Noviembre 3, año: 2018, hora: 1:35 de la madrugada, escucho la última vez que me llamó por mi nombre, y a su vez, la última broma que hizo: “pero dile a David que se salga a la chingada, que vergüenza”.
Noviembre 3, año: 2018, hora: 4:46 de la mañana, mi madre me pide que me salga del cuarto, se que algo está a punto de apagarse.
Noviembre 3, año: 2018, hora: entre 6:45- 7 de la mañana, se fue.
Y bueno, así en esa pequeña crónica recuerdo ese día, el día en que partió de este mundo abuelita, 4 años desde aquel día en el que nuestras vidas se tornaron oscuras.
Cómo es la costumbre, aquí vengo a contarle cómo a estado este año. Y a decir verdad, este año a sido prácticamente bueno, obviamente con sus altibajos, es imposible que todo sea perfecto siempre.
Puede que suene dramático el término de “nuestras vidas se tornaron oscuras” pero, así fue como pasó, una luz enorme llena de alegría y amor se apagó, oscureciendo senderos, incluido el mío. Me tomó bastante reencaminarne, pero lo logré y aquí seguimos, quizá no como uno tuviese planeando, pero estamos y es lo importante.
Y aquí estoy, en esta mañana, con la nevada a todo lo que da, encendiendo un cigarrillo con el único remanente físico de su luz que tengo, su encendedor, y ojo digo físico porque lo tengo a la mano, pero la luz que usted irradió aún sigue, quizá es difícil de encontrar, pero está, en esos flashes en los que el recuerdo de su consejo, protección o cariño llegan para irradiarnos de nuevo.
De alguna manera sé que usted está conmigo y con los demás, desde algún rincón del universo. Dónde, cada noche y sin fallos, sale a relucir su nuevo esplendor, en las estrellas del firmamento. El café, los cigarrillos y la tarde de programas en la televisión, quizá siguen sin ser igual, pero, de alguna manera, no hay ningún tipo de monotonía en eso.
Al fin, pude cantar esa canción de nuevo, esa que usted nunca entendió por el idioma, pero que le gustaba, esa canción que cuando estaba en esa cama de hospital me pidió que le cantara, admito que me costó un poquito, pues es sólo escuchar el tono y es un imposible que todo ese mar de recuerdos vuelva a mi memoria, una memoria feliz, pero nostálgica a la vez. Y decir que algún día en años, al fin podré dejar esto ir, es imposible, la huella que dejó en mi vida es imposible de borrar tita, la diferencia es que ahora, cuando la recuerdo, lo que siento es alegría por todo lo que pasé con usted, no digo que no suelte un llanto, porque lo hago, pero es que es un hecho irrefutable que la extraño y la extrañaré por siempre y a la vez es otro hecho irrefutable de que la amé, la amo y la amaré por siempre.
Y creo, que pasaré a despedirme abuela, en un año, si la vida me lo permite, como siempre, tendrá su carta y quizá en años cuando llegue mi momento, podremos sentarnos de nuevo con un café a charlar toda la tarde, quizá esta vez yo contándole mi historia a usted, como lo solía hacer conmigo. De momento, yo aquí me quedaré espero que por mucho tiempo y seguiré siendo el hombre que soy gracias a usted, trabajando, comiendo, descansando y disfrutando cómo me enseñó.
Hasta el próximo año, con amor su nano, David.
Posdata: Encontré a una chica como la que usted me comentó que buscara hace unos cuantos años, quizá con el tiempo también y le cuente sobre eso.