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Un abrizo!
El Astrónomo
C/ Jerónimo Muñoz 15
960 62 33 00
Amigos del comefuerismo ¿creíais que no era posible montar un restaurante en una zona más desgraciada que Marxalenes? ¿Pensabais que no había lugar menos apetecible? El karma siempre nos sorprende poniendo a prueba los límites de la comprensión humana y SÍ, hay un lugar tanto o más asqueroso para salir, aparcar y en general hacer vida…las calles que hay enfrente de tráfico. Lo único que puede motivarte a ir a esa zona a cenar es que tengas entradas para MOON (antigua Noise, antigua Cormorán, antigua Salomé, la discoteca anteriormente conocida como Prince, ahora el símbolo) o que quieras ir a tocar la armónica junto a un bidón en llamas bajo el puente Iturbi. El caso, es que ahora hay un posible motivo para realizar el desplazamiento, y es El Astrónomo. Motivado por la recomendación del joven y sexy Carballo, y la reseña de Maripei, hicimos una incursión ninja para conocer las maravillas del lugar, en el que por cierto intentamos reservar un par de veces anteriormente y estaba lleno.
Bueno, total, que llegamos, que nos sientan al lado de la mesa-extractor que hay en la entrada y nos dan la carta, con una hojita extra de cosas que tienen ese día. Pedimos las chips de alcachofa y el cochifrito especiado, de lo de fuera, y la ensalada de pollo de lo de dentro. El tema de las alcachofas a mí es que me tiene ganado, yo viviría en un invierno perpétuo solo por tener alcachofas todo el año. Jodería a la industria hotelera y los suicidios aumentarían en masa, pero ¿qué es eso comparado con alcachofas tiernas twentyfour seven? Estaban frititas y con sal gorda ahí okey. Plato winner. El cochifrito moló un poco menos, era cochinillo frito, adobado como en plan pinchito moruno. Estaba bien pero mucha grasa mucho frito, igual el nombre debía habernos hecho suponer algo. La ensalada en cambio, era una César con la salsa casera. La salsa César de verdad lleva anchoas, mostaza, parmesano, su elaboración, sus movidas…y normalmente en los sitios lo que hacen es arrearte una salsa de bote que no ha visto anchoas ni en los capítulos de Bob Esponja, esta en cambio tenía flow. Buena ensalada.
Luego pedimos los tacos de bacalao y las croquetas caseras, porque se ve que los tacos son lo clásico que hay que pedir. El rebozado recuerda bastante al bienmesabe del Miso, es de harina y conlleva un crujientor considerable. La gracia del tema es que vienen sobre un ajoaceite de curry, a topor de amarillo, que realmente es una hostia de sabor, porque el ajoaceite y el curry por separado ya tal, pero juntos forman un Megazord que reaparecerá en tus regolders el resto de la tarde. Pero bien, está bueno. Las croquetas eran de manzana y morcilla, grandotas, caseras, irregulares, hechas a mano, como debe de ser una croqueta de buena familia. Nada que objetar.
De postre nos permitimos una carrot cake con gelatina de mandarina. Correcta, se la podrías presentar a tus padres tranquilamente y no hablaría de religión ni de política en la mesa. Por cierto, qué fuerte lo del PP de Valencia ¿eh? Dicen que Rus, aprovechando cómo le van a dejar el diámetro del culo en el trullo, lo venderá por parcelas para edificar. Lo dicen otros, no yo. Yo soy correcto. 57,10 entre tres, a 19 pavetes, 20 con propi. Yo volveré a probar un par de cosas que se me quedaron pendientes, hay que otorgarle un okey de zona desgraciada y animaros a que reservéis antes de ir a lo loco. Goza de amplio aparcamiento.
Caravan Bar
C/ Cádiz 55
963 20 14 33
Tal vez hayáis reparado en un sitio nuevo que han abierto al lado del Microteatre en la calle Cádiz. Yo sí, y como tienen la carta colgada junto a la puerta y me llamaron la atención un par de cosas, fuimos de visita la semana pasada. Creo que el sitio podría resumirse como una especie de bocatería con mucho toque americano, bocatas country tal vez. Por lo visto los dueños son los mismos que los de Sa Fonda, y como ya habían dominado Cánovas, han prolongado hacia Ruzafa. Por dentro, pues madera, ladrillo visto, botellas iluminadas en la barra, todo muy acogedor. Total, que la oferta es interesante, os comento un poquito. La carta tiene entrantes y ensaladas, bocatas y luego alguna movida suelta por ahí. En los entrantes es donde más se nota el rollo Arizona, pedimos las alitas de pollo, la ensalada César y el Japón Ibérico. Evidentemente el nombre está puesto para llamar la atención. ¿Qué es el Japón ibérico?, os preguntaréis ávidos de saber... Pues es la bastardada mas calórica que me he comido últimamente, la sirven con desfibrilador.
Son una especie de rulos de carne (en la carta pone ternera pero parece algún tipo de salchicha) rellenos de queso y envueltos en bacon. La única posibilidad de que tuviera más grasa, hubiera sido rebozarlo y echarle Lacasitos. La gracia está en que parecen makis de sushi, de ahí el nombre. La ración son diez. Por cierto, si a pesar de todo os lo pedís, y luego alguien os dice "has cogido kilitos últimamente, ¿eh?" siempre podéis contestar "es que me estoy preparando un papel, me han cogido en una película donde interpreto a tu puta madre" y suele ser bastante efectivo. De nada. Bueno, las alitas son relativamente normales, vienen con una salsa de mostaza y una un poco más picante pero que ya tal. La ensalada en cambio sí que me sorprendió, le han dado una vuelta. No es la clásica ensalada, sino que son unas hojas de lechuga gigantes por un lado, una pechuga cortada en rodajas por otro, bolitas de mozzarella y un bizcocho de parmesano, que no es que sepa mucho a parmesano, pero bueno, está ahí y es original. Por encima chorrete de salsa y crispi de cebolla…ye nano, y a funcionar. Te la sirven en una tabla por aquello del rusticismo, y mira, me ha conquistado.
Bueno, los bocatas tampoco son los típicos, pedimos uno de atún que se llama Beach Boys, y el hit del lugar, que se llama Cerdos Salvajes. El de atún se me ligó enseguida también, atún rojo con soja, lechuga de mar frita, tomate y mayonesa de wasabi, ¿qué puede fallar ahí? Está bastante okey, igual mucho pan y poco atún , pero eso ya cada uno. El de cerdo lleva costilla desmigada, patatas, pepinillo y salsa barbacoa. ¿Veis un poquito el rollo este de banjo en el porche del que os hablaba? La verdad es que para haber abierto hace menos de un mes el sitio estaba petado. También es que la ubicación es la hostia, pero si encima lo combinas con una carta un poquito así que tal, pues ya dominas Greyskull. Espera, que los postres también son de operación bikini. Nos pedimos un Hommer (incorrectamente escrito con dos m) que es un donut a la plancha, relleno de chocolate. Bueno, en dos palabras a-cojonante, y como es a la plancha es sano. Ya os imagináis a que sabe eso, todos habéis probados los donuts y el helado, realmente si nadie se había atrevido a mezclarlo hasta ahora es un poco porque nadie había tenido las pelotas, porque es una barbaridad, pero mira, un pionero.
Bueno, con cervezas y vino y tal, salimos a 58,50€, a casi 20 porque éramos tres. Yo os diría que si vais, reservéis, y que vayáis si os mola el rollete Hollywood pero buscáis una alternativa menos trillada. Yo diría que es un okey con banjo y mecedora, pero para ir de tanto en tanto por el bien de tu nutricionista. Goza de amplio aparcamiento.
La Tastaolletes
C/ Salvador Giner, 6
963 92 18 62
Oye, creo que nunca he hecho una incursión en el mundo vegetariano, ¿verdad? Hay varios sitios a los que les tengo echado el ojo, de momento hoy os hablo de La Tastaolletes. Está en la plaza de Na Jordana, es un local pequeño, como en L, pero la terraza de fuera es muy molante en verano. Hacía mucho que no me pasaba por allí, y lo primero que me llamó la atención es que las paredes estaban vacías, y la decoración se reducía a un cuadro de una especie de Buda con muchos colores. Echamos un vistazo a la carta y pedimos tres platos principales y dos entradas, en este caso el surtido de patés y las fajitas vegetarianas. Breve inciso, me llama la atención que en todos los vegetarianos suele haber imitaciones de platos de carne en plan, sobrasada vegana, morcilla de algas o perrito caliente vegano, mientras que en un asador jamás verás a un solomillo haciéndose pasar por una menestra. El solomillo es honrado, sé como el solomillo. Fin del inciso.
