Navidad, época de alegría y prosperidad. Se festeja el supuesto nacimiento del niño Jesús propuesta por la sociedad cristiana hace mucho tiempo para tapar fechas paganas que iban en contra de sus creencias. Una fecha donde las personas gastan todo su sueldo en regalos, comida, decoraciones y todo tipo de tonterías para celebrar tal noche mágica. La noche de navidad está llena de alegría, risas y comida, las personas se sienten bien al estar rodeados de los que tanto quieren, a veces algunos de esos familiares solo se ven en esa fecha ya que viven muy lejos o el trabajo se lo impide. La navidad es una época de goce. Pero también podemos encontrar navidades muy oscuras, donde se encuentran las peleas, el alcoholismo, las diferencias, el odio; pero que importa, se está festejando la navidad.
La historia que se pasa a relatar es sobre una chica cansada de tener que sonreír en tal fecha al lado de la persona que tanta repulsión le acusaba, un hombre (que solo lo llamaremos hombre por nacer biológicamente del género masculino) delgado, dientes amarrillos, ojos rojos que delataban la droga que había consumido, mal educado y sin respeto a nadie. Ese hombre al cual debía llamar tío era quien más la hacía llorar por las noches, quien la hacía dudar de su capacidad e integridad, quien hizo que ella decidiera hacer lo que sucedió esa navidad.
Para ella su familia se dividía en dos, la parte de su mamá y la parte de su papá, la primera parte le había enseñado que ella tenía derecho a expresarse, tener pensamiento propio, trabajar en lo que quisiera y que nadie tenía que hacerla de menos solo por ser mujer. La segunda parte le había enseñado que su lugar era la cocina, limpiar, tener que cuidar de los hijos, juntarse con un hombre y consentirlo en lo que él quisiera. A partir de esas dos partes ella podía elegir a quien seguir y hacer caso. La parte de su mamá la convenció más.
Con su carácter formado y años de cargar con un secreto en la espalda sin contarle a nadie, decidió que esa misma navidad todo iba a cambiar.
Las navidades siempre fueron junto a la familia de su padre, las mujeres se encargaban de cocinar ensaladas, postres; tener lista la mesa para cenar, asear a los niños; decorar y asegurarse que la bebida no se acabe. Los hombres se encargaban de cocinar el famoso asado navideño y de contar anécdotas sentados alrededor de la mesa mientras sus mujeres les traían bebidas. Las navidades eran así para aquella muchacha que ayudaba a su madre y tías a preparar todo mientras sentía la presencia de aquel bastardo que lograba hacerla temblar sin tener que mirarlo; pero esa navidad él no estaba.
La noche transcurrió como si nada, se sentía tranquila y aliviada. Pensó por un momento que aquel “hombre” no iba a aparecer esa noche, que por una vez iba a festejar sin tener que fingir ninguna sonrisa ya que esta vez podía hacerlo sin problemas; pero tal fue su sorpresa al verlo llegar casi tambaleándose, riendo y pidiendo comida como si fuera que no se pudiera servir solo. Todas lo atendieron menos ella y su madre quienes lo miraban con asco y desprecio.
Casi llegaba la media noche, la mesa se limpió y se llenó de cosas ricas y dulces, los hombres reían y las mujeres lavaban los platos para ahorrarse tiempo en la mañana. La joven chica quien sonreía a las duras penas pensaba en lo injusto que era todo, como sus tías parecían sirvientas de los hombres que no se habían movido de su asiento en casi todo la noche, en como una tenía que quedarse callada y no opinar para evitar conflictos, como ella no veía otra solución que tomar justicia por su cuenta.
Faltaban pocos minutos para las doce, todos estaban llenando sus copas de vino para dar brindis en esa navidad tan alegre y tranquila, algunos ya tenían preparado algunos fuegos artificiales para encender el cielo de colores y sonidos fuertes; y otra quien estaba en el cuarto de sus abuelos preparaba en sus manos un regalo para su tío.
Todos reían hasta que vieron a la chica salir de la casa con una escopeta cargada y lista para tirar del gatillo, sin expresión alguna y decidida en lo que iba a realizar esa noche. Fue directo hacia el hombre que tanto odio le tenía y le apunto sin pensarlo dos veces, las mujeres temblaban del miedo, los hombres no creían en lo que veían, la joven y dulce chica que ellos tanto querían estaba ahí parada con un arma entre sus manos apuntando a su propio tío.
_ ¿Qué? ¿Quieres matarme? Atrévete si podes, nena_ Dijo él riendo, quizás un poco nervioso pero pensando que ella no iba a realizar tal acto.
Ella nerviosa empezó a temblar, odio haberlo escuchado, no sabía que iba a pasar, si todo saldría bien, si todo saldría mal, que si era lo correcto, que si soltaba la escopeta quizás él la usaría contra ella o toda su familia estaría en su contra, no sabía nada. Ella no quería eso, no deseaba estar en esa situación donde se le caían las lágrimas de tanta bronca, no pidió ser abusa por su tío con tan solo cinco años, no deseo todas las noches llorar y no saber qué hacer, no pedía a gritos sentir pena, vergüenza y miedo, no imploraba que en su mente no supiera si era virgen o no, no suplicaba tener que tener ese secreto dentro de ella por tanto tiempo, no exigía tener que convivir con su abusador y fingir que todo estaba bien.
Ya eran las doce y se escuchaba los gritos de feliz navidad, los fuegos artificiales explotando en el cielo provocando que los animales se vuelvan locos. Todo ese festejo ayudo a tapar el sonido de la escopeta que había sido descargada contra ese hombre que tanto dolor le provoco. La chica fue maldecida por su familia, dijeron que era una loca y que no tenía el derecho de haberle quitado la vida a su tío quien no le había hecho nada. El único consuelo que recibió fue el de su madre quien la abrazo y le dijo con voz suave.
_Sé porque lo hiciste y no te culpo, nadie nos iba a ayudar, siempre nos toca quedarnos calladas y soportar todo. Nosotras tomamos justicia por nuestras manos_.