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@raquelvillaquiran
CASA NA - SOU FUJIMOTO
NARKOMFIN DOM KOMMUNA -MOSEI GUINZBURG (1928)
SOBRE LA CASA CITROHAN Y EL NARKOMFIN .
El presente escrito resume el proceso de investigación proyectual obtenido a partir de una “pieza” que permitirán plantear nuevas líneas de análisis a partir de dos casos de estudio: Narkomfin (1928-1932) - Moisei Guinzburg y Maison Citrohan (1927) - Le Corbusier.
Comenzando desde un análisis particular de las células, hasta llegar a la generalidad de la agrupación, una de las principales características que destacan a primera vista es la organización espacial de las viviendas a partir del la doble altura. Sin embargo, a pesar de la importancia de dicho espacio, las dinámicas y la circulación dentro de la vivienda no siempre lo involucran. En una primera comparación entre las unidades F y K del Narkomfin (seleccionadas para este estudio), es posible evidenciar que mientras el modelo F posee un núcleo de circulación vertical central que permite recorrer la totalidad de la vivienda -atravesando la doble altura-, el modelo K posee una núcleo de circulación lateral que permite acceder a la segunda planta de la vivienda sin la necesidad de atravesar por la doble altura. Las principales actividades dentro de la vivienda F forman parte de una misma circulación compacta que no distingue día de noche, mientras que las actividades del modelo K pueden ser consideradas dispersas y puede ser separadas en la planta alta para la noche vs la planta baja de actividades de día.
Dentro de este análisis particular de las unidades, específicamente en el módulo K, aparece en la doble altura un elemento que la interrumpe: la COLUMNA. Dentro de esta unidad, es posible ver que estas columnas en medio de los espacios aparecen también en la planta alta. Por el contrario, en la célula F las columnas se encuentran ocultas en los muros. Esta diferenciación se da debido a la modulación del conjunto, recordando que la unidad K equivale al ancho de dos unidades F. Mientras que en las unidades pequeñas es posible ocultar las columnas en sus lados largos, en la unidad K se tomó la decisión de dejar un eje de columnas visto en el centro de la unidad. Es definida como intención del arquitecto ya que dicho eje podría haber sido desplazado y oculto . Recordando que tanto el módulo F y K son producto de estudios previos, aparece -posiblemente- la estructura como elemento independiente, o posterior, que los sostiene pero que no necesariamente se adapta a dichos módulos.
Dicha dinámica de las columnas de aparecer y desaparecer en las unidades, es posible observarla en las corredores del conjunto de viviendas. Pasando a la generalidad del Narkomfin, es posible identificar dos tipos de corredores que abastecen a todo el conjunto. El corredor de la primera planta -que en realidad es doble, uno interior y otro exterior; y el corredor de la cuarta planta, únicamente interior. En ambos es posible observar una secuencia de columnas que atraviesan el espacio de forma longitudinal. El corredor doble abastece a las unidades de vivienda K, más grandes y con menor capacidad de personas. El corredor simple abastece a las unidades de tipo F, que permiten aguardar al doble de población que las unidades K. Aparece entonces, otra notable decisión: ubicar las viviendas de transición en las plantas primeras, y las viviendas completamente colectivas en las plantas superiores. Esta idea se ve complementada con la aparición de las unidades C -no analizadas en este trabajo- conformadas unicamente por una habitación y con baños compartidos entre dos unidades; ubicadas en la última planta del conjunto.
Buscando realizar el mismo análisis hecho al Narkomfin en la Maison Citrohan, sobresale que nuevamente aparece la doble altura como elemento central articulador. La circulación aparece otra vez de forma lateral pero, la escalera es resulta de tal manera que es obligatorio la circulación por la planta baja para acceder a la planta alta. Por medio de este núcleo vertical, aunque la vivienda de día y noche sigan notablemente diferenciadas, es necesario atravesar la doble altura de la vivienda para acceder a dichos espacios. Finalmente, vuelve a aparecer un elemento vertical (a forma de columna) que atraviesa a la doble altura pero, en esta ocasión es el que articula y vincula a todos los pisos y espacios de la vivienda. El conducto central es visible en todo momento y dirige la mirada hacia la verticalidad del espacio doble. Estas decisiones remarcan el “recorrido arquitectónico” que Le Corbusier buscaba obtener en sus viviendas.