Bien, los patés eran de remolacha, un hummus y uno de tomate seco, los sirven con pan integral tostado. Bastante bien, para mí, ganaba el de tomate. Mucho más interesantes fueron las fajitas, que eran de soja texturizada, con una salsa de tomate picante al lado. La soja texturizada parece carne picada a tope, aunque realmente no sabe a mucho, sabe a la salsa que le pongas (igual que el tofu, que es corcho de embalar). En este caso la habían salteado con pimientos, cebolla y tomate para hacer la clásica fajita. Segundo inciso. En alguna parte debe haber un laboratorio oculto de supercientíficos veganos intentando descubirir mierdas que puedan pasar por carne. Ya sabes, en plan…mira Klaus, si liofilizo estos tréboles y los mezclo con lentejas, puede pasar por pollo verde, llama al general. Si toda esa energía se usara para el bien… Los platos principales eran una musaka, una ensalada de arroz y una lasaña. De menos a más, la ensalada estaba aliñada con leche de coco, y llevaba piña, aguacate, pasas y un poco de arroz salvaje frito, que cuando lo pillabas daba un sabor tostado muy guay. Bien, pero un poco falta de punch para mi gusto, aunque lo del arroz salvaje es guay. La lasaña pues bueno, calabacín, zanahoria, calabaza, brócoli, pipas, todo ello enlasañado y con curry. En este caso el plato en general me pegaba en dulce, por la calabaza y la zanahoria, supongo. El gratinado de arriba no era queso, pero tampoco se echaba en falta, en la carta ponía que era bechamel vegana de leche de soja.
Otra cosa que os comento es que algunos platos vienen con unos spaghetti de calabacín crudo y zanahoria al lado como acompañamiento. Eso es bien, lo que no es bien son los brotes de soja, que toda la vida me han sabido a culo con césped. Muerte lenta a los brotes de soja. La musaka está del roller. En este caso sí que la hacen con queso, y queso feta, para más inri. Por si hay alguien de la LOGSE, la musaka es un plato griego, parecido a la lasaña pero con berenjena en vez de pasta. En este caso volvemos a encontrarnos con nuestra vieja colega la soja texturizada. Reconozco que en este plato no se echa en falta para nada la carne, cierto es también que creo que cuesta once o doce pavos y la ración es un cuadradito. Mmm, cuidado con eso Tastaolletes.
Bueno, de postre íbamos a pedir unos bombones de mojito y coco, pero tenían la sala llena y solo había una chica trabajando. La pobre estaba más estresada que un camaleón en Desigual, así que nos fuimos sin pedir nada. 52,70€ entre tres, a 17,60, con agua y una copa de vino. Bien, no es aquello que digas barato barato, pero entiendo que los científicos secretos tengan que subvencionarse en alguna parte. La verdad es que está bueno, y es una opción diferente para de vez en cuando. Okey texturizado. Goza de amplio aparcamiento.
latastaolletes.com
La Malaquita
C/ Turia 52
963 26 25 47
Ayer hubo incursión en la zona del botánico. Justo girando la esquina de La Greta, tenemos otro lugar visitable con una terraza simpática, La Malaquita. Yo llegué un poco antes que mis colegas para esconder una pistola en el baño (cosa que aprendí en El Padrino y que suele ser útil), y cuando la camarera me vio esperando en la mesa, muy majamente me sacó una tapichuela. Pinchito de crujiente de verdura con chili dulce, un detalle. La carta es variadita, a nosotros nos llamó la atención el hummus con carne picada macerada, la ensalada de pollo con aguacate y el crujiente de boletus con ricotta.
La ración de hummus es muy top, es un plato llano largo con el montoncito de carne en el centro, pan y grisines. No sé con qué maceran la carne, pero vaya, un puntito árabe lo tiene, imagino que comino, aceite y especias. El hummus muy suave y con textura goteante, sucando sucando llegamos a los crujientes.Son como rollitos de primavera de pasta brick, con los boletus y la ricotta por dentro. Vienen dos, con cebolla caramelizada y algo tipo mermelada de tomate. De tamaño bien también, un poco más grandes que el móvil Samsung de mierda que me quemó la batería el otro día. Sin rencor. La ensalada me moló más, aparte de ser bastante tocha, las lechugas y el verdor en general no eran de bolsa, lo que es un bien escaso y a destacar en los restaurantes de hoy. El pollo era rebozado, y había trozos de fresa dando color y sabor. En la vinagreta había un flow chulo de mostaza. Esa ensalada tiene alegría, podría haber tenido un pitufo de vacaciones dentro perfectamente. Por cierto, recuerdo que ya había estado en este sitio otra vez. Hace unos meses deambulábamos por la calle Turia y entramos a ver qué tal. En aquella ocasión pedimos una especie de ensalada carpacciosa de calabacín y me suena que se quedó la mitad porque la cantidad era absurda. Eso sí, 9 pavos, que con 9 pavos te puedes comprar calabacines como para recrear la toma del abismo de Helm.
Bueno, eso es el pasado, no nos entra hoy. También había abundante croquetaje en la carta, aunque nos avisaron que las de brócoli se les habían acabado, así que trajeron unas de cocido y unas de algas y gambas. Las de algas eran raras, es un sabor que no te esperas, tienen mar, pero de repente te llega un flush de naranja que no sabes de dónde sale. Había un gurruñito de ajoaceite al lado, que tenía pinta de ser de estos veganos, y era dulce, tal vez con miel o algo así. Las de cocido, bien, sabrosonas, croquetásticas. En cuanto al postre, intentamos zumbarnos una mousse de chocolate blanco con frambuesa, pero tampoco tenían, así que nos decantamos por el coulant. Como dato os aporto que anoche vino una chica alérgica al chocolate, y desde aquí quiero animaros a que tratéis a vuestros colegas con esa dolencia como si fueran personas. He iniciado un change.org para que se les otorgue la plaza de aparcamiento para minusválidos a los que no pueden probar el chocolate. Juntos haremos de este un mundo mejor. Bien, el coulant muy bueno. El centro líquido, que es otra cosa que no suele abundar, que últimamente me los sacan todos cuajados por ahí. Y una bola de helado de vainilla tan grande como el brownie en sí. La presentación igual podían haberla hecho un pelín más tal, pero vale, no es TAN importante.
Habíamos pedido también la lasaña de verduras con bechamel de leche de coco, pero nos vimos incapaces de comérnosla y la anulamos tras la ensalada. En general buen sabor de boca, raciones abundantes, sitio acogedor, camarera agradable, todo ello es sin duda un okey, aunque tal vez le falta un ayva, algún plato estrella, algo original, no sé... . De todas formas un buen okey moderado.
50,70 pavetes, a 17 por persona.
Goza de amplio aparcamiento.
Goya Galley Restaurant
C/ Borriana 3
963 04 18 35
He de confesaros que si no me lo hubieran recomendado dos personas distintas, de criterio fiable, jamás habría entrado en el Goya. Aparentemente es un restaurante que se sale de lo fino, es el clásico restaurante en el que le piden matrimonio a una de las de Sexo en Nueva York, y además está en Antiguo Reino (Avenida José Antonio para mi abuela). Te asomas por la ventana y solo ves mantelazos, candelabros, y cosas caras que tendrás que pagar si rompes, con lo que de entrada tira para atrás. Además, le han puesto el cachondo nombre de Galley Restaurant, que entiendo que será porque exponen cuadros. Podía ser peor, podía ser “Gastrogallery”. Poner "gastro" delante de cualquier mierda empieza a ser el nuevo poner "arte" detrás del nombre de tu tienda. Bueno, total, que entramos y muy fino todo, muy a tope. El camarero nos explica lo que tienen fuera de carta, y mientras colocamos las almidonadas servilletas sobre nuestras rodillas, echamos un vistazo a la carta.
