“El amor es un salto al vacío, un acto de fe”
Una de las características que descubrí hace un par de años que tenía era la impaciencia.
“Eres impaciente Elena. Pero no porque te moleste esperar, sino porque cuando quieres algo, lo quieres ya.” Así lo describió una vez una de mis amigas, y creo que lo hizo a la perfección. Una vez que me dicen cuánto tiempo tengo que esperar lo que quiero, no me importa esperar. Pero la incertidumbre de hasta cuándo tendré que esperar... eso no lo llevo bien.
“Mira! hay agua en la piscina, ya puedo saltar!” “Pero, aunque haya agua, si te tiras en plancha te puedes hacer daño”. Sí, pero no sé si el agua subirá hoy, esta tarde, mañana, en una semana, en dos meses.
¿Merece la pena la espera? Me caí y arañé tantas veces que ya sé cuánto tarda mi piel en regenerarse..., y será que me compensa: soy muy impaciente. Veo la oportunidad y salto.
Es como aquél capítulo desesperado de Cómo conocí a vuestra madre; en el que Ted se planta en la puerta de su futura mujer; le dice que sabe que en dos meses y medio la va a conocer, pero que todo ese tiempo lo quiere aprovechar con ella.