Es necesario entonces, en este punto aún inicial de la investigación, realizar una comparativa ente los tres casos de estudios. Definitivamente, el núcleo vertical de la unidad tipo F aparece como elemento integrado al espacio central de doble altura; en la vivienda Citrohan, aparece la escalera como un elemento que se integra por determinados momentos en la circulación de la vivienda pero que adquiere independencia en los niveles superiores. Finalmente, aparece la escalera del módulo K como un elemento independiente que no influye en al doble altura. Aparecen por lo tanto, dos incógnitas: ¿Qué otros elementos definen o limitan a la doble altura? ¿Son constantes dichos límites? Estas preguntas iniciales se ven reforzadas por uno de los conceptos de Ginzburg en su discurso sobre el Narkomfin: la “NO HABITACIÓN”, o espacios definidos sin la necesidades de estar encerrados por cuatro muros. Este concepto es evidentemente mas notable en la unidad F, en la que desde un extremo de la vivienda es posible observar la totalidad del espacio. Esta visión total de la vivienda es marcada por elementos arquitectónicos que aumentan o reducen dichos espacios.
Se mencionó previamente que la vivienda Citrohan posee una escalera que se integra por momentos con el resto de la vivienda. Esta característica se ve definida por los muros que permiten que al subir por la escalera, la visión hacia la doble altura sea impedida desde la mitad del recorrido. Dicho muro luego se abre y permite el paso al entrepiso. Por el contrario, la unidad F posee una escalera abierta y separada unicamente por el muro bajo que sirve de pasamanos. El espacio vertical de las dobles alturas está principalmente definido por los planos verticales que permiten o no su crecimiento a través de ellos. Por ejemplo, la decisión de crear aberturas en el mobiliario de la Maison Citrohan para conectar la parte frontal de la vivienda con la posterior (cocina), la reducción de la altura de los muros interiores -que no llegan hasta el tumbado - y el desplazamiento de la planta alta de la unidad K hacia el interior de la doble altura-creando un desfase en el muro del balconeo. Todos estos elementos arquitectónicos, permiten expandir o reducir el espacio. Es posible deducir entonces, que el “espacio” o volumen de la zona de estar central, va más allá de la doble altura y conforma varias zonas de la vivienda. Más allá de las aberturas en los mobiliarios, inclusive su ubicación podría identificarse como estratégica en la búsqueda de limitar el espacio. Ciertos elementos enfrentan por su lado largo al espacio central de la vivienda, mientras que otros lo hacen por medio de su canto o lado corto, pero ambas ubicaciones logran impedir o facilitar la visión por medio de ellos. Cabe recordar en este punto, la búsqueda de Le Corbusier por un recorrido arquitectónico que es en cierta medida definido por el paseo visual que hace el usuario a la vivienda. El mobiliario aparece entonces como vínculo entre elementos y como el que permite establecer dicho recorrido de la vista.
SOBRE LOS PELIGROS DE LA VISIÓN .
Por: Raquel Villaquirán, Arq.
Hasta hace algunas semanas la palabra vanguardia era para mí de esas que uno escuchaba cada cierto tiempo y debido a que no tenía muy claro su significado, evitaba su uso. Por eso hoy les dejo otra pequeña reflexión para que puedan nuevamente establecer su postura frente a lo contemporáneo:
Aunque hay varias definiciones de vanguardia, les dejo la tradicional, esa que a primera vista cualquiera creería que no tiene nada que ver con arquitectura: "Parte de una fuerza armada, que va delante del cuerpo principal". (RAE, 2020). Es decir, es una formación militar con una unidad que va adelantada del resto del grupo para exploración y combate. Es el grupo que asegura que el ejército continúe. Por ello, ser de vanguardia es estar en primera posición y con una intención de avance o exploración, y por lo tanto renovadora. Evidentemente, a lo largo de la historia han existido varios de aquellos momentos en los que se debía tomar una postura innovadora en respuesta a las nuevas problemáticas. “Una cosa de vanguardia” –une chose d’avant-garde - fue la expresión que Le Corbusier utilizó para describir a su escrito “Hacia una arquitectura” (Vers une architecture) aunque todavía no era más que es un proyecto que le estaba contando a sus padres por medio de una carta en 1919 (Rigotti & Pampinella, 2009). Claramente incluso antes de ser parte de la vanguardia, hay que primero reconocer cuál es la situación actual, el porqué es necesario un cambio y cuál es nuestra forma de adelantarnos al genérico común que se está desarrollando en aquel momento. Les traigo otros ejemplos de vanguardias y cambios de paradigmas más cercanos temporalmente, con cierto enfoque en el mencionado Le Corbusier: en los últimos años del siglo pasado, OMA/ Koolhas propuso la Biblioteca Jussieu de la Universidad de París, un cambio en el enfoque tradicional hasta el momento al trabajar una sección libre en lugar de una planta libre. Por otro lado, Herzog & de Meuron se fueron por la reinterpretación del esquema dominó en el edificio de parqueos 111 Lincoln Road en el año 2005.