Decidimos pedir la alcachofa confitada, la sepia con mahonesa y unas albóndigas de bacalao. Empezamos con unas cervezas, y al momento, aparecen las alcachofas. Una por plato, confitadas en aceite y con una salsa al lado de tomate natural y jamón, con ajito. Muy tiernas, muy ricas, tal vez con ese puntito al fondo de limón que a mí me da mucho por saco, pero en general muy buenas. Chicos, he oído que si metes las alcachofas en agua con perejil, funciona igual para que no se hagan negras y no queda sabor. Ahí lo dejo. La sepia con mahonesa estaba también bien, pero era sepia con mahonesa, tampoco me descubrió ninguna galaxia de sabores desconocidos. Las albóndigas sin embargo sí que me llamaron la atención. Además, el outsider de la mesa se pidió una croqueta de pularda y la trajeron como en un mini corral con pan rayado en la base en plan serrín, muy currado y muy efectivo, me molan esos detalles. Las albóndigas muy generosas de tamaño y realmente buenas. Muy okey.Después de la alcachofa, nos cambiaron a todos los platos y los cubiertos. En ese momento deseché la idea de ir al baño por miedo a que apareciera un camarero con guantes de látex para sacudirme las últimas gotitas. Uno nunca sabe dónde acaba la cortesía en estos lugares. Fabulouse.
Luego pedimos el homenaje al bocata del Goya y los canelones. ¿Qué lleva a un bar a homenajearse a sí mismo? Tienes que tener claro que eres muy guay para autohomenajearte en tu carta, es como darte like a una foto tuya del Face. Por lo visto el Goya era un bar de los de toda la vida, que hacía un bocata (parece ser que una brascada) como muy mítico, y ahora que han reformado y lo han hecho cuqui, pues quieren mantener un poco eso, pero encajándolo con la carta. Hablamos de una mini pataqueta con jamón, cebollita y roast beef. Os comento que el sitio tiene un montón de cosas en raciones pequeñas o individuales, lo que lo hace muy chachi para poder probar un montón de platos diferentes en una sola comida. Bien por Goya.
El canelón me pareció el plato estrella, es de pollo y lo sirven con una salsa muy espesa de boletus y unos brotecitos por encima. Cunde bastante, es tamaño flautón y para dos ya va bien. El relleno tiene bastante carne y poca bechamel, como molan los canelones.De postre probamos la tarta de queso. Muy buena pero para mi gusto demiasiado dulce, no obstante, otro de los comensales se la comió como si llevara un mes en la isla de los famosos a base de escalopes de arena con palos.
Las presentaciones muy cuidadas todas. El sitio es un point, aunque tal vez demasiado fino en apariencia, se puede cenar a un precio asequible, o pagando más que la hostia, según te apetezca, rollo Casa Montaña. Eso sí, no iría a cenar con unos colegas en plan despedida, iría más bien con alguien que se llamara Cayetana, Piluca, o cualquiera de esas personas horribles que siguen llamándose con su mote de cuando eran pequeños. Ah, cobran el pan, atentos a eso. 75,10 entre 4, a 19 euretes por cabeza.
Mola más de lo que parece. Okey con monóculo.
Goza de amplio aparcamiento.
Taplà
Avenida de la Constitución, 26
962 05 46 44
Buah, dura tarea la de comentaros acerca del Taplá. Lo encontré buscando okeyor por Tripadvisor, esto que miras sitios que tengan muchos excelentes y pocos repugnantes. La web parecía correcta, las reseñas parecían correctas…quizás lo único la zona, que es la parte de Avenida Constitución que está en la Zaidia, por el parque de Marxalenes, zona desgraciada donde las haya. Esa zona realmente está ahí para que la gente que iba a aparcar en La Fe antigua pudiera dar vueltas, pero ahora ya no tiene un propósito real. Creo que van a arrasarla para hacer un Starbucks gigante. Bueno, a lo que voy.
Entramos al sitio y algo me chirría…es un bar. Parece más un bar que un restaurante, no sé exactamente lo que és. Quizá el azulejo del suelo, o la barra nada más entrar…hay algo que lo bariza a topor y no sabría describir. El camarero es agradable, nos trae la carta, que es tipo librito (bastante extensa) y le echamos un vistazo. Segundo descoloque, en la carta hay un mix extraño, hay cosas como bravas, morro y sepia, pero de repente surge un tartar de aguacate con sardina ahumada, y es un poco... ¿en qué quedamos, Taplá? También hay una sección con sartenes bastante curiosas, por ejemplo con alcachofas, o con parmesano. Nosotros fuimos por ahí, pedimos el tartar, un foie con mermelada y una sartén con huevo, pesto, patata, un variado de setas y parmesano. Vale, pues vamos de menos a más.
El foie correcto, pero común, con la parte de arriba caramelizada en plan soplete, una mermelada de algún fruto rojo y pan de pasas. Ok, sin incidentes reseñables. Llega el tartar, con el aguacate en la base, una capa de mermelada (creo que de fresa, excesiva para mi gusto) y trocitos de sardina ahumada por encima. Es una combinación extraña pero de alguna manera funciona. A tope con eso. Terminamos esta primera ronda con la sartén. Muy gansa, la patata en dados, y como muy tierna. Variedad de setas, el pesto en un chorrito por encima, y el parmesano en virutas. Combinación realmente funky una vez mezclada. Todo okey, pero veréis que he sobrevolado los entrantes con aparente desdén ¿que está pasando? Pues que ahora viene cuando la matan. Las hamburguesas. Me cago en mi vida.
Hay una página de la carta dedicada sólo a hamburguesas, muy mimadas, podéis elegir entre varios panes, varios tipos de carne, y los ingredientes tampoco son los clásicos. El camarero se acerca y nos dice que ayer tuvieron tralla y que sólo les quedan dos tipos de pan, el multisemillas y el de pasas. Tras echar un vistazo a la carta, pedimos dos americanas, una italiana y una mediterránea. Preguntamos por el tamaño, y nos comentan que no son grandes pero son contundentes, porque el pan es de masa madre y es de los que cae haciendo pum. Pues vale, vamos a probar. Llegan, bastante bien presentadas, con unas pataticas al lado, y una pintadita de salsa en el plato; una vez cerradas cuestan de morder por el tamaño. Bien, os diré algo, mi hamburguesa se folla por el culo sin piedad a cualquier hamburguesa gourmet de Cánovas, Ruzafa o el Carmen. Se la folla por el culo y luego le apaga un cigarro en el pecho y no la vuelve a llamar. Sabéis que yo no soy el fan definitivo de las hamburguesas "gourmet", de hecho la más interesante que había probado hasta la fecha era la del Munn, pero esta, con su honrado y consecuente precio de 8,70€ (todas valen lo mismo) se pone ahora mismo para mí en cabeza de todas las hamburguesas ever. La americana lleva lechugas, tomate, doble de queso cheddar, bacon y un crispi de cebolla crujiente. Las pedimos con carne de Black Angus U.S.A. (ou yea madafaka) y pan de semillas. La italiana lleva rúcula, mozarella frita con pesto, parmesano, gorgonzola y berenjena; y la Mediterránea, tomate, queso de cabra, champiñón y cebolla. Brutales. Mucho. Se hizo ese tipo de silencio que se hace cuando estás comiendo y pasas de la gente que tienes en la mesa, que denota que algo está molando. Por cierto, tienen carne de buey del valle de Esla, si al probarlo notáis que por lo que sea el buey se ha salido del valle, y no es del mismo valle sino que es de les rodalíes, podéis reclamar.
Finalmente de postre pedimos una tarta de queso y limón y ahí pinchamos un poco, porque era de pastelería, de las que llevas a casa de tu tía/suegra cuiando hay que llevar postre por compromiso. Digamos que una base como de cheesecake, con una lámina como de gelatina de limón por encima y unos hilos de nutella líquida en plan decorativo. La combinación nata-queso-limón-chocolate-frutos rojos es un poco demasiado complicada y le hicimos el vacío al postre que flipas, pero no importa porque cualquier cosa que hubiera venido tras la hamburguesa nos hubiera dado igual. En resumen, id a comeros una puta hamburguesa ya. En un mundo donde te cobran 12 pavos por una hamburguesa con queso que no llena el pan (y no miro a nadie, Onion) se agradece que de vez en cuando salga un defensor de las cosas coherentes. 72,85€ entre 4, a 18,20. A tope de Okey. Goza de amplio aparcamiento.
