“De todas formas, creo que la interrupción hubiese sido un beneficio”, musitó con una pizca de timidez. Tanto tiempo había transcurrido desde la última vez que se había dado un descanso en esa lectura en particular, que cualquier factor externo que cuajara su labor habría sido más que bienvenido. Su sonrisa se ensanchó un poco y asintió. “Algo así… Nos encomendaron buscar información sobre hechizos y demás”, dejó ir el libro para que la muchacha pueda tomarlo con completa libertad para inspeccionar a gusto. “P—pero me tomé el atrevimiento de revisar e investigar sobre el fenómeno que está ocurriendo. Q—quizás saber una duración estimada, pero… No llegué a nada”, le comentó, bajando la mirada durante un instante antes de posar sus ojos en ella. Reacomodó sus anteojos con el ceño ligeramente fruncido. “Ah, c—cierto que a Morrigan les tocó ayudar allí… No—-no tengo conocimiento de herbolaria —- bueno, un poco, en realidad, h—he leído un par de cosas aunque nunca las apliqué”, comenzó mientras internamente sopesaba cómo frasear la idea que cruzaba su cabeza. No era nada fuera de lo común, aún así a él le costaba. “T—tengo… Tengo unos libros. E—eran de mi mamá, ella sí practicaba la herbolaria. Tal vez te sean de ayuda —- o si quieres, podemos revisar en la sección de la biblioteca. No dudo que haya manuales para principiantes.”
Su mirada repasa las letras del libro leyendo palabras sueltas y oraciones breves, inicios y finales de párrafos, y los pie de páginas. No entiende nada, por supuesto, pero se hace una idea de lo que cumple como tarea y, si es honesta, no la envidia. Aunque no puede decir que no preferiría algo así frente a lo que tiene que hacer, tal vez lo intercambiaría. Cambia la página. “¿Es muy cansado hacer todo esto sin tus habilidades?” inquiere, sin quitar la mirada del libro. Tal vez la verdadera pregunta es si las extraña, sus habilidades, o si sólo se ha tomado tal atrevimiento por simple curiosidad. Vuelve su mirada hacia él, cuando menciona esos mínimos conocimientos de herbolaria. “¿De verdad? No sé qué tanto se alargue esto, pero si se alarga... me vendrían de maravilla para aprender algo, lo que sea, sobre herbolaria. Hasta ahora, para mí, no son más que tés y ungüentos que yo no sé ni elaborar ni utilizar. No entiendo nada.” Baja la mirada hasta el libro una vez más, pasando la página de nueva cuenta. Detesta el sentimiento, el sentirse inútil, y por sobre todo, el sentirse tonta. “¿Puedes creer que no sé de nadie que maneje la herbolaria? Sería estupendo tener a alguien que me pudiera enseñar con la práctica. Y mucho más eficiente.”