Tal vez algunos siempre buscan ser de un grupo de vanguardia, otros esperan el momento adecuado o el llamado, pero definitivamente siempre hay problemas que deben ser repensados. Es lanzarse a la exploración de aquellos temas que tal vez no han sido lo suficientemente estudiados y en el peor de los casos enunciados. @repensarlamodernidad nos ha invitado a plantear hipótesis conceptuales a partir de los cambios de paradigmas en el siglo XXI, extiendo dicha invitación a ustedes para que también le den vuelta a estos temas contemporáneos que vengo mencionado en las últimas semanas.
El año pasado, en mi segundo cuatrimestre de la maestría, quise estudiar un poco sobre la posibilidad de tomar la tradición material como un abordaje proyectual abierto que vaya más allá del discurso de “recuperar nuestras técnicas regionales”. Una postura opuesta a aquella de la Bauhaus de “borrar el conocimiento previo” que llevaba una condición voluntaria del olvido de la tradición y las técnicas constructivas previas ya que se enfocaba en la industrialización de la construcción como proceso analítico y predecible, con el uso de hormigón armado, el acero y el vidrio como postura de vanguardia. Al buscar una postura contemporánea encontré la obra del Arq. Mauricio Rocha, especialmente el Centro de invidentes y débiles visuales. Un proyecto espectacular que se caracteriza por ser creado a partir de la generación de espacios que puedan ser percibidos por medio del sonido, el olfato o el tacto y no solo por la vista, que es el abordaje más común en el estudio de la fenomenología de los espacios. Tiene, por lo tanto, una materialidad que se basa en la diferenciación de texturas para la orientación de los no videntes en los muros y suelos. El uso del agua y su vapor, junto a plantas aromáticas, permiten además el reconocimiento de cada uno de los sectores. Finalmente, para los débiles visuales, juegos de sombra y luz a lo largo de la circulación. Todo esto mientras se trae a la contemporaneidad un material vernáculo.
Recordando que, según lo publicado en el post anterior y desde mi punto de vista, ser moderno era aceptar la pluralidad y diversidad de la sociedad contemporánea al estar en la capacidad de crear proyectos que respondan a dicha variedad y permitan que el usuario pueda aportar a la comunidad, quiero traer esta reflexión hacia un grupo de la sociedad: los no videntes. No conozco, por ahora, proyectos de vivienda colectiva en los que sean aprovechadas estas propiedades materiales para ser exploradas con otros sentidos que no sean la vista. Incluso si dentro del proyecto de vivienda que estamos proyectando no habrá un habitante no vidente, me parece indispensable pensar que podría existir la posibilidad de que alguien sin vista pueda visitar o vivir en dicha edificación.
Aquí, aprovecho y dejo mi crítica: ¿Por qué debemos limitar las propiedades de los materiales a una cuestión simplemente estética o a una búsqueda de recuperación de tradiciones?, cuando tenemos otros sentidos que nos ayudan a percibir también dichos espacios. Por eso, la primera parte del título de este escrito expresa “los peligros de ver” o, en otras palabras, el egoísmo que hay detrás de simplemente escoger materiales y acabados por la belleza que ellos traen consigo, cuando podrían ser la oportunidad perfecta para guiar por medio del tacto (e incluso del olfato) a personas que no pueden leer la arquitectura visualmente como la mayoría de nosotros. Un espacio colectivo en un edificio de vivienda masiva, repensado bajo esta hipótesis, me parece una verdadera colaboración a la sociedad y, sobre todo, una forma darle a los invidentes o débiles visuales una oportunidad de aportar al grupo por medio del edificio.