Casa di Sophia
Plaza Joan de Vila-rasa, 8
963 11 34 12
Nanos, hoy os voy a descubrir un pedazo de okey que os va a dejar el culo torcido. ¿Sabéis esa zona detrás del mercado central, al final de la avenida del oeste, que es como un flashmob constante de putas, yonkis y gorrillas? Bueno, pues en medio de ese musical politoxicómano, justo al lado de donde mi colega David perdió la virginidad, tenemos La Casa di Sophia. Nada más entrar, te llama la atención la decoración, que tiene unos colores imposibles pero que de alguna manera son guays. Todo es turquesa y de un naranja salmón fuerte, con estampado de flores por las parades, muy canalla para tu casa pero funcional para un restaurante. La carta tiene entrantes, unas pastas, DOS tipos de pizza, carnes y pescados. No llega a ser un restaurante italiano, pero digamos que tiene toquecitos. Para empezar, pedimos el sashimi de salmón, las alitas de pollo, y aconsejados por la camarera, las patatas.
Bueno, primer apunte, la camarera es la Messi de lo agradable, en serio, es absurdo. Es como si unos científicos locos hubieran retocado genomas para crear una camarera super maja de laboratorio y la hubieran dejado ahí. Luego retomamos. El sashimi muy bueno, mérito en gran parte del salmón, también es cierto. Venía con salsa de soja, unas bolitas de algo rollo mayonesa y láminas de espárragos trigueros. En la carta pone "caviar de chía y ensalada de espárragos", y bueno, ya te digo yo que están siendo generosos con los nombres, eran putas láminas de espárrago, pero eh, a tope con eso. Sashimi okey. Las patatas se llaman "Delicia de patatas con romesco, ajo y aceite", y no son bravas, pero es como si hubieran opositado a bravas. Patatas pequeñas fritas con piel, y algún tipo de rebozado crujiente mágico que hace que recuerden a las patatas deluxe del Mc Donalds, pero en casero, claro. Llevan romescu y ajoaceite, la ración es generosa y nos las jodimos con ansia. Dos okeys ya. Las alitas de pollo vienen "con mojo italiano", lo que aparentemente parece ser una especie de nata densa, o queso philadelphia o alguna movida así, con cilantro. Lleva unas gotas de salsa picante aparte y aros de cebolla (sin rebozar) por encima. Además están como maceradas en algo, estamos hablando de un tercer okey en ristra, amigos. El tema se pone interesante.
Primer break. Hubo un momento de democracia tensa porque dudábamos si pedir los espárragos y la ensalada de quinoa o el pulpo, que valía casi 15 pavos. El pulpo prometía estabilidad y mejoras en nuestro ácido úrico, mientras que los espárragos y la ensalada alegaban variedad y renegociar la deuda con Europa. Finalmente por referendum pedimos el pulpo y los espárragos, más una pizza vegetal. Segundo break. ¿Qué lleva a un restaurante a tener solo dos tipos de pizza? Normalmente cuestan poco de hacer y dan beneficio, es muy raro ofrecer solo dos distintas. Pensamos que el único motivo posible es que eran tan la hostia que sería injusto para el resto de pizzas del mundo preparar más, así que la pedimos. Y ojo, que esto fue un poco el bluff de la noche. Para ser justos la pizza estaba muy buena, llevaba berenjena, tomate, rúcula...la clase de mierdas que suele llevar una pizza vegetal, y la masa era casera, ¿qué podía fallar? Pues falló que todo lo demás estaba mucho más bueno. Creo que hemos comentado alguna vez el efecto "el rubio de Cruz y Raya", que es cuando algo no es malo, pero lo que tiene al lado es obviamente mucho mejor y desmerece. También es conocido como efecto Garfunkel. Pero no termina aquí el tema, quedan el pulpo y los espárragos. El pulpo (que hizo contraer mi ojete desde el primer momento por el precio) resultó estar acojonante. Unos trozos de pulpo bastante gruesos sobre patata machacada con pimentón y con puré de patata por encima.
Los espárragos, están bien pero eran un poco de todo lo que habíamos probado ya en el resto de los platos, el romescu, la cebolla...eso sí, había unos pegotes inexplicables de tinta de los que te dejan los piños negros un buen rato. Bueno, el caso es que llegamos al final de la cena con un nivel de okeyor más que considerable. La camarera se acerca y nos comenta que de postre tienen esto, lo otro, una carrot cake que nos va a cambiar la vida y una sopa de chocolate blanco que va a hacer que nos caguemos por aspersión. Ante tal afirmación, nos pedimos ambas y oye, triunfazo. La carrot cake estaba hecha con cacao, con un almibar de canela y vainilla y una nata densa por encima. Es como una especie de fusión entre un brownie y una carrot cake, es un brownarrot, jugosón y delicioso. En cuanto a la sopa de chocolate blanco, me recordó en cierto modo a la de la Tasqueta, llevaba trozos de fruta cítrica por encima, menta y un crumble por el fondo, que la convertía en una rave psicodélica de sabores y texturas. Nano, pues todo eso, unos chupitos a los que nos invitó la Braveheart de las camareras, el vino, la cerveza y demás...92,90€, ponle 93 pa' no discutir. Salimos a menos de 19 pavetes, y todos coincidimos en que el sitio merecía un okey, pero no uno cualquiera, una supernova de okey que destruye cualquier forma de vida conocida en un radio de tres galaxias. Xics, a nosotros nos gustó mucho, echadle un ojo a ver, porque por esa zona, todo lo demás es mierda.
Goza de amplio aparcamiento.
LaTòfona
Conde Altea 9
960 03 28 31
Nos pasó una cosa curiosa con La Tòfona, hace unos días. Intentamos ir y mi colega llamó para reservar a mediodía. -Aló? -Hola, quería reservar para tres esta noche ¿estáis abiertos? -Bueno, en principio sí, pero depende de las reservas. -Ah…¿entonces? - Pues que depende de las reservas que hayan, abrimos o no. -Bueno…pues una mesa para tres. -Perfecto. A las nueve nos pasamos y aquello estaba más cerrado que el acento de un vasco de chiste. Juré venganza, rasgué mis vestiduras golpeando el suelo bajo la lluvia frente a aquella persiana bajada, que simbolizaba el fracaso. Pensé en ponerles a caldo a la menor oportunidad, pero amigos, al final soy como el padre árbitro que le pita penalty a su hijo porque es lo correcto. No puedo ponerles a caldo.
El sitio es fino, es Cánovas, muy blanco y negro, vinos y botellas de orujo a la vista tras la barra, relojes por la pared, todo correcto. La marca del sitio parecen ser una barba y un gorro de chef, que obviamente representan al dueño, al que se puede ver en cocina al fondo. Nos sentamos y la camarera nos trae la carta, un trípitico que se divide en cosas tradicionales, cosas vanguardistas, arroces, carnes y pescados y postres. No está mal, lo vanguardista nos llama la atención, pero como los precios están un poco ahí en equilibrio sobre la cima, pedimos unos buñuelos de carbón y bacalao, la sepia con mahonesa acidulada y crujiente habanero y el coulant de pimiento rojo y bacalao. Voy a intentar contároslo.
Los buñuelos de bacalao están de puta madre, llevan pimentón, lo que les dá un toquecito ahumado, y por fuera parecen piedras de carbón, negras como las pelotas de Steve Urkel. Patata, bacalao, ya sabes, lo necesario. La mahonesa acidulada no tengo ni puta idea de lo que es. Googleando sugieren que se trata de añadir un ácido a algo, en otra página sugieren que se consigue añadiendo agua y vinagre a la mahonesa, el caso es que a mi me supo a mahonesa normal. Es sepia con mahonesa, cortada a daditos pequeños, a los que han dado forma con un molde redondo. Por la parte de arriba hay como trocitos churruscos como de rebozado de buñuelo, que es el crujiente habanero. En cuanto al coulant de pimiento, el centro estaba cuajado (y no debería), pero seguía siendo curioso, era como una especie de bizcochito de pimiento rojo, junto a un trocito de bacalao confitado, y con unos brotes por encima. Esto no me cambió la vida, nos dio un poco igual y se quedó un trocito en el plato. La camarera se equivocó y nos dejó unas croquetas de escorpa y jengibre, a las que luego nos invitaron. La escorpa es cabracho, es un pescadete blanco, feo como la madre que lo parió. Las croquetas eran grandotas y redondas, sabor suavecito, bien. Molan las croquetas de cosas poco habituales. En plan más fuerte, pedimos la hamburguesa y las patatas guisadas con guijuelo y huevo en flor.
Realmente me imaginaba unas lonchacas de jamón encima de las patatas, y un potente aroma a trufa, pero la realidad son unas patatas guisadas con un huevo poché encima. La trufa y el jamón van como en sal, o en polvo, o en protones sobre las patatas, dejando un aroma ahí al fondo. En cuanto a la hamburguesa, os diré que el pan me gustó, y la carne no estaba mal, pero no le vi demasiada gracia. Tenía cebolla, tomate y una salsa blanca tipo mahonesa, pero no me dijo nada. En fin, yo que sé, la comida no está mal, tiene puntitos originales, nos invitaron a chupitos y a las croquetas esas, no puedo negarles el okey porque no sería justo, cumplen con todo. También es cierto que ninguno de los platos me voló la cabeza, tal vez lo mejor los buñuelos de bacalao. 56,20 entre 3, salimos a 18,8€ Se ve que a mediodía tienen una oferta guay de menú y de arroces. Para mí de momento, un okey moderado. Goza de amplio aparcamiento.
Sesame
Carrer d'En Bou, 10
963 91 30 62
Chavalotes, el cenafuerismo no descansa ni en fiestas, y quería compartir con vosotros el último sitio que he descubierto este año. Ah, por cierto, breve spoiler: anoche intentamos ir a otro sitio en el que nos trolearon bastante con la reserva. No voy a contar nada de momento porque me lo reservo para la entrada, pero nos han dejado tirados tras aparcar en Cánovas dos veces. Aquí solemos regar nuestros campos con la sangre de nuestros enemigos y las lágrimas de sus mujeres, así que preparaos a sentir las espadas al rojo de nuestra venganza. Eso o no habrá propina.
Bien, Sesame.
Sesame es un sitio muy chulo, cerca del mercado de Tapinería. Ya hemos comentado en otras ocasiones que Tapinería es el mayor bluff de la historia de Valencia (junto al mercado de Campanar), y a nivel global solo me atrevería a compararlo con el LaserDisc o la edición de OT que presentó Pilar Rubio. Dentro está decorado con bolitas de luz de colores, pósters y lámparas y una mesa central sobre la que hay unas cucharas colgando. Me pareció muy acogedor y muy chachi.
La carta es un folio plastificado, pero los platos son poco comunes y tienen su touch. Nos pedimos, ojo, un roast beef al sichuan con vinagreta de setas, tomate seco y tomillo, y unas sardinas a la chermoula. Tócate los cojones, dos platos y dos ingredientes con nombre de Pokemon. El roast beef estaba bueno, pero algo seco. Sirven 6 lonchitas con el clásico parmesano, y la vinagreta por encima. La ración vale 7,50...igual un pavo y pico la lonchita es excesivo, pero va, tira. ¿Conocíais la chermoula? es un marinado de especias árabe muy clásico para los pescados. El plato consiste en dos sardinas abiertas fritas, con el saborcito ese raro étnico, y unos daditos de tomate con cebolla y ajete. Ya te digo, muy curioso, un sabor distinto. Se ve que tiran mucho por ahí, en plan Ceuta para abajo, porque el segundo round fueron unas mini pitas vegetales y un tajín de pollo.
Las mini pitas van rellenas de falafel (croqueta de garbanzos, para los no iniciados) calentito, hierbabuena, espinacas, remolacha y una salsa de yogur. Sabor de nuevo muy interesante. El tajín, también muy rico, viene con sus pasas, sus ciruelas y su comino y tal, pero resulta escaso, porque son dos musletes de pollo, pero de pollo de los que solo hacen parte de arriba en el gym. ¿Sabes cuando Ana Obregón hace el posado ese de mierda de todos los veranos y le ves las piernas y te da lástima? Pues es eso pero en pollo. Rematamos con un teriyaki de salmón, venía caramelizado por arriba, y sobre un montoncito de arroz con verduras al wok. Estaba bueno, pero lamentablemente se les pasó el punto y estaba demasiado hecho, casi seco. El toquecito del caramelizado por encima es muy guay, y el arroz funcionando, con su pimiento verde y su calabacín (uno de mis compañeros esa noche, el lisensiado Miranda, creyó percibir piparras en algún momento, pero se desdijo).
No pedimos postre, pero nos comentaron que eran caseros, y que tenían brownie, tarta de queso y tarta de manzana. El cuatro cuatro dos.Bueno, el sitio muy chulo, el camarero muy amable, la carta muy variadita, solo que algunas raciones, pelín cortas. Con sus vinetes y sus cervezas y sus cestitas de pan, fueron 55€, a 18,3.
Un okey bueno, tampoco pa' tirar cohetes pero bien, holgadito.
Nos vemos en 2016, truhanes. Goza de amplio aparcamiento.
Bajo Flores
C/ Reverendo Rafael Tramoyeres, 5
963 369 918
Muchachos, ¿conocéis el quiz musical que hacen cada dos miércoles en La Gramola? Pues ganar da mucha hambre. Resulta que en la misma calle, hay tres locales que potencian el argentinismo hasta su top (creo que son del mismo dueño pero no me hagáis mucho caso), un asador, una pizzería y una crepería. En esa manzana los cajeros no dan dinero y los pasos de cebra se cruzan bailando tangos. La pizzería Bajo Flores tiene cosas guays, hay horno de piedra, por dentro es como muy acogedor, y hay hasta una parte que simula ser una calle. Por otra parte tiene el handicap de todos los restaurantes argentinos, que exceptuando en este caso el churrasco (que está en el asador de al lado) ya te sabes la carta antes de sentarte. Aquí mantenemos empanadas, provolones y dulces de leche, pero añadimos otras cosas.
La carta tiene entradas, ensaladas y luego una base de pizzas contundente, que además pueden ser pequeñas e individuales, o más tochas y para varios. Nosotros pedimos la tabla de jamón ibérico, los canelones de espinacas y ricotta, y cómo no, el provolone con setas y jamón. Dos de las tres últimas veces que he pedido esa tabla de jamón, el camarero me ha avisado que no era ibérico, que era de hembra. Esto puede significar que, o bien no tienen ibérico nunca, o bien se acaba enseguida y lo sustituyen siempre por jamón de hembra, en ambos casos hay que tenerlo un poco más planificado. Bueno, la tabla es guay, cunde y es bastante visual. La sacan con una cesta de pan que incluye como mini panecillos de pizza con tomate y que si están calentitos son velozmente devorados por todo aquel que esté cerca. Cerditabla okey. El provolone es más clásico que el especial de Raphael en nochebuena (en serio, basta ya, dejadle morir en paz), un poco fuerte de aceite y grasa para mi gusto, pero es que es así. Lo sacan con jamón de york a tiras y algunas setitas de estas de mix por encima. Yo la próxima vez tiraré de ensaladas. Los canelones en cambio, a parte del hecho que les ponen bechamel y queso con una hormigonera, tienen su punto. La combinación espinaca-ricotta es siempre triunfante, pero claro, hay que tener en cuenta pedir poco al principio o que la pizza sea para todos, porque estos entrantes ya llenan como el aperitivo de una boda.
Las pizzas: éramos seis y pedimos dos. Una muy okey, porque hicimos mitad y mitad, la otra para mí, palmazo. La que era mitad y mitad, era media cuatro estaciones ( alcachofas DE BOTE, atún, olivas negras y champiñones) y la otra mitad de jamón serrano, rúcula y no sé qué más. La otra pizza era vegetariana y llevaba encima verduras, pero venía sin queso, así que no tenía demasiada gracia. Ajetes tiernos en una pizza es…beh, para qué te voy a decir nada. La masa es la clásica de pizza argentina, no muy gruesa pero casi rollo pan, que se aguanta horizontal en el aire si levantas la porción. Luego en plan postre, y tratando de evadir el dulce de leche pedimos tiramisú y tarta de queso con arándanos, que también ya huele un poquito. El tiramisú debería ser cremoso, debería ser una crema de mascarpone, pero en ese caso tenía una textura más parecida a la trufa. La otra tarta bastante estándar. No destacan por los postres.
El precio en general es muy asequible, bien es cierto que nos empujamos dos botellas de vino, porque como todo el mundo sabe, en Navidad, los elfos de Papá Noel se meten en tu sangre y bloquean el alcohol y el colesterol, así que eres inmune. 105,30 entre 6, a 17,5 pavetes. Yo creo que es okey, pero si pasas por allí. Está bien pero no tiene el rollazo del Mimmo, por ejemplo. Goza de amplio aparcamiento.
www.bajoflores.es
El Fino
C/ Pintor Salvador Abril 13
666048497
Xics, anoche tuvimos un gastro-gatillazo importante. Resulta que el sitio al que queríamos ir (uno por Cánovas) estaba cerrado, porque habíamos ido sin reservar. Eso nos pasa porque aquí somos de los que piden Radio Olé en una Herriko Taberna; al límite siempre. Bueno, por esa zona debería haber algún otro, así que echamos a andar. El caso es que me encontré con uno de mis principales asesores deambulando por allí, y tras contarle la vaina, me recomienda la taberna "El Fino", que está por Ruzafa. Esta vez llamamos por teléfono, reservamos (porque es un sitio pequeño) y tiramos para allá. Es el clásico portal ruzafesco por el que has pasado mil veces sin percatarte de que ahí hay algo. La dueña, una señora bajita muy cordial, pero más seria que un culo horizontal, nos trajo la carta. Entonces al primer vistazo…aquello resultó ser un bar estándar. No había platos con rollo, no había diferencia ni especialidad, solo chipirones, bravas, quesos, jamones y demás tapichuelas de bar corriente. Precipitéme en un abismo de negror y psicodelia. ¿Qué cojones pido? ¿Cómo hago de esta experiencia una entrada de blog decente? Incapaces de algo mejor, pedimos los huevos cabreados picantes, la ensalada de tomate, el surtido de croquetas y el secreto ibérico.
Las croquetas estaban muy okey, realmente mucho, el surtido llevaba dos de jamón, dos de cabrales y dos de bacalao, y las de jamón me recordaron peligrosamente a las de mi abuela. Los huevos cabreados son un par de huevos fritos sobre patatas, cantidad generosa, con una salsita por encima que pica, y eso es lo que les cabrea. A mí el picante me viene bastante bien, y esa salsa picaba digamos, un tres o un cuatro en mi escala, siendo uno el agua Bezoya y diez la salsa para alitas que me dio una vez a probar César Gómez-Mora. O no, espera, realmente lo más bastardo que jamás he probado fue un pimiento de padrón en una cervecería Guinnes que hay enfrente de la Rock City. Aquella mierda picaba tanto que hubiera hecho gárgaras de Listerine con lejía para suavizar. Maldito hijo de perra, se me quedó la boca como al malo de Skyfall. Bueno, que los huevos bien. La ensalada de ventresca tampoco tenía nada, el tomate era de mercado, bastante okey, y el atún también. En cuanto al secreto, eran trocitos pequeños y finos, pasados por la plancha hasta que la parte de fuera medio crujía, pero estaba jugoso por dentro. Llevaba salsa Mery por encima. Rematamos con un creppe de nata y chocolate casero. Nata montada por dentro (no parecía de spray) y el chocolate por fuera. Si hubiera llevado nueces habría sido una pasada.
Vamos a ver, el producto del sitio es bueno, y la relación con el precio también. Salimos a 52,40 entre tres (a 17,5), el problema es que los platos son muy comunes, y por eso, aunque os lo recomiendo si es eso lo que buscáis, no puedo darle el okey del blog, porque no cumple una de las premisas básicas. Goza de amplio aparcamiento.
Especial COCIDO
Chatos, no hay nada que hacer, El Corte Inglés se ha empeñado y ya es navidad. Y como eso es así, hay tres cosas de las que podéis estar seguros, una es que van a echar la peli esa de Bill Murray de los fantasmas que atacan al jefe en alguna cadena en algún momento, otra que tendréis alguna cena hard (tipo empresa, colegas o familia), y finalmente…que váis a clavaros un cocido en algún momento. Evidentemente, el mejor siempre es el de nuestra madre o abuela, pero ¿y si por lo que sea, nos motiva probar fuera de casa, y queremos descubrir sitios nuevos? Pues tranquis, porque Pacomertelorts, que hoy tiene una resaca guapa porque ayer tuvo una cena de esas que os comentaba, os lo pone fácil.
Por cierto, quiero dedicar este post a Chema, Sole y Neus, porque fuimos tan desgraciados que no pudimos encontrar un cocido un día que estuvimos en Madrid.
LET´S GO Sitio pequeñito, justo al lado de la sala Wah Wah, todo decorado con comics y pósters de películas de serie B. Llevaba tiempo viendo el cartel que anunciaba cocido los viernes, así que en un día de estos tontos de frío, entré a ver. De primer, te sacan la sopa de fideos, y aquí ni caldos clarificados ni hostias, este es un caldo rudo, para leñadores de VOX que mean nappalm. Tiene como huevo deshilachado y algún trozo de carne, es potentón de sabor y denso, de los que me molan a mí, que busco emociones fuertes. Luego por separado, bandeja de carne y bandeja de verdura. La de carne con ternera, pollo, morcilla y chorizo, no recuerdo si había tocino; la de verdura con patata, zanahoria, col, y creo que nabo o algo así. Aspecto de hecho en casa, de haberlo tenido en la olla ahí chup chup a topor. Al lado te dejan un cuenquito con una especie de majadito de aceite, perejil y comino por si quieres darle un toquecito al asunto. Además, en plan remate, la chica (muy maja) nos invitó a un trozo de tarta de Baileys que por fín es la novia que buscaba para la tarta de chocolate blanco de la oveja. Muy okey, le otorgo un 8 en mi flatulómetro. Atentos que ahora el cocido lo hacen por encargo. 11,50€
LOS MADRILES El cocido de Los Madriles es como el que tiene fama en Valencia ¿no? Como la Horchata de Daniel o la paella de Pepica (nótese que en todos estos casos la fama luego no se corresponde a que sea lo mejor). El sitio está en Antiguo Reino, y es muy fino, de esos de camarero con camisa negra que te llama de usted y que te mira mal si te suenas con la servilleta. Aquí empiezan con una croqueta, buena pero pelín sosa, con muchísima carne dentro. Fritura exterior perfecta y doradita. Después sacan la sopa, con un canelón enmedio, y los garbanzos aparte para que te eches si quieres. Lo del canelón se me hace medio raro, dentro lleva una pasta de carne parecida al relleno de la croqueta, y bueno, pues una modernez. Al final sacan el cocido todo junto, con pelota, chorizo troceado, ramita de tomillo encima y toda la pesca. Reconozco que se ganaron un poquito mi corazón, porque llevaba jamón, que es un tipo de carne que a mí en el cocido me flipa, y por ello les subo de 6,5 a 7,5 en el flatulómetro. Cocido bien, sitio un poco esaborío. Ah, el medio punto es porque sacan piparras, que también me flipan. 17€
EL ENCUENTRO Aquí sólo hacen cocido los viernes. El sitio está en la calle del Olympia, un poco escondido en la plaza donde está la menina esa ahí plantada. Pues ¿qué te comento? este se me quedó un poco a medio gas. Te sacan un par de montaditos (pato con algún tipo de fruta y un cracker con salchichón y foie) mientras esperas. El caldo me dio la impresión de clarito, con sus fideos ahí flotando como pequeñas pollas flácidas insulsas en busca de sabor. El cocido lo sacaron después en otro plato. Carne okey, poca patata, trozaco de tocino como para edificar otra Andorra encima, garbanzos correctos. Ya te digo, mal no estaba, todo estaba donde tenía que estar, pero…nah, no me dijo nada. Un 6 en el flatulómetro. 14€
Bueno xics, espero haberos descubierto alguna movida nueva, yo me voy a tomar un ibuprofeno y a votar al partido que me prometa abolir las hamburguesas gourmet. Por supuesto, todos gozan de amplio aparcamiento.
98º Dim Sum
C/ Roteros 16
963 29 35 63
Xics, hoy os descubro un sitio nuevo, justo entre el Tap y la Pitusa, el 98º. Por lo visto los dueños son los mismos que los de La Comisaría, pero el concepto es distinto y salí contento. Se ve que se llama 98º porque cocinan casi todo al vapor, sin aceite; y la parte potente de la carta son los dim sum, que son esas empanadillitas chinas blandas que se sirven como en unas cestas de madera.
El sitio por dentro es bastante grande, hace una curva y es como si hubiera dos partes separadas, todo muy madera, muy zen. La carta tiene a topor de dim sum con nombres impronunciables, algunos ceviches, algo de barbacoa y 4 ó 5 tapas, suficiente para que no sean todo empanadillas y comer variadito.
Pedimos uno de bogavante, shitake y bambú, y otro de calamar, patata y trufa blanca, porque, joder, son originales. Llega el camarero con las salsas y las torres esas de madera vaporizada. Realmente ninguno de los dos sabía fuerte...no es en plan...me estoy comiendo un bogavante , o...¡eh, que sabor a trufa!, los rellenos son como de picadillo, y bueno, no están mal. Como traen cuatro salsas, vas probándolas y también te sabe un poco a eso. Hay una cítrica, la de soja, la picante y el cada vez más frecuente y aparentemente encantador chili dulce. El chili dulce me parece como el Albert Rivera de las salsas, es como que se ha ido colando, se ha ido colando y ha pasado hasta la cocina, y además a todo el mundo le viene bien y a mi me medio da por culo.
Luego pedimos las empanadillas de carne a la plancha y una cosa que en la carta anuncian como “imprescindible de la cocina dim sum” , el char siu bao. Las empanadillas clásicas y correctas, masa crujientita y relleno de carne. Bien, nada que objetar, están buenas. La otra movida es como un bollo de pan blando, con un puntito semi dulce, relleno de carne picada y verduritas cortadas microscópicamente que bueno, te lo puedo mirar, pero mucho bollo y poca mezcla. También venía vaporizado en las torres esas letales.
El ceviche de salmón, te comento nano. Trocitos de salmón, espuma de limón por encima y una base de algún tipo de frijol, entiendo que asiático, un poco duro. Esto me pareció bastante original, el tema de la espuma y la presentación me llamó la atención. Por la misma cantidad de salmón, en la comisaría te cobran el P.I.B. de Nepal, aquí 9,50€, que tampoco es que salgas pensando que te han hecho precio de colega, pero bien. Y aquí llega uno de los hits para mí, los nuggets de pollo.
Cuando tú pides nuggets de pollo esperas nuggets y esperas pechuga de pollo, pero en este caso nos hicieron como en el Rock in Rio, que te esperas rock en Río, y te llevan a Shakira a Arganda. Los tíos cracks van y sacan hígados de pollo, con panko y alioli verde. Pero ¡quietor!, combinación ganadora, estaban muy ricos y me parecieron también originales, aunque he de decir que hacen falta unas pelotas como contenedores de vidrio para poner “nuggets” y sacar hígado, que es una parte que no le gusta a casi nadie. Pero bueno, respect porque a mí sí.
Terminamos con unos pulpitos a la brasa. Salieron fríos, y cuando el camarero pasó por delante le digo:
-Perdona ¿esto se sirve frío o caliente?
Segundos de indecisión y silencio
-Templado.
Bien jugado Flánagan, veo que me has hecho el crusaito y has apostado a lo seguro. Cuando le dijimos que estaban fríos se los llevó y nos trajo otra ración sin cobrar, aunque la primera estaba ya bastante tocada. Un detalle.
En resumen, no es un sitio para ir 15 personas, diría que es un buen sitio para 4. Raciones en ocasiones cortitas, sabores nuevos y sexys, y un concepto distinto, por todo el rollo ese del vapor. 58,7 entre tres, a 19,60€
Okey moderado, por tema precio, pero okey al fin y al cabo. Probad a ver.
Goza de amplio aparcamiento.
http://98gradosdimsum.com/
El Tap
C/ Roteros 9
963 91 26 27
El Tap está escondido por las calles que hay detrás de las Torres de Serranos, cerca de El Secreter. Es un sitio la mar de cuco, blanco y acogedor, con una buena oferta de vinos. Llegamos, nos pedimos unas cañas y la carta. Empezamos con una ensalada de bacalao confitado, unas croquetas de ibérico y una coca crujiente de burrata con tomate seco. Entonces llega la camarera y nos saca el pan, pero no una cesta de pan, sino una orgía de pan, un Eyes Wide Shut de pan con tomate rayado, y nos echa un chorro de aceite de oliva a cada uno en el plato. Eso es sin duda un detalle, pero yo empiezo a pensarme que el sitio se nos va a ir de precio. Había tres tipos distintos de pan, el clásico, uno más rollo hamburguesa, y otro tostado.
Aparece de nuevo la camarera con la ensalada. Aspecto genial, ingredientes frescos, pero ración completamente de partirse el culo. Fue como cuando Zoolander ve la escuela para niños que no saben leer chachi ¿Dónde está el resto? ¡Debería ser por lo menos TRES veces más grande! Esa ración, amigos, no vale casi once pavos. Eso es una realidad absoluta que os aporto, me imagino el chafón que se llevarían los del CERN cuando abrieron el átomo y vieron dentro la ensalada. Llevaba unos brotes (aparentemente no eran de bolsa), crujiente de alcachofa y una vinagreta de pimientos de piquillo. El bacalao estaba desmigado por los lados, pero había unos 5 trocitos. Total, que vamos picando tímidamente porque tocábamos a poco más de un bocado por persona, y espera, que ahora es cuando la matan. Cuando quedan dos trozos de bacalao, llega la tía crack, y en un hábil movimiento de muñeca de croupier, se lleva el plato y nos deja las coquetas, visto y no visto. Incapaces de reaccionar, nos miramos en plan…bueno…pues ya está, como vino se fue. Los croquetones de ibérico son croquetas de tamaño normal y corriente. Saben mucho a jamón, textura espesa muy okey. Yo creí vislumbrar un puntito rancio allí al fondo pero los demás de la mesa me dijeron que se me iba la puta olla, así que supongo que no era cierto. Buenas corquetas.
Siguiente parada, coca crujiente de burrata, tomate seco y albahaca. La coca, efectivamente, muy fina y muy crujiente, parecida casi a un hojaldre. La burrata es tipo un requesón italiano, venía fundida, con la albahaca y el tomate seco troceados por encima. A mí no me cambió mucho la vida, hubiera preferido la contundencia de la coca de llongana con tomate y habitas (igual porque a estas alturas de la noche llevaba un bocado de ensalada y una croqueta, y me hubiera comido a un gitano cagando, también te lo digo). Para el segundo round, pedimos el milhojas de salmón ahumado y mozzarella, la lasaña de ternera y unos clásicos, pero siempre eficaces huevos con patatas y foie. Milhojas es la forma cool de decir "una cosa encima de otra muchas veces". En este caso, salmón y mozarella con dos rodajas de calabacín caramelizado por encima. Estamos teniendo un problema fuerte con la relación tamaño-precio de las raciones. Por ahora todo muy bueno pero no puedes ir a cenar con una tenia. El huevo (uno solo), venía en una sartén poco más grande que un posavasos, seguramente sacada del kit de mi primera cocinita de Berjusa. Recalquemos el hecho de que la camarera trajo más pan con el plato diciendo: "Con esto seguro que vais a querer pan". Llevaba como tropezones de morcillate por encima, y por debajo el foie, y patatas fritas con pimientos verdes. Muy rico, buena amalgama. Y bueno, por suerte, la lasaña final venía en ración de ser humano adulto. Ternera, espinacas, piñones y mozzarella en adecuada formación. Eso nos ayudó un poco a conseguir el lleno.
Pero aquí llega el momento de la revelación; al pedir la carta para elegir postre, vemos que la ración de pan, esa suculenta rave de gluten que nos habían ofrecido en dos ocasiones, costaba 1,25€ por persona, y éramos 5. Quietor, ¿quiere decir eso, que 6,25, por dos raciones…nos habíamos ventilado 12 pavos y pico de pan así sin pestañear? En ese momento empecé a sudar y palmar pelo. ¿Nos hemos pasado del límite de 20 por persona? ¿acabábamos de ser víctimas del atraco más salvaje de la era moderna? Aún así, y como somos del tipo de outsiders que van a Korea del norte y le dicen al líder que se ponga a plan, pedimos postre. Un bizcocho de chocolate con naranja y cremoso de chocolate blanco. Interesante combinación, el sabor a naranja estaba claro y de daba un puntito chulo al conjunto. Se ve que este postre no lo tienen siempre, estaba como cosa especial sustituyendo a la espuma de yogur de la carta. Bueno, llega la cuenta. Yo miro el papel más tenso que Massiel en la fábrica de Larios. ¿Nos han pegado el clavo del pan? ¿Ha fracasado este lugar por culpa del precio? Pues no, nos cobraron solo una de las raciones. Hay que decir que 6,25€ de pan sigue siendo una buena hostia, son mil y pico pelas, y por ese precio te compras barras de pan como para hacerte un fuerte. Fueron 90,75 entre 5, a 18 y pico. Veredicto contradictorio. La comida es muy buena, la carta original, pero las raciones son muy canallas en relación al precio…aún así, no puedo negarle el okey porque cumple todos los requisitos, y seguramente vuelva a probar otras cosas. Okey moderado con pesar, porque podía haber sido mucho más. Goza de amplio aparcamiento.
La Línea de Bachiller
C/ Bachiller 22
961 47 89 38
Llegamos a la Línea de Bachiller un poco de rebote. Íbamos a otro sitio por Cánovas y lo encontramos cerrado, así que tuvimos que improvisar. Yo recordaba que en verano fui un domingo a comer con un amigo, a mediodía, en plan menú, y que estaba todo muy bien y el precio era correcto. Antes era La Fondué de Bachiller, lugar en el que mi amigo Jose solía pedir matrimonio a sus chatis. Pero no había matrimonios, coincidió que esa noche solo estábamos nosotros y una mesa de menopáusicas fans de Il Divo que se reían como el público de Juan y Medio. El sitio quiere tener algo como de colegio, las cartas están en papel cuadriculado, las sillas son como de pupitre antiguo, rollete escuela vintage, parece agradable. El caso es que pedimos la clásica ensalada de tomate y ventresca, unas croquets y una ensaladilla rusa para ir aterrizando.
La ensalada no tenía mucho flow, tomate sin pelar, muy frío (como escarchado por dentro) y ventresca. Llevaba unas aceitunas arbequinas por encima, y una vinagreta clásica aceite-vinagre. Nada. La sobrevolamos. La ensaladilla rusa tenía menos gracia que celebrar la comunión en un Norauto. Los ingredientes no se distinguían, tenía un punto ácido al fondo y a la vista era una pasta amarilla bastante poco apetecible. Que ojo, no es que tenga nada contra las ensaladillas amarillas, igual la mayonesa lleva más yema o le han puesto curry o alguna mierda así, pero que no tenía nada de interesante. Igual llevaba patata, atún y las lágrimas de un triste Álex Ubago. Prescindible. El tema croqueta...bueno, yo probé las de jamón ibérico, y he de decir que tanto de sabor como de precio, estaban muy bien (aunque frías por el centro). El camarero nos comentó en un par de ocasiones la fama que le habían dado esas croquetas y lo lleno que suelen tener el local; igual por eso ya me generó cierta reticencia, y cierta sensación de que ni una ni otra eran del todo ciertas. Pero bueno, a lo que voy, las croquetas estaban muy buenas. Bien por esas croquetas, hay que probarlas. No son las de la Tasqueta ni las del Cuco pero juegan en esa liga. Y como no solo de tapas de toda la vida vive el hombre, pedimos unas carrilleras con puré, y unas brochetas de pollo. Las brochetas estaban marinadas, clásicos trozos de pollo que habían pasado un tiempo sumergidos en algún líquido secreto. También estaban buenas, realmente no acertamos cuál era su rollo, tal vez algo de soja, alguna especia... Al lado traía un poco de salsa de chili dulce de esa que empieza a ser clásica, la que ponen en todas partes con el pollo. Se nos está yendo las manos con el chili dulce, luego no vengáis a llorar.
¿Qué te comento de las carrilleras, nano? Pues nada, que bien, con un saborcete ahumado bastante potente, su puré por abajo que creo que era patata, pero con nabo o algo así, y unos brotecitos por encima. Por redondear, nos pedimos el brownie (tíiiipico) y se quedó la mitad en el plato. ¿Por qué los restaurantes de Valencia no invierten en I+D en los postres? ¿Es por la fuga de cerebros? ¿Ciudadanos tiene propuesta para esto? Brownie, tarta de queso y tarta de zanahoria empiezan a ser un poco gol de Señor. Bueno, unos 54 pavos entre tres (es que no hice foto a la cuenta, a los superhéroes también se nos va la olla). A 18€, un poco demasiado. El sitio es agradable, la cocina no es mala, pero creo que le falta un puntito de algo. Es como esta gente que cae mal de entrada, y no sabes porqué, y te sientes horrible porque no te han hecho nada pero les quieres lejos…un poco eso. Nada de okey. Goza de amplio aparcamiento.
La FABrica
C/ Cristo del Grao 14 ( bajo izda.)
960 64 28 43
La FABrica (así, con la fab en grande) es un local bastante nuevo que han abierto justo al lado de La Peseta, puerta con puerta. Al otro lado está la Hermandad de la Sagrada Flagelación de Cristo (o algo así), y cuando estás entre la Peseta y peña a la que le molan las flagelaciones, el nivel está ahí arriba. La decoración está guapísima, muy cuidada en los detalles, desde el baño hasta las indicaciones del suelo, todo pensado para darle un rollo industrial al lugar. Incluso las cartas tienen forma de fábrica.
Para empezar pedimos una ensalada de anchoas y naranja, unos huevos fritos con migas y unos crujientes de bacalao con pisto. Bueno, pues lo primero llegan las migas en un plato blanco. Fin. Migas abajo, huevo arriba, una presentación más triste que el final de Leyendas de pasión. ¿cómo es posible? Si con cualquier mierda que le metas ya coge gracia. No sé…unas hojitas de verde, un chorrito de algo…dale flow, no me lo dejes así. De sabor muy bien, la yema cuajada. Traen la ensalada. Mezclum de bolsa, anchoas, tomate cherry, gajos de naranja y unos cubitos de esos de monodosis de aceite de los de comida de avión, para aliñarla. Empiezan las miradas furtivas entre los comensales ¿Hemos venido en mal día? ¿Esto es así siempre? La ensalada normal, la combinación naranja-anchoa curiosa, un poco de esas que no sabes si no te gustan o no eres lo bastante cosmopolita. La naturaleza a modo de aviso, ha puesto distancia entre estas cosas. Se llevó a las anchoas al fondo del puto mar para que a nadie se le ocurriera mezclarlas con naranja, pero el hombre una vez más se siente dueño de la creación y apuesta por esto y por las pizzas con piña. Así nos va.
Los crujientes de bacalao, bien. Son trocitos tipo nugget, con un poquito de pisto al lado para mojar. Nada que objetar, de hecho, para mí, lo mejor de la comida. Segundo round, alitas de pollo con verduras y puntilas con pimientos de padrón. Mismo efecto que las migas, las puntillas llegan a un lado del plato, los pimientos a otro. Tristura. A nivel de sabor y tal, pues bastante normal, las que te hacen en cualquier bar. Con las alitas perdimos finalmente la esperanza. Plato blanco, alitas en formación, fritas en freidora y un montoncito de verduras a la plancha con algunas patatas. Nano, va…métele una salsa o algo, pilla un plato gracioso, hostias, no desperdicies un sitio así. ¿Sabes cuando la última alita se queda bambando por el plato y nadie la coge, pero porque NADIE la quiere realmente? La sensación constante era que el sitio molaba mucho pero la comida no estaba a la altura. Platos muy poco originales, y con presentaciones muy plof. Es como si conoces a Megan Fox y luego cuando habla dice "picsa", "asín" y "espoti five", o como si hablara normal pero tuviera rabo.
Los postres no vienen en carta porque son caseros y variables. Pedimos una mousse de chocolate, nada que destacar. 53,40 pavetes entre cuatro, a 13,35€ No puedo decir que la comida esté mala, porque no es así, pero todos salimos con la sensación de que a este sitio le falta un ayva en los platos. Precio okey, decoración okey, pero conjunto no okey, de hecho creo que o le dan una vuelta a la carta o tienen menos futuro que Abecito de aspirante a Ángel del infierno. Goza de amplio aparcamiento.