porque las distancias son enormes. Te aviso por si nos perdemos. Espera que te muestro acá en la pantallita. Mirá, Valen, nosotros llegamos acá, a la D, yo salgo de la A, vos seguramente salgas de la A o B, ¿ves?
¿Vas a aprovechar la liquidación de invierno? Porque sabés que a media hora de San Francisco, pasando el puente, no el Golden Gate, el otro, hay unos outlets impresionantes, immmmmpresionantes. Me llevó mi hermano la última vez que vine, ahora me traje la valija vacía.
39C se llama Marcelo Fernández.
Sobre las lunas de miel
Los vuelos largos dan acné.
Sobre los sedantes naturales
Estoy intentando trazar una matriz de correlatividad moral para las vidas de mis amigos. Por ejemplo, ¿cuán vegetariano podés ser si seguís cogiendo con tu ex?
Básicamente soy una mala persona.
Sobre la globalización
Es buenísimo y bastante difícil estar lejos de lo que produce ansiedad.
Sobre enfiestarse
Cada vez que puedo, elijo viajar los viernes a la noche. Digo que es porque no había lugar otro día o era más caro, pero en realidad es porque me gusta estar en modo avión mientras todos están en distintas fiestas o cosas.
Sobre la iteración de datos móviles desactivada
Un poco esperaba tener un mensaje de llamada perdida cuando prendiera el teléfono. Todavía quedan tres horas de escala y otras tres de vuelo de cabotaje. El próximo vuelo tiene wifi, voy a estar más cerca de Dios.
mejor o más rápido
doce avenidas separan tu casa de la mía una vez que nos vimos, ni la primera ni la última, dijiste algo de las avenidas de Buenos Aires que nunca van a ser suficientes para encontrarnos tan rápido como nos gustaría
tiempo después describiste nuestra historia como un amor ancho y breve podría haber inclinado la cabeza y preguntado qué quisiste decir para arrastrarte al revisionismo podría haber estirado los segundos o haber inventado alguna distracción pero sabía la respuesta: todo lo mío y todo lo tuyo fue nuestro inmediatamente y el futuro se apoya en la paciencia
una fotomulta juntos un souvenir devaluado una virgen en tu auto un rayón en la chapa de mi lado la primera vez que sentí fuerte que nos íbamos a morir no me importó besos con lengua en pijama en la vereda sexo sin cuidado ni lugar ni horario mis libros tus libros chocolate amargo con sal marina tu familia y tus amigos más que los míos tus poemas en mi mail mis poemas en el hueco entre tus omóplatos susurrados a las 2 o 3 o 4 de la mañana y olvidados con el sol que entraba en rayas, una guillotina fotos en mi teléfono y en tu cajón– una vía rápida entre la perfección y el empacho
sobresale la nitidez de una tarde de lluvia con vos, una tormenta llamada Berta les ponemos nombre a algunas cosas que no importan demasiado afectó a siete provincias cayeron más de 150 milímetros
el fin del enamoramiento se parece a cómo me sentí cuando leí la carta de Duchamp: "Buenos Aires no existe" la ciudad que amás no existe el chico que amás no existe las calles que gastaste no existen pero el pasado es tuyo y podés quedarte ahí
el domingo al mediodía nos tocamos en tu cuarto con la persiana baja y música sin letras yo miraba el techo y vos la puerta ya pasaron demasiadas cosas como para que podamos pasarla bien sin pasarla mal
about today-the national
traducción libre:
Sobre hoy
Hoy estabas lejos Y no te pregunté por qué Qué podía decir Estaba lejos Te fuiste caminando Y simplemente te vi Qué podía decir
Cuán cerca estoy de perderte
Esta noche cerrás los ojos Y solo te veo Alejarte
Cuán cerca estoy de perderte
Hey, estás despierta Sí, estoy acá Bueno te puedo preguntar sobre hoy
Cuán cerca estoy de perderte Cuán cerca estoy de perder
angustia austral
Los del hemisferio sur sufrimos más los finales en verano: las muertes de Heath Ledger, Brittany Murphy y David Bowie nos dolieron más que al resto del mundo. Tenemos otra relación con los finales, con el aprendizaje. Nos descubrieron y no tuvimos la chance de decir “no, para, dejame ver si esto me convence, si me quiero meter en esta.” Y hay algo de eso que queda en nuestra forma de amar, de entregarnos; si somos más toquetones no lo sé, pero sé que amamos con la pasión de los salvajes y no con la burocracia del virreinato. Los australes amamos sin mapas ni estrategias ni límites establecidos. No salimos al mar a buscar nuevos mundos, escalamos montañas para ver hasta dónde llega nuestro amor. Hablamos con soltura sobre el fin del mundo porque preferimos olvidarnos de otros finales que están más cerca. En mi cama en mi cuarto en mi dos ambientes en la calle Soler en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires le digo a una amiga y también me recuerdo a mí misma: “Ninguna historia de amor no funcionó, todas funcionaron un tiempo más largo o más corto. Estoy dormida pero no se me ocurre nada que sea eterno. Quizás está bien que las cosas tengan cierta duración. Tal vez el valor de las historias de amor esté en su improbabilidad, en su capacidad de existir a pesar de todo. Si fue corto, al menos fue, cuando podría no haber sido.” Entiendo su angustia, estas cosas duelen más en verano, lo pienso de verdad. El año acaba de empezar, todo es intención y futuro; apilamos planes como libros sobre la cabeza, intentando equilibrar lo que podemos con lo que queremos hacer, lo posible con lo viable. En verano no estamos listos para despedirnos de nada, para terminar nada. En verano todo es potencia. Además, los rituales del luto son muy incómodos en verano: es difícil encerrarse, entre cortes de luz programados, desabastecimiento de series yanquis, temporada baja de delivery y temperaturas demasiado altas para dejarse aplastar por el plumón o refugiarse en algún buzo viejo de los años universitarios de nuestros padres. Se acercan los Oscars y extraño a Heath y Brittany. Soy del cono sur y extraño lo infinito. Si hubieran hecho una película juntos, al menos, podría verla ahora con el aire en 20º, mientras espero que llegue el helado.