Cierro este largo texto con la segunda parte de su título, “los ojos que no ven”, titular de uno de los capítulos del libro “Hacia una arquitectura” de Le Corbusier y que en realidad hace referencia a los arquitectos. Aquellos que ante los miles de problemas y oportunidades que se presentan cada día, simplemente eligen no verlos y seguir produciendo la misma arquitectura que se viene arrastrando en los últimos años. “Un arquitecto serio, que mire como arquitecto (creador de organismos), hallará en un paquebote (embarcación) la liberación de sus malditas servidumbres seculares. Preferirá al respeto perezoso de las tradiciones, (en lugar de) el respeto de las fuerzas de la naturaleza; a la pequeñez de las concepciones mediocres, (en lugar de) la majestad de las soluciones que se desprenden de un problema bien planteado y requeridas por este siglo que acaba de dar un paso gigante.” (Le Corbusier, 1978, p.80).
Le Corbusier & Alinari, J. M. (1978). Hacia una arquitectura. Poseidón.
Rigotti, A. M., & Pampinella, S. (2009). Una cosa de vanguardia: Hacia una arquitectura.
SOBRE LAS CONDICIONES PARA SER MODERNO.
Por: Raquel Villaquirán, Arq.
Y, hoy es un buen día para dejarles otra pequeña reflexión:
Aunque muchas veces el papel de arquitecto diseñador de espacios funcionales y útiles en el interior de la vivienda es el más tentador, existen cada vez más aspectos fuera de los límites de dicho habitar individual que deben ser pensados. Claramente son nuevos tiempos en los que no solo aparecen nuevas problemáticas, también aparecen nuevas y mejores formas de dar respuestas. No basta únicamente con un enfoque centrado en las particulares de cada proyecto (y como será visto desde el exterior), es necesario proyectar también desde la vivienda hacia afuera. Una arquitectura que aporte a la ciudad y a cada uno de los grupos sociales que en ella viven ya que si algo caracteriza a esta época es el reconocimiento de las diversidades en la sociedad (con la gran variedad de nuevas ideas e iniciativas). Como fue comentado en una clase de @Repensarlamodernidad, una arquitectura – que mira desde adentro hacia fuera de ella-.
Es por ello que los invito a pensar cada vez que realizan un nuevo proyecto no sólo en ¿Qué le aporta esta arquitectura al futuro usuario?, también en responder ¿En que podrá aportar el usuario a la comunidad por medio de esta nueva arquitectura?
El proyectar, ahora más que nunca, es un proceso multifocal en el que constantemente se debe trabajar desde distintos intereses y en el que cada vez hay más participantes. Hay que proyectar, como dijo Steven Holl en una antigua El Croquis, no para las masas de miles de personas si no para los millares de individuos. Es por ello que las nuevas investigaciones sobre arquitectura colectiva, ecológica o feminista (entre mucha otras), deben formar parte de nuestra base de conocimiento. Si el movimiento o proyecto moderno buscaba cambiar la vida cotidiana y crear una revolución de estilo común para la sociedad (claramente mejorando las condiciones previas), ahora más que nunca debemos respetar la pluralidad de cada lugar y generar proyectos a partir de dicha variedad.
Les dejo una parte de la carta que Amancio Williams le escribió a su hermano en 1943 y que leí por primera vez hace algunos días. Me parece ideal para que todos, y no solo arquitectos, podamos establecer nuestra posición con respecto a los nuevos temas de los últimos años. “El espíritu de la época terminará por triunfar. Y es mejor haber sido de los primeros, haber contribuido y no obstaculizado, haber comprendido y no haberse reído o indignado, haber acompañado y alentado a los precursores y no haber intentado aplastarles con el horrible peso de la masa burguesa”.
(1) La foto es de un proyecto que me ha logrado que lleve varias malas noches estudiándolo: Edificios 111 de Flores&Prats.