Me acordé de que hace un tiempo había empezado a escribir esto y luego lo dejé ahí bien abandonado... Así que me dije ah por qué no lo retomo para editarlo. Así que eso hice y lo continué un poco, aunque aviso que aún me falta un poco para terminarlo:
Le tomó de la mano, ansiosa, entre risas que intentaba contener y muecas señalándole que no hiciera nada de ruido.
Hiling estaba muy nerviosa, pero ya no aguantaba la emoción. Dorshe compartía solamente la parte de los nervios.
Lo que estaban haciendo era una locura y ambos lo sabían. No era que la idea no le gustara a Dorshe (de ser así él nunca hubiera aceptado), pero él no era el tipo que me gustaba romper las reglas de esta manera. Su falta de costumbre hacía que escabullirse de esta manera en la noche le pusiera la piel de gallina, mucho más que cualquier monstruo o truhan que había enfrentado.
Ya no aguantaba los nervios. Tener que escabullirse por la noche ya era mucho, pero el solo pensar en lo que podría pasarle a Hiling si fuesen a pillarlos hacia que le doliera muy fuerte el estómago.
Se detuvo y soltó su mano. Quería decir algo, pero no se atrevía a elevar la voz.
Hiling lo miro detenidamente. Traviesamente sonrió y acercándosele sigilosamente, le suspiró al oído:
- Confía.
Dorshe enrojeció completamente. Hiling a duras penas aguantó reírse.
Nuevamente le ofreció su mano. Dorshe no dudó en tomarla. Ahora no quería dejarla ir por ninguna cosa del mundo.
Llegando a su destino, Hiling escondió a Dorshe donde pudo detrás de algún pilar mientras ella abría la puerta. En cuanto terminó, le indicó con el dedo que entrara lo más rápido posible.
Dorshe corrió hacia la habitación oscura como si su vida dependiera de ello. La poca luz que salía de afuera desapareció enseguida en cuanto Hiling selló la puerta nuevamente. Ahora todo estaba completamente negro.
- Ah, ten cuidado con las escaleras.
Dorshe no pudo entender a qué se refería. Moviendo sus manos se dio cuenta de que estaban en un pasillo muy estrecho. Al dar un par de cuidadosos pasos entendió que tratarlo de pasillo era mucho decir: Estaban en una entrada directa a unas escaleras hacia abajo.
"Hubiera apreciado que me mencionara eso antes de que me metiera corriendo", pensó.
- Ves la luz para abajo? De aquí se ve algo tenue, pero no es tan lejos. Baja con cuidado, pero no tengas miedo: No es tan empinado. - Dijo Hiling
Dorshe sintió que lo estaba tratando como un niño, pero recordó que es probablemente la única manera que Hiling sabe de dar indicaciones. Algo sobre eso le daba cierta ternura.
Bajó Hiling primero sin problema alguno, acostumbrada a estos escalones. Dorshe intentó sujetarse en los costados tocando el muro, pero el pasillo era demasiado estrecho como para que consiguiera eso cómodamente. Apoyando sus codos contra las murallas, bajo escalón por escalón lentamente, con mucho cuidado de no caer.
De a poco consiguió ver con más claridad sus alrededores en cuanto más bajaba. Vio a Hiling esperandolo abajo y sin querer hacerla esperar aceleró el paso.
- Ya era hora de que llegaras - Dijo Hiling con una sonrisa. - Aquí puedes relajarte, no hay nadie quien vaya a oírnos.
Tomó nuevamente la mano de Dorshe y lo llevó para adelante, cruzando la entrada que daba a unos inmensos baños privados.
Dorshe no podía creer lo que veía.
Cuando Hiling lo invitó a escabullirse a los baños juntos por la noche, él imaginó que iba a estar completamente oscuro, pero el baño estaba iluminado plenamente por luz de luna que hacía brillar las aguas y las baldosas.
Dorshe miró hacia arriba para ver de dónde venía la luz. Los muros de por sí ya eran muy altos (habían bajado bastante, por lo que Dorshe suponía que se extendían hasta el nivel del suelo de donde entraron), pero en el centro del baño había un agujero donde los muros nuevamente iban para arriba.
Una torre se elevaba justo arriba del baño, con el solo propósito de iluminar naturalmente sus aguas a través de una entrada en su punta. Era imposible que alguien pudiese subir ahí a espiarlos, mucho menos que apenas alcanzaran a verlos desde ahí. Pensar en eso hizo que Dorshe se relajara.
"Aunque no me sorprendería si alguna serpiente de alguien que conozco se pudiera escabullir por aquí." Pensó, riendo para sus adentros "Si veo alguna, lo mato."
Se distrajo tanto en sus pensamientos que tardó en percatarse que Hiling ya se estaba sacando la ropa.
- A- AH-!?
- ¿¡Por qué estás tan sorprendido!? ¡Si para esto es a lo que vinimos!
Hiling se escuchaba algo molesta.
Dorshe encogió de hombros cabizbajo. No sabía por qué estaba tan sorprendido, pero no dejaba de sonrojarse al verla así.
Hiling suspiró. A medio desvestir se acercó a Dorshe a acariciar su rostro.
Le gustaba verlo tan ruborizado y nervioso del solo pensar en verla desnuda por primera vez. Lo besó con suma dulzura.
Deslizó sus manos por su robusto torso para intentar ayudarlo a sacarse la ropa. Dorshe perdía el aliento de solo sentirla tocar su pecho. Sin pensarlo dos veces, se quitó lo que llevaba, quedando en ropa interior.
Hiling sonrió y continuó de sacarse su vestido.
Completamente desnuda, Hiling colocó sus prendas encina de una pequeña banca mientras esperaba a que Dorshe hiciera lo mismo.
Era hermosa. Dorshe no creer lo que veía. Iluminada a luz de luna, el cuerpo completamente desnudo de Hiling parecía ser la cosa más hermosa que había visto en su vida. Dorshe no podía evitar quedar paralizado. Era tal su asombro que ni sentía vergüenza de quedar como tonto mirándola.
Hiling sintió mariposas de verlo así. La expresión de asombro Dorshe no le parecía cochina, sino más bien tierna. El ver como él la consideraba tan bella la llenaba por dentro de una felicidad desconocida.
- A- Ahora te queda sacarte los calzoncillos!
Hiling dijo sin pensarlo. Inmediatamente se avergonzó de haberlo dicho tan directo.
Tímido, Dorshe se sacó lo que le quedaba de ropa interior, dejando ver todo su ser sin censura alguna. Dejó sus prendas al lado de las de Hiling, quien lo miraba ruborizada y sonriente.
Ambos estaban muy nerviosos, muy tímidos como para mirarse directamente el uno al otro.
- E-Entremos juntos.
Tragando saliva, Hiling tomó a Dorshe de la mano sin atreverse a mirarlo a los ojos. Dentro del agua iba a sentirse menos nerviosa desnudo a su lado, pensó.
Hiling metió un pie al agua, bajando los escalones que habían en el borde de la gran tina.
Dorshe la siguió, bajando con ella hasta la parte más honda del baño. El agua le llegaba a Hiling hasta el pecho, mientras que a Dorshe penas le pasaba el ombligo.
El agua no estaba caliente, pero Dorshe se sorprendió de que no estuviera tan fría como él hubiera sospechado.
Miraba hacía arriba contemplando los muros y baldosas iluminadas por luz de luna que decoraban todo el baño. Era realmente hermoso. Para él que acostumbraba a bañarse con un balde de agua y un trapo entre otros soldados, el estar ahí dentro de un baño de la realeza acompañado de su querida reina se sentía como de ensueño. De ensueño e incorrecto para un hombre para él.
Dejó de mirar los muros y miró a Hiling, con todo su esbelto cuerpo hermosamente iluminado bajó el agua, quien lo miraba contenta. Sabía que Dorshe se iba a sorprender de ver el baño: Quería compartir eso con él. Y quería compartir muchas otras cosas ahí con él.
- Creo que será mejor jabonarte sentado... Sígueme a la derecha.
Hiling se dirigió al costado derecho de la tina, donde yacía fuera del agua un pequeño montículo lleno de botellas con todo tipo de formas. Sentándose en uno de los escalones, agarró una de las botellas y la agitó.
Sin saber dónde ponerse, Dorshe se sentó a un metro al costado de Hiling. Ella lo miró y simplemente dio unas palmadas al lado suyo indicándole a Dorshe de que se acercara. Él le hizo caso.
- Sé que estás nervioso, pero te invité porque quiero que te relajes... S- Si es que hay algo que te molesta, por favor dime...
- No, no hay nada que me moleste. No se preocupe.
- Me... Me alegro... - Hiling sonrió.
Estando sentada tan cerca suyo, Hiling se sentía algo nerviosa. El cuerpo desnudo de Dorshe se imponía con su robusta belleza, haciéndola sentir más pequeña de lo que realmente era.
Abrió la botella y vertió del líquido que contenía en sus manos. Una buena cantidad de espuma se formó al frotar sus manos.
- Mírame – Susurró.
Dorshe la miró fijo, nervioso de solo pensar en que su reina iba a acercarsele. Hiling comenzó a restregar el jabón en uno de los brazos de Dorshe, disfrutando de poder tocarlo con detención.
La carne se le ponía de gallina a Dorshe al sentir las yemas de Hiling acariciándolo así. El tener a su reina tocándolo desnuda tan cerca era algo que había soñado tantas veces que ahora apenas podía entender que esto era algo real.
Hiling sacó más jabón y pasó a restregarlo por la espalda de Dorshe.
Su espalda parecía de piedra, una extensa montaña llena de grietas. Hiling la encontraba realmente sexy. Le gustaban los hombres musculosos así.
Acariciaba los relieves de la espalda de Dorshe. El fino tacto de sus suaves yemas hacia que toda aquella montaña temblara de placer.
Hiling no esperaba que Dorshe fuera tan sensible al tacto y las caricias, pero era una grata sorpresa. Quería acariciarlo coquetamente toda la noche para ver sus reacciones. Quería hacerlo sonrojar.
Hasta aquí llegué por ahora :1 Espero poder terminarlo pronto